martes, 4 de diciembre de 2012

SÓCRATES CAMPOS LEMUS ¿EL JUDAS DEL 68?

Por Daniela Lemus
México (Aunam). Tras un poco de confusión con las direcciones, los vecinos que a pesar de las altas expectativas resultan ser una pésima fuente de información; y la desorientación del taxista, encontré por fin la famosa reja blanca, que, cabe mencionar, no era la única en la calle.

Bajando un par de escalones me hallé frente al timbre, después de tocarlo llegaron a la puerta una jauría de perros. Ocho de las tantas mascotas que el señor Sócrates Campos Lemus alberga en su hogar.

La puerta se abrió después de un pequeño zumbido. Algunos árboles tapaban la vista, al fondo una niña corría a saludar con su pants rosa y una gran cabellera amarrada. Apretó mi mano y dijo “está ahí”, mientras señalaba al fondo.

En la dirección hacia donde apuntaba su dedo se podía ver un hombre de aproximadamente 1.70, camisa rosa, pantalón negro, una cara imponente, una mirada penetrante y poco cabello; estiró la mano y apretó con fuerza la mía. Se presentó “Sócrates Campos Lemus”, como si fuera necesario. Después de presentarme a su esposa y enterarme que la pequeña en pants rosa era su hija, pasamos por un pasillo a su casa y me sentó en un sillón de piel blanco, con unas sábanas que lo protegían de todos los daños potenciales que generan los ocho perros y 11 gatos.

Luego de hacer un pequeño recorrido al árbol genealógico, me dijo que podíamos empezar…

Sócrates Campos Lemus pasó a la historia como “provocador y delator del movimiento”(1968). Algunas de las personas que aseguran haber participado en el mitin del dos de octubre, declararon que colaboró, después de la matanza, con los soldados para identificar a los estudiantes presos en el Campo Militar Número Uno.

Dentro del Movimiento estudiantil se le reconoce como el representante de la Asamblea Estudiantil de la Escuela Nacional de Economía, del Instituto Politécnico Nacional, en el Consejo Nacional de Huelga.

Existen varias delaciones que lo hacen ver como un “Judas” del movimiento estudiantil. De igual manera se mantuvo la teoría de que estaba aliado con la CIA (Central Intelligence Agency). Nunca se le demostró nada…

“Al puro centavo”

Nací el 13 de septiembre de 1944 en Zacualtipán, Hidalgo. Ahí estuvimos, hasta que cumplí cuatro años. Nos venimos a la Ciudad de México con la visión de que mi hermano Ariel, tres años mayor, y yo estudiáramos. Comencé a cursar el kínder en la Escuela Pestalozzi. La primaria en la escuela Abraham Castellanos, la secundaria en la Pre-vocacional no. 3, el bachillerato en la Vocacional Número 5, que era de Ciencias Sociales, y la licenciatura en la Escuela Superior de Economía.

Mi papá trabajaba como maestro, igual que mi mamá. Al llegar a México, mi padre ingresó al servicio público, primero en el Departamento del Distrito Federal y después se desarrolló en la Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública; mi madre dejó de trabajar como maestra, aunque siempre estuvo fregándose.

Me crié en zonas complicadas, estudiaba la primaria entre la Lagunilla y Tepito, imagínate si no iba a saber defenderme, lo que me daban para el camión lo llevaba en la bolsa y lo demás me lo llevaba en el calcetín. Aun así a mi mamá nunca la asaltaron, ni a mi papá; a mi hermano sí le robaban seguido porque era muy payaso, le decían “El arquitecto”. Llegaba a la casa y me decía “ya me robaron tus amigos”. A mí, al contrario, me ponían llantas, se las robaban y me las ponían. Yo dejaba mi carro abierto, me preguntaban por qué y les contestaba: éstos no le sacan, éstos le meten. Me cambiaban el estéreo, traía mi coche al puro centavo.

