lunes, 24 de junio de 2019

YO SOY RUTH

Por Katia Muciño Briseño

Ciudad de México (Aunam). Despierta, este es un buen día para caminar, conocer y pasear por la ciudad. ¿Qué estás esperando? Abre los ojos, mira al techo de tu habitación. ¿Qué color es? Abre los ojos, este es el mejor día de tu vida para conocer algo nuevo.


No quería abrir los ojos, me mantenía despierta pero dormida. De esas veces en que no duermes, pero la mente está en otro mundo y la realidad. Escucho una voz dentro de mí que me dice: Despierta, despierta, despierta. Por fin me levanto, flexiono mis brazos y salto con energía de la cama. Bañarse, vestirse y salir a la calle: la misión del día. ¿Hacia dónde me dirijo?

Estación de Metro Taxqueña, caminar y comprar boletos. Odio ese pasaje del metro, siempre que camino ahí me deprimo. Una larga fila de personas que viven en la calle y piden dinero se establece ahí. Esto es México, pienso. Esto es México. Después de eso, sigue caminar hacia el andén, hacia el vagón de mujeres porque es más “seguro”. Aunque nuestra ciudad ya no es segura, ¿En qué tiempos lo fue? ¿Cómo controlaban la violencia?

Pino Suarez, la estación donde se encuentra la exposición de “Ehecatl” el dios del viento, hay fotografías de arqueólogos descubriendo aquella vasija grande de piedra que se concentra en medio del transborde. La estación de guardar los celulares y cuidarse porque roban. Son sólo unas estaciones, llego a Chapultepec y ya está.

Niñas, niños, pequeños con sus padres, abuelos y tíos vienen en el mismo vagón que yo. Todavía los llevan a jugar al bosque, a tomar un picnic y a relajarse. Qué divertido, habrá una gran diferencia entre aquellos niños que juegan en el pasto y los que juegan en el celular.

Chapultepec, escaleras y tiendas. Venden pastes, pizza y cosméticos. Más escaleras y hay unos señores fotógrafos que buscan a quién tomarles fotos, o el pelo. Más adelante un hombre con un pájaro cautivo en una jaula. Miro al cielo y veo edificios, Torre BBVA Bancomer, Centro de Cultura Digital (Suavicrema) y Torre Mayor.

Uno de esos edificios resalta por tener escaleras de color amarillo y naranja, resaltan porque la estructura del edificio se inunda de un azul intenso. Camino hacia las “calzadas” paso por el largo puente que nos salva de estar abajo con el tráfico y los autos.


A mi espalda se encuentra la gran puerta del león, a mi frente el monumento blanco con negro. Voy a un costado, por ahí. A un edificio que está cerca de todo y lejos del interés de muchas personas.

Afuera, adentro. Veo cristales polarizados, un cilindro. “Museo de Arte Moderno” con letras viejas y cobrizas. Subo las escaleras. Me encontré.

Por fin, este es el espacio al que quería venir. Una combinación extraña de dos entradas y un mismo jardín con esculturas. Al entrar hay una magnífica luz que irradia las escaleras por encima de un montón de piedras pequeñas. Las curvas de las escaleras fluyen, se pasean. Todo el museo son lazos que se mueven una y otra vez. ¿Quién diseñó todo esto?

“Recreaciones entre el juego y el arte”, “Antonio Caballero. Fotografía 1953-1985”, “Sumario de fotógrafos”, tengo todo esto y más y más esculturas por vivir.

-Ven, soy tu museo. ¿No conoces a Ruth?

-Ruth, ¿Quién es Ruth?

-Ruth, una de nuestras creadoras. Ruth Rivera Marín

-No, ¿Quién es ella?

-Ven, te mostraré


Soy una curva paralela al paseo de la reforma, tengo formas orgánicas, soy libre y no me parezco a los museos cercanos. Nací para la modernización del país, nací con cristal, pedernal en bruto, aluminio, fibra de vidrio y jardines a mi alrededor. Nací con un barco de colores de Manuel Felguérez, tres hombres recostados de Herbert Hoffman-Ysenbourg, una sandía cordial que diseñó Ana Mercedes Hoyos, una jaula de palabras de Gelsen Gas, un hombre con extremidades en forma de lata de Germán Cueto. Soy el museo de arte moderno.

