lunes, 23 de abril de 2012

JESUCRISTO EN TIERRA DE ‘MOCHOS’

Por Alexandro Santos Gómez
México (Aunam). Hace poco más de 2 mil años, Jesús de Nazaret, hijo de Dios, entregaba la vida por nosotros, los pecadores, para reivindicarnos y absolvernos de los actos impíos que hayamos cometido en nuestras vidas. Actualmente, se conmemora este acontecimiento, representando el viacrucis de aquella época, para recordarnos que hubo un hombre capaz de morir por la humanidad.

Oaxaca es uno de los estados que tienen más problemas de educación en México y, además, se muestra como uno de los lugares más conservadores y religiosos del país. Por ello, en el barrio de San Juan Chapultepec, el cual se encuentra ubicado a 15 minutos del centro de la capital, se lleva a cabo la representación del viacrucis en el viernes santo.

Desde muy temprano, los integrantes del Grupo Resurrección, el cual se encarga de llevar a cabo dicha representación, comenzaron a llegar a la parroquia de San Juan, para después dirigirse al barrio de El Coquito, donde daría inicio el recorrido del calvario.

Cabe mencionar que este barrio se encuentra localizado en lo más alto del cerro de Santa Anita, por lo que todo el trayecto es un largo descenso hasta la parroquia de San Juan. El grupo estaba conformado por 70 personas; niños, jóvenes y adultos interpretan los papeles del viacrucis. Éstos son elegidos por el mismo grupo, de acuerdo a las aptitudes físicas y psicológicas que muestren; así, Jesús de Nazaret fue interpretado por Mario Avendaño, quien se preparó desde enero para llevar a cabo tan importante trabajo.

El viacrucis inició en punto de las 9 de la mañana. El grupo iba liderado por dos niños que hacían sonar unas enormes matracas para informar cada vez que iniciaba el andar. Atrás de ellos iba un joven cargando un estandarte, el cual tenía la leyenda “Resurrección 2012”; luego un niño vestido de soldado con el escudo de la antigua legión romana seguido de uno que tenía atuendo de un ángel. A continuación se encontraba Jesús y, detrás de él, Dimas y Gestas, los jueces judíos y, al final, el pueblo. Todos ellos estaban resguardados por una valla humana de soldados, quienes se encargaban de detener el paso de los asistentes.

El conjunto avanzó hasta la segunda estación, donde se encontraron con Poncio Pilatos, quien intentó salvar a Jesús pero el pueblo pidió que fuera crucificado. Es ahí donde le dan la cruz al “rey de los judíos” y comienzan a azotarlo. El camino continuó, al acto se fueron acercando muchas personas que querían ver la representación del viacrucis; también, desde sus casas, muchos vecinos veían pasar al grupo de actores.

Dado que los caminos atraviesan el cerro, acompañar a Cristo en su calvario resultaba una proeza para los fieles asistentes, pues tenían que ir sorteando todo tipo de obstáculos, cuidándose de no caer por un barranco y de no empujar a otras personas. Las calles eran muy angostas, y los soldados no dejaban que los acompañantes, ajenos al grupo, se acercaran mucho; por lo cual debían irse por la orilla de los peligrosos pasajes.

La historia de Cristo siguió adelante, las personas que veían el acontecimiento no lograban ocultar la emoción al sentirse parte del sufrimiento de “su salvador”. En cada una de las 13 estaciones, el padre encargado de transmitir la palabra del Señor, también decía su interpretación del mensaje, sobre todo en el ámbito del matrimonio y los hijos.

Cada vez que el padre daba su sermón, los fieles lo seguían con oraciones y asentían ante las afirmaciones e ideas que él comulgaba. Estaban de acuerdo en que “el matrimonio, como la cruz para Cristo, era una carga para las mujeres y debían aceptarla siempre, porque ésa había sido su elección”. Lo mismo decía sobre los hijos pues, según él, “sólo traen desolación a las madres y tienen que sufrir para cuidarlos en todo momento.

Las emociones de algunas mujeres que, por su apariencia, denotaban cierto grado de pobreza, se desbordaron cuando llegó el momento en que Jesús se encuentra con su madre María. Las lágrimas corrieron por las mejillas de la mayoría de las personas, ya que compartían y entendían el dolor de una madre al ver sufrir a su hijo.

El viacrucis siguió tal cual lo menciona la biblia, y por fin llegaron hasta la explanada de la agencia municipal de San Juan Chapultepec, misma que se encuentra en las faldas del cerro, junto a la parroquia. Fue aquí donde procedieron a “crucificar” al nazareno, el llanto se hizo más agudo en muchos de los asistentes, pero no faltaban algunos que sólo reían por la actuación de Jesús.

El número de personas fue aumentando conforme se acercaban a la explanada y, cuando llegaron ahí, había al menos 2 mil personas viendo la crucifixión. El calvario había terminado, no sólo para Jesucristo, sino también para los acompañantes, puesto que el sol, inclemente, los aturdió y agobió durante las cinco horas que duró el camino.

Hubo algunas personas que padecieron de insolación y tuvieron que ser atendidas por las unidades de primeros auxilios que acompañaban al grupo. Sin embargo, no se reportaron incidentes graves y, así, concluyó la representación anual del viacrucis en San Juan Chapultepec, misma que se ha realizado desde el año 1976.





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