viernes, 21 de octubre de 2011

CRÓNICAS DE UN PERIODISTA


Por Paulina Landeros Alvarado
Foto: Angélica Jackeline Ferrer Campos
México (Aunam).“Vivir es un riesgo, asúmanlo!”, palabras que Manuel Mejido pronunció mientras lanzaba un puño al aire. El Auditorio Ricardo Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM se inundó de aplausos después de la presentación de su más reciente libro: Con la máquina al hombro.

De pelo canoso, líneas de experiencia en el rostro y cicatrices laborales solo visibles en sus enérgicos ojos, Manuel Mejido les habla a los futuros periodistas acerca de su experiencia personal en esta profesión. “El periodismo tiene riesgos. Prepárense muy bien porque un periodista tiene que ser culto”.

El ganador del Premio Nacional de Periodismo en 18 ocasiones presentó a la “mujer guerrera” sentada a su izquierda: Carmen Avilés Solís, quien leyó una breve reseña del libro y agradeció a Manuel Mejido sus múltiples enseñanzas, y le reconocía sus hazañas.

Era el turno de Rafael Cardona de tomar la palabra. El escritor del prólogo de Con la máquina al hombro se negó a leerlo en público. “Va en contra de mis principios anti-académicos”, dijo argumentando que su opinión ya estaba plasmada en el texto para quien le interesara leerla, y que había temas más importantes por tratar.

“El periodista tiene el picaporte del mundo”, dijo haciendo el ademán de abrir una puerta imaginaria. Aseguró que en esta profesión se tiene que obtener la capacidad de ver lo asombroso y contárselo a otras personas. Su labor es la de “relatar la vida”. “Váyanse de pinta; no vengan a la escuela porque la vida está allá afuera”.

Llegó el turno de Manuel Reyes Razo, quien, junto con Rafael Cardona, ocupa un lugar privilegiado dentro del círculo cercano de Mejido. Sus ojos, enmarcados por un armazón negro, se paseaban por la sala. Les aconsejó a los estudiantes de esta facultad tener una sana curiosidad.

“Reportear es intentar saber; indagar”. Dio su opinión acerca de que un texto periodístico debe ser innegable, irrefutable e inigualable. Alentaba a los jóvenes estudiantes a que hicieran cosas novedosas: “Ustedes pueden sacar lo mejor en la medida en que su ambición, la aspiración, las ideas y la ilusión se los dicte”.

El turno de Leopoldo Mendívil llegó, y el hombre de cejas pobladas color azabache decidió enfocarlo al desempleo que sufren los periodistas. “En esta época, mandar un currículum no funciona”.
Apoyó su idea contando un breve relato de cómo Manuel Mejido consiguió un trabajo en Excélsior al irse a la Unión Soviética y entrevistar a Nikita S. Kruschev.

Invitó al público a que buscaran retomar el viejo periodismo, como lo hace el autor de Con la máquina al hombro, quien “es un estratega, no solo un periodista. Hay que hacer cosas únicas que sobresalgan”.

La presentación del libro finalizó con algunas preguntas que los universitarios a las que Mejido contestó de formas variadas: desde diciendo que es posible hacer periodismo con solo dos letras y que no se debe depender de un número de caracteres, hasta que la metodología que él usa es la de informarse del entorno (cómo llegar y como irse), y a quiénes irá a ver en ese lugar.

Al responder una pregunta acerca de cómo se imagina el periodismo en un futuro, les sonrió a sus compañeros. “No tengo bolita de cristal para saber eso, pero sé que un periodista tiene que tener toda la tecnología, pero no depender de ella. Hagan trabajo personal para sobresalir”. Alentó a los jóvenes a tratar de hacer “buen periodismo” y de sobresalir de entre los demás a toda costa.

Y dejó una reflexión final para los periodistas en ciernes, que casi se ahoga con los aplausos: “En todo aquello que te produce emoción, va tu vida de por medio”.






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