miércoles, 13 de abril de 2011

ANTES DE QUE LOS OLVIDEMOS


Por Rodrigo Neria Cano
México (Aunam). Cuando se apagaron las luces, una oscuridad total bañó el Foro Sol por unos segundos, gritos de emoción manaron de las 75 mil gargantas, se alzaron manos con celulares para inmortalizar el momento. El escenario se iluminó paulatinamente mientras Diego Herrera, Alejandro Marcovich, Alfonso André, Sabo Romo y Saúl Hernández ingresaban. Caifanes ha regresado.


Mezcla de generaciones

El rumor de un portazo, los más de 75 mil asistentes, el precio de los boletos en reventa desde 2500 hasta 3500 pesos, el miedo que se coló en los asistentes cuando circuló el rumor de que la radiación solar estaba por arriba del nivel 11 y no es recomendable salir de casa, y el reencuentro de la banda más importante en la escena del rock mexicano fueron los componentes del segundo día del Vive Latino 2011, en el Foro Sol de la capital del país.

Desde las dos de la tarde comenzó el ingreso al festival, se podía ver la gran distancia generacional entre las personas; desde los 18 y hasta los 35 cinco años. Los Rebel Cats rocanroleaban en el escenario, los puestos de aguas y cervezas comenzaban la venta, el apabullante calor azotaba con 30°C.

Las gradas no permanecieron mucho tiempo vacías, un grupo de personas se plantó lo más cerca del escenario, sacó una manta que traía el logo de Caifanes y la colgó en la barandilla. Otros más los imitarían, no les interesaban las otras 41 bandas que se presentarían en los tres diferentes escenarios.


La venta y la basura

A lo largo del día la gente se movilizó por todos los espacios: Los dorados, Vicente Gayo, Natalia Lafourcade, Yokozuna, Bengala, Nana Pancha son solo una muestra de lo que sonó en los escenarios pequeños: escenario Indio, Carpa Roja y Carpa Intolerante.

Pero en el principal, lugar donde se presentan las agrupaciones más importantes, la aglomeración era cada vez más y caminar era casi imposible. Cuando la agrupación española Jarabe de Palo tocaba, el calor ya había mermado las energías. Aunque el piso estaba lleno de botes, cajas de pizza y de pollo frito, vasos, bolsas, filtros de cigarrillos, colillas de churros de mota, servilletas manchadas y desperdicios de comida como las orillas secas de pizza, todos buscaban un hueco en el piso para tirarse y descansar.

La comida no es el único negocio, está presente el tianguis cultural del Chopo, donde se puede conseguir playeras estampadas con logos de grupos musicales, hay disqueras independientes que ponen los CD’s en 80 y 50 pesos, revistas musicales que regalan algunos ejemplares. Otros las venden desde 5 pesos. ¿Lo más vendido? Playeras, revistas y afiches de Caifanes.


Tiempo Libre

Aunque el sol se había ocultado por completo, las bocanadas de viento seguían calientes y del suelo manaba humedad tibia, permeaba el olor agridulce de la cerveza, el tabaco y la marihuana. Aunque era de noche y sin sol, la casa de los beisboleros Diablos Rojos de México era un verdadero infierno.

Los Enanitos Verdes fungieron como teloneros de una época, 1980, la nostalgia de esas tres décadas, se arremolinó en el Vive Latino. Amores lejanos, dedicada a Rita Guerrero, elevó la pasión de este efímero instante. Más tarde vino Luz de día y para cerrar la presentación Lamento boliviano, preámbulo de lo que vendría con Caifanes.

Todas esa voces juntas, todas esas personas de apariencia distinta, de caras quemadas, llenas de fatiga, de ansiedad, llenas de mareo, de sudor; muchachos roqueros, adultos roqueros, niños, viejos de pelo cano; eskatos, fresas, poperos, punkuetos. Una enorme diversidad de gente, de raza. Todos a la espera.

Pasa el tiempo, las pantallas gigantes captan a mujeres montadas en hombros anónimos, aparece una cortinilla: Chichis. La alegría y la cerveza desinhibían a las féminas que gustosas levantaban su playera y dejan su senos a la vista de todos.

Para matar el tiempo y divertirse, las alfombras grises que cubrían el pasto del foro servía para ser catapultas de cuerpos que se elevaban por los aires, una mala caída aseguraba la visita a la enfermería y vaya que hubo muchas. Otros hacían círculo para cubrir el momento en que llenaban de orina un vaso de cerveza, luego lo aventaban por los aires bañando a todos los de enfrente.

―¡Guácala!― gritaban las víctimas de estos vasos ―¡pinches marranos!

―¿Qué era?― pregunta un hombre joven de cabello largo y playera negra a las chavas que están a su lado.

―Pues miados― responden agresivas, molestas. ―No lo huelas― le dicen al greñudo al que le escurre liquido del cabello.

―Que tal que es cerveza―

―Pero digerida― ríen a carcajadas, se burlan de él.