Caballero por dedazo

A los 14 años ingresé a la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad, logia ajefista. Esta logia fue la México 7 del rito neoyorquino. Mi hermano ya estaba ahí, nosotros tenemos una formación muy liberal. Ahí nos desarrollamos mucho, las logias tenían fundamentalmente una formación filosófica. En esa época estaban muy influenciadas por toda la corriente de intelectuales venidos de España como exiliados de la Guerra Civil. Lo más talentoso de España. Era una delicia estar en esos lugares, no teníamos internet, Facebook, ni Twitter, entonces teníamos otros lugares donde te podías informar, tener una visión distinta. Estuve en las logias hasta el grado tercero de maestro. Lo dejé un tiempo y en 1980, por acuerdo del Consejo Superior de la Masonería, me dieron el grado 30 más, soy caballero kados, pero fue por dedazo.

La dejé porque creo que la masonería perdió todo su rumbo, como toda organización vieja entró en crisis. Las crisis te van dando otras visiones. Se volvieron organizaciones oportunistas, se convirtió en un nido de oportunistas. Una de las formas de estar dentro de la política o de la administración pública, inclusive dentro de las finanzas, era a través de las logias masonas. Mucha gente iba no por convicciones sino por intereses, como lo que ahora pasa en los partidos; gente que no sabe qué es el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido de la Revolución Democrática (PRD), ni qué es el Partido del Trabajo (PT) y están ahí a ver si les cae el hueso. Y como no soy perro preferí dejar muchas cosas de esas.

“No podía ser cantante, arquitecto, ni dibujante”

Cuando estaba terminando la secundaria, no sabía que quería estudiar. Cruzó por mi mente que podía ser cura, ¡imagínate! Bueno, a lo mejor no hubiera sido tan malo, pero andaba en la confusión. Lo que tenía claro y de lo que estaba convencido era que no podía ser cantante, arquitecto, ni dibujante, porque soy muy malo para dibujar y pésimo para cantar. Me llamaban mucho la atención cuestiones de carácter social, entonces mi padre me mandó a un instituto que se llamaba Instituto Psicopedagógico de Orientación Vocacional, donde te hacen una serie de pruebas, que a veces sirven y a veces no; en mi caso me dieron una visión muy clara de que si yo quería estudiar tenían que ser dentro de la rama de las Ciencias Sociales. En el Politécnico no había periodismo, la carrera más cercana a las Ciencias Sociales era Economía o Contaduría que no es una cosa que me guste; no me gusta apretar a la gente con los impuestos, ni me gusta pagarlos, entonces estoy a mano. Me fui a economía, donde me entendí muy bien, fue una carrera que llamó mucho mi atención, pero desde la vocacional venía ya con cuestiones de periodista.

Todavía tengo ganas de estudiar periodismo, personas de la Carlos Septiém vinieron para ofrecer una certificación y darle el título a periodistas que llevan años en el oficio. Siempre he pensado que el título no hace al profesionista, es un adorno de pared y es para decirle a tu papá “ya cumplí”.

Yo he sido periodista que no ha vivido del periodismo, por eso me ha ido bien. Tienes la enorme ventaja de que si no te gusta te vas.

“No es liderazgo, es ser metiche por naturaleza”

En el Politécnico teníamos la ventaja de que el sistema era integrado, veníamos desde la pre-vocacional, pasamos a la vocacional, y ya nos conocíamos, sabíamos quiénes éramos, qué debilidades teníamos, qué posibilidades, quién era bueno para los trancazos, para el básquetbol, para mentir, para hacer tiznaderas, el galán, el bueno para bailar, todo esto te va dando una integración muy importante.

Yo era el bueno para bailar, me gusta; también, era el que normalmente tenía que dar la cara con los maestros, pedir que nos dieran chance y cosas por el estilo. A veces pienso que es ser metiche por naturaleza.

