martes, 28 de febrero de 2012

PASIÓN Y VIDA EN LA DANZA DEL VIENTRE


"La danza es el único arte en el que nosotros
mismos somos el material del que el arte está hecho."
T. Shawn


Por Ma. de los Angeles Díaz Martínez
México (Aunam). De movimientos suaves, delicados y sensuales se conforma la danza árabe, trajes de dos piezas o completos, velos, bastones, sables y crótalos, son parte de los elementos que usan las bailarinas de la danza del vientre, una tradición ancestral que se mantiene vigente gracias a lo representativo de la cultura oriental y del significado que tiene para las mujeres de aquellos países donde se vio nacer esta danza, la cual han adoptado las mujeres y algunos hombres de Occidente.

Esta danza requiere no solo de control físico, sino también de la mente; la bailarina seduce con sus movimientos al espectador que atento observa cada movimiento de cadera, manos y vueltas que acorde a la música cambia la velocidad e intención de la danza; los temas a bailar varían alegres o tristes, inclusive pueden ser de protesta, como el de la Melaya; todo esto mientras la bailarina disfruta de su baile.

Una de las personas que ha vivido esta cultura y la danza de cerca es María Shazadí, una mexicana que descubrió el mítico baile durante un viaje de graduación; y lo ha practicado por más de quince años, ha viajado a las naciones de Oriente donde la danza árabe aún se puede ver como lo era en sus inicios.

La cita para una visita guiada a través de los ojos de María Shazadi por la danza árabe es en su escuela a unos minutos del metro General Anaya, a un costado del museo de las Intervenciones, es una casa de fachada color café que es resguardada en conjunto con sus vecinas por un policía que da vueltas sobre la calle constantemente.

Tras pasar la puerta, hay unas escaleras y en la cima de ellas el camino se divide en tres. A la derecha está la tienda, donde se encuentran fajillas, trajes y un estante con artículos más pequeños que no alcanzo a distinguir con el rápido vistazo; en el camino de frente se encuentra el salón de clases (donde más tarde María Shazadi menciona que practican unas treinta personas por clase), en las paredes de éste se localizan espejos que son necesarios para la bailarina, también hay distintos accesorios orientales que ambientan el lugar.

Finalmente, del lado izquierdo se ubica un salón más pequeño, en el piso de lado derecho del cuarto se tienden unas almohadas, también hay un espejo de cuerpo completo color dorado, un poco oculto o tal vez solo opacado por la gama de colores que muestran las almohadas colocadas sobre un tapete que rememora un relato de Oriente, donde las lámparas mágicas existen y los genios son los amigos de las almas nobles que siempre obtienen lo que merecen por su bondad.

La iluminación es proviene del sol de noviembre que atraviesa un ventanal que da a la calle el cual permite ver un poco del parque que se encuentra frente a la casa de María Shazadi, ella toma lugar dando la espalda a este paisaje y comienza a hablar de inmediato con una voz fuerte pero no seria. La seguridad que irradia se hace presente no solo en el tono de voz, de alguna forma los gestos casi imperceptibles o los cambios de postura acentúan la gran seguridad de la bailarina.

¿Por qué la danza árabe?

De origen milenario y casi mítico esta danza se destaca por la sensualidad e innovación que ha tenido desde su creación, relacionada en muchas ocasiones con lo Oriental María Shazadi tomó el nombre (que en realidad es de origen persa y significa “princesa”) por una empatía que ya había sido encaminada, ya que la mayoría de la gente, dice la bailarina lo relaciona con “Sherezada”, así de este modo adoptó el nombre artístico con el que es reconocida aunque menciona también, con un semblante serio y melancólico que le hubiese gustado algo árabe.

De tez clara y cuerpo esbelto la bailarina toma un poco más de confianza conforme la plática toma forma, los pajarillos no dejan de cantar, sin embargo, de vez en cuando su ambiente sonoro se contamino por uno que otro auto al pasar; sin mayor interrupción, la charla continua con el descubrimiento de la danza árabe en su vida…

Con orgullo habla sobre su paso por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde estudió Psicología, la voz se alza un poco cuando comienza a relatar sobre su carrera, la cual considera le ha ayudado como maestra, por aquello de la dinámica de grupo y el poner paz entre las compañeras, cuando habla sobre ello pareciera ser que lo toma como un pasado realmente lejano, no malo, simplemente algo que ha transcurrido sin mayor importancia, no se equipara a lo que ahora es su vida.

