lunes, 20 de octubre de 2014

UN ESPACIO UNIVERSAL

Por Araceli Isidro
México (Aunam). El pasto está cubierto por el rocío. La mañana es fría y alrededor la neblina deja ver a uno que otro corredor acompañado de algún perro. Los edificios imponentes comienzan a llenarse; estudiantes, docentes y trabajadores bien abrigados caminan a cumplir con las actividades del día.

Conforme pasa la mañana lo que algunos conocen como “el corazón de Ciudad Universitaria” se va habitando, las ardillas regordetas comienzan a bajar de los árboles y el lugar va cobrando una nueva imagen.

Quienes caminan por la ciclopista y los pasillos del entorno, lo hacen con cautela, pues la humedad podría ocasionar un resbalón. Los corredores y perros, al contrario, disfrutan cada paso, su actividad física se refleja en su transpirar y el humo emitido por su boca.

Todos los días aquí en “las islas de CU” la gente convive, hay quienes hacen deporte, otros comen, algunos más alimentan a los roedores, los viernes hay música, obras de teatro, clases de baile, recorridos en bicicleta, ping-pong, “Las ofrendas” en noviembre y no falta quien se atreve a organizar una fiesta.



El panorama histórico y artístico protege al campus central de CU, la esencia de David Alfaro Siqueiros luce en lo más alto —Rectoría— mientras que la de Juan O’Gorman protege desde el costado —Biblioteca Central—.

“El corazón de Ciudad Universitaria” ha servido para la concentración de diversas opiniones, desde exposiciones hasta asambleas estudiantiles. A partir del movimiento estudiantil de 1968 hasta las reuniones de #YoSoy132 y ahora, en 2014, con el recibimiento de los normalistas de Guerrero para ayudar a pedir justicia por el caso de la escuela Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Risas también llanto y desanimo, este día una pareja discute a un costado de la Biblioteca Central. A unos pasos los contenedores de basura lucen al tope, las colillas de cigarro y las tapas de refresco se adhieren al suelo, la contradicción aumenta cuando a unos pasos hay recipientes de desechos vacíos.


A pesar de haber espacio para los peatones y ciclistas, hay quienes prefieren el pasto, pero andar sobre este puede ser una trampa para el descuidado que no ve un charco de lodo y se hunde manchando sus zapatos.

Aquí en “las islas” los tacos de canasta siempre están presentes, en esta ocasión no hay raspados; tal vez sea por el clima, pero el olor a café se disuelve en el aire.

Al comenzar la noche las lámparas se encienden, las luces dan belleza al lugar y el clima otra vez desciende y da paso al rocío.






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