viernes, 2 de marzo de 2012

MODERNIDAD: CREADORA DEL ESPACIO

Por: Carlos Andrés Flores Zulbarán
México (Aunam). Las grandes ciudades modernas esconden, tras sus magníficos edificios, lugares de miseria, hambre y pobreza. La sociedad trata de corregir este mal, pero sus esfuerzos son limitados. México no es la excepción.

A través de un proyecto llamado muralismo mexicano, se trató de llevar una propuesta alimentada por formas y contenidos para reflejar lo que México representaba para los muralistas, es decir, un sentido nacionalista y las miserias que no se podían perder de vista, señaló el estudiante de filosofía Jorge Alberto Barajas en su exposición.

Este fue una de los temas de la quinta ponencia del coloquio titulado Arte, espacio y pensamiento. Diálogo entre filosofía, arquitectura y cine, integrada porel doctor Víctor Gerardo Rivas, el licenciado Carlos Alberto Vargas Pacheco, el alumno de filosofía Jorge Alberto Barajas y el consejero técnico de la facultad Jorge Alberto Reyes López, que actuó como moderador de la mesa en la Facultad de Filosofía y Letras.

En principio se observa que el cine se apropió de los elementos nacionales del muralismo, y a la par, se tomó del lenguaje cinematográfico para moldearlo a la composición de ellos. El cine significó un modo muy completo de llegar a la gente.

Así, la consistencia del espacio del cine fue dotada de temporalidad, de una realidad estética y que despuésGabriel Figueroa plasmócomo fotógrafo. No observando el espacio abierto que el campo representaba, sino la imagen que la ciudad personificaba, creando una propia realidad, concluyó Jorge Barajas.

Habitar las nubes

La construcción del logos (razón) no es sólo un atributo que se sobre añade a la construcción biológica o fisiológica del ser humano. Sino que es aquello que ha permitido el desdoblamiento de lo inerte, que se ha añadido a la par de la naturaleza, pero que no se ha reducido a ella, es decir, la cultura, que es el modo de habitar del hombre, argumentó el licenciado Carlos Alberto Vargas Pacheco.

El ser humano sin plena conciencia de ello, ha ensanchado los límites de su propia constitución, logrando hacer con lo que se le presenta, su mundo. Esto es, el espacio en el cual el sentido de las cosas está determinado y resulta familiar.

Con el conocimiento y la técnica, el espacio del hombre ya no es sólo biológico, sino artificial, lo cual implica que transforma el espacio dado, para moldearla según su imagen.

En la época moderna ya no es observable el espacio como una realidad en sí, sino como el modo en el cual la racionalidad humana estructura lo real y lo convierte en mundo. La técnica es el elemento transformador del entorno, de esta manera no se le llama mundo a la estructuración que la razón ha dado, sino a lo que materialmente es transformado por la técnica humana.

La racionalidad se encuentra rebasada por la propia capacidad de expansión. Ahora el espacio es quién ingiere al hombre. Con la construcción de la internet, el ser humano ha logrado la virtualidad y con ella la posibilidad de otra realidad. La apropiación de su propia nube.

Nubes que no danzan por el cielo, ahora están cargadas de información almacenada. El hombre ha creado su refugio en tiempo y en espacio, concluyó el licenciado Vargas Pacheco.

Modernidad, temporalidad y cine.

La cultura moderna puede verse como el siempre renovado intento por superar la oposición elemental de las dos estructuras ontológicas del tiempo.

Por una parte, en el eterno retorno de lo mismo que rige tanto en el ámbito natural como en el humano. Y por la otra, el desarrollo lineal que rige la existencia de cualquier individuo, que de principio a fin se determina por su finitud. Es decir, eldestino que habrá de cumplirse, aunque el individuo que lo vive desaparezca sin remedio, expresó el doctor Víctor Gerardo Rivas.

La Modernidad ha seguido dos direcciones respecto a la representación cultural del tiempo. El desarrollo socio-histórico que es indiferente al desenvolvimiento del desarrollo individual, y la proyección psicológica que es en principio incompatible con las estructuras universales de la historia, debido a una determinación final.

A pesar de que estas dos direcciones son esencialmente contrarias una a la otra en un plano filosófico, al menos deben esbozar sus múltiples oposiciones a través de una serie de imágenes adecuadas, que debería proveer al sistema de los medios de comunicación masiva, la cultura popular y el arte mismo.

Tres instantes que de acuerdo a este enfoque culminan precisamente en el cine. Cuya máxima función consiste, no obstante, en subordinar la visión cíclica del tiempo, a la lineal (exactamente al revés que la epopeya griega), en un ámbito universal por medio del vínculo gramático de circunstancias y personajes que se distribuyen por todo el mundo, finalizó el doctor Víctor Rivas.








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