viernes, 5 de octubre de 2012

SECUESTROS FACILITADOS POR FACEBOOK

  • Negocio ilegal rentable, gracias a las autoridades
Por Daniela Brandt Jiménez
México (Aunam). Como cada mañana, se dirigió al baño en busca de su cepillo dental y agua para asear su boca. Eran las nueve de la mañana cuando Renato se despertó para ir a trabajar. Su habitación está vacía, sólo su cama destendida amuebla su cuarto y el Sol ilumina las paredes desnudas. En el baño está su cepillo de dientes con un dentífrico especial para la limpieza bucal, no hay nada más allí; todo lo perdió...

Renato cometió el error de subir demasiada información a su perfil en una plataforma electrónica llamada Facebook. El problema no era la creación de su perfil, sino que éste estaba expuesto a cualquier persona que deseara saber quién era Renato, sus gustos musicales, películas favoritas, fecha de cumpleaños, escuelas de procedencia, lugar de trabajo, teléfono, email, incluso podían ver lo bien o mal que vivía Renato simplemente viendo las fotos de sus viajes, autos, casa y familia.

El 13 de septiembre del 2011 salió de su casa rumbo a su trabajo, en la colonia Roma. Media cuadra antes de llegar a su destino un auto lo interceptó; dos hombres armados lo bajaron de su camioneta X-Trail 2009 y lo subieron a un auto Spirit, medio destartalado. Lo llevaron a un lugar maloliente y mojado, un pequeño cuarto con rejas, que hacían la función de puerta, un retrete en la esquina y un zarape en el suelo.

Desesperado y llorando, Renato pedía lo liberaran, pero ninguna suplica importó. A los pocos minutos de llegar a ese sitio, escuchó que alguien hablaba por teléfono: pedía le entregaran un millón de pesos o si no Renato moriría. Así lo perdió todo.

Al relatar su tragedia revive el secuestro en su mirada, cada vez más tensa, mientras sus ojos se van cerrando hasta que comienzan a derramar lágrimas. Ximena, la madre de Renato, sufre y llora, al igual que su hijo, al recordar lo que vivieron: desesperación e impotencia por no tenerlo cerca, por saber que estaba en manos de los malos y sobre todo, por sentir miedo de no volver a verlo.

Los secuestradores de Renato lo estuvieron asechando durante varias semanas, a través de su perfil público en Facebook, esperando poder tener una ubicación exacta de donde vivía o trabajaba. Esto no fue difícil, pues él publicó en su muro su ubicación, a través de una aplicación que permite a los usuarios dar a conocer dónde están, con una dirección completa marcada en un mapa.

“Nunca pensé que alguien quisiera hacerme daño y mucho menos que alguien se interesara por buscar y vigilar mi perfil en Facebook. Yo sólo lo cree para platicar con mis amigos y primos lejanos, ya que no sabría nada de ellos si no fuera porque también comparten su perfil en esta red social. Lo malo es que ahora me preocupo por su seguridad, porque lo que me pasó a mí también le puede suceder a ellos”, expresa Renato desahogando su frustración y preocupación meses después de lo que le tocó vivir.

Renato no es el único que ha sido víctima de secuestro en el país, las últimas estadísticas relazadas y publicadas por el INEGI informan que alrededor de 45 secuestros ocurren todos los días, ya que el crimen organizado está a la orden del día y, cada vez, son más ingeniosos en sus métodos para obtener información y encontrar potenciales víctimas de secuestro por medio del uso de internet.

A pesar de todo, Renato no denunció su secuestro por miedo a que le fuera peor. En un artículo publicado por el Consejo para la ley y los derechos humanos A.C, titulado “Informe sobre el secuestro en México”, se menciona que en el 2011 de cada 10 secuestros seis no eran denunciados por falta de confianza en las autoridades; de los cuatro restantes, dos eran negociados por la policía en forma extraoficial, es decir, la autoridad sólo recibe la denuncia formal de dos casos por cada 10.

Lo anterior nos coloca ante un panorama de impunidad del 90 por ciento, por lo que el secuestro resulta un negocio ilegal muy rentable, ante la casi nula posibilidad de ser llevado a juicio.