Desde la pre-vocacional, participé en muchas cosas de carácter político. En la vocacional ya estaba en el Comité Ejecutivo de la Sociedad de Alumnos de la Escuela. Hay una cosa que es vital, tienes que entender que esto no es nada más porque estás en un lado y comienzas a actuar. Hay un proceso, un desarrollo.

En la vocacional fui Secretario del Interior, todo esto te permitía mantener una estructura con una visión política diferente, y una organización. Hago el Ateneo Carlos Marx, desarrollo el coro del Politécnico, me corrieron, pero soy parte de la inquietud para formarlo. Por qué razón, porque en el caso del Politécnico no teníamos cosas artísticas ni sociales, entonces todo lo teníamos que pelear y luchar.

En la Escuela de Economía primero, segundo, tercero y cuarto año, fui jefe de grupo y en el cuarto también fui Secretario General, en el quinto lo vuelvo a repetir, soy así como el Fidel Velázquez en ese sentido. Mi generación en la Escuela de Economía fue una generación muy especial, corrimos a los maestros barcos y a los maestros faltistas, llegamos a una conclusión: a qué vienes a la escuela a hacerte “pentonto” o a tratar de estudiar, entonces no nos interesan los maestros barcos, ni nos interesan los maestros faltistas. Cuando estaba en el último año de la carrera estábamos sacando el “Diario Rojo”, era un periódico diario, entonces esto te permitía tener una visión diferente.

Nuestra generación fue la primera que tuvo la influencia masiva de la comunicación. Comenzábamos a cuestionarnos muchas cosas, por ejemplo, en la escuela nos poníamos a estudiar antes, veíamos el programa nada más por joder a los maestros, nos adelantábamos a lo que iba a dar y cuando él llegaba le comenzábamos a hacer preguntas de lo que venía, imagínate como los traíamos. Esto te demuestra que había muchas inquietudes, también teníamos la influencia de las logias, la influencia del cambio en el cine, la música, las noticias a nivel internacional, la onda de la primera insurrección universitaria en Berkeley California, los hippies, la lucha por la paz, la primera revolución socialista en América. Vivíamos con un gobierno muy represivo, y mientras nuestros padres se quedaban callados, nosotros ya no nos callamos. Comenzamos a ver qué era importante rescatar primero la palabra, el respeto a la palabra, su manejo. No solamente entras a un movimiento porque se te ocurrió, lleva todo un proceso.

El movimiento

El movimiento estudiantil planteaba 6 puntos en un pliego petitorio: la salida de los presos políticos; la derogación del artículo 145 y 145 bis del Código de Procedimientos Penales, que establecía el delito de disolución social; la denuncia del jefe de la policía y del jefe de granaderos; la desaparición del cuerpo de granaderos; y la indemnización y salida de los muchachos que fueron detenidos durante el mismo proceso.

Si lo ves era de risa, ninguno de esos seis puntos del pliego petitorio era un programa revolucionario, ni ninguna cosa que pudiera poner en peligro la estabilidad de un Estado. Dos artículos importantes la salida de los presos políticos porque evidenciaba que el Estado era represor, y la derogación del artículo 145 y 145 bis que implicaba que lo desarmabas para poder hacer actos de represión. Esos sí eran factores políticos, los demás no.

El Movimiento del 68 es la responsable de que haya subido la tecnocracia al poder, los del gobierno decidieron irse por las personas de la universidad privada y no estos revoltosos. La administración se nutria de la Universidad. Con qué visión van a ver los de la Ibero los problemas sociales. Ve la actitud de este presidente.

“Como corderitos”

El 31 de septiembre de 1968 llegó la gente de la Universidad, fundamentalmente; los del Politécnico no teníamos relaciones políticas; los que tenían relaciones eran los universitarios, ahí estaban los maestros, los ministros. La burocracia política siempre ha vivido en la Universidad, no en el Politécnico, nosotros teníamos ingenieros, arquitectos, albañiles, cosas por el estilo.

