miércoles, 27 de abril de 2016

GEN, EL TREMENDO BATERISTA

Por Carlos Jiménez Mejía
México (Aunam). Mucha gente cree que ser músico y ser rockero es puro desmadre, tomar cerveza, tener muchas chicas, ahogarte en dinero... "están muy equivocados, aunque sí, no puedo negar que todo eso está presente, pero más allá de eso, ser un profesional de la música y formar parte de una banda significa muchísima responsabilidad. Tienes que pararte temprano, ir a la prueba de audio, dar entrevistas, no puedes estar alcoholizado, debes de tocar bien, debes vestirte bien y estar siempre limpio, ser y parecer un músico. Tener una banda es como tener una empresa y siempre tienes que estar al nivel".


Mientras la tarde comenzaba a apagarse, el café seguía siendo la bebida más solicitada por los asistentes, la puerta del pequeño establecimiento ambientado con suave jazz se abrió por enésima vez y a su paso, entró al lugar un hombre joven robusto de gran sonrisa y aparente alegría. Vestido con pantalón de mezclilla y playera negra, combinados con una gruesa chamarra de piel negra y cierres plateados, tomó asiento en una de las mesas ubicadas junto a los vidrios que separaban el interior del café de la calle.

Mientras revisa su celular y da pequeños sorbos al té verde con hielos que pidió, comenta entre risas: “No debería estar tomando esto, mucho menos con hielo, porque ando con gripa y mañana viajo a Hidalgo para tocar con La Tremenda. Pero no importa, lo bueno es que estamos chavos y todavía aguantamos”.

Su nombre es José Luis Ventura Gen, nació en la Ciudad de México, tiene 25 años y es el actual baterista de la histórica banda de ska La Tremenda Korte. Gen, como lo llaman sus amigos, es un músico apasionado, que más allá de los logros en su corta carrera musical y de los tantos conciertos en directo ante miles de personas, no deja de sentir la música en cualquier parte del mundo. Disfruta de golpear la mesa o los tubos del metro con sus dedos, intenta redobles con sus piernas y recuerda los ritmos más tradicionales del ska con su portátil batería imaginaria.

Gen no creció como cualquier niño viendo caricaturas, jugando con decenas de juguetes o comiendo dulces sin límite. Su vida siempre estuvo llena de deporte y música; pero a pesar de que tuvo una estrecha relación con la última tocando el piano para después intentar fallidamente con la guitarra, a los seis años descubrió su pasión por la batería.

“Mi mamá dice que desde muy chico yo agarraba las cazuelas y jugaba a ser baterista, cuenta que le andaba pegando a todo y hasta la fecha lo hago, en mis ensayos o en los viajes, soy muy inquieto y siempre estoy usando cualquier cosa como set de batería”.

Desde pequeño fue a clases de música; pero fue hasta que cumplió 10 años cuando le compraron su primer batería, de esas que traen un par de platillos de aluminio y que no suenan nada bien. Pero no se queja, está convencido de que si no le hubieran dado esa batería, se habría olvidado de su pasión y hubiera tomado la música como un pasatiempo más. Su vida no hubiera cambiado.

Desde que se adentró en la música soñaba con estar en un escenario, pero nunca imaginó llegar a formar una banda o poder estar en una y conocer lo que realmente es estar allá arriba ante miles de personas. En el 2010, con unos amigos, formó The Rebel Vendetta, en la que tocaban surf instrumental. Desde ahí cambió su mentalidad, “cambié mis entrenamientos de futbol por ensayos con la banda o ensayos en solitario, seguí estudiando, pero la música se convirtió en mi principal interés”.

Un hombre con suerte

Antes de ser el baterista trabajó con La Tremenda Korte como jefe de escenario y production manager por casi tres años; hasta aquel día cuando cumplió 22, el primero de diciembre del 2012, y el anterior baterista decidió salirse de la banda.

