lunes, 3 de marzo de 2014

VIVE LA FACULTAD DE ECONOMÍA INSTANTES DE DESEO


Por Isis García
México (Aunam). Un hombre desnudo se amarró una cuerda al cuello. Murió y salió caminando del auditorio de la Facultad de Economía. Se fue “a ese viaje adonde no llevamos nada, ¡Ahí los espero!”.

Ulises Martínez Martínez, actor y bailarín, dejó su vida y su ropa en el escenario. Estudió la carrera de teatro en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Centro Universitario de Teatro (CUT) en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Las luces apagadas anunciaron el comienzo del camino. “Después de realizar un viaje de varios meses por distintos lugares, empecé a construir la idea de este espectáculo, con la firme convicción de rescatar parte de los momentos más importantes o significativos de mi vida, donde experimenté alguna enseñanza con respecto a la manera de desear, y construir nuevos parámetros en la propia existencia.” describe el autor y actor de la obra Instantes del Deseo, la cual, se presentó por primera vez en Abril del 2006 en la ciudad de Barcelona.

Como el genio de la lámpara el autor concedió a su público, mediante la danza y el teatro, tres deseos que la mayoría de las personas hemos sentido alguna vez: el deseo de volver a la niñez, el deseo de tener un amor correspondido y el deseo de hacer el viaje.

Comenzar el viaje

El hombre subió los escalones tirando de una cuerda. “La cuerda es el cordón umbilical, es ese algo que te una a tu madre en tu nacimiento, anuncia tu llegada y se corta a la hora de tu muerte” comentó el actor.

Flautas, caracoles y tambores dibujan el paisaje sonoro en la escena, obra del mexicano Antonio Zepeda, autor y músico. Un problema técnico no dejó disfrutar del resto de la música preparada para el evento, la cual se componía de composiciones del brasileño Chico Cesar, del británico P. Gabriel y de piezas de Eleani Karaindru, que el autor seleccionó después de ver la película “La mirada de Ulises”.

Sin embargo, el silencio resignificó la obra. Espectadores y artista estaban viviendo algo totalmente nuevo, gestándose en las aras del imprevisto y la improvisación. La obra transcurrió sin música, sólo la voz del autor recitando algunos fragmentos de su viaje y el sonido de sus pies rozando con la duela del escenario. Sólo la danza y el teatro.

Las personas se construyen de historias. La estética, la técnica y el estilo de la representación de Ulises Martínez están permeadas de su experiencia en diversas compañías de danza contemporánea y de su participación en importantes festivales en Lima, Ecuador, Costa Rica, Nicaragua, Chicago, Nueva York, Los Ángeles, Portland, Miami, y Nuevo México. También de su colaboración en festivales nacionales de San Luís Potosí, Oaxaca, Durango, Chiapas, Veracruz y Sinaloa.

Todo viaje comienza en un funeral y termina con una muerte. Porque la vida no es el tiempo, es el camino. La primera escena nos sitúa en la tierra natal del autor, Oaxaca, “en la tierra del mezcal”. El bailarín está presenciando su propio funeral, observa lo que las personas dicen de él y se remonta a los recuerdos de una vida; la niñez, el amor, los problemas y la muerte.

Volver a la niñez

El autor se sacó la cuerda de la boca, uno de los tres elementos que conformaron la totalidad de su escenografía. La utilizó para saltar, posteriormente extendió los brazos y formó una “U” con la soga, la usó de columpio y se divirtió. Con una sonrisa en los labios devolvió etapas añoradas de juego a su público.

El colectivo Ruy Mauro Marini, organizador del evento, también vive su niñez. Se trata de un grupo de jóvenes de la Facultad de Economía preocupados por llevar a su comunidad estudiantil eventos culturales. Lizbeth Martínez, educanda de Economía, manifestó que ante la apatía de los estudiantes y el interés de otros, inauguraron su ciclo cultural con esta obra el viernes pasado. El público llenó casi la mitad del auditorio.

Un amor correspondido

Se encendieron las luces. Para la retroalimentación el actor bajó del escenario, tomó de la mano a una joven del público y la invitó a ser parte de la escena. Le extendió una botella con agua y una bandeja, los demás instrumentos de su escenografía.

La mujer le lavó la cara y después él hizo lo mismo con ella. “Uno tiene que aprender a limpiar el alma, pero eso no se puede hacer sólo, siempre necesitamos de alguien”. Después del lavatorio, se pusieron a bailar un vals frente al retrato de Ho Chí Minh, que adorna el auditorio de la Facultad de Economía y al cual, el actor aprovechó para saludar cuando dio la vuelta.

El autor de la obra tomó a la chica entre sus brazos, la cargó y la llevó hasta los asientos, pero en vez de dejarla en su lugar la depositó sobre las piernas de un chico, le hizo una caricia en la cabeza y regresó al escenario. “Es la representación de esa etapa en donde parece que todos tienen novio y tú no, o cuando la persona que quieres no te corresponde” Afirmó Ulises Martínez.

La obra forma parte del laboratorio escénico, Claroscuro, que conjuga la danza, el teatro y la música. Desde el 2000 ha buscado el amor correspondido con su público y lo ha conseguido, ha sido merecedor de la beca Educación para el Arte SEP-INBA con el proyecto de Danza para Jóvenes Reclusos, y Artes por todas Partes.

Terminar el viaje


El viaje culmina donde empezó. Se apaga la luz diagonal, el bailarín aprovecha para desnudarse, se queda sin nada, porque así llegamos y así nos vamos a ir. Únicamente hay una luz cenital de dos metros de diámetro que pende desde el techo con un apagador manual, el actor lo prende y lo apaga a su merced.

El artista empuja el foco y éste se mueve como un péndulo, da la impresión de que está siguiendo al actor, quien danza mientras se arrastra por el suelo como no queriendo ser alcanzado por la luz. Quizá no quiere mostrar su desnudez o quizá es la metáfora de los problemas que nos atormentan constantemente.

“Lo difícil es saber lo que deseamos en verdad para nuestra vida. Porque nuestra tarea podría ser; desear no sólo algo aislado sacándolo de su contexto, como si fuera un pez que extraemos del río. Sino el conjunto de cosas que harán posible la cristalización de ese deseo genuino.” Tomó la cuerda, se la puso alrededor del cuello y cuando murió, en el funeral, lo obra comenzó otra vez.


Fotos: Colectivo Ruy Mauro Marini



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