A través de la Universidad nos hacen el planteamiento desde el rector, de que el presidente ya quería tener una negociación y hablar de los 6 puntos. Se armó una comisión, en la que yo no voy, nombrada en el Consejo Nacional de Huelga, y la mandamos a la negociación que se hizo en la casa del rector Javier Barrios Sierra. Esa primera comisión, el día primero de octubre, llega a un acuerdo con los enviados del presidente. Se toma el acuerdo de que se para el movimiento estudiantil. Se nos da permiso, dicen ellos, para hacer el mitin en Tlatelolco, para informar a la gente que regresábamos a clases y que se establecían las primeras 6 comisiones para tratar los 6 puntos del pliego petitorio. Por eso fuimos todos así, como corderitos.

Yo era el coordinador de los oradores, no iba a hablar, el que iba a hablar comenzó y cuando ve que se vienen todos los soldados, cuando vimos que los soldados estaban ahí, pues no les hicimos ni caso, dijimos “pues ya está negociado”, “ya está arreglado”. El orador ve que vienen los soldados y se queda sin habla, paralizado. Le quité el micrófono y comienzo a gritar que no corran que es una provocación, para esto ya de arriba del quinto y sexto pisos del edificio Chihuahua, comienza a bajar la gente del batallón Olimpia, los del guante blanco, gentes que dependían directamente de dos personas, una del Departamento Central a través del General y Licenciado Alfonso Corona del Rosal y, la otra, del secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez.

Lázaro

Me sentenciaron a 20 años, por los delitos federales, y a pagar solidaria y mancomunadamente un millón 892 mil 920 pesos con 20 centavos, por los cuales, terminando de darnos el dato, el doctor Trejo, se paró sacó una moneda de 20 centavos y le dijo “señor juez tómele el 20 “pa” que quede en números cerrados”. Después me sentenciaron por los delitos del fuero común, teníamos 14 delitos más.

Victoria Arato de Ibarra era la juez social de delitos del fuero común, entre otras me acusaban de homicidio, varios homicidios. Uno de ellos era muy chistoso porque resulta que el 27 de agosto había matado al policía número tal, con tal nombre, el 13 de septiembre lo había dejado mal herido y el 2 de octubre lo dejé con lesiones graves, entonces cuando me di cuenta de eso y de que habían hecho todo con las patas, que no era nada serio ni nada real, llegué y le dije:

- Oiga juez y ¿por qué me están juzgando?
- Pues por esto
- No, usted está mal, a mí me debería de premiar, me debe mandar al Vaticano, yo soy como Lázaro, yo resucito cabrones

Me puso dos meses más de cárcel.

“Un castillo de piedra”

La experiencia en la cárcel fue muy traumática, eran cosas que no esperábamos. Vimos como una posibilidad llegar a la cárcel y en fin, pero no bajo una etapa de terror y represión de esa magnitud, donde habías visto cómo tus compañeros se murieron ahí al lado.

Yo estaba con otro muchacho rompiendo papeles que traíamos con nuestras direcciones y en eso, de repente volteo para darle unos y estaba muerto. Ese impacto es brutal, luego el de las torturas y las investigaciones, los golpes, las fusiladas, los balazos. Llegas a la cárcel con un shock muy serio, llegué inclusive con bastante temperatura, pues me habían tenido ahí encuerado y mojado en el campo militar.

Cuando me pasan a Lecumberri, llego temblando. Lo primero que me encuentro en la celda número 8 es un letrerito que hasta la fecha lo tengo en varios de mis libros que decía: “En esta cárcel maldita donde reina la tristeza no se castiga el delito, se castiga la pobreza”. Te vas dando cuenta que los que realmente están en la cárcel, son los que deberían estar afuera, están los que no pudieron negociar con la policía, con el Ministerio Público, el juez, con su propio acusador. Los verdaderos delincuentes como los presidentes, los gobernantes, los secretarios, los policías, los banqueros, todas esas gentes que deben estar en la cárcel están afuera, a toda madre.