“Entonces me habló Bodoke, uno de los guitarristas y me dijo ‘Güey, cáele al ensayo a las tres porque Omar no va a poder ensayar. Tráete tus baquetas, tu tarola, tus platos y acá nos vemos’. Al principio me saqué de onda porque yo sólo era parte del staff, no el bataco. Pero como necesitaban un paro para el ensayo y yo me sabía prácticamente todas las rolas, fui”. Esa noche tocaron
algunas horas.

Al final del ensayo, sin preguntar Bodoke le dijo: ‘Oye, Omar ya no va a estar tocando con nosotros, así que prepárate porque la próxima semana tocas en el Pepsi Center con nosotros’.

Aquella noticia le dio mucha alegría porque había trabajado duro para llegar hasta ahí, era el día de su cumpleaños y por fin había ascendido de puesto, fue el mejor regalo. Todavía recuerda que cuando regresó a mi casa no se la creía. “Me considero un hombre con suerte, muchos bateristas y muchos amigos míos o personas que he conocido, me han dicho que quisieran estar en el lugar donde ahora estoy”.

José Luis es a pesar de su corta edad, uno de los músicos mexicanos más importantes en la actualidad, pues forma parte de una de las bandas ícono de la “tercera ola” del género ska. Con La Tremenda Korte ha colaborado y alternado escenario con bandas como Ska-P, The Specials, Skatelites, Los Auténticos Decadentes, Los de Abajo, Underworld, Café Tacvba, Molotov, La Maldita Vecindad y Los Hijos Del Quinto Patio, Inspector, entre otros.

Sin embargo, no todos los momentos de Gen a lo largo de su vida y su carrera han sido fáciles, ya que durante contadas ocasiones ha experimentado sucesos que lo han hecho sentir tristeza o miedo por la música, aunque a pesar de lo difícil, nunca ha sido suficiente para alejarlo de su más grande pasión: tocar.


La música es un riesgo

“El momento más triste de mi carrera fue cuando asesinaron a nuestro percusionista a mediados del 2013. A Yogui lo mataron los Zetas, se escucha muy cabrón, pero prácticamente lo descuartizaron. Por él comencé a trabajar en La Tremenda y haberme enterado por medio de la televisión sobre lo que le pasó a mi amigo fue verdaderamente terrible. Él siempre ocupó y ocupará un puesto enorme que nadie va a llenar, fue una pérdida muy fuerte para mí y para la banda”.

A pesar de lo difícil, ahí no acabó el asunto. Un día después de la noticia, Manuel, el vocalista, dio una conferencia de prensa para honrar la memoria de su amigo y hablar de lo sucedido. Sin embargo, los medios amarillistas publicaron que habían hablado de los Zetas, del Z-40 y del narcotráfico, declarándoles la guerra. Tras esas publicaciones comenzaron a llegar amenazas a la banda en correos, redes sociales y otros medios. Incluso dejaron de ir un tiempo al norte a tocar.

Afirma que vive con el miedo de que un día tomen represalias contra el grupo, por algo que no dijeron. “Mi familia me ha dicho que lo deje pero al igual que todo trabajo la música es un riesgo y estando aquí tienes un compromiso no sólo con la banda, sino con el público que está escuchándote en su casa y esperando por verte tocar”.

El debut

Tras un silencio largo y un par de sorbos al té helado, Gen recuperó la sonrisa que se había esfumado al hablar de su compañero perdido. Su celular sonó un par de veces, después de pensar un par de segundos no contestó y continuó hablando con la sorpresiva alegría inicial.

“El día que más recuerdo fue cuando debuté con La Tremenda Korte en el Pepsi Center de la Ciudad de México, el 18 de Diciembre del 2012 en el festival El Rock Nos Une”. Ahí compartió escenario con Julieta Venegas, La Cuca, Ely Guerra, Los Victorios, Los Bunkers, Panteón Rococó y los que ahora son La Maldita Vecindad, bandas y artistas que desde siempre le han gustado.

