martes, 12 de abril de 2011

ENAMORADA DE UN CHICO GAY

Por Jacquelyn José Tovón
México (Aunam). Sus pestañas, cargadas de rímel negro, suben y bajan mientras sus ojos siguen a los cuerpos que atraviesan la explanada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS). Son las tres de la tarde, el sol está en lo alto y ella espera a que llegue su próxima clase.

Suspira al recordar su historia de amor imposible, ya no le duele tanto, pues se ha resignado. No puede competir contra algo diferente. Sus palmas se juntan y suben hasta su boca, aprieta los labios y lanza otro suspiro para comenzar a hablar.

“Fue difícil. En un primer momento me llamó la atención por su voz, en general por la forma en que es, pero con el paso del tiempo me enamoré. Aunque advertía en él rasgos un tanto femeninos, no me di cuenta de que era gay”.

Su nombre es Martha y estudia en la FCPyS. El semestre pasado conoció a un hombre que era totalmente diferente a todo lo que antes había visto, lo que hizo que sintiera grandes sentimientos por él.

“No teníamos una relación de amistad”, dice mientras pasa los dedos por su cabello, “hablábamos a veces, pero cada que lo veía mi corazón se aceleraba. Cuando le preguntaba algo y lo veía a los ojos, mis piernas temblaban”.

Sus ojos color café se tornan un poco llorosos; mira al vacío; frota sus manos con la tela negra que cubre sus piernas y comienza a jugar con una pluma que saca del espiral del cuaderno que tiene enfrente con una tarea inconclusa.

“En sus mirada podía ver cosas, cosas que no me decía, pero que yo creía que sentía. Por ejemplo, me veía y sonreía como con pena, tartamudeaba y en ocasiones desviaba la vista”, dice dibujando una letra ‘G’ en los cuadros de su libreta.

Nunca le dijo lo que sentía por miedo al rotundo rechazo: “era lógico, simplemente no podía sentir nada por mí. Las condiciones de su vida le impedían fijarse en mí, sencillamente no podía poner su atención en una mujer”.

Durante aproximadamente cuatro meses vivió con la angustia. Cada vez que platicaba con ‘G’ sentía que tenía una oportunidad de ganar su corazón, pero por otro lado, trataba de ser realista. Algunos textos que había leído le daban la certeza de que por su ‘flexibilidad’, talvez el chico no tuviera conflictos para enamorarse de una mujer.

“Algunas actitudes que tenía conmigo me hacían pensar que, por lo menos, yo le parecía interesante. Me dije que quizá era bisexual y que por ese motivo tenía una mínima posibilidad de conquistarlo. La cabeza me daba vueltas y sí, muchas veces traté de explicarme por qué, justamente él, era homosexual”.

Los rumores que se escuchaban en la Facultad apuntaban a que, en efecto, era gay, pero dado a que suele ser muy discreto, no tenían nada seguro. Para Martha fue todo un desafío confirmar o desechar los murmullos, se valió de redes sociales y amigos en común para investigar un poco de la vida de ‘G’.

“Personas que le conocían me decía que era gay y en el fondo lo sabía, pero me negaba a creerlo, por lo menos, hasta verlo, aunque tampoco me atrevía a preguntárselo. No es algo que pudiera decirme a la ligera y es respetable, no sé por qué no quería que se supiera”.

Tras la extenuante averiguación, aparecieron datos que sólo reafirmaban la orientación del chico que ocupaba los pensamientos de Martha. No había evidencias tangibles, pero era más que obvio que le gustaban los hombres.

“Me di cuenta de que tenía novio, de la misma Facultad, pero como ambos son muy discretos, nunca se les veía muy juntos o en situaciones ‘comprometedoras’. Sólo algunas miradas los delataban, igual, las sonrisas cómplices que se dirigían”.

Confiesa que lloró de tristeza, a veces de impotencia y después de consolación. Se preguntaba por qué le gustaba tanto un chico que no podía corresponderle, y se cuestionaba por qué lo había conocido.

“Al menos, si tuviera una novia, tienes la ilusión de que tal vez algún día terminarán, incluso si está casado dices: ‘bueno, igual y la deja’, pero en este caso fue muy fuerte, no entendía por qué prefería a los hombres, y era evidente que yo ni siquiera me acercaba al marco de su preferencia”.

Entre sonrisas de pena, admite que llegó a fantasear con que ella era la mujer que se atravesaría en su camino para ‘reubicarlo’, que una vez que pudiera confesar lo que sentía, él, de la misma manera, le diría que la quería, pero no fue así. En primera, no le dijo nada.

Una vez que dejó de verlo se dio cuenta de que no podía seguir en esa situación siempre. No le quedaba más que retirarse y dejarlo. Eso implicaba dejar de crearse sueños imposibles y a la vez, respetar a quien amaba profundamente.

“Fue difícil, y dicen que el amor es subjetivo, no sé. Aún siento feo cuando lo veo. Conozco a su novio y puedo comentar que somos buenos amigos, así que decidí olvidarlo, dejar de sentir amor, alejarme totalmente de él; estoy en proceso de”.

Cubre sus mejillas con sus manos decoradas con unas uñas de acrílico en color azul, mueve la cabeza lentamente de un lado a otro y deja escapar un murmullo: “no”.

Ahora, cada que lo ve se sonríen, en son de amistad. Admite que sufre un poco, pero a fin de cuentas es lo mejor. Platicar con psicólogos le ha ayudado, aunque tampoco fue muy grave su desamor. Leer a Freud le ha ayudado a concebir la situación con calma, pero “creo que nunca podré comprenderlo totalmente, eso no se entiende; se respeta”.

Su sombra se proyecta en el piso, moja sus labios que ya están secos y vuelve a suspirar, mientras pasa una pierna sobre la otra, con la punta de sus dedos retuerce un mechón de su cabello teñido en partes de color rojo. Se queda pensando y frunce el ceño por lo que sus cejas pierden la forma delineada.

“Lo amo, pero no voy a tener nada con él; no puedo aferrarme. ¡Ni siquiera lo sabe! Bueno, creo que lo intuye; no es tonto. Pero ahora es adecuado mantenerme lejos. Conocí a otro chico y de lo que me aseguré primero fue que le gustaran las mujeres. El tiempo pasa y el amor también. Él es feliz y yo, pues yo no iba a cambiarlo (ríe) además no tenía por qué”.




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