Aprendí dos cosas importantes: uno que eso de la solidaridad es un decir, cuando te das cuenta que del dos de octubre al 12 de octubre, diez días después de la tragedia sangrienta, un escándalo a nivel internacional, la gente estaba gritando ¡México, México!, como pendeja, entonces te preguntas ¿por este pueblo estoy luchando? Sí, por este pueblo estamos luchando, esa es una parte de la importancia de la lucha. A mí me parieron solito y sigo siendo solito, no hay solidaridad.

La cárcel te da una gran posibilidad de sobrevivencia, pero sobre todo poder vivir, poder transformar y te da otra visión del mundo y de la vida. Lo que mejor aprendí en la cárcel fue, no a perdonar, yo no soy nadie para perdonar a nadie, simplemente entender que no tengo por qué tener resentimientos. Cuando fusilaban ya no sabías si estabas muerto o vivo, simplemente te agarrabas.

Las opciones

Sabíamos que esto no se podía quedar así, había una propuesta, tenía que venir el cambio de gobierno, un buen día llegaron y dijeron:

- Tienes dos posibilidades quedarte aquí o irte al extranjero
- Bueno pues qué se tiene que hacer
- Nada qué quieres
- Pues no me quiero quedar aquí

Entonces nos corrieron, nos llevaron el boleto de avión de ida, a mí, a otros les dieron boleto de ida y vuelta, un pasaporte que no había firmado y en el cual ya venía mi firma, para que te des cuenta, hasta mi cartilla militar liberada. Había que hacer un pago de mil 500 pesos, que nos los daba un agente del propio gobierno ahí en Lecumberri para pagar la caución famosa, me los metí a la bolsa y cuando llegué me dijeron: “va a pagar sus mil 500”, les dije que no tenía dinero, mil 500 en ese tiempo era dinerito, entonces llegó el tipo que nos daba el dinero y me dijo:

- Oye pero si te lo acabo de dar
- ¿Tu quién eres?, le contesté
- Vengo de la Secretaría de Gobernación

Me volteé y le dije al guardia: bueno póngale ahí que el señor me ha dado mil 500 para pagar yo al gobierno, mejor ahí la dejaron. Nos mandaron a Uruguay en 1971, llegando nos metieron a la cárcel, querían que firmáramos a fuerza un acuerdo de asilo político, pero nosotros llevábamos en nuestro pasaporte que íbamos como visitantes, entonces me opuse. A través de las logias masonas, ahí sí sirvieron, ellos hicieron un recurso como un amparo, similar a eso, entonces nos dijeron que no nos podían tener allá que teníamos que escoger tres países: Brasil, que era una dictadura militar; Paraguay, otra dictadura; o Chile, donde estaba Salvador Allende. Escogí Chile.

Me sacaron con un grupo de guerrilleros. Cuando llegamos nos estaban esperando todos los medios de comunicación, lo que hice fue irme por un ladito y los compañeros con los que iba, ya te imaginas, diciéndole a los medios: “venimos a incorporarnos a la revolución socialista, con el doctor Allende y somos guerrilleros”, ya sabes lo mismo de siempre: les gana el ego. Después recibí una cita para entrevistarme con el doctor Allende, lo primero que me dijo:

- Bueno si tú eras el más importante, ¿por qué no dijiste lo que dijeron ellos?
- Es problema de ellos yo no vengo a eso
- ¡Qué bueno que lo dices así, porque ha generado un gran conflicto! Eso demuestra dos cosas, o eres muy tonto o muy inteligente
- Tómelo por ese lado, muy inteligente, le dije

Me incorporé a trabajar con él, empecé en el Instituto del Niño Chileno, a hacer a veces guardia personal. Tuve una buena relación con él.