Secuestro virtual ya es más frecuente

El secuestro se define como el acto donde se priva de la libertad a un ciudadano y se pide a cambio una recompensa en dinero o en especie. En el país, el secuestro tiene sus campos de acción principalmente en ciudades como el área metropolitana de la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. En el mismo artículo “Informe sobre el secuestro en México” se señala que en el 2011 se cometieron alrededor de 45 secuestros al día, de los cuales uno de cada diez era denunciado.

Ahora, el secuestro virtual comienza a volverse más frecuente. Se caracteriza por ser una extorsión de un falso o verdadero secuestro por bandas criminales, principalmente, desde centros penitenciarios; operan en todo el país vía telefónica o web. En el 2009 se registraron 731 secuestros, para 2010 la cifra llegó a los 9 mil 855 casos. Durante el 2011 se registraron 11 mil 680 casos, es decir, un promedio de 45 casos cada 24 horas. La tendencia criminal ha ido a la alza, para 2012 se presentaron de 45 a 52 casos diarios, según reporta La Unión de México en Radiografía del secuestro en México.

Hoy por hoy, la red social Facebook ha comenzado a ser explotada por la delincuencia organizada para obtener información sobre sus víctimas, quienes sin saberlo proporcionan a sus potenciales verdugos cúmulos de datos personales.

El usuario común de una red social publica en su perfil fotos de su familia, amigos, casa, escuela o su coche; así mismo, suele anunciar si va a salir de vacaciones o si piensa asistir a determinada fiesta o restaurante en la noche. Algunos, incluso, revelan hasta teléfono celular, dirección y salario. En la mayoría de los casos no se requiere de gran ingenio para interpretar esos datos.

Sin embargo, no todo es culpa del usuario quien da demasiada información, ya que todos los sitios de redes sociales tienen un gran hueco de seguridad: las sesiones de usuario no son seguras. Es decir, no utilizan encriptación (el proceso para volver ilegible información considera importante) que impida que sean intervenidas.

En la mayoría de estos sitios la encriptación se da únicamente durante el momento de la autenticación, es decir, se introduce el nombre de usuario y contraseña. Después la sesión regresa a modo inseguro, utilizando HTTP (define la sintaxis y la semántica que utilizan los elementos de software de la arquitectura web para comunicarse) para administrar la sesión durante el tiempo que se esté conectado. Para un atacante esto es como miel sobre hojuelas, ya que utiliza herramientas para escuchar y capturar tráfico cibernético y así puede obtener, con relativa facilidad, los datos de la sesión de usuario y tomar control de la misma.

En pocas palabras, un atacante puede acceder a un perfil de Facebook o cualquier otro sitio que no encripte la sesión mediante protocolos de consulta seguros como HTTPS.

Por desgracia la mayoría de los sitios sociales no cuentan con una encriptación total, después de ingresar a la sesión del usuario se carece completamente de seguridad.

El secuestro que marcó el inicio

El asesinato de Fernando Martí Haik quien fue privado de su libertad en 2008 en la Ciudad de México y encontrado muerto dentro de la cajuela de un auto poco después de su rapto, fue el acontecimiento que dio a conocer una nueva forma en la que operan las bandas criminales.

Se comprobó que eran del dominio público muchos de sus datos personales porque era miembro de Facebook, que en aquel entonces permitía a cualquier otro usuario tener acceso a la información pública.

Cuando la banda de presuntos secuestradores de Fernando Martí fue presentada ante los medios de comunicación, uno de sus integrantes confesó que antes tenían que batallar mucho para conseguir información sobre sus víctimas, pero ahora, gracias a la información que suben a las redes sociales, se ahorran mucho tiempo en investigaciones pues le facilita muchos datos personales como ciudad, escuela, trabajo, hábitos, familia, entre otros.

Desde el año 2000 se detectó la venta e intercambio de secuestrados y de información clave de secuestrables. Un informe sobre el secuestro en México notificó que las bandas de secuestradores han evolucionado en forma inusual.