Al interior, soy un círculo amarillo similar a la estación metro insurgentes, soy mármol geométrico, mi corteza es un rectángulo tras rectángulo blanco, suave y frío. Somos escaleras como serpientes que corren por todo el espacio. Somos amarillo, blanco, negro y verde. Soy un museo, un edificio, un monumento, también soy el ojo izquierdo de Ruth. Soy aquello que Ruth pensó como un lugar para exhibir y resguardar obras de artistas representativos mexicanos.

Es mayo, mes de los museos. Mi cumpleaños. ¿No me vas a felicitar? Soy los caminos verdes, los pastos fulminantes. Los cuadros y rectángulos negros del edificio en forma de círculo. Soy un museo cubierto de vidrios negros, traslúcidos en los que se reflejan las esculturas aledañas.

Ruth Rivera Marín nos construyó hace no mucho tiempo, en 1964. También aportó a otros amigos: Anahuacalli y Centro Médico. Tal vez a ellos los conozcas más que a mí. ¿No es así?

Ruth está de pie frente al fresco de un mural, observa con calma el trabajo que entre su padre y otros pintan, observa las líneas de tensión del boceto. Sostiene una bolsa negra con ambas manos, fija la mirada que permite apreciar su larga cabellera acomodada en un círculo arriba de su nuca. Su piel, su cabello su rostro está en blancos y negros. Ella delinea sus ojos con línea negra e intensa, con un pico de extremo a extremo, ojos acompañados de un collar brilloso.

San Hunt retrató a Ruth a los trece años junto con su hermana y su madre. Están en blanco y negro, es el 29 de octubre de 1939 y Ruth se encuentra a la izquierda de su madre, Guadalupe Marin. De lado izquierdo está su hermana también llamada Guadalupe. Ella se toca las manos mientras observa la cámara. Con cabello recogido sonríe furtivamente. Ruth nació en la Ciudad de México en 1927, con una madre escritora y un padre muralista, mantuvo el pensamiento creativo de su familia cercana.


A los trece años Ruth observa a la cámara, retiene sus brazos por detrás de su espalda para la foto. Usa un vestido largo con un detalle en el cuello, su cabello está recogido por una trenza que recorre el contorno de su cráneo. Guadalupe Marin tiene una expresión desafiante, no voltea a ver a la cámara y abraza a sus hijas con ambos brazos.

Mujer alta, rostro afilado acompañado de un chongo de cabello castaño, tez morena, ojos con un negro profundo y expresión hacia el vacío. Su perfil se refleja con el espejo de fondo amarillo que sostiene con ambas manos, el vestido blanco y largo permite ver la espalda y brazos largos de Ruth.

Ruth es una arquitecta, un dibujo, la representación en un mural, es un edificio, es columnas, paredes y pinturas. El ojo izquierdo de Ruth es un museo, su ojo derecho es el museo de arte moderno, sus manos son el Anahuacalli.

¿Cómo puedo conocer a Ruth?

-Esta frente a ti. Esfuérzate más y la encontrarás.

No soy un lugar verde, tampoco gris, tampoco café. Soy un espacio compuesto por miles de ojos que lo miran, narices que respiran y fotos que me toman. Tengo una superficie de 1495 km2, pero me divido en 16 espacios. Soy una ciudad con mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, niños, bebés, perros, animales y puentes.

Poseo un núcleo, un componente especial para que muchas personas encuentren sus intereses en mí. Soy un centro político, económico, social y cultural. Muchos vienen a verme y se quedan conmigo, otros no pueden y regresan a su hogar.

Apretada porque hay muchos que viven en mí, en muchas partes y espacios amontonados, unos con otros. Calles sin salidas y cuerpos encimados. En muchos de mis lugares ya no caben, pero siguen entrando y entrando. Soy amontonada, soy caótica porque mis habitantes se transportan en autos, camiones, motocicletas y bicicletas, pero no hay un orden.

Gritan, pelean y se molestan unos con otros. Me vuelvo caótica cuando el metro que pasa sobre mí, se detiene por cuestiones técnicas. La gente se acostumbra a pisar mis calles, mis pieles y mi cuerpo. Lo hacen tan rápido, tan ágil y no permanecen mucho tiempo en algún espacio, todo el tiempo se mueven de un lado a otro y cuando por fin se quedan estáticos, se aburren.

Históricamente soy una ciudad compuesta por pequeñas ciudades, de historias y de luchas. Ahora tengo ruido y tráfico, pero en mis inicios tenía agua, agricultura y un sistema económico impresionante. Ahora sólo soy edificios, ríos entubados y muchas tiendas de tres pisos.