Los boletos estaban agotados, había lleno total; le temblaban las piernas y no tenía cabeza para dimensionar el lugar al que estaba a punto de llegar y lo que estaba a punto de experimentar en él. Antes de subir al escenario brincaba, tomaba agua, volvía a brincar, no podía estar quieto, los nervios se lo comían vivo. Su primera presentación y ver a miles de personas aplaudiéndole en un recinto de tal magnitud, no lo cambia por nada. Todavía recuerda cada sensación al estar allá arriba, “algo totalmente increíble”.

“Lo mejor que pudo haber pasado y lo mejor que nos pudo haber pasado como banda es habernos conocido. Tal vez no somos los mejores músicos, pero sin sonar pretencioso o mucho menos, la química que tenemos en el escenario nos hace sonar muy cabrón, tenemos un show impresionante y lo mejor es que lo disfrutamos al máximo y nos llevamos súper bien”.

Una historia diferente

Mientras el tiempo seguía su inalterable curso y el té estaba a punto de terminarse, Gen se acomodó en el asiento. Se notaba un brillo especial en sus ojos cada vez que comenzaba a hablar de música, de baquetas, de distintos tipos de tarolas y de lo increíble que ha sido formar parte de una de las bandas que marcó un antes y después en la escena ska mexicana.

“Soy muy clavado en las grabaciones, si no me sale un redoble lo hago mil veces hasta que sale y queda perfecto. Estar en estudio es una especie de reto, antes de empezar me digo “¿Sabes qué, güey? Tienes que sacarla como está en la maqueta o no nos vamos a ir hasta que salga la rola”, después grabo una y otra vez, aunque me tome días enteros. Justamente eso pasó con La Tremenda hace unos meses cuando grabamos Alerta, el disco más reciente”.

Hubo una rola de la que hizo 30 tomas aproximadamente, porque a pesar de que iba bien no le gustaba del todo; no dejó de grabar hasta que la canción quedó al cien.

Sin embargo, tocar en vivo es distinto: “la adrenalina antes de subir, ponerte nervioso y que estando allá arriba la gente coree tus canciones es indescriptible y aunque disfruto de ambos momentos, me gusta más tocar en vivo porque nunca sabes lo que pueda pasar”.

A diferencia del estudio, en directo hay una sola toma y siempre hay algún contratiempo; suelta la baqueta o se rompe, se cae un platillo... Son problemas que debe resolver en el instante sin dejar de tocar, tiene que ser un profesional. Entonces sí, el estudio es un reto, pero tocar en vivo es una historia diferente.

Mientras los minutos avanzaban en el reloj de pared que adornada las paredes cafés del pequeño negocio, adornado con cuatro pequeñas salas a blanco y negro, dando el último trago al té helado, Gen se recargó en la silla sonriente, con viva emoción en el rostro, pues más allá de su trabajo, estaba hablando de su más grande pasión. Sin embargo, para llegar a lo más alto de la música no se requiere únicamente la pasión.

Para trascender hay que atreverse

La música no es fácil, exige mucho, “cuesta un chingo de trabajo entrar, pero más mantenerse. Después de casi cinco años estando en este camino sé que cuesta demasiado llegar a la cima, pero cuando haces lo que te gusta, lo que te apasiona y además lo haces bien, sea lo que sea lo vas a lograr”.

La escena musical en la Ciudad de México actualmente es muy complicada, los músicos enfrentan problemas desde los niveles amateur, hasta el bar más modesto pide todo el cover cuando dan chance de tocar.

“Como músico te expones a que se aprovechen de ti y es curioso, porque hay ocasiones en las que ni siquiera vas por el varo, sólo vas porque quieres tocar y desde el principio ya te tratan como publicidad. En todos los trabajos te pagan, pero como músico, te arriesgas siempre a que salga alguien que se quiera pasar de listo y no retribuya tu talento”. La pasión no asegura una ganancia.