Durante los años 90 se mantuvo un modus operandi y a partir del año 2000 a la fecha, éste ha mutado. Antes se seguían los movimientos cotidianos de la víctima durante días anteriores al secuestro, con la finalidad de conocer sus rutas de tránsito y horarios habituales para así lograr ejecutar el acto; ahora son más eficientes y rápidos que las políticas criminales establecidas por las autoridades para combatirlos.

Fernando Martí Haik tenía un perfil personal en donde subía información sobre su vida, sin saber que involuntariamente daba valiosa información a la banda de secuestradores que posteriormente lo retendrían. Desde antes de confirmarse su asesinato, la información personal de Fernando Martí era, sin su autorización, un bien público. Gracias a internet su identidad estaba abierta para que cualquier extraño obtuviera información de inteligencia sobre hábitos, nivel de vida y personas cercanas.

Fotografías, recuentos de viajes, datos personales sobre su familia y compañeros de escuela formaban parte de su perfil de Facebook, que desde 2007 ha atrapado a millones de personas en el mundo, incluidos miles de mexicanos, la mayoría de entre 13 y 30 años de edad.

Este secuestro y asesinato es emblemático, pues a pesar de que este tipo de secuestros ya existían, mucha gente no era consciente de ello. El joven Martí marcó una diferencia debido a que Alejandro Martí, su padre, se acercó a todos los medios que tenía a su alcance para recuperar a su hijo; además, denunció abiertamente al gobierno de Felipe Calderón por la creciente inseguridad que se apodera de nuestro país.

“Es terrible no saber qué pasara con tu vida…”

Tenía prendido el televisor de la cocina, eran como las diez de la noche y veía el noticiario de Joaquín López Dóriga, fue el momento en que Adriana Fernández de Herrera escuchó por primera vez sobre el secuestro de Fernando Martí. El conductor decía que el 4 de junio había sido secuestrado y el 31 de junio, casi un mes después, apareció muerto dentro de un auto; la nota no revelaba las causas de su secuestro, sólo narraba cómo acontecieron los hechos.

Al terminar el informe Adriana comenzó a sentir miedo y se estremeció al ver la tristeza del padre, Alejandro Martí, se afligió porque imaginó si eso le ocurriera a su familia.

Sin saberlo, Natalia, su hija de dieciocho años con una gran sonrisa, brillantes ojos verdes, tez blanca y cabello dorado, años después sufrió algo similar: fue secuestrada, con la diferencia de que ella logró sobrevivir.

Adriana, de cincuenta años, con una mirada enmarcada por arrugas y cansancio, nariz chata y una boca cuyas comisuras se dirigían todo el tiempo hacia abajo, denotando una tristeza permanente, recuerda su vivencia con una expresión seria, llena de rencor y un profundo dolor. La angustia al recordar los antecedentes del secuestro de su hija la martirizan en su interior.

Cuando la banda de secuestradores de Martí fue detenida, ella leyó una nota en el periódico sobre sus declaraciones donde se decía que parte de la información la habían obtenido en las redes sociales. Eso la sorprendió y de inmediato pensó en Natalia, le dijo que tuviera más cuidado con lo que publicaba pues podía exponerse.

“Uno se olvida de los hechos y piensa que eso es poco probable que ocurra”, expresa Adriana. Aquella tarde de noviembre del 2011, fría y con viento efusivo, le hizo ver que a cualquiera le podía ocurrir una tragedia. Eran las 10 de la noche y Natalia no había llegado del gimnasio que está muy cerca de su casa, la madre se preocupó ya que no lograba localizarla, llamó a varias de sus amigas para ver si estaba con alguna pero todas le respondieron que no la habían visto ni hablado con ella después de clases.

La noche transcurría y seguían sin localizarla. Gerardo, el esposo de Adriana, llegó después de recibir muchas llamadas de su esposa diciéndole que Natalia no regresaba. El padre preocupado y angustiado, no dejaba de hacer llamadas en busca de su hija, hasta que a la una de la madrugada el celular de Gerardo sonó. El matrimonio compartió el auricular, la voz del otro lado era grave y se podía deducir que quien hablaba no poseía un gran bagaje verbal, ni mucha educación, sus palabras fueron algo así:

“Si quiere mucho a su hijita, cabrón, va a tener que cooperar, si no la quiere ver en pedacitos. Tiene que darnos quinientos mil pesos en efectivo, váyalos juntando que los queremos pronto y ya sabe qué pasa si avisa a la policía, la matamos”.

