miércoles, 25 de julio de 2018

¡LLÁMAME GEEK!

Por: Guillermo Armenta Ugalde
Ciudad de México (Aunam). “Me gustan mucho los RPG, es un género que a casi nadie le gusta en dónde juegas el rol del héroe. Recuerdo que me gustaba Final Fantasy y recientemente he jugado Mass Efect, es una space opera, que no he podido acabar. También soy un fanático de Star Wars, ya compré mis boletos para ver el episodio ocho en unas semanas. Los investigadores suelen tener ese perfil y… sí, podrías definirme como un geek”

Juan Carlos Ramírez realiza esta última afirmación con una leve sonrisa en su rostro. Por primera vez, desde que iniciamos la conversación, voltea a verme a los ojos. Sus manos, en constante movimiento desde que comenzamos, permanecen quietas.


Un mundo organizado

El encuentro tiene lugar en uno de tantos cafés cerca del metro. Juan Carlos Ramírez, tal como en cada una de sus clases, llega unos minutos antes de la hora acordada. La paleta de colores de su vestimenta se compone de tonos negros y grises. A simple vista parece una persona antisocial, pero de inmediato demuestra estar abierto a charlar con toda comodidad.

Nos sentamos en el área de fumadores, debido al poco espacio que hay adentro. Cada uno está colocado al lado del otro y no frente a frente, porque los asientos están muy separados entre sí. Después de comentar algunas cosas triviales como el clima, empezamos a charlar más serios.

¿Dónde surge su interés en estudiar una carrera sobre organizaciones?

“El principal motivo fue el impacto que me causó la materia de teoría de la organización durante la licenciatura en Administración. El profesor que la impartía era uno de los mayores expertos del tema en el país y se me hizo sumamente interesante. Como administrador no me gustaban las asignaturas de finanzas y prefería lo que tenía que ver con análisis”.

El ritmo de la voz de Juan Carlos Ramírez es rápido. Sus ojos miran hacia el vacío y nunca a mí directamente. Sus manos permanecen juntas, de manera similar a la pose que se hace al momento de orar.

¿Por qué en un principio eligió Administración?

“Yo estudié en CCH (Colegio de Ciencias y Humanidades) Oriente. En un inicio quería estudiar medicina, pero me di cuenta de que no era lo mío, sobre todo las materias de fisionomía. También llevaba materias de ciencias sociales. En los últimos momentos quería estudiar Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas, pero al final me asignaron la carrera de Administración hasta Cuautitlán. Sólo estuve un semestre y preferí entrar a la UAM (Universidad Autónoma de México) porque me quedaba muy lejos”.

Durante cada una de sus ideas, mueve sus manos guiando su voz. Afuera, el tráfico se vuelve caótico y ruidoso, pero el profesor no se inmuta y sigue hablando indiferente a lo que pasa en el exterior.

“Me di cuenta de que la Administración en México se orientaba mucho a lo financiero, y yo esperaba algo más enfocado a lo social y la investigación. Estudiar esa carrera me dejó muy insatisfecho, por eso decidí seguir mis estudios hacia el análisis de las organizaciones”.

Enseñando la ley de la gravedad


¿En qué momento comenzó a dedicarse a la docencia?

Juan Carlos Ramírez piensa unos momentos su respuesta, organiza sus ideas. Al final, emite una leve risa.

“Al egresar del posgrado estaba preparado para ser docente-investigador. Yo no estaba conforme con la idea de ser profesor, prefería indagar, pero no se puede vivir de investigador. Al principio era renuente, pero después me di cuenta de que me gustaba enseñar”.

Al principio Juan Carlos Ramírez dio clases en preparatoria, en materias como economía y formativas en ciencias sociales, por el componente de Administración que estudió. Incluso llegó a dar física y matemáticas, por la formación de su licenciatura, aunque piensa que no tenía nada que ver con él.

El profesor admite esto último con un toque de cinismo y cuenta con sus dedos cada una de las asignaturas que impartió, para procurar no olvidar ninguna. “Cuando entré a la UNAM no tuve un proceso de selección largo, sólo tuve que presentar el plan de estudios que les di a ustedes” afirma.

Cerca de otras latitudes

Tal como lo llegó a mencionar en sus clases, Juan Carlos Ramírez ha tenido la oportunidad de conocer a algunos de los grandes teóricos de su campo de estudio. Cada vez que narra estas anécdotas, lo hace como si se tratara de un evento casual, cotidiano. Tal como platicar de haberse encontrado con algún familiar al que hace mucho tiempo no se veía.