El regreso

Un buen día me di cuenta que ya no estaban los otros que se habían ido conmigo, nada más estábamos Marcos Ávila y yo. Me llamó Allende, y me dijo:

- Sus compañeros ya se fueron, traían boleto de ida y vuelta, usted dice que quiere hacer”
- Pues yo quisiera hablar con alguien de México
- Yo te lo pongo
- Es Fernando Gutiérrez Barrios, sub Secretario de Gobernación

Me puso al habla con él, Gutiérrez Barrios me dijo “ya se vinieron todos sus compañeros y va a haber una cosa ya para que no haya persecución, usted qué quiere hacer, ¿quedarse o venirse?” Yo le contesté que me quería regresar y ellos me mandaron los boletos. Marcos y yo llegamos el 8 de junio de 1971, los otros se vinieron antes, a hacer el desmadre ese del 10 de junio. Nos dijeron que llegaríamos al aeropuerto a las 5 de la tarde, curiosamente en el avión estábamos Marcos, yo y puro aeromozo. Cuando llegamos no había nadie, porque llegamos a la una, fíjate lo que hacen.

Llegando fui a ver a mi mamá, a mi papá, a mi hijo y a Simone. Me dicen: “te anda buscando el Secretario de Gobernación, que le hables”. Le hablé y me dijo “lo espero mañana”, llegué ahí con él, para esto ya me habían ido a ver unos amigo y querían que encabezara la marcha. Me preguntó Gutiérrez Barrios qué iba a hacer y le dije que nada, que yo ya no era estudiante, yo ya había terminado, le tocaba a las nuevas generaciones.

“Vendo mi fuerza de trabajo no mi ideología”

Nosotros los estudiantes decíamos “Queremos el diálogo público”. No sabíamos dialogar para comenzar, puras mentadas de madre, no sabíamos, pero el Estado tampoco sabía, después del 68 comenzamos a aprender todos, hasta la prensa. La democratización de los medios de comunicación no fue nuestra demanda, fue una consecuencia del Movimiento. Tu veías a la prensa en pleno movimiento, cuando había manifestaciones de un millón de personas, y la prensa decía que eran un grupo de alharaquientos, loquitos y comunistas.

La gente decía ¿pues quién miente: mis ojos o éstos? Llegó un momento en que la realidad revienta a los medios de comunicación porque ya no le sirven ni al Estado. Nos convertimos en un parteaguas que le sirvió al propio Estado para sobrevivir, de ahí la incorporación de tanta gente del 68 al propio sistema. Me decían “y tú por qué trabajas ahora ahí con Echeverría”; oye pues mi papá no tiene fábricas, tengo que trabajar de algo, yo estoy vendiendo mi fuerza de trabajo no mi ideología ni mi consciencia –les contestaba.

“Había llegado el chamuco”

No podía trabajar en ningún lado. Iba a una fábrica y me decían “¡ah! usted es Sócrates Campos”. Te ibas a la chingada, no te daban chance. Fui al Banco de México porque había unas plazas, llegué:
- ¿Cuál es su nombre?
- Sócrates Campos
- A ver…

Bajó hasta el director de área, me preguntó si ya había terminado la carrera, le dije que sí, que por eso venía a presentar el examen y me contestó:

- No, pero tú no
- Y por qué no
- No, pues porque es que tú eres quien…
- Sí pero yo salí libre bajo una amnistía, fui absuelto
- Sí, pero no te podemos dar ni el examen.

Has de cuenta que había llegado el chamuco.

“¿Lo harías de nuevo?”

