lunes, 23 de julio de 2018

CUANDO LAS PALABRAS FALLAN LA MÚSICA HABLA: LUIS BARRÓN


Por: Andrea Gutiérrez Sánchez
Ciudad de México (Aunam). Con tan solo 19 años de edad Luis Javier Barrón Pedraza ya se encuentra en la compañía del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, como corista de este gran espectáculo. “Fue un poco de suerte el que esté en esa gran compañía, mi maestro de canto se llama Óscar Barrera Castañeda y él es quien me llevó con Rufino Montero Gutiérrez, quien dirige el coro del Ballet Folklórico”.


En la zona de comida de una plaza comercial nos encontrábamos, frente a frente sentados en una mesa pegada a la venta, que deja a la vista el estacionamiento de los automóviles. Se encuentran la mayoría de las mesas vacías.

Luis Javier Barrón me mira con ciertos nervios y una gran sonrisa metálica. Su cabello oscuro hace que su piel se vea más pálida. Parece un niño, de no más de 17 años, característica que hace que te sorprendan más, que haya cantado en el Auditorio Nacional de México.

El inicio de todo

Lleva un chaleco negro, con una playera gris, que combina con un pantalón de mezclilla azul claro y unos zapatos negros. Su comportamiento es amistoso y habla como si llevara años de conocerme. Su sonrisa deja asomar unos dientes perfectamente alineados y color marfil.

“Fui con el profesor Rufino para que escuchara tres piezas que iba presentar en un examen de admisión, para la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México. Al llegar el maestro, me trató feo y empezó a tocar la pieza muy rápido, una cosa exageradamente veloz, dando a entender que llevaba prisa y que ya se quería ir”. Sonríe Luis Javier Barrón al recordar la anécdota.

“Empecé a cantar y al acabar la pieza me dijo, ‘a ver qué otra traes’ y ya esa pieza si la empezó a tocar bien. Me realizo correcciones, su actitud ya no era tan pesada como al principio, cambió su forma de verme cuando terminé de cantar”. Mientras habla, suele mover mucho sus manos para poderse expresar, las coloca en su café, y cada vez que habla más las mueve, muy efusivamente, como si hablara con las manos.

“Mi instructor, Óscar Barrera, también forma parte del coro del Ballet, entonces me dijo que el profesor Rufino me había citado, yo no lo creía la verdad, pensé que jugaba con mis sentimientos”. Hizo una pausa y empezó a jugar con su chocolate caliente, su mano casi cubría todo el vaso, pues pidió el más chico.

“pensaba que algún día entraría a ese coro, pero me veía ahí en unos dos o tres años, cuando tuviera un nivel más alto. Entonces el maestro me pidió que fuera y empecé a ir a los ensayos” me cuenta y en su rostro se ve el entusiasmo al recordar esas anécdotas y contárselas a alguien más, su risa acompaña cada pausa que hace.

“Fue muy curioso, porque llegué y el maestro me trató como si no existiera, hasta dudé si en verdad me había mandado llamar. Llegué en abril y me mantuvo ensayando hasta principios de agosto, cuando tuve mi primera presentación” comentó.

Barrón Pedraza ha formado parte de múltiples coros y agrupaciones musicales, como el Ensamble Vocal Eviternum, donde se ha desarrollado como corista y solista, del mismo modo es pianista acompañante de esta agrupación. También forma parte de las filas de Coro Gabriel Saldívar del Centro Cultural Ollin Yoliztli, bajo la dirección de la Maestra Ethel González Horta.

Un interpretante recrea una obra, es un arte complejo, lleno de aristas y de especialidades, pero irreemplazable. El intérprete musical es un creador, pues sin su preparación, la música no existe en la realidad, sino solo en el papel.

Una pasión que inició desde pequeño

Su pasión por la música empezó desde muy pequeño debido a una guitarra que tenía colgada en su casa. “Cada vez que pasaba tocaba las cuerdas, yo tenía esa inquietud de aprender a tocar el instrumento, me gustaba el sonido que producía y veía la vibración de las cuerdas, me fascinaba”.