Eso lo experimentó con sus primeras bandas, tuvo que tocar muchas puertas, “nadie va a llegar a la sala de tu casa para grabarte un disco, hacerte un vídeo y llevarte a los grammys. Hay que perder el miedo para hablar con los que te pueden llevar arriba y sacarte de la cabeza que nunca te van a hacer caso, si tú no crees en ti nadie lo hará”.

Hace unos días, con La Tremenda pasó algo así. Su representante de medios los llevó al VIP de la grabación del Unplugged de Los Babasónicos, obviamente había muchos artistas y famosos. De repente, entre la gente resaltó Paco Familiar, vocalista de DLD, entonces le dijo a Manuel, el vocalista, que fuera a darle un disco. “Al principio dudamos sobre si era buena idea o no, porque el güey se veía medio mamón, pero al acercarnos nos trató muy bien, recibió el disco y hasta nos propuso hacer algo juntos en un futuro”.

Para trascender hay que atreverse a hacer las cosas distintas, saber hacer relaciones y no tener pena, aunque tampoco hay que hostigar a los artistas. Eso a Gen no le cuesta trabajo, si se topa con Paul McCartney le haría la plática, lo importante es acercarse, ir a los shows, contactar a los representantes y tocar en todos los lados que pueda.

Música, un negocio sin esencia

La tarde estaba a punto de terminar y el reloj marcaba las seis en punto, el té helado llevaba varios minutos de haberse terminado y el café comenzaba a vaciarse de a poco. Mientras tanto, Gen transformó su rostro en uno más serio, cambió su postura recargando los codos sobre la mesa y juntando sus manos, habló del monstruo comercial en el que se ha convertido el arte de las musas en México.

“El problema de la música mexicana no es el número de nuevos proyectos, lo que hace falta es que los empresarios, festivales y foros abran sus puertas a éstas propuestas”. No está peleado con ningún género, la música es muy amplia y hay para todos los gustos; sin embargo, en el país los músicos necesitan algo básico: apoyo.

“Quizás lo voy a decir muy mamón, pero últimamente lo culero es lo que vende, el público ha dejado de apoyar, la gente se ha vuelto ignorante y ya no quiere conocer otros géneros, otros movimientos, otras propuestas. Por ejemplo, vas a un evento de reggaetón y está hasta la madre, aunque los que estén allá arriba no tengan idea de lo que es la música y por otro lado, vas al Foro Alicia a un festival de bandas independientes y encuentras a lo mucho 100 personas”.

Es por eso que Rock nos Une, Vive Latino, incluso Coachella, tienen siempre las mismas bandas, los mismos carteles y cuando llegan bandas nuevas, son producto comercial, son más imagen que talento y pasión por la música.

Otro problema es que están muy peleados los lugares, y quienes se aprovechan de esto son los empresarios: “si no eres amigo del organizador, no tocas; si no vendes mil boletos. no tocas. Una vez me conocí a un organizador de un festival que pedía vender tres mil boletos de cien pesos para dejarte tocar… y de abridor. Si los empresarios y productores no creen en tu talento, nadie lo hará, es aquí donde nosotros como músicos y público tenemos que apoyarnos, unirnos y creer en nuestros proyectos, así se armarían cosas grandes”.

Ya no son los 90, ya no hay bandas que exijan camerinos o muchas condiciones para tocar, ya nadie cobra lo que quiere, hay que trabajar para llegar ahí. La música, se lamenta el baterista, ya se volvió un negocio que ha perdido su esencia, “ves conciertos de una sola banda donde te cobran 500 pesos en lugares terribles o donde se pasan de lanza con boletos de tres mil pesos”.

