lunes, 23 de julio de 2018

DESDE LOS OJOS DE UN BAILARÍN: FERNANDO CAMACHO

Por: Itzel Valencia Muños
Fotos: Alex Rodríguez e Itzel Valencia
Ciudad de México (Aunam). Su nombre es Fernando Camacho Fabián, nació en México, el 19 de agosto de 1998. A primera vista resalta por su cabello castaño, largo de la parte superior y corto de los lados, ojos color café claro, que contrastan con su piel blanca. Pero, no es un chico común: él es un bailarín, estudiante de ballet de la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea.


Camacho comenzó su carrera a los 17 años, y tan solo en dos años ha logrado posicionarse dentro de las filas de importantes obras, como El Cascanueces o La bella y la bestia de Luisa Díaz González.

Antes de su llegada al mundo, esperaban por él, un padre perseverante, trabajador y amoroso. La persona que le inculcó nunca rendirse a pesar de la dificultad del reto. Su nombre: Ronaldo Camacho Arias. También, una madre cariñosa, bondadosa y positiva; sin duda alguna, el claro ejemplo de que el trabajo duro tiene recompensas y que las adversidades tienen un aprendizaje. De nombre, Adriana Guadalupe Fabián.

Además, dos hermanos que, a su vez, son sus mejores amigos; Rolando y Alejandro Camacho Fabián, quienes forman gran parte de su apoyo y lo impulsan a conseguir sus metas. Nunca rendirse y siempre apoyarse unos a otros.

De la primera clase al telón

La vida lo orilló a darse cuenta de que quería dedicarse a la danza, pero cuando tomó sus primeras clases de balé comprendió que eso implicaba trabajar en la perfección. Al ver que tenía que exigirse para sacar las cosas de forma impecable, solo se enamoraba más de la disciplina.

El apoyo de su familia lo ayudó mucho: “Me dijeron ‘sí vas a hacer algo, dedícate por completo a ello y estúdialo enserio’. Al igual, me enfrenté a mí mismo y firmemente decidí que quería bailar y lo que debía hacer era no darme por vencido, echarle ganas y lograr mis mentas” declaró.

Cuando comenzó a tomar clases de ballet tenía 16 años, entró compitiendo con chicos más jóvenes, que ya hacían splits, segundas, grandes saltos, y él apenas comenzaba a aprender. Sin embargo, no se dio por vencido y poco a poco notó sus avances y mejoras durante el proceso. “Me percaté que sí se puede, solo es trabajar duro, es no dejar de soñar”.

Fernando Camacho tenía una expresión de orgullo mientras contestaba “Dije, ‘si ellos pueden por qué yo no’. Ese fue uno de mis agarres para seguir motivado y continuar hasta triunfar”.

Una experiencia inolvidable

“La mejor experiencia fue ser solista en el cuarenta aniversario de la escuela en Bellas Artes, fue un momento inolvidable, no podía creer que estaba en ese lugar frente al escenario”.
Fernando Camacho emocionado, contó que ese día, su papá le dijo lo orgulloso que estaba él y de su forma de actuar, cuando interactúa en el escenario, así como con la forma en que trasmité los personajes y sus sensaciones.

“Yo también lo sentí, fue como si el escenario me diera luz, todo desaparece y sólo quiero transportar al público, deseo contar una historia, convertir al auditorio parte de ella”.

Sin embargo, esta misma experiencia fue muy dura para el bailarín, debido a que el arduo y exigente entrenamiento, le costó diferentes lesiones durante los ensayos, entre ellas: Una de espalda y otra en un hombro. Además, tuvo algunos enfrentamientos con los directores.

“Fue difícil porque hubo muchos desacuerdos entre el grupo de baile, los directores y coreógrafos; cuando me lastimé el hombro, fue porque había un paso que contenía una cargada de escopeta” explica el bailarín subiendo los brazos y simulando que toma de la cintura a su compañera.

“A la directora no le gustaba la posición de los dedos y otros detalles y lamentablemente mi pareja no brincaba, por lo que yo cargaba todo su peso desde abajo y para la tercera vez que la cargué se me fue el hombro de lado”. Fernando Camacho considera que, estar lesionado causó más dificultades con los directores, a pesar de ello, priorizó su salud, pero nunca dejó de lado su responsabilidad y se presentó el día del estreno.

Personajes de aprendizaje

Fernando Camacho destaca la importancia que tiene cada uno de los personajes que ha interpretado, pues han sido la base de su preparación y experiencia frente al auditorio.

Considera que siempre se divierte, porque ama lo que hace. Para él, presentarse ante el público es un aprendizaje y un regalo que desea devolver, ya que en cada escenario busca que las personas que lo observan sientan cada uno de sus movimientos.

“Cuando estoy tras bambalinas, precisamente en las piernas del escenario doy varias vueltas y giros de calentamiento, pero ya que estoy por entrar a escena me mentalizo de todo lo que conozco del personaje y lo reflejo en mí, además, trato de trasportarlo a mis experiencias”

Fernando Camacho puso como ejemplo, las veces que le toca representar al papá de Bella en la obra La Bella y la Bestia, pues el personaje le recuerda a su abuelito, por su sabiduría, los años y la forma de proteger y amar a su familia, “me reflejé en él y a cada paso, no era Fernando, era él quien guiaba mi rastro”.

