martes, 6 de mayo de 2014

SPUTNIK, MI AMOR: NO SIEMPRE HAY UN ROTO PARA UN DESCOSIDO

Por Yari Jazmín Torrijos Orozco

México (Aunam). Es igual que el amor a primera vista. Tan rápido e impactante a la vez. Tan confuso y placentero. Tan instantáneo y tan profundo. Así es el libro Sputnik, mi amor del japonés Haruki Murakami. Un texto que destierra de sus páginas a los príncipes azules y a las doncellas encantadas. Un mundo en el que la leyenda “y vivieron felices por siempre” causa más angustia que tranquilidad, más tristeza que felicidad, más desequilibrio que comodidad.

Publicado en 1999, Sputnik, mi amor narra la vida de tres personajes, con diferentes intereses entre sí, pero dentro de una misma historia. Por un lado, se encuentra Sumire, de 22 años, fumadora de primer nivel, cínica, intransigente, descuidada, curiosa y sin interés alguno por el deseo sexual. De complexión delgada, cabello desalineado, mejillas hundidas, cara lavada y boca larga. En resumidas cuentas, una joven que, por la falta de espíritu aventurero, decide dejar la universidad privada de la provincia de Tokio para adentrarse en lo que más le apasiona: la literatura.

En segundo lugar, el ganador del premio Franz Kafka 2006 muestra a Myû. Una mujer de nacionalidad coreana, que además de estar casada, posee 17 años más que Sumire. Al contrario de la primera joven, ésta se viste siempre de forma sofisticada y con caros accesorios alrededor del cuerpo, lo cual la hace ver hermosa y enigmática.

El tercer y último personaje de la historia es un profesor de la primaria de Japón y amigo de Sumire. Este hombre, al cual se le denomina en algunas líneas como “K.”, se muestra enamorado de su compañera de estudio. Sin duda, una idea que se hace evidente dentro del texto: “Sumire poseía algo especial que cautivaba a los demás. Soy incapaz de explicar con palabras en qué consistía. Pero, al mirar sus pupilas, siempre podías verlo allí reflejado”.

En general, el ganador del premio Jerusalén 2009 plantea un triángulo amoroso en el que nadie llega a ser correspondido. Y es que mientras “K.” sufre por el amor de Sumire, esta última sufre por el amor de Myû o “Sputnik, mi amor” (apodo otorgado por Sumire a Myû).

Sin embargo, cuando Myû le ofrece a Sumire la oportunidad de trabajar con ella, tres veces por semana, como su asistente en la importación de vino. Esta última acepta y, sin más explicaciones, se desplaza con su nueva jefa por toda Europa hasta llegar a las islas griegas. Lugar en el que ambas toman un breve y delicioso descanso.

Poco a poco, la cercanía entre Myû y Sumire comienza a ser tan cotidiana y próxima que, un buen día, la joven de 22 años decide confesarle sus verdaderos sentimientos a su amada y expresarle cuánto la desea. Lamentablemente, y pese a que Myû declara amar a Sumire, “Sputnik, mi amor” reconoce que le es imposible tener algún tipo de deseo sexual hacia la del cabello desalineado.

“Yo no había tenido una sola experiencia homosexual, ni había pensado jamás que pudiera tener esa inclinación. Pero si Sumire lo deseaba, pensé que podría corresponderle. Por eso no la rechacé cuando me acarició o cuando me introdujo la lengua en la boca. Sin embargo, yo sólo sentía excitados el corazón y la mente, el resto estaba seco y duro como una piedra”.

En pocas palabras, Sputnik, mi amor es una novela que no necesita de presentación, ni de recursos como la “lágrima fácil” o el “drama barato” para atrapar a sus lectores y llevarlos a ahondar en el universo de Murakami. Ése en el que una persona es más propensa a perderse que a encontrarse, pues tanto el componente surrealista como la prosa utilizada durante la historia ayudan, no sólo a crear reflejos de los personajes en sí, sino a que los lectores sean empáticos con las situaciones que se presentan dentro de dicho libro.

Bibliografía:
Murakami, Haruki (1999) Sputnik, mi amor, México, Tusquets Editores, 246 p.




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