viernes, 26 de diciembre de 2014

RIGOBERTO SULCA, MATERIALIZANDO EL SUEÑO PERUANO


  • La historia de un migrante peruano en México

Por Brenda Suaste Tovar
México (Aunam). El Centro histórico de la Ciudad de México es un mundo de sorpresas, encuentras lo que buscas y lo que no también. La competencia se vive todo el tiempo, y con justa razón la creatividad es esencialmente importante para sobresalir. Entonces surgen inventores, cuyos nombres y rostros no aparecen en el periódico, no esa clase que promete cambiar el mundo con sus inventos revolucionarios, pero sí transforman la vida de la gente con la que conviven. Ser inventor requiere una virtud neurótica: la curiosidad. Su necesidad básica, la soledad, todo lo que quieren es estar con sus propias ideas.


En este Centro histórico, en Mesones No. 14, don Edmundo Sulca, “El peruano”, se encuentra para brindarle soluciones en electrónica. Sus clientes llegan desesperados, con la esperanza de que él podrá resolver su apuro. Algunos llegan diciendo: “Usted que todo lo sabe y lo que no lo inventa…”.

El señor Sulca se siente muy orgulloso de sus inventos. Asegura que alivian dolores musculares y mejoran los estragos de la enfermedad de Parkinson. El “Electroestimulador Sulca” funciona a base de frecuencias eléctricas controladas. Las investigaciones científicas han comprobado que la electroestimulación funciona como terapia alternativa de enfermedades crónicas cuyo dolor, antes sólo se controlaba con medicamentos.

Edmundo Rigoberto Sulca Villafuerte, nació en Lima, Perú, de ahí el sobrenombre con que lo conocen en el barrio. En 1959 deseaba estudiar Ingeniería mecánica, allá en su patria. No logró ingresar a la universidad, pero no desistió y a los 19 años salió de Lima, en busca de la oportunidad de estudiar.

El señor Sulca, ya de 73 años, recuerda, casi como una oración las palabras de su madre. “Todos los días mi madre me decía: estudia hijo, estudia.” - Fue el mejor consejo que pudo darle, asegura melancólico.


- ¿Por qué creyó que México era el mejor destino?

- De cinco países el único país que me abrió las puertas fue el cónsul de México. Todos los demás me pedían muchos requisitos.

Como muchos migrantes, Edmundo, de 19 años llegó a México sin conocer a nadie, con el permiso de estudiante, para la Facultad de Ingeniería, en la UNAM.

- ¿Cómo le fue en la Facultad de Ingeniería?

- También llegué tarde. Pero mi permiso era de estudiante, así que tenía que estudiar.

“Ya no hay lugar ni para los mismos mexicanos”, - le dijeron

- ¿Qué facultad hay? - Preguntó el joven Sulca, un poco decepcionado.

Para conservar su visa de estudiante, ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras, a la carrera de Artes escénicas. Había visto películas de Pedro infante y Jorge Negrete. Por esos mismo años, entre 1960 y 1974, vivió en México el chileno Alejandro Jodorowsky.

- Tuve de profesor a Alejandro Jodorowsky. Era un loco, hacía cosas muy extrañas. Una vez en televisión pidió que le llevaran un piano y comenzó a darle de palos hasta que lo destruyó. Después dijo: si ustedes pueden matar toros, yo por qué no puedo romper un piano. -Yo estuve presente-

Cuando el señor Sulca lo cuenta, se exalta, como si fuera él mismo quien rompe el piano. En esa condición, su acento peruano se hace más evidente.

- ¿Cómo le fue de actor?

- Estuve de extra en peliculas de Clavillazo y en “Las chivas rayadas”. Después de la Facultad de Filosofía, estudié en la Academia de Andrés Soler y ahí tuve de compañera a Mercedes Carreño.

- ¿Conoció a muchas celebridades?