Modelos en el mundo del ballet

La proyección del bailarín Camacho se basa en personas significantes que han estado presentes en su carrera, la mayoría no son profesionales, debido a que le gusta formarse por sujetos que han causado impacto por su historia, personalidad, entrega y constancia.

“Hay una niña de 14 años, se llama Ana Jimena. Es muy buena bailarina, muchos la critican por su estatura y dicen que no va a poder destacar, pero yo creo que ella se ve grande en el escenario, sabe trabajar y sacar la función con empeño. Esta chica va en contra de todo lo negativo que escucha, al contrario, se mata en su labor y nunca deja de luchar y eso hace que se vea única en escena”.

Otro de sus ídolos es su maestro ensayador, Carlos Rodríguez, porque le mostró todo el camino por el que atravesó; su comienzo y las dificultades que tuvo. Pero lo más valioso para él son los resultados con base en el trabajo, su interés por perfeccionar hasta el último detalle como su línea de pie y el apunte de ellos.

De su maestro aprendió, que lo más mínimo puede hacer la diferencia, enseñanza que convierte a Rodríguez en uno de los mejores profesores y a Camacho en un alumno destacado.

“Carlos me explicó que, si te entregas completamente a la danza, ésta te va a devolver grades recompensas. Y creo que he dado muestra de ello, nunca me he rendido”.

El ballet no es como aprender matemáticas


-Conozco a un chico que se llama Alejando Mendoza, salió de la Escuela Nacional y en la actualidad es solista de la compañía. Él es una persona que se luce en el escenario, pues es muy humilde, no critica a las demás personas, no las hace menos, es sencillo.

Fernando Camacho cree que los bailarines deberían aprender ese tipo de cualidades, porque para él, cuando una persona comienza a entrenarse busca conocimientos, no entra con superioridad. “Desafortunadamente, conforme van avanzando y destacando a muchos se les olvida ese valor y se trasforman en personas egocéntricas”.

Para el joven bailarín, el ballet no es como aprender matemáticas, “en ellas te aprendes la fórmula y siempre sigues un procedimiento, pero aquí trabajas y estudias constantemente, nunca terminas de instruirte. Por lo que, los bailarines que ganan fama no deben sentirse superiores, al contrario, agradecer el éxito y ayudar a los demás”.

Fernando Camacho lamenta que, muchas veces, los ídolos y personajes destacados, sean groseros y déspotas con los bailarines que apenas están estudiando, mencionó que los jóvenes solo buscan aprender de ellos, pero muchas veces lo único que reciben, es una actitud indiferente.

¿Tú crees que, si este tipo de personas tuvieran una personalidad más humilde, menos egoístas y compartieran su trabajo con ustedes el ballet sería más rico en conocimientos?

“Yo creo que sí, pero desgraciadamente el ballet es una danza muy celosa, y hace que exista una competencia constante entre compañeros, por eso muchas veces en lugar de aprender y tener mejores espectáculos, donde pudieran empaparse del trabajo colectivo, hay individualismo”.

El compañerismo

Fernando Camacho cree que el compañerismo es necesario para su carrera, al contrario de la dinámica que suele seguir el ballet por el alto grado de competitividad entre compañeros. Porque, a su parecer, de forma grupal los resultados son diferentes y la satisfacción y recompensa los nutre de saber.

“Por fortuna, convivo en un grupo en que todos nos hemos apoyado, desde que entramos compartimos y nos ayudamos, incluso los profesores reconocen nuestra unidad y trabajo como equipo”.

Declaró que, como recompensa, por su trabajo en equipo tuvieron la oportunidad de presentar su proyecto llamado siete en movimiento. Trabajo con el cual representaron a la Escuela Nacional, en la convivencia anual de las escuelas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en la Escuela Nacional de Folclor.
También destacó que, por el compañerismo y dedicación que existe entre todos los bailarines de su grupo, tuvieron la oportunidad de ir a Cuba Al igual, nos llevaría a Cuba en una gira que nos ayudó a conocer más y relacionarnos con diferentes técnicas de aprendizaje.

Visión de sí

“Las ganas de seguir adelante impulsan mi carrera, los sacrificios (salir, comer bien, tener disciplina) valen la pena por seguir adelante y destacar”. El bailarín Fernando siempre está en busca de la máxima excelencia, tiene iniciativa de adquirir diferentes conocimientos en el mundo del ballet.

En la actualidad explora diferentes alternativas, para hacerse acreedor a una beca que lo haga llegar a Washington, Miami o Cuba. Participó en clases del Concurso Internacional de Danza Attitude y desea ingresar a la Compañía Nacional de Danza el próximo año.

“La belleza de vínculo del compañero al bailar hace la hermosura del baile”, es una de las premisas que guían a Fernando Camacho para su visión del ballet y su evolución.

Este bailarín en acenso busca representar este arte de forma que dejen huella en cada uno de los espectadores, desea que la experiencia sea única, donde todos los sentidos estén involucrados, pues él vive su sueño y arriba del escenario quiere hacérselos vivir a los demás.

“El ballet es muy bonito, te llena, por eso quiero que los demás se sientan como yo, como niño en dulcería, con escalofríos a cada salto, con sonrisas en cada giro y que se queden con hambre de más”.






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