“Tuve la oportunidad de ver a Michel Crozier en dos ocasiones, en la primera ni siquiera me di cuenta. Fue gracias a un congreso al que pude asistir, se veía cansado, pero todavía era muy lúcido”.

Ramírez también comenta sobre oportunidades frustradas, con un pesar sobre su voz. Se trata de un momento muy leve que puede percibirse, porque disminuye un poco la rapidez con la que habla y sus manos se colocan una sobre la otra.

“En mi agenda estaba ir a estudiar a Canadá, pero en ese momento se impuso la visa obligatoria para entrar. Además, comenzaron a exigir un alto nivel de francés que yo no dominaba por completo”. De manera similar a lo que hace en clase, coloca su dedo pulgar en su barba y después lo coloca en su nariz. “También pude haber ido a Australia y Colombia, pero por problemas familiares no pude hacerlo”.

Insatisfacción

Tras preguntar por sus motivos por estudiar un grado tan alto de estudios, la plática se torna un poco más personal, alejándose de la rigidez con la que en un inicio comenzó.

“Una de mis metas es acceder al Sistema Nacional de Investigadores. Desde que estoy en la maestría tengo esa inquietud, es un proyecto de vida. Cuando terminé la licenciatura quedé insatisfecho, sobre todo en lo teórico. Por eso quise estudiar una maestría, para llenar todos esos huecos en la investigación y el análisis porque los administradores solemos quedarnos cortos en eso. Pero, como dice un profesor, ‘uno nunca puede negar la cruz de su parroquia’”.

Maestro entre maestros

Hacemos una pausa y pregunto si desea tomar algo, pero el analista de las organizaciones declina, no quiere perder el hilo conductor y la inspiración.

¿En su familia es común tener grados académicos tan altos?

“No. Yo soy el que tiene mayor escolaridad. Una de las explicaciones, que a veces me doy a mí mismo, para entender porque soy profesor, es que por parte de mi mamá casi todos sus familiares son maestros normalistas de Guerrero. A lo mejor hay algo genético por ahí”. Juan Carlos emite una risa, pero a pesar de esto, su mirar sigue posicionado hacia otro punto mientras habla.

Una vez que el ambiente parece reflejar mayor confianza, aprovecho para hacerle una pregunta a Juan Carlos Ramírez más alejada de lo laboral y lo académico.

¿Es fanático de los videojuegos?

“Cuando no tengo nada que hacer, es mi pasatiempo de elección. Tengo el Playstation uno, dos y tres, aún no me compro el cuatro, pero ya casi. Desde que era niño he tenido un montón de consolas, el Nintendo, Supernintendo. Desafortunadamente, desde que empecé en la docencia ha disminuido mi tiempo jugando. A mi hermano también le gusta y cuando éramos más chicos hacíamos torneos de FIFA o Mario Kart”.

¿Y del rock?

“Si, de hecho, toco la guitarra desde el CCH. En mi salón había un taller organizado por los alumnos del que formaba parte. A mi papá le gustaba el rock más clásico como The Beatles. No soy un gran experto, pero sé tocar la guitarra eléctrica, acústica, el bajo y un poco el piano. En la UAM intenté formar una banda, pero no se dio porque había poca gente que supiera tocar. Tan es así que antes tenía mi cabello largo, pero lo corté después de la maestría”.

Juan Carlos Ramírez parece haber dejado su faceta de investigador y se desenvuelve de manera más libre, divirtiéndose con lo que platica.

¿Qué deparará el futuro?

Después de plantearle la interrogante sobre la posibilidad de ligar su gusto por los videojuegos y todo su bagaje académico, Juan Carlos Ramírez recordó que sus amigos lo alentaban a poner su propia empresa u organización.

“Tengo un buen conocimiento sobre las guitarras. A veces he pensado en poner un taller que haga guitarras, pero soy muy desidioso para hacer ese tipo de actividades”. Juan Carlos Ramírez me confesó otro de sus deseos: publicar un libro. Esta vez, sus palabras muestran una mayor emoción y sus manos se mueven más que nunca, dejando a un lado los gestos rápidos y breves por ademanes más energéticos.

“Sería algo más parecido a un ensayo, un formato más libre. Tal vez sea una narración o historia de vida, que ligue con todos los temas que he investigado. Mira, soy un experto en organizaciones, pero la verdad es que muchas veces creo que no son más que un pretexto para hablar de otras cosas, tal como lo estamos haciendo ahora”.




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