miércoles, 1 de junio de 2016

CHRISTEL GUCZKA: UN MOSAICO DE LETRAS

Por: Mariana Álvarez Madrid
Ciudad de México (Aunam). "Hola, Mariana. Soy Christel y ya llegué al Péndulo. Estoy arriba en una mesita", decía el mensaje de texto que recibí cuando arribé a la estación Álvaro Obregón del metrobús.

En el interior del establecimiento el aire olía a café molido y al peculiar aroma que tienen los libros nuevos.


Abundaban los colores, sobre todo el color madera. Las paredes eran grandes anaqueles de libros, desde el piso hasta el techo. Del lado derecho estaban las mesas donde las personas charlan, leen y beben café o té; en una esquina la señorita de la barra preparaba algo; a la izquierda estaban las letras y el conocimiento guardado en pastas blandas, y al fondo había una escalera que conducía al primer priso.

Arriba, todas las mesas estaban ocupadas, pero en ninguna la veía. Christel permanecía agachada frente a un anaquel, en sus manos sostenía un libro y cuidadosamente lo miraba. Se puso de pie (era más alta de lo que recordaba) y se acercó. Me saludó con un caluroso abrazo y tomamos asiento en una mesita de madera.

De rostro delgado y simpático de piel lisa, blanca con tonalidades rosas; ojos redondos, muy grandes de color azul verdoso; boca fina; nariz respingada y pronunciada; cabello amarillo, casi trasparente, así es Christel.

Christel Guczka nació en 1976, en Vancouver, Canadá, donde vivió hasta los seis años. Es hija de un hombre alemán y una mujer mexicana. Luego de la separación de sus padres, llegó junto con su madre a México.

“El asunto de pertenencia nunca lo he tenido muy arraigado. La gente me pregunta: ¿eres canadiense, mexicana o alemana?, y no sé qué contestar, es una revoltura. No me siento de ningún lado”, confiesa la escritora, maestra y asesora en Casa Lamm, un centro cultural de la Ciudad de México, donde se pueden estudiar licenciaturas, maestrías, diplomados; tomar talleres y cursos relacionados con las artes.

El bossa nova, con sus cálidos y suaves ritmos, disfrazaba los murmullos y los sonidos de los cubiertos contra las tazas de café; el saxofón y el piano ambientaban el momento y volvían la charla más amena. Derepente se acercó una mujer y tomó la orden. Christel pidió un té de maracuyá, era la primera vez que lo probaba, y yo, un capuchino como regularmente. Después saqué el guión de preguntas, activé la grabadora de voz e iniciamos la entrevista.

¿Cómo es un día de Christel Guczka?

-Bastante común y corriente. Piensan que nos la pasamos escribiendo todo el día, la verdad es que hay días que no escribo físicamente- (con físicamente quiso decir que no toma la computadora o el papel y la pluma, sino que lo hace imaginando y pensando cuál será la continuación de sus historias mientras va en la calle caminando), confesó entre risas por la sinceridad de su respuesta y luego hizo un silencio para que yo formulara la siguiente pregunta.

-¿Por qué escribes lo que escribes?

-Me he dado cuenta, como lectora, que en momentos difíciles de enfermedad, desprendimiento de gente querida, muertes cercanas, crisis existenciales y personales, siempre la lectura, un libro, el que sea, sirve de catarsis, de identificación, de descubrimiento, de acompañante. La lectura tiene una función social, de ahí mi interés por enfocarme en casos comunes que no se hablan por tabú, vergüenza, miedo, señalamientos, estereotipos y prejuicios, pero que existen. Si la gente lo vive por qué no usar la literatura como un recurso de apoyo, como testimonio, denuncia o prevención-.

El tono de voz y el lenguaje corporal hacían de sus palabras un mensaje convincente, y dejaban ver un poco de su personalidad. Guczka no había cambiado de postura durante la charla; constantemente parpadeaba y miraba hacia abajo, pero seguía presente, atenta y dispuesta a contestar.

-Apartir de que seleccionaron uno de mis cuentos para estar en las bibliotecas de las primarias de la SEP se dio un boom en mi carrera. Esto detonó que muchos se fijaran en mí. Cada vez más editoriales se animan a publicar mis libros-, declaró mientras bebía un trago de té.

-¿Qué cosas te enojan, entristecen, alegran y asustan?

-Es una de las preguntas más difíciles que me han hecho-, confesó con una risa nerviosa. Hizo muecas una y otra vez antes de responder. Dudó, y por fin dijo: -Creo que soy una persona bastante pacífica. No me gustan los conflictos, las cuestiones violentas me alteran; le temo a no conseguir mis metas y a no estar conmigo misma; me enoja la incongruencia, que el discurso no vaya ligado a la acción, la falta de respeto al otro también- tomó un trago de té y continuó- Me alegra poder ofrecer una sonrisa a otro, ya sea a través de una historia, un momento de compañía, una llamada o una frase-.

La felicidad para ella es algo muy cercano a la paz, es estar en equilibrio y armonía consigo misma; un estado de satisfacción. Pensar en paz la remonta a su infancia, al lugar tranquilo donde creció, entre montañas y animales, a un ambiente natural.

¿Qué dice del amor?

-Va implicita una forma de amor al querer ayudar a otros a través de las palabras. Es tener interés, compromiso; es estar y respetar.

Hablar de maternidad con Christel fue fácil, el tema lo tenía bien dominado, no dudó en la respuesta, parecía que anteriormente le habían hecho la misma pregunta. Escuchó la pregunta con la cabeza inclinada ligeramente hacia su lado derecho y los ojos puestos en los míos.

-¿Te ves con hijos en un futuro o casada?

-Tengo mi galán- lo dijo abriendo más sus ojos nítidos y sonriendo suavemente. -Ya viene con uno el que sí te visualices así o no. Me acuerdo que de niña nunca jugué con muñecas a la mamá, no. Jugaba, pero a la maestra-, nos reímos. -Sinceramente, no, no me ha simbolizado como una forma de autorealización ser mamá, debe ser por mi historia de vida, pues crecí entre adultos-

Las amistades de Christel le dicen que a lo mejor eso le permite escibir sobre este tipo de temáticas, porque está un poco desvinculada con los niños.

Christel Guczka espera retomar la literatura para adultos y consolidar una Asociación de literatura e internacionalizarla en los próximos cinco años. Quiere regresar a vivir a Canadá, siente que nunca podrá desprenderse de sus orígenes.

Terminamos la entrevista. Se volvió a escuchar la música de fondo y el choque de los trastos, pero entre esos sonidos destacó su voz: «Mosaico», soy muchas cosas. Soy luces, sombras, vulnerabilidad y fortaleza. Soy mosaico.-



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