Mis calles poseen mucho cemento, en algunas partes de mí hay árboles, en otras los desaparecen y mi corteza puede ser de muchas formas, colores, cambió radicalmente de un espacio a otro. ¿Cómo explicarlo? En unas calles puedo ser ruidosa, histórica y bella, pero en cuestión de metros hay un cambio, me observo sucia, conflictiva y trágica. Así soy de difícil, así es la Ciudad de México.

La ciudad, es como un centro cultural abandonado, tiene historia, cultura y espacios, pero, parece que en ocasiones es abandonada porque mucha gente no lee, no mira películas, no visita sus exposiciones y parece estar tan desperdiciada por los mismos habitantes. Nuestra ciudad es violenta, atiborrada y polarizada.

Somos una ciudad con museos, exposiciones, galerías y muchos sueños dentro de los mismos. No hay escapatoria para la cultura, el arte y la música. Una ciudad con vicios, crecimiento fugaz y desmedido también tiene un potencial para la cultura.

-Conocí a Ruth por unos años, conocí a su padre y a todo su círculo porque hicieron grandes cosas para mí. Obras, arte, pinturas, ellos querían hacerlo y lo hicieron. Cuando ella se fue nos dejó algo, nos dejó a nosotros, su trabajo. Siempre cuidamos de su presencia en los espacios.


- ¿Quién es Anahuacalli?

-Yo soy Anahuacalli. Soy un pedazo del Xitle, soy un montón de piedras colocadas en forma de paredes, pisos y escaleras. Un perfecto tallado y acomodo de sus formas y proporciones. Guardo esculturas, formas prehispánicas que dibujan cómo eran nuestros ancestros, formas humanas moldeadas con barro. Soy las manos de Ruth, mismas que me trazaron cuando Rivera dejó el edificio, aquellas que me levantaron con el apoyo Dolores Olmedo, Juan O’gorman y Ruth. Ella no permitió que nos quedásemos inconclusos, no abandonó nuestra creación y aunque tardamos veintitrés años en ser creados, hoy somos uno de los museos más bellos de la Ciudad de México.

En mí, hay largos ventanales que relejan el color amarillo translúcido de las construcciones de Juan O’gorman. Mismas que se observan en los vidrios de la planta baja de la Biblioteca Central. Rectángulos largos y delgados, acomodados uno por uno para que reciba luz.

En mis paredes hay bocetos de los murales de Rivera. Grandes lienzos con trazos en negros y grises. Mis pisos están elaborados con mosaicos blancos, negros y cafés. Soy un pequeño laberinto de piedra volcánica en el que todo parece igual, pero en el fondo soy distinto. Las personas suben por mis escaleras y observan poco, todos desean llegar a mi punto más alto: la terraza. Ahí, en el punto más alto en donde las personas observan mis plantas, árboles, hojas y tierra. Se quedan para mirar edificios, torres y un cielo a veces nublado y despejado.

Soy Anahuacalli, nací para ser la Ciudad de las Artes, un lugar en el que enseñarían diversas disciplinas artísticas y ahora soy un museo. En mi primer piso soy un inframundo, oscuro y lúgubre que no permite el paso de luz. Paso del inframundo a lo terrenal y me convierto en cielo, todo en mis tres pisos.

-Arquitectura es parte de nosotros, nosotros somos arquitectura, arquitectura es Ruth.

Yo soy el centro médico. Soy pasillos vacíos, luces, medicinas y enfermedades. Soy olores fuertes, insoportables y eternos, también soy guantes, batas, camillas y emergencias. Existo porque dentro de mí, las personas viven y mueren, en algunos casos sólo permanecen, pero soy la puerta de entrada y salida de muchos. Todos los días tengo bebés y ancianos, tengo vida y muerte.

Existo para servir a la comunidad y mejorar la salud de las personas, estuve pensado por Ruth Rivera Marin y Enrique Yáñez, ambos arquitectos pensaron que sería una buena idea crear un hospital con un detalle: un paso a la modernidad. Soy neumología, ginobstetricia, traumatología, analogía, pediatría, anatomía patológica pero también soy una oficina general, un laboratorio, un espacio de congresos médicos, un lugar pintado con murales de Siqueiros.

Yo soy Ruth, soy museos, murales, espacios. Soy la mujer que ayudó a que estos lugares tuvieran vida, la que formó gran parte de lo que son ahora. Soy una mujer, soy una arquitecta dentro del museo, médico y ciudad. Soy Ruth, arquitecta de estos espacios. Ahora mi arquitectura habla por sí misma.







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