viernes, 24 de octubre de 2014

43 Y NI UNO MÁS

Por Ilse Becerril Castro
Fotografías por Javier Gallardo
México (Aunam). Frío de una tarde de octubre. El sol apenas comenzaba a ocultarse. Olor a parafina proveniente de las antorchas encendidas que emanaban calor comparado al que produce una fogata. Miles de personas reunidas; conforme pasaban las horas el número iba en aumento: mil, cinco mil, 10 mil, 20 mil, 70 mil...

Furia, lágrimas, dolor, coraje, indignación, hambre de justicia, solidaridad, todo menos aceptación; sentimientos y emociones encontrados que se hicieron presentes esa tarde del miércoles 22 de octubre que partieron del Ángel de la Independencia y concluyeron, sólo por un momento, en el Zócalo de la Ciudad de México.


Reforma permaneció iluminada; los bares, restaurantes, gimnasios, tiendas, edificios permanecían abiertos. Mientras algunas personas continuaban sus actividades diarias, otras muchas iniciaban una marcha rumbo al Zócalo capitalino con el principal objetivo de exigir justicia, castigo a los responsables, respuesta por parte del gobierno y la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecido en Iguala, Guerrero el pasado 26 y 27 de septiembre. Mantas con denuncias hacia el gobierno, carteles, banderas negras, caricaturas ridiculizadas de nuestros gobernantes, antorchas y veladoras fueron algunos de las herramientas de poder ciudadano que acompañaron a los manifestantes a lo largo de su recorrido


No importaba la edad, el nivel socioeconómico, la ocupación laboral, ni mucho menos el sexo, todos estaban ahí; se trataba de ser uno mismo, de ser cada uno de los estudiantes de Ayotzinapa, de ser su familiar, su compañero.

Todas las partes del cuerpo se erizaban a cada paso. Los rostros proclamaban coraje, preocupación y hermandad, al mismo tiempo que sus voces invitaban a la genta a unirse a la marcha. Los contingentes continuaban su camino. La mayoría de las Facultades de la UNAM, preparatorias, CCHs, si no es que todas, se hicieron presentes; pero la comunidad fue una sola, también estuvieron presentes el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma de México, la Universidad Chapingo, la del Valle de México, La Salle, diversas escuelas normales rurales, entre muchas otras.


A cada paso se emanaba una protesta más; a pesar de las porras, los cantos, las proclamaciones y la euforia por gritar exigiendo justicia, una marcha del silencio no se hizo esperar a unos cuantos kilómetros del Ángel de la Independencia. Las veladoras que los asistentes portaban parpadeaban al compás del viento y unas tantas se consumían como aquellas lágrimas que algunos manifestantes derramaban.

Al llegar a la plancha del Zócalo capitalino, más personas ya estaban esperando, y junto a algunos familiares de los normalistas de Ayotzinapa exigían la aparición de los estudiantes bajo el lema "Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.


Se especula ha sido una de las marchas con mayor número de participantes en las últimas décadas, más de 70 mil, aún no se tiene el dato preciso, todos con un mismo objetivo: exigir justicia por los acontecimientos que han ocurrido estas últimas semanas en nuestro país, un país que se está desmoronando poco a poco; demandar para que se aclarezcan los hechos de éste y muchos casos más, y enfatizar en que fueron 43 los desaparecidos, pero no queremos ni uno más.




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