viernes, 21 de octubre de 2011

FUEGO CRUZADO: HISTORIA DE UN PAÍS VICTIMIZADO

Jorge Luis Cortina Montiel
México (Aunam). Fuego cruzado, reportaje de Marcela Turati, periodista del semanario Proceso, cumple con una de las funciones sociales esenciales del periodismo moderno: dar voz a todos aquellos que normalmente no la tienen. Aquí, esta intención se cumple a través de la recopilación de diversos testimonios que construyen una perspectiva pocas veces abordada por los medios de comunicación: la asociada con las víctimas y con todos los ciudadanos atrapados en las zonas de guerra dentro del país.

Tras la declaración de Felipe Calderón respecto a la necesidad de entablar una “guerra contra el crimen organizado”, el manejo mediático se ha centrado en las cifras, las estadísticas, en detrimento de los sujetos, de los rostros, de la vida humana. La despersonalización de las noticias parece el elemento fundamental que sirve de guía a la composición general del trabajo de investigación de esta reportera.

En ese interés se explica el uso continuo de los testimonios, reflejados en el texto por medio del estilo directo. Se transcriben entrevistas, se recuperan declaraciones oficiales y algunas notas informativas sobre el tema. En su mayoría, éstas pretenden brindar una ilustración general de las zonas en conflicto, especialmente en el caso del estado de Chihuahua, y de las consecuencias en el plano social tras la implementación del llamado Operativo Conjunto Chihuahua (OCCH).

Se abordan así, desde el lado victimizado, las distintas perspectivas del conflicto. Gracias a ello conocemos afectaciones directas a sectores particulares de la sociedad. La mención del caso de los grupos indígenas (tarahumaras, grupos mixtecos en Oaxaca y Guerrero) comprendemos las secuelas no destacadas por el discurso oficial. En ocasiones, los operativos del ejército, más que encaminarse al combate de las zonas del narcotráfico, parecen dirigidos a la limpieza social, más que a la erradicación de los traficantes.

El discurso general desarrollado por Turati se vale de evidencias como esta para guiar al lector a derivar este tipo de conclusiones. De este modo se entiende el interés por trabajar los datos y las entrevistas en un texto sencillo, fluido, que lejos de reflexiones o de valerse de un simple vaciado de datos, narra vivencias. El factor sentimental juega mucho en la construcción del texto, por lo que no es difícil encontrar relatos desgarradores entre los personajes.

Desde las historias de madres y niños asesinados a sangre fría, fuera por grupos criminales, o por el mismo ejército mexicano, hasta la evocación de las zonas fantasmas invadidas por los narcotraficantes, el relato de esta periodista pretende la conmoción del lector. A partir de la recuperación de estas perspectivas, diversas víctimas de la guerra calderonista adquieren un rostro, un nombre, al tiempo que se convierten en una denuncia centrada en el poco control que se ha dado a las acciones de las fuerzas policiacas y militares durante su administración.

Igualmente, la descripción de los escenarios que sirvieron para masacres, pueblos manchados por la sangre de sus muertos y por las zonas convertidas en campos negros del crimen, ayudan a reforzar el objetivo planteado por Turati. Buena parte de las entradas a cada capítulo, así como del libro en su conjunto, se valen de estas representaciones para transportar al lector a las zonas de guerra. Además, elaboran un cuadro general de la situación que se vive en esos lugares, de los cuales sólo sabemos debido a las acciones sangrientas en que están inmersos.

No sólo los marginados del conflicto sirven como fuentes. Otros periodistas, testigos de crímenes y perseguidos por los narcotraficantes debido a su labor, asisten también a la reflexión de la autora con respecto al problema. Medios censurados, a la par de medios afectados directamente por el asesinato de sus reporteros, complementan una perspectiva muchas veces desesperanzadora sobre la situación general de la nación.

Sus reflexiones complementan en buena medida la perspectiva de las víctimas, de las familias en luto. Presentan también otra denuncia: los crímenes de guerra y, sobre todo, las violaciones a derechos universales como la vida y el acercamiento a la información. El empleo de documentos, notas informativas, reportajes y la consulta con especialistas provenientes de diversas corrientes profesionales y de pensamiento refuerza este aspecto.

Al mismo tiempo, psicólogos, antropólogos, historiadores y analistas políticos, completan la interpretación de la autora sobre la situación de seguridad en México. A partir de todos esos presupuestos Turati sustenta su construcción de relato, pero sobre todo, justifica el interés por internarse en la vida y el sufrimiento de los ciudadanos atrapados en las zonas de guerra.

En este punto podría asociarse a Fuego cruzado como un reportaje clasificable dentro del género del periodismo especializado. La consulta de las distintas fuentes se encierra en su mayoría sobre misma temática, el narcotráfico, y aún más en particular, en las personas afectadas, que muchas veces sin deberla ni temerla, se ven inmiscuidas en el problema que decidió encarar el Ejecutivo federal desde el primer mes de 2007.

No obstante, el texto también se concentra en la acusación de los hechos que los distintos sectores de sociedades como la chihuahuense, guerrerense y oaxaqueña, viven a partir del recrudecimiento de la violencia. Este factor, por medio de las opiniones de los especialistas, refleja los daños al tejido social que ponderan los grupos contrarios a la política de seguridad implementada por Felipe Calderón. También, refuerza el argumento asociado con la entrada de las fuerzas castrenses al conflicto y el aumento exponencial de las acciones violentas en el país.

A través de estas hipótesis podría pensarse en un trabajo más asequible a la definición del periodismo de investigación, ya que a la par de reflejar una especialización sobre los contenidos y el tema, denuncia los efectos derivados de las acciones de gobierno. No obstante, debido al rigor en las entrevistas, al manejo periodístico dado a un tema tan difícil de abordar en el actual contexto social, así como por su presentación final, el trabajo de Marcela Turati bien podría ser parte de la corriente concentrada en la especialización temática del periodista.

Después de todo, las crónicas e interpretaciones que componen el texto intentan, ante todo, reflejar la situación de violencia que vive México en la actualidad. Las entrevistas y testimonios logran dar vida a una historia pocas veces contada a través de las voces de las distintas personas que las vivieron, en el intento por completar la información que tenemos al respecto de la “guerra contra el crimen organizado”. Esa misma guerra que los medios, a pesar de la autocensura, así como de las líneas editoriales oficialistas, suavizan a partir de las cifras y que, al mismo tiempo, les sirve como pan para alimentar sus contenidos informativos diarios.

Turati, Marcela, Fuego cruzado. Las víctimas atrapadas en la guerra del narco, México, Grijalbo, 2011, 326 pp.




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