martes, 5 de marzo de 2013

HAPPINESS IS MORSA IN FACULTAD DE QUÍMICA


Por Angélica Jackeline Ferrer Campos
México (Aunam). Es viernes por la tarde en la explanada de la Facultad de Química de la UNAM. Alumnos de todas las escuelas que conforman Ciudad Universitaria, ocupan los lugares debajo de una carpa o en el sol. No están esperando nada que tuviera que ver con experimentos ni fórmulas.

A pesar de que el calor es fortísimo, aquéllos que sentados o de pie esperan ese instante mágico y misterioso no tienen queja alguna. Están animados. Esto alienta aún más a los cinco músicos vestidos con camisas hippies; comienzan a subir al escenario, los cuales conforman la agrupación tributo a The Beatles: Morsa. Víctor Rosas (guitarra), Rafael Carrillo (bajo), Víctor “Otto” Rosas (guitarra), Isack Méndez (teclado) y Mauricio Rosas (batería), toman sus lugares. El show va a comenzar.

Los gritos no se hacen esperar. Las chicas se emocionan y más cuando perciben la alegría que los músicos proyectan ante el público, no importando la edad ni el lugar. La beatlemanía es para todos aquí y en otros sitios del mundo.

Get Back, Jojo!

“Jojo was a man who thought he was a loner but he knew it couldn't last.
Jojo left his home in Tucson, Arizona for some California grass. Get back, get back, get back to where you once belong… Get back, Jojo!”, entona Rafael en el escenario. La gente canta tan fuerte como si fuera el final. No obstante, Get back abre la presentación; pocos se animan a bailar, puesto que se ha delimitado el espacio para acercarse a los músicos.

La segunda melodía habla sobre un hombre que bebe Coca-Cola y hace de su vida lo que quiere. Come together es interpretada por Isack que, con ayuda de su laptop, logra crear efectos psicodélicos idénticos a los de la grabación original, la cual se encuentra en el disco Abbey Road de 1969.

Let it be pone nostálgicos a los asistentes. Cantan en coro, tal y como muchos de ellos lo hicieron en los conciertos de Sir Paul McCartney en la ciudad de México hace un año. Sin embargo, Here comes the sun anima al público, en especial a Guillermo; él considera que es la mejor melodía del Cuarteto de Liverpool. Queda absorto al escucharla en voz de Otto, quien hace una excelente versión de la composición original de George Harrison.

Let me take you down 'cos I'm going to Strawberry Fields...

La canción favorita de Jackeline es tocada por Morsa: Strawberry Fields Forever. Para ella, representa relajación y un viaje a la década de 1960 sin necesitar drogas; sólo ella y la canción escrita por John Lennon para el álbum Magical Mystery Tour.

“Oh! darling, please believe me I'll never do you no harm. Believe me when I tell you I'll never do you no harm”, canta desgarradoramente Mauricio, el cual posee una voz extraordinaria; imprime aún más sentimiento a la letra de Paul McCartney. “¡Esos güeyes rifan un chingo!”, dice Carlos a Jackeline mientras suena esta melodía; al parecer, el estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM se ha vuelto fan de los músicos mexicanos.

Siguiendo con la etapa psicodélica de los Fab Four, los Morsa tocan Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band. Reafirman el cantar con amigos al tocar With a Little help from my friends. Los grupos de muchachos que están presenciando el espectáculo que cierra la 62° encuentro de Ciencias, Artes y Humanidades se abrazan y brincan juntos.

Ha llegado la hora de la chica de ojos caleidoscópicos: Lucy in the sky with diamonds resuena en la Facultad de Química. El cuerpo administrativo tanto de la escuela como del Instituto de Materiales de la UNAM, cantan y alzan los brazos emocionados; se han dejado llevar por la música.

It’s time to revolution to the rhythm of Ob-la-di, ob-la-da!

Es sorprendente el repertorio de Morsa y más cuando en la UNAM comienzan a tocar canciones que no se escuchan normalmente en sus presentaciones. Entre ellas está Revolution que pone eufóricos a los estudiantes, quienes se caracterizan por tener pensamiento crítico ante los problemas sociales, principalmente. Es una especie de himno para ellos y tal como lo dijo el expresidente Salvador Allende, “ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”.