- Con decirle que cuando me titule estuvo Julio Alemán y Silvia Pinal. Ellos subieron, yo no. De hecho- me dice muy orgulloso el señor Sulca- En el teatro Los periodistas está mi nombre.

- Pero no le fue tan bién.

- No, por eso decidí retirarme de esa carrera.

Después, un amigo le consiguió trabajo de radiotécnico, aún no conocía nada de electrónica. Su patrón, el señor José Figueroa, lo inició en la electrónica. “Era un hombre muy codo”- Recuerda.

- ¿Qué edad tenía entonces?

- Ya tenía 21 años.

- ¿Entonces, aprendió lo que sabe del señor Figueroa?

- No, trabajé en un estacionamiento, de aquí del centro, lavando coches para pagarme la carrera de electrónica, en el Instituto Radiotécnico de México. Ahorre duro y puse mi primer negocio, no quería estar toda la vida trabajando en el estacionamiento, esa fue la última vez que trabajé para otra persona.

- ¿Y su familia, en Perú?

- No los visitaba porque no tenía los medios. Después de nueve años regresé a mi patria. Cuando llegué vi que estábamos muy atrasados en electrónica y juré que me convertiría en el Rey de la electrónica, en Lima.

- ¿Lo logró?

- Sí, pero primero me traje a México a mi hermano, le di una carrera y después de cuatro años, regresamos a Lima para hacerla en grande.

- ¿En Perú, tenía competencia?

- No, era el único peruano que fabricaba piezas electrónicas.


Cada que llega un cliente, busca las piezas con una lupa en un libro japonés.

- Con esa etapa de éxito, ¿qué ganó más, amigos o enemigos?

- Como hice mucho dinero, secuestraron a mi madre, y cuando la recuperé decidí venderlo todo, porque no estaba dispuesto a poner en riesgo a mi familia por dinero.

- Después de todo, usted tenía algo que ellos no, el talento.

El señor Sulca se ríe, suelta el acento peruano y dice: ¡Qué si no, la volví a hacer al doble! Cuando volví a México, ni el terremoto del 85 me derrumbo.

- ¿Y los amigos que ganó?

- Cuando llego de visita a mi patria, todos me recuerdan. ¡Mexicano!, me gritan y me abrazan. También me piden que lleve mi invento, mi electroestimulador.

En 1974 trabajó en Lima, ahí se quedó 11 años para dedicarse al negocio de la electrónica. Ganó mucho dinero y de regreso a México, adquirió algunas propiedades. El terremoto del 85 destruyó su taller, pero pudo recuperarse, porque hasta ese momento nadie más fabricaba piezas.

Mis dos herencias

- ¿Qué tan inca se siente, señor Sulca?

- Mi madre es descendiente de español, de ella heredé lo más grande, la religión cristiana y mi padre descendiente de incas, él me dejó su gran valor para enfrentar la vida. Son mis dos herencias.

- ¿Piensa volver a Perú algún día?

- Sinceramente no. Aquí hice mi vida, aquí crecieron mis hijos, aquí tengo a mis nietos. Mis padres, ya murieron. El tramo que me falta por recorrer lo quiero pasar en México. Lo único que les digo a mis hijos es que me entierren con mi madre.

Yo tengo una tradición: pasar en familia las fechas importantes. El cumpleaños de mi madre, todos la pasábamos con ella, y eso mismo lo he seguido acá, con mis hijos. Les digo que tienen que estar unidos.

Uno de los más grandes sueños del señor. Sulca es patentar su invento, y que se distribuya a un costo accesible para todas las personas con mal de parkinson o cualquier otro dolor intenso. Lleva 54 de vivir en México y aquí quiere morir. Tiene cuatro hijos, todos con una profesión y según el señor Sulca, les ha dejado dos grandes enseñanzas: la pasión por la vida y el hábito de ahorrar.

Se obsesionó por fabricar un electro-estimulador a partir de que su mejor amigo, Toño, se suicidó por no soportar el dolor que le producía el Parkinson. Fue él mismo quién lo encontró ahorcado.




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