La madre comenzó a llorar desde el inicio de la llamada, pero se contuvo de decir alguna cosa que ofendiera a los secuestradores. Salió corriendo y tomó el teléfono, llamó a su padre para que les ayudara a juntar el dinero. Tuvo que estudiar todas sus posibilidades porque los bancos estaban cerrados y estaba desesperada por tener ya el dinero en sus manos, para cuando llamarán diciéndole dónde lo querían, pero eso no ocurrió hasta las seis de la mañana, hora en la que volvió a sonar el celular.

El dinero lo querían a las ocho de la mañana bajo un puente sobre Tlalpan, un lugar perfecto, alejado de la vista ya que no había ni un alma. Gerardo fue quien dejó el dinero en el lugar mientras su esposa esperaba con el auto prendido por si había que huir. La condición fue dejar el dinero e irse, luego les dirían dónde recogerían a Natalia.

La llamada más esperada no llegó hasta la una de la tarde. Les dijeron que Natalia llegaría a casa caminando, que no intentaran buscarla, que simplemente llegaría. Así fue, llegó a las dos de la tarde, al entrar lucía débil, pálida, triste y cansada, tenía los ojos llorosos, el cabello enmarañado, su ropa estaba sucia y tenía un golpe en el rostro. Cuando entró su madre corrió a abrazarla y comenzaron a llorar, más tarde el padre se les unió.

Cuando se calmaron, Natalia no quiso hablar de lo ocurrido, se bañó y durmió durante dos días, estaba en shock y no salía de él. Tiempo después se animó a contar lo que vivió y fue ahí cuando Adriana recordó lo ocurrido a Fernando Martí, ya que ella también fue asechada por los secuestradores a través de las redes sociales y, a pesar de haber pasado tres años desde el secuestro del joven, la madre se sorprendió de saber que las bandas delictivas continuaban operando desde aquel medio y que incluso ya comenzaban a darle otro uso.

Adriana vivió el secuestro a través de la desesperación, pero para su hija Natalia las cosas resultaron muy diferentes, el secuestro transformó su vida y también la de todas las personas y amigos que la quieren.

Natalia nació en una familia económicamente posicionada, nunca le faltó nada. Acostumbrada a viajar y a estudiar en escuelas particulares, como buena joven defeña cada viernes salía a algún bar para distraerse y divertirse, hasta que, en octubre del 2011, la arribaron cuando al del gimnasio.

“Fui secuestrada por tonta, por estar pegada a mi Black Berry presumiendo en Facebook que estaba en tal o cual restaurante o en que Starbuks me había quedado de ver con Fer, mi amiga, pero no tenía idea de que todo lo que publicaba podía interesarle a alguien que no estuviera en mi grupo de amigos”.

Se considera culpable de lo que pasó, aunque agrega “una escribe pensando que en Facebook no te va a leer nadie más que tus amigos, y que éstas protegida por las herramientas de seguridad que brinda la página, pero por lo que me pasó ahora sé que cualquiera puede eliminar esa barreras, porque ni Facebook nos protege y mucho menos uno mismo”.

Natalia estuvo secuestrada tres días, apartada del mundo donde lo único que veía era una computadora donde sus secuestradores estaban acechando a sus futuras víctimas. “Lloraba día y noche tenía miedo de que me hicieran algo, de que nunca me dejaran ir; sufrí porque podía escuchar cómo llamaban a mis padres por celular exigiéndoles hicieran caso de lo que el hombre les decía. Es tan terrible no saber qué pasara con tu vida… desconocer si mañana despertarás”.

Sus padres pagaron el rescate de quinientos mil pesos, cuyo dinero significó la libertad. Los secuestradores la abandonaron a dos cuadras de su casa, dejándola caminar hacia ella. “No podía dormir, tenía pesadillas, revivía cada momento de mi secuestro, no quería salir ni a la puerta porque tenía miedo, lo sigo teniendo. Ya no salgo con mis amigos y mi mamá va por mí a la escuela, todo cambió”.