Hacen una pequeña pausa y anuncian que venderán unos discos. El fin es solventar su viaje a Inglaterra para grabar en los legendarios estudios Abbey Road y para participar en el concurso internacional de bandas tributo a John, Paul, George y Ringo.

A day in the life, conocida como la mejor composición de The Beatles siempre ha sido de las versión es mejor logradas por el quinteto y lo demuestran en la presentación. Los fans de ambas agrupaciones cantan junto con Isack y Rafa; algunos alzan los brazos y otros golpean el piso con sus pies, siguiendo el compás de la canción.

Las sonrisas no se hacen esperar cuando Rafa canta Ob-la-di, Ob-lada; es una combinación de gusto por la melodía y por el intérprete. Las chicas no dejan de mirarlo a pesar de seguir convaleciente por una cirugía reciente; gritan como si fuera McCartney cuando era joven.

Esa chica llamada felicidad, que por cierto es un arma caliente forma parte de la etapa psicodélica del Cuarteto de Liverpool. Happiness is a warm gun es coreada por todos haciendo ¡bang, bang!, ¡shú shú!; la canción suena magníficamente en la voz de Isack acompañado de Rafa y Otto.

Love me like yesterday




Otto toma la guitarra acústica y Rafa anuncia que tocará una composición clásica del autor de The night before. “Dicen que posiblemente regrese en mayo”, avisa a los asistentes y enseguida comienza Yesterday. La nostalgia se refleja en el semblante de los músicos y del público; la letra es magistral.

Para remediar ese sentimiento triste, Love me do, melodía que el año pasado cumplió 50 años, hace bailar y cantar a todos. Algunos toman de la mano a sus parejas y otros, a sus amigos. La atmósfera amorosa aumenta con Do you want to know a secret?, interpretada por Otto y con I should have known better; ambas son clásicas de The Beatles. Katia y Jackeline cantan en conjunto; el concierto funciona como un karaoke para las chicas, ambas admiradoras de las dos bandas, tanto la inglesa como la mexicana.

Las mujeres que están en el lugar de la presentación, gritan tal y como las fanáticas en el inicio del filme A hard day’s night (1964) cuando suenan los primeros acordes de All my loving; se vuelven locas cuando escuchan a Rafa.

We are walrus!

A pesar de la emoción del público, todos se sienten parte de la beatlemanía cuando tocan I’m the walrus. Katia, Jackeline, Carlos, Cristian y Guillermo, al igual que los demás (sentados y de pie), alzan los brazos cada que la canción regresa a la frase “I am the eggman, they are the eggmen. I am the walrus, goo goo g'joob goo goo g'joob”; todos son morsas en ese instante.

Al igual que en la calle Francisco I. Madero cuando concluyó la presentación del padre de la diseñadora Stella McCartney, todos corean Hey Jude en Ciudad Universitaria. Algunos simulan tener encendedores, aunque es de día y el calor está a todo lo que da.

Pero ya es hora de despedirse. Todos piden otra, porque la casi hora y media de viaje mágico y misterioso no ha sido suficiente. Para lograr que las personas se pararan a bailar cerca de ellos, sin importarles el cerco de seguridad, regresan al escenario y Twist and shout pone en estado eufórico a todos. Antes de ello, un Goya de despedida hace que Víctor, Otto, Isack, Rafa y Mauricio se ganen aún más el cariño de los estudiantes.

Unos bailan en parejas, otros forman círculos y brincan. Cristian, Carlos y Guillermo se empujan y hacen el “paso clásico”: brazos a los lados, moviéndose de un lado a otro y agitando la cabeza. Katia y Jackeline bailan al estilo a gogó; se ríen y cantan al mismo tiempo.

No obstante, el concierto ha concluido y el amor que han provocado en los asistentes es el mismo al que reciben a través de aplausos, gritos y el correteo de los fans para tomarse una foto o recibir un autógrafo al final de la presentación.












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