Por otro lado, la música también se ha vuelto mucha imagen, “hay productoras que nomás´ por tener tu pancita o no tener sus lineamientos físicos, no te graban un video o no te graban una rola, porque ‘buscan artistas que representen a la empresa o que puedan salir bien en cuadro’. Esto lo vemos con las boybands, donde más allá de querer sacar un grupo con talento, los empujan porque son la moda y venden. Yo no puedo llamarle músico a güeyes súper producidos que hacen playback, que no escriben sus canciones y que además siempre suenan a lo mismo”.

La decadencia del género contestatario

Cuando llegó la noche, el lugar estaba vacío y cada vez más frío. Sobre la mesa permanecía el vaso sin té y con hielos a punto de derretirse; el teléfono celular de Gen y sus dedos utilizando dichas cosas como percusiones. Era el momento más tranquilo de la conversación y el jazz de fondo permanecía a un volumen perfecto. Entonces, abrochando el grueso cierre plateado de su chaqueta, José Luis continuó hablando como si estuviera en la sala de su casa.

“El género está decayendo demasiado, pero no en la calidad de las bandas, sino en público y en tocadas, ya casi no hay lugares que dejen tocar ska. Antes cada disquera tenía su banda de ska, porque era el género chido, los skazeros eran como los hípsters de los 90. Sin embargo, este mal momento también es gracias a los sectores del público que sólo van a pelear, a drogarse en el show y a hacer desmadre; por esto los empresarios ya no quieren hacer tocadas de ska”.

El Ska es un género musical originado a finales de los 50 y popularizado durante la primera mitad de los 60, derivado principalmente de la fusión de la música afroamericana de la época con ritmos populares jamaiquinos, siendo el precursor directo del rocksteady y más tarde del reggae.

Al ser un género particularmente apto para fusiones ha sido incorporado, a través de distintas variantes, a los más diversos lenguajes musicales. Se interpreta con batería, bajo, guitarra, metales/instrumentos de viento (trompeta, trombón, saxofón) y teclado.

En América y en México, tuvo su auge durante la llamada Tercera Ola o Boom de los 90, época en la que destacan Los Fabulosos Cadillacs, The Refrescos, Los Intocables, Os Paralamas do Sucesso, Panteón Rococó, Ska-P, La Tremenda Korte, Salón Victoria, Los Auténticos Decadentes, La Mosca Tse Tse, Skalariak, Dr. Calypso, La Gran Orquesta Republicana, La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio y Desorden Público.

“Estoy seguro que esto no es culpa de las bandas, sino principalmente de los empresarios, ya no ves las tocadas de Ciudad Universitaria o del Faro de Oriente, ahora ves artistas que ni siquiera son mexicanos en el Zócalo, pero no por su talento, sino porque cobran mucho menos de las ganancias que crean y eso, para los de arriba, al final es lo más importante”.

Después de 20 años cree que el ska se ha vuelto medio fresón, ya no tiene la misma carga contestataria y de protesta en las rolas, pero tampoco cree que sea culpa de las bandas. Está convencido de que los vetos y el gobierno tienen la culpa, “si hablas de ellos, digas lo que digas no pasan tu rola, o la censuran o simplemente no te pelan a menos que sueltes un buen varo. Así nos pasó con el último disco “Alerta”, y con rolas como “La Milpa de la Desolación” o “No Moriré”, que hablan completamente del mal gobierno y del día a día de las personas. Yo creo que por eso las bandas buscamos hacer canciones distintas, para no quedarnos estancados.

Finalmente, dice, cada quien tiene su criterio: “si al público le gusta, chido, si no, pues no podemos hacer nada ante un gobierno estúpido que te dice qué puedes sacar y qué no, qué puedes hacer y qué no. Pero no por eso dejaremos de luchar o de hacer música”.