Dentro de esta vista al pasado da importancia a su actitud; por aquella época de estudiante era retraída y en extremo nerviosa, su voz parece alterada, sus gestos no son relajados como hasta ese entonces lo habían sido, una época donde no era ella, imposible de creer que alguien con tremendo porte de seguridad fuese tímida y a causa de exposiciones frente al grupo se quedara en blanco y congelada de miedo. Cuando lo cuenta no es fácil creer tal anécdota debido a cómo es que se presenta, ver a una mujer alta (por lo menos unos centímetros más que el promedio), rubia, con mirada fija y voz fuerte.

Dejando esta parte, retoma el comienzo de su carrera como bailarina, el cual fue precisamente al finalizar la carrera de Psicología, durante un viaje de graduación descubrió la danza árabe y regresó a México con la plena intención de practicar dicha danza, la alegría llena su rostro cada que habla del baile con el que ha convivido por más de quince años como maestra y alumna.


¡Adiós timidez!

Tras hablar sobre su paso por la personalidad retraída y poco segura, posterior al viaje y después de unas cuantas clases de danza árabe en México, María Shazadi cambia el relato de un pasado gris a uno lleno de luz y colores vivos. La voz es emocionante en el sentido de que cada palabra tiene una aventura detrás de ella, los ademanes son fuertes, rápidos, la efusividad de la alegría que el cambio provocado por la danza que le había ocasionado una ola de seguridad y gozo consigo misma.

La bailarina considera que la danza es una verdadera maravilla para incrementar la autoestima, para ello ejemplifica con tres casos particulares de alumnas que habían convivido con ella por un tiempo considerable, a las cuales recuerda conmovida.

Su semblante de ternura y melancolía comienza a relatar el recuerdo benévolo de una alumna con Síndrome de Down, la cual sorprendió a María Shazadi, pues ahora su rostro es de admiración, habla de ella y de su progreso como de una verdadera heroína que paso por su vida para regalarle algo más que otra alumna, un conocimiento que no hubiese logrado por otro tipo de alumna.

El segundo caso que la ha marcado fue el de una alumna esquizofrénica, para hablar sobre ella recurre a sus conocimientos de psicología y con tremenda empatía sus gestos la delatan por aquella alumna sentía respeto y asombro, por los medicamentos que debía consumir constantemente y porque la misma le había confesado que le gustaba más asistir a clase que a sus terapias, porque consideraba que esta le ayudaba más, el rostro de la bailarina enternecido voltea al suelo y sus piernas se desplazan hacia adelante, las palabras de la alumna de fueron totalmente inesperadas y una gran motivación, como maestra, como persona.

Otra alumna que recuerda por la misma franqueza de su esfuerzo, fue una señora con autismo, la cual se acercó y hablo con la bailarina sobre la condición, ella con el paso del tiempo notó el avance que la señora había tenido.

Al parecer es común que las alumnas se acerquen a hablar con María Shazadi, quien con gusto siempre les da un tiempo y presta atención a cada una de ellas.

Al cuestionar sobre qué es lo que considera como factor trascendental para el cambio de actitud e incremento de la autoestima, su rostro toma seriedad y después de una mirada meditabunda opina: “yo creo que es el contacto con tu cuerpo y el tener presentaciones que cada vez es más habitual; es un proceso que mejora tu autoestima, es como una aceptación”

Asiente con la cabeza en lo que parece una conversación con ella misma; “porque cuando te gustas a ti misma le gustas a los demás y eso se nota -su rostro refleja impresión tras la pregunta y un placer al responder con lo que es su profesión-, la belleza es relativa, además el estar viéndote en el espejo, ver que tu cuerpo va cambiando, como lo puedes empezar a dominar realmente, a mover cada vez mejor…”

Sin límites, ni fronteras

Como bailarina profesional María Shazadi ha viajado por ya casi todo el mundo, pero habiendo visto tantas maravillas de distintos lugares de la Tierra, cuáles son las experiencias como maestra y bailarina profesional que le han gustado más, qué ha sido capaz de renovar esa capacidad de asombro en la experiencia de esta mujer que no gusta de descansar sino de trabajar constantemente y renovarse a través de las personas que han hecho historia en la danza árabe.