Ni Rockotilan ni el Domo de cobre

―En toda la historia del Vive nunca había visto tanta gente― conversaba emocionado un hombre de unos 35 años con su grupo de amigos.

―Es el grupo con el que me sentía rebelde en la secundaria― emocionada, una mujer le platicaba a su hermana menor.

―¿Con cuál crees que abrán, con Nubes, Viento, Miércoles de ceniza?, deja pregunto por el twiter a ver que dicen― comentan en otro grupo de treintañeros, todos con cerveza en mano.

― ¡Aaah, qué emoción!, yo los fui a ver en el Palacio de los Deportes, tenía como 13 años, ¡jamás pensé volverlos a escuchar en vivo!― De baja estatura, gordita, pelo rojo, grita y mueve sus manos, con ellas se expresa.

La oscuridad cubre el Foro Sol, un leve fulgor azul nace en el escenario, poco a poco se unen todos los elementos: batería, teclado, guitarra, bajo, voz. “Desde aquel día me trajeron para acá será porque no me dejaba rasurar ya no me hablan ni siquiera las hormigas será porque no saben que ando por aquí”.

¿Será Por Eso? es la canción elegida para abrir, todos revientan en júbilo, gritan, cantan, graban con su celular, Saúl hace lo propio y entona con efusión, emoción, la transfiere. Él canta, ellos corean: “Será por eso que no me dejan salir, será por eso que me dan electroshocks, será por eso que no me dejan salir, será por eso que me dan electroshocks…”

Termina la canción, una pausa, un silencio necesario, la calma dura un instante. Caifanes arremete contra ellos, contra sus escuchas. La guitarra de Alejandro Marcovic, y la de Saúl se juntan, se reconcilian dos músicos. “Cuando me muera y me tengan que enterrar, quiero que sea con una de tus fotografías”, “Mátenme porque me muero. Mátenme porque no puedo”, “Esta enfermedad es incurable, esta enfermedad ni con un valium”.

El público esta incontenible, canta con euforia; hay quienes se carcajean como poseídos, también hay quien llora de la emoción, balbucean la canción, su cara ya está roja, intenta articular, el llanto y la emoción son más fuertes.

―¡Gracias, gracias! ¡Es difícil hablar cuando ustedes ya robaron la palabra! ¡Raza: Caifanes a tus pies!― pronuncia Saúl Hernández, y hace una reverencia a las 75 mil personas.

Viento, Antes de que nos olviden, Los Dioses Ocultos, Detrás De Ti, Nubes, Piedra, se convirtieron en el cuerpo musical de la noche y en el lazo que unía toda esa raza que coreaba cada una de las canciones. Brincos, abrazos, caras de felicidad y asombro cuando comenzaban los acordes de la siguiente canción, conocidos y desconocidos se abrazan.

Saúl llama a la unidad, al poder de la sociedad, pide al presidente un alto a la violencia y paz para los mexicanos, pide justicia para las caídas en Ciudad Juárez; también hizo mención a Rita Guerrero y Eugenio Toussaint, recién fallecidos. Ayer me dijo un ave, puso calma al momento de euforia. Varias manos se alzaron y prendieron pequeñas llamas de encendedores.

La música continuó con Piedra, Aquí No Es Así, Miedo, Afuera y Nos Vamos Juntos, el vocalista comenzó a nombrar a los miembros de la agrupación, dejaron sus instrumentos, se desaparecieron junto con la iluminación, el encore, recurso tan desgastado que nadie de ahí se movió.


―Es que ya están viejitos, se metieron a descansar.

― Pues yo ya me cansé, pero no importa. Que se tarden lo que quieran, ya espere 17 años que no pueda esperar una hora más.

Fastidiada y cansada, una joven de unos 18 años jalonea a su acompañante:
― Ya vámonos, ya me cansé.

― Espérate, esto es lo que escuchaba tu hermanito cuando iba en la secundaria, vas a ver que cuando se separe Zoe y se reúna y tengas mi edad te vas a emocionar mucho.

―El 11 de abril serán 24 años de la primera tocada en Rockotitlán y me encanta ver cómo hemos crecido ¡Somos un chingo!― gritó el bajista Sabo Romo e incendia nuevamente el ambiente. Amanece, Hasta Morir, y El Negro Cósmico son las siguientes canciones. Y comienza el último golpe con No Dejes Que, luego La Célula Que Explota, entonada por todo el público.

La Negra Tomasa, tema que generó controversia en su tiempo, por tratarse de una cumbia interpretada por un grupo de rock under, fue la que cerro esta fiesta de rock, con un gran baile.

―Cuando ensayamos parecían 15 minutos y no 17 años. Queremos agradecerles, raza, por nunca quitar el dedo del renglón― fueron las últimas palabras, que se disolvieron rápidamente en el espacio pero que seguramente perdurarán en la mente del público que aplaudió cuando Diego Herrera, Sabo Romo, Alfonso André, Alejandro Marcovich y Saúl Hernández recorrieron abrazados el escenario y se despedían de toda esa gente reunida, testigos ahora, de la reunión de una leyenda en la historia del rock nacional.





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