La censura

“Las rolas de protesta nos han traído problemas como banda, nos han censurado. No han querido pasar nuestras canciones, no han querido pasar el vídeo de ‘La Milpa de la Desolación’, por ser muy explícito, porque muestra y explica la cruda realidad de la sociedad mexicana”; el video muestra desde las personas de comunidades rurales hasta las que trabajan en oficinas y cómo el gobierno abandona a la ciudadanía por conseguir sus intereses particulares. “Incluso nos han cortado a media rola en televisión, sin embargo nos vamos y cuando nos vuelven a invitar tocamos la misma rola”.

Le gusta incomodar. Aunque piensa que buscan como frenarlos; le siguen y en el fondo no les afecta, es más, le da gusto. “Que les cale y que digan ‘estos cabrones vienen con todo’. Además, Manuel, quien escribe las letras, es muy fiel a lo que canta, le gusta reflejar lo que se vive día a día aquí en México. Apoyamos la lucha contra la represión, la corrupción y toda la mierda que hay en el Gobierno, así como podemos hacer una rola de Ayotzinapa que nos acaben censurando, podemos ir a las marchas y de repente encontrar a grupos en las manifestaciones que vienen coreando ‘Ni un paso atrás’ o algunas partes de nuestras rolas y eso se siente muy chingón”.

Asegura que son muy curiosas las contradicciones en los mandos altos. Por un lado, los vetaron de Televisa por sus rolas, a pesar de que no dicen nombres ni nada, pues “les queda el saco” y por otro, Molotov sale en el canal cinco, cuando ellos sí le tiran a Televisa, al Gobierno, al fútbol y hasta a Jacobo Zabludovsky en su momento. “Es totalmente ilógico, pero estamos bien así, no pagaríamos para que nos quiten el veto, aunque nos estuviéramos muriendo de hambre. Nosotros seguiremos siempre en la lucha”.

Lo mejor de ser músico

El discurso de la banda ha sido el mismo desde el principio; porque piensan en la gente que los escucha, que los va a ver, que compra una playera para llevar día a día. Desde adolescente ha seguido la línea de estar con el público, de conversar con ellos y mantenerse cerca, finalmente, “todos somos iguales. Me gusta conocer a la gente, disfruto mucho platicar con todo tipo de personas, ya sea un abogado, un barrendero, otro músico o un lavacoches”.

Desde niño su familia lo enseñó a ser una persona humilde, “no me gusta ser mamón o pretencioso y creo que ahí está una de las mejores cosas que me han pasado gracias a la música, el hecho de ir a comer y que te reconozcan, te pidan una foto y te admiren, es demasiado agradable y no es razón para sentirte más”.

Aunque sí, con el tiempo, siente que la Tremenda ha cambiado, ha tenido evolución musical, la vibra de hace unos años de que todos estaban peleados quedó atrás y con el cambio de integrantes, el desempeño de la banda en vivo y la calidad musical, creció bastante los últimos tres años. Así que al momento en que se suben a tocar y prenden la iluminación, están listos como músicos, banda y sobre todo familia.

Como en el relato de Gen, las luces del lugar aumentaron su fuerza, la noche estaba llegando y era el momento de que El Tremendo Baterista de La Tremenda Korte partiera. Se levantó de su asiento y antes de salir por la puerta cristalina por la que entró, finalmente sentenció con una gran sonrisa en el rostro:

“Recuerdo al niño que solía ser, no he olvidado mis sueños, no he olvidado a mis amigos y afortunadamente conservo a ambos, además de mi hermosa familia. Si viera a los ojos al pequeño José Luis, le diría que siguiera adelante, tal vez que debería dormir un poco más, porque ahora necesito descansar”.

Lo abrazaría muy fuerte, no porque lo extrañe, ese niño sigue vivo dentro de él. “Hasta el día de hoy todo lo he hecho bien, no me han tocado las cosas fáciles y siempre he comenzado desde abajo. Estoy llegando a lugares nuevos, me ha costado mucho, nunca he tirado la toalla y siempre he sido constante, estoy orgulloso de mí y no cambiaría nada de mi vida, porque gracias a eso estoy en el tremendo lugar en el que ahora estoy”.







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