Al principio no tenía el apoyo de su familia, pues sus papás no creían que se comprometería con la música siendo tan pequeño, pero después de insistir mucho lo metieron a clases de guitarra, con la condición de que debía de aprender a tocarla en medio año.

Al pasar el tiempo sus padres vieron su pasión por la música y decidieron comprarle su primera guitarra, pues para sus clases llevaba la que estaba colgada en su casa y no tenía una propia como sus demás compañeros.

“Me daba pena llegar con esa guitarra toda fea, porque mi abuelo le había pegado monedas en toda la caja de la guitarra y ahí me veías quitándole todas las pinche monedas para que no me diera tanta pena, pero por el pegamento se veía la figura.” al narrar estas palabras, muerde su labio agrietado, pero no deja de sonreír, es una persona con mucho sentido del humor.

Conforme fue creciendo, se le fueron presentando las oportunidades para que pudiera seguir aprendiendo música. En la Escuela Nacional Preparatoria Plantel número seis, empezó a tomar talleres de canto.

“La prepa fue la etapa decisiva para mí. Cuando llegué al concierto preparatoriano escuché cómo empezaba a afinar la orquesta, y ese sonido de cómo todos los instrumentos empezaban a ensamblar en un mismo tono me fascinó, me enamoré. Decidí que la música tendría que estar conmigo”.

En un inicio Luis Javier Barrón quería estudiar química, pero una semana antes de decidir su futuro recordó una frase de Hans Christian Andersen que lo hizo cambiar de opinión “cuando las palabras fallan la música habla”.

Ahí fue cuando él decidió dedicarse, de manera profesional a la música. “Tenía que hacer algo el resto de mi vida que no me fastidiara y me hiciera sentir orgulloso, que me llenara como persona y me hiciera completamente feliz, aunque me muera de hambre, moriré de hambre feliz”.

Sacrificio por la música

El camino no ha sido fácil para este también corista de tesitura, tenor y pianista acompañante, en el actual Coro de la delegación de Iztacalco, pues tuvo que pasar tragos amargos por parte de su familia.

“En una fiesta, mi tío me pidió que cantara unas canciones, así que me preparé y llevé mi guitarra, un amplificador y un micrófono, empecé a cantar, pero como que a mis tías no les gustó, entonces a media canción pusieron las mañanitas en la rockola”.

Mientras me cuenta su historia se ríe y muestra una gran sonrisa, pero en sus ojos se asoma un brillo que lo delata, es una persona que oculta sus verdaderos sentimientos. “Ellas trataron de bajarme del escenario pero me decidí a terminar la canción. Sentí feo, sentí muy feo, pero eso me motivó a mejorar”.

¿Qué otros obstáculos te has encontrado?

“Me consume demasiado tiempo, por lo que llego a mi casa a las diez u 11 de la noche, ceno y estudio lo que necesito para el siguiente día. Es un estudio constante casi no tengo tiempo. Me he encontrado con obstáculos financieros, la música es cara: un libro, las partituras, los instrumentos son caros. Mis papás sí me apoyan, pero no al cien, hay cosas que no les alcanza y tengo que arreglármelas”.

Luis Barrón ha tenido que sacrificar muchas cosas para cumplir su sueño, pues la profesión en la que está le exige ser constante y practicar todos los días, incluso cuando se llega a cancelar un ensayo, él debe de practicar en su casa.

Debido a esta exigencia que pide la carrera de música, ha tenido que faltar a muchos eventos importantes de su familia y amigos, pues no puede salir de fiesta como un joven promedio de su edad. “Es algo que no me termina de gustar de mi carrera”, dice.

Una conexión

¿Cuál es la mejor experiencia que has tenido hasta ahorita?

Se queda pensando, guarda un largo silencio al tratar de recordar. “La mejor experiencia que he tenido fue en una ocasión que me tocó interpretar una canción de solista en una parroquia, es una melodía que a mí me trae recuerdos por abuelita, se llama alegre entre las nubes”.

