miércoles, 1 de junio de 2016

QUIERO SENTIRME LIBRE Y NO VALIENTE


Por Karen Aylín Luna Calderón
Ciudad de México (Aunam). Traer vestido al caminar por la calle no debería de ser un problema, la temporada de primavera lo amerita. Un estudio realizado por El Colegio de México afirma que 80 por ciento de las mujeres se sienten inseguras al transitar por la ciudad de México; el 40 de cada cien jóvenes ha modificado su vestimenta si van a usar transporte colectivo.

Metro Etiopía a las 13:00 horas., el clima del día anterior había sido muy caluroso, así que traer ropa ligera es lo más recomendable. En el transcurso de Etiopía a CU, un hombre de aproximadamente 40 años y estatura 1. 70 me mira constantemente, me hace sentir bastante incómoda.

Sus ojos cafés chocan varias veces con mi mirada. De repente, se acerca un poco más a mi cuerpo, un instante después siento su miembro en mis glúteos. Nadie se da cuenta, en el vagón del metro ya no cabe ni un alma -quizá sólo fue un accidente- se repite varias veces, doy un codazo y me muevo de lugar.

Rumbo a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales me encuentro a Jenn, la chica rubia de cabello ondulado, caderas pronunciadas, ojos casi negros, labios delgados y sonrisa acogedora, extrañamente ese día escondía la risa, al mismo tiempo que fruncía el ceño.

“Todo el maldito día tuve que aguantar y escuchar muchísimos "piropos" en la calle; cosas como "que rica" y "te acompaño mamacita". No te salvas de soportar éste tipo de cosas en el transporte; ni siquiera puedes caminar tranquila por la calle sin que te chiflen, te vean de un modo morboso, te griten o te quieran toquetear”, alza la voz, mientras caminamos por la senda verde.

Continúa: “Ya estoy hasta la madre de no poder caminar tranquila por la calle, de que no pueda ir en el transporte sin que pasen alguna de éstas cosas, de vivir con el miedo permanente de que un día no sólo sean gritos y miradas, sino que pueda llegar a algo más”.

El calor está a tope, sudamos con cada paso que damos. Nos subimos por las escaleras que empiezan en el estacionamiento de alumnos. “¿A quién carajos puedes acudir para denunciar el acoso sexual, si ni siquiera los mismos policías respetan?”, me dice apenas nos sentamos en una banca para reponernos un poco.

Es acoso sexual callejero se produce cuando uno o varios hombres desconocidos abordan a una o varias mujeres en el espacio público; con sus miradas, palabras o gestos, el hombre pretende tener derecho sobre la mujer, poniéndola como objeto sexual y forzándola a interactuar con él físicamente. Según lo indica la antropóloga Micaela de Leonardo, ex-miembro de los consejos editoriales de Estudios Feministas, así como del Comité Ejecutivo AAA 2015 y actual miembro de la junta editorial etnólogo estadounidense.

En México, casi el 100 por ciento de las mujeres ha sufrido algún tipo de acoso en la calle, según lo informa la revista actitudfem “no quiero tu piropo, quiero tu respeto” en su artículo es un vivir diario para toda mujer; niña, adolescente, madre o anciana; no importa, el acoso sucede igual. Los gobiernos no ha sido capaces de diseñar políticas que permitan la denuncia y la persecución del delito, y se han quedado muy cortos en lo que se refiere a la prevención.

Jenn, se levanta para dirigirse a su clase, termina diciendo “la mujer debería de sentir libertad y no valentía al salir de su casa, camino al trabajo o la escuela. El acoso sexual no es una situación para acostumbrarse. Todas merecemos respeto a nuestro cuerpo. Ser libre es un derecho no una opción”.

Imagen: Daniela Escorcia.


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