Muchos de mis compañeros del 68 siguen viviendo en el 68. Te voy a ser muy sincero me da hueva, eso fue hace 44 años, y qué está pasando con los años 2015, 2020, que son los nuestros, pero dicen: no es mi época; para mí sigue siendo mi época, así como lo fue el 68. Quieren vivir de eso, es una forma de vivir para ellos, pues que la vivan; a mí no me preocupa, no es mi movimiento, yo participé en el movimiento del 68, esa es otra cosa, tuve que hacer y actuar. Si me preguntas ¿lo harías de nuevo? Si, en las mismas circunstancias en los mismos momentos, lo volvería a hacer y si lo hago ahora con esta experiencia quién sabe. Ahora sí sabemos hacer muchas cosas, muchas tropelías de veras.

Mucha gente dice “yo no perdono a Díaz Ordaz”, pues qué le tienes que perdonar, él actuó como presidente, su papel era ser represivo y en esa época no había una visión democrática o de libertad en el Estado mexicano; era un Estado represivo, no sabía negociar. Esa es la verdad.

“Díganme para poder cobrar”

Decían: Sócrates fue un traidor ¿Traidor a qué? Si yo vendí el Movimiento, ¿en cuánto lo vendí?¿Cómo se hace eso? ¡Díganme para poder cobrar! Que traicionaste a quién, si todos nos conocíamos no había ni máscaras, bueno ni paliacates, todos sabíamos quién era quién, tu traicionas a un movimiento clandestino, lo vendes porque lo controlas, el movimiento estudiantil del 68 tuvo una ventaja: no había dirigentes. Cada una de las personas que estábamos en el Consejo Nacional de Huelga no éramos dirigentes, éramos representantes de la Asamblea General de nuestra escuela. Si tú no respondías a lo que decía tu escuela, tu asamblea te corría, te cambiaba ese mismo día.

“No hay dogmático que sea inteligente”

Creo que la gente tiene que evolucionar, ir cambiando de ideas. No te puedes casar con una idea, hacerlo es entrar a la etapa del dogmatismo y como soy inteligente digo que no hay dogmático que sea inteligente.

¿Para qué quiero estar perdiendo mi tiempo en un partido político? Voy a tener el mismo resultado, mentarles la madre desde adentro o mentarles la madre desde afuera, prefiero mentárselas desde afuera.

No participo en política, hago política que es diferente, a través de mis medios, de mis conferencias, de mis libros, a través de lo que quieras.

Sócrates Campos Lemus se licenció en Economía. Se especializó en los grupos marginados y publicó varios libros en la rama de Administración Pública Municipal.

Se ha casado dos veces, la primera con Simone Thomas y la segunda con Aurora Zamora. Es padre de cuatro hijos: Iván Campos Thomas (45 años), Tania Campos Thomas (40 años), Sócrates Campos Zamora (14 años), Karisma Campos Zamora (12 años).

Desde los 80s se mudó a Oaxaca, donde conoció a su segunda y actual esposa, juntos trabajan en el desarrollo de una asociación para ayudar a niños con cáncer que acuden al Hospital civil, bajo el nombre fundación Aurobics de “Corazón a corazón”.

Trabaja en algunos programas de radio y colabora en varias publicaciones impresas de los estados de la República.

Está a punto de publicar un libro en el que aborda el movimiento del 68, haciendo un análisis de éste, una crítica y desmiente algunos mitos que se han formado a lo largo de la historia. Comparándolo con los movimientos estudiantiles actuales como el #Yosoy132, trata de crear una reflexión en los jóvenes que participan en éste. Probablemente se publique este diciembre.

“Hay que aprender del 68, no puedes olvidar lo que ha pasado, pero que el 68 te sirva para tener una visión mas completa de lo que tienes que actuar, de lo que tienes que ver.”

Sócrates Campus también se dedica a educar a un futuro cineasta y a una futura gobernadora…








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1 comentarios:

Xál M. dijo...

Sea como sea, está muy misterioso tan buenos tratos a un presunto enemigo del Estado, tal como supuestamente lo tomaba el gobierno a los estudiantes del 68, del 71 y a todos los que se radicalizaron en los tiempos de la guerra suicida