miércoles, 5 de junio de 2019

FELINOS SUELTOS, PERO NO SALVAJES

Por Alejandra Lisette Sigala García
Ciudad de México (Aunam). Sobre la avenida Juárez, de un caluroso viernes de abril, pero refugiado bajo la sombra que proyecta el edificio de Sears y compartiendo la banqueta con el antimonumento feminista y con las jóvenes quienes lo resguardan, se sitúa el stand del refugio animal “Abrazos para ayudar”.


Apenas el reloj de la Torre Latinoamericana marcaba el mediodía, Daniela Aide, arribó al sitio cargando dos transportadoras, una mochila repleta de hojas y cartulinas, y un gato de nombre Caramelo que reposaba sobre uno de sus hombros.

Este primer felino de actitud pasiva, amante del alimento y cuyo pelaje combina los colores blanco, negro y café, es uno de los pocos que no se encuentra en adopción por el apego que Kevin y Daniela le tuvieron. Además, aunque su apariencia y actitud lo disimule, funge como el macho alfa de la comunidad de “Abrazos para ayudar”.

Una vez en el lugar, Daniela colocó las transportadoras en el suelo y abrió una de éstas, de la cual salió otro felino de oscuro pelaje, esporádicas manchas blancas y con una personalidad mucho más hostil que respondía al nombre de Paleta.

Inmediatamente, éste subió a un alto peldaño que formaba parte de la estructura del stand junto a Caramelo el cual, a pesar de arrebatarle el título de alfa en peleas anteriores, parecía ser el único gato del refugio con quien convivía en paz, además de los humanos. De esta manera, ambos se aseguraban de mantenerse alejados de posibles peligros como perros sin correa o humanos distraídos.

Mientras los mininos observaban el entorno desde su trinchera, Daniela adhirió al muro los diversos carteles que portaba –y acostumbra a llevar de martes a domingo– cuyos reversos, en la mayoría de los casos, se encontraban plagados de viejos y opacos pedazos de diurex imposibles de remover.

Algunos de estos recursos eran fotografías e información de los demás gatos del refugio; otros contenían en hojas de colores datos generales de la fundación como su nombre, teléfonos, logotipo, etcétera; y la minoría restante referían a algunos memes de Facebook, así como avisos tipo: “Cuidado con el escalón”, “No cargar a los gatitos” o “Adopciones totalmente gratis”.


No obstante, el corazón del stand, aquel que desde su centro atrapaba diversas miradas curiosas, era conformado por una cartulina verde fosforescente y una larga lona impresa con la historia y misión de la fundación que Kevin llevó poco tiempo después del arribo de Daniela.

Ahora era cuestión de encomendarse al destino y esperar a que la gente se aproximara al sitio y, por lo menos, se enterara que existe un refugio llamado “Abrazos para ayudar”. Aunque lo ideal era que preguntaran por las adopciones, dar donativos o incluso interesarse por formar parte de la causa.

Afortunadamente, no pasó mucho tiempo para que el primer grupo de curiosos se detuviera frente al stand y desbordando alegría y ternura acariciaran emocionados a las estrellas del refugio, Caramelo y Paleta.

Sin embargo, su rol estelar se vio opacado cuando un par de gatitos asomaron sus rostros fuera de la transportadora y, con la curiosidad que tanto caracteriza al animal, exploraron cada esquina del sitio.

Por un lado Caramelo, como macho alfa, estaba al tanto de cada movimiento que ambos mininos hacían para protegerlos, corregirlos o regresarlos en caso que quisieran escapar. Pero, por el otro, Paleta parecía importarles poco y solo se mantenía recostado y alejado sobre una franela gris.

La expresión de satisfacción de aquellos mininos no tenía comparación. Pues claro, cualquiera que recibiera apapachos y frecuentes halagos de lo bello que es, sentiría el mismo placer, consentimiento y ego que éstos experimentan casi toda la semana. Eran unos gatos con suerte.

Y así siguieron llegando varias hordas de personas cuyo paso estaba pautado por el semáforo de la esquina entre Avenida Juárez y el Eje Central Lázaro Cárdenas evitando que dichas multitudes conmovidas se amontonaran alrededor del stand e inquietaran a los mininos.


Los comentarios se repetían en casi cada multitud: “¡Mira a los gatitos!”, “¿Se pueden acariciar?”, “¡Ese – señalando a Caramelo – está divino!”. Incluso algunos extrañados por presenciar a felinos con actitudes tan tranquilas y sociales como lo tendría un perro susurraban para ellos mismos: “¿A poco son gatos en verdad?” o “¿Estarán vivos?”.

Pasó la primera mitad de la jornada y, a pesar de la atención que recibían, el cilindro donde depositar las donaciones era mayoritariamente ignorado, por lo cual Kevin decidió colocar un anuncio junto a éste el cual remarcaba la importancia de donar una cantidad voluntaria para poder acariciar a los felinos.

Por lo cual, algunas personas retrocedieron: unas cuantas desconcertadas al percatarse que con sólo acariciar a los felinos no mantendrían al refugio vivo; otras buscando alguna moneda entre sus infinitos bolsillos o bolsas, y unos restantes inconformes por considerar a los chicos como unos lucradores. No obstante, el león no es siempre como lo pintan.

“Abrazos para ayudar” es considerada como una fundación emergente, es decir, aún no cuentan con un registro oficial que los avale como organización, por lo cual continuamente se hallan frente a diversos obstáculos los cuales les impiden operar eficazmente, tales como: la falta de presupuesto, de recursos humanos y de tiempo.

Sin embargo, aún conociendo lo cerrado y conservador que es el medio ambientalista y sabiendo que por ser jóvenes menores de edad sus proyectos, ideas y participaciones serán desestimados por “falta de experiencia”, Daniela y Kevin siguen adelante con la fundación.

Ambos comprenden que hay más de 7 millones de animales callejeros en México, los cuales al no tener una voz con cual manifestar su dolor, angustia y necesidad son víctimas de la ignorancia y crueldad humana. Y estos adolescentes no piensan dejarlos desamparados por más barreras que se encuentren.

Al final del día, a pesar de todos los sacrificios, la mejor recompensa será el ver que un felino encuentra una segunda oportunidad de ser feliz y de demostrar que no todos los humanos son inhumanos.






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