La respuesta surge casi inmediatamente de la bailarina, la cara meditabunda poco dura y responde con seguridad y un gesto infantil de nostalgia: China.

A este país fue invitada como bailarina y maestra, sobre las presentaciones no habla mucho, le gusta más enseñar y ahí despliega toda la emoción que le causa la pasión de su vida; la forma en que es vista es adulante para la bailarina quien respeta la cultura y nerviosa de la reacción de su gente no hace más que cumplir con sus obligaciones y responder como lo que es, una profesional.

La barrera del lenguaje suponía el primer inconveniente el cual más tarde resultó prácticamente inexistente, comentó la bailarina con gesto de inocencia y duda, pues incluso con el paso de tiempo le resulta increíble el haberse logrado comunicar de forma tan eficiente con sus alumnos de China, pues allá no hablan inglés con la frecuencia que se ve en el resto del mundo, comenta que hubo un momento de gran satisfacción donde dejaron de contar en inglés y comenzaron a hacerlo en su idioma a lo cual la bailarina reaccionó con gran naturalidad y se acoplo el lenguaje en el del baile.

Otro de los países que le ha gustado es Egipto a donde ha viajado cinco veces, los vestigios de la antigua cultura que son simplemente trascendentales en la visita a este lugar, pese a esto también destaca lo machista de esta sociedad y los problemas que implica hacer este viaje, como el ser literalmente perseguida por hombres (en una ocasión fueron cerca de veinte hombres por un tiempo de más de una hora) y ser mal vista, con todo esto la bailarina insiste en que es un lugar que vale la pena.

¿Y la burka?

En el contexto cultural de países como Egipto, la cuestión sobre las costumbres que limitan a la mujer en vestimenta como la burka (ropa tradicional usada por mujeres en países del mundo árabe, y otros de religión islámica) y el trato que se les da; habla sobre la anécdota que hasta el momento le ha dolido más:

“Una vez me agarro casi a un tipo, en serio, nos siguieron como por tres horas –con cara de molestia y el cuerpo hacia adelante continua- y bueno un niño, eso fue lo más triste para mí -mira al suelo y su semblante se torna triste y se nota la decepción de lo que está por relatar- estaba viendo una tienda, un aparador y un niño llega y me avienta una piedra –sus ojos se abren al tiempo que alza las manos, después de recarga en la silla y mueve la cabeza de una lado a otro, retoma su postura inclinada al frente- ¡una piedra!, entonces yo volteo y después de eso me puse a llorar”.


María Shazadi abrumada por el recuerdo dice con tristeza que por más que intentó cumplir con las normas de aquel país, como el cubrir sus brazos, no entiende por qué la agresión, le resulta además impensable que un niño sea capaz de tener esa actitud.

Una mujer echada hacia adelante

María Shazadi creó el Concurso Nacional Bellyshazadi (concurso de danza árabe donde distintas bailarinas realizan un casting para presentarse en el show que se lleva a cabo anualmente), el cual lleva seis años de existencia, en este se presentan bailarinas y bailarines que muestran su mejores pasos de danza árabe, el último concurso, se llevó a cabo en el Teatro de la Ciudad, lo cual le dio aún más prestigio a esta danza y una ardua labor para la organizadora, quien no descanso hasta obtener dicho recinto.

Constantemente se encuentra dando clases a maestras del interior de la República y a alumnas que con fervor siguen las instrucciones de la maestra más reconocida de México, al mismo tiempo procura brindar la oportunidad de traer expertos sobre la materia al país, como quien fue juez el último Concurso Nacional Bellyshazadi, Yousry Sharif, coreógrafo reconocido en todo el mundo; entre otros destacados del mismo tema.

Ademas de dar clase también promueve cursos de maestras extranjeras o foraneas donde tanto alumnas como maestras tienen oportunidad de conocer nuevos estilos.

En planes futuros tiene el ser mamá y continuar impartiendo clases, además de seguir trayendo a México bailarines reconocidos para que impartan cursos.

"La danza es una construcción de la personalidad.
Un modo de interpretación de las propias emociones
que se traduce en movimientos expresivos socializados"
S. Vignoli.











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