Sonrió. “Al cantarla me acuerdo mucho de ella. Habla sobre cuando alguien deja este plano y descansa en paz en el cielo, cuando la interpreté logré generar cierta empatía con la gente que estaba ahí, porque empezaron a llorar y yo al acabar de cantarla también lloré, ahí fue donde entendí realmente, el lazo que tiene el artista y el público. Logré transmitir lo que quería a la gente”.

Lo que hizo especial esta canción es que él escribió la letra y la compuso, en honor a su abuela.

En los escenarios

¿Y cómo es la relación con tus compañeros de trabajo?

“Los músicos tienen un ego muy grande, somos muy orgullosos, creemos que somos mejores que los demás; que nadie es digno de trabajar con nosotros, por lo que es difícil trabajar con las personas. Intento formar un buen equipo de trabajo, para que se vea un resultado en grupo y no individual que cada persona aporte algo en especia”.

Casi no ha bebido de su chocolate caliente, solo suele tomarlo de vez en cuando, pero para tener quietas sus manos. Este joven cantante, se ha presentado en escenarios como: La sala mayor del Palacio de Bellas Artes, la explanada del castillo de Chapultepec y en el Auditorio Nacional. Así mismo ha tenido diversas funciones en otros estados de la República Mexicana, como: Querétaro, Estado de México, Aguascalientes y Puebla.

Debido a su experiencia en los escenarios, dice “Es casi una experiencia religiosa”, bromeando sobre lo que siente al estar en uno, haciendo alusión a una canción de Enrique Iglesias.

“Yo lo veo como un flujo de energía, el artista intenta transmitir algo a la gente que lo escucha. Lo más padre son los aplausos, cuando el público se paran se siente muy padre, las luces en la cara, yo me siento como si estuviera llegando al cielo. No sé cómo explicarlo”.

Trato de ser mejor de lo que era ayer

Cada vez empieza a llegar más gente, hay más ruido, es la hora de la comida. Se escucha una licuadora del café que está enfrente de nosotros y hace que él se distraiga un poco.

¿Hasta dónde te gustaría llegar?

“Trato de ser mejor de lo que era ayer, no me visualizo cuando este grande, porque siento que cuando llegue a ese punto luego me quedaré de ¿ahora qué?” Bebe un poco de su chocolate caliente, que parece ya estar frío. “Cada vez que tengo una presentación o tengo que ensayar algo, lo voy haciendo lo más perfecto que puedo”.

Con una sonrisa en los labios dice, “Mi forma de ver las cosas es, mira a las estrellas, y tal vez no llegues a ellas, pero cuando menos te das cuenta ya estás en la luna. No tengo metas, porque si no llego me sentiré frustrado de que no lo logré. Trato de disfrutar el camino, cada nota que voy tocando, cada nota que voy cantando, que sea la mejor”.

El compositor no suele mirarme a los ojos, es algo tímido, suele cruzar su mirada con la mía solo unos segundos y después ve hacia otro lado.

¿Cuál es tu mayor sueño?

“Ya vivo mi mayor sueño”. En su rostro se puede ver el reflejo de satisfacción y orgullo de todo lo que ha logrado hasta ahora.

“Tengo varios sueños y aspiraciones, pero el mayor es lograr ser un gran intérprete, no un excelente cantante, no un excelente músico, quiero que cada vez que interprete una pieza logre conectar con la gente. Tener esa conexión, esa empatía para lograr transmitir todo lo que quiero transmitir a los demás”.

Después de su fase como intérprete, le gustaría ser maestro y formar una academia, donde formé alumnos de todas las áreas artísticas, desde danza, música, teatro, entre otras. “Quiero formar una compañía donde se representen todas las artes en un sólo espectáculo” expresó.

Se escucha a un niño que llora a lo lejos y él empieza a inquietarse. Me pregunta por lo que estoy anotando en mi libreta, con una sonrisa pícara. Ahí es donde me percato que su atención ya no está conmigo y que ya quiere terminar la entrevista.

Me dice que las personas deben de hacer lo que más les gusta “Todo implica un trabajo duro y constante, de todos los días, poco a poco se irán dando las cosas. Se debe de luchar por lo que quieres y a lo mejor llega a salir bien, o a lo mejor sale mal, pero al final de cuentas es algo que quisiste”.






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