La vida de Natalia se vio afectada no sólo emocional y psicológicamente, toda su rutina cambió a partir de su secuestro, ya no va al gym ni al café con sus amigas sólo se dedica a estudiar, ir a la escuela y de regreso ir a su casa.

Han pasado ya aproximadamente cinco meses desde aquel incidente y no se ha recuperado del todo; hay cosas que ya no volverá a hacer. “Me choca no poder sentirme segura, sentir que alguien me sigue todo el tiempo o que me vigilan, mi mamá dice que ya no me volverá a pasar nada, pero yo lo dudo… Lo que más extraño es salir a desestresarme como cada buen viernes, bailar hasta que los tacones pesen y lastimen, así como coquetear con los chicos, ahora no lo hago por mi estabilidad, por querer sentirme segura”.

Ella construyó un perfil en Facebook con la idea de socializar, sin imaginar que alguien la estaría vigilando, cada día publicaba lo que hacía y ahora ni pensar en eso. “Ya no uso Internet más que para hacer tarea, ni imaginar en crear un perfil en alguna red social, desde mi secuestro, eso es lo que menos haría, prefiero enfocarme en mis estudios y ver a mis amigos en casa, pasar tiempo con mis abuelos y padres para no estar sola”.

Muchas personas secuestradas, que sobreviven, optan por contratar servicios de guardaespaldas, pues en México el secuestro es uno de los principales delitos cometidos diariamente, por lo que la gente pudiente prefiere ser resguardado por grandes hombres que portan armas. En el caso de Natalia no fue muy diferente ya que pensó en hacer lo mismo para continuar con su vida, pero no para todos funciona ese sistema.

“Desde que fui liberada no me gusta estar sola ni un momento, incluso quería que mis papás contrataran guardaespaldas que me protegieran, pero se negaron, me dijeron que debía continuar con mi vida y no cerrarme al mundo, que ellos me resguardarían y que no había por qué llegar a esos extremos de tener a tres hombres vigilándome, incluso decían que eso podía llamar más la atención y causar otro secuestro. Me asusté tanto que prefería sólo tener a mi madre en todos lado para sentirme un poco segura”.

En una investigación sobre el secuestro en México relazada y publicada por El Universal, se afirma que el 65 por ciento de las víctimas de secuestro abandonan el lugar de residencia después de dicho evento, 15 por ciento abandona el país para solicitar refugio, mientas que el dos por ciento, al tener residencia legal en otro país, decide marcharse. El resto se queda en la misma entidad donde siempre ha vivido, pero cambia de domicilio.

El miedo se desvaneció en bajas proporciones pues su vida nunca será la misma. La desconfianza seguirá presente ya que a pesar de que no le hicieron nada durante esos tres días que estuvo aislada, el sufrimiento por la preocupación de sobrevivir hace que cada día le resulte difícil salir a la calle sin angustiarse por un posible segundo secuestro.

Natalia comprendió que la información que proporciona internet a las bandas delictivas se debe, en gran medida, a los usuarios que gustan de publicar su vida y presumir su estatus sin saber que eso es algo grave para su seguridad.

Por lo anterior, ella se ve sometida diariamente a una rutina completamente diferente a la que tenía antes. Ahora ya no publica diariamente lo que hace y dónde lo hace, ahora se queda en casa a ver pasar la vida sin riesgos, sin dar información.

Riesgos detrás de Facebook

Actualmente Facebook es la red social con más usuarios en el mundo. La página oficial tiene en su registro más de 900 millones de miembros, cuenta con traducciones a 70 idiomas. México ocupa el sexto lugar en el mundo con más usuarios, alrededor de 22 millones 734 mil 740, de los cuales la mayoría son usuarios de entre 13 y 30 años.

A pesar de que es la red social más importante esto no hace que sea la más segura, por el contrario es una red que se ha desviado de sus objetivos iníciales de mantener comunicadas a las personas, generando un perfil en el cual se puede originar un contenido personal y compartirlo con los demás.

Se crea un “muro” en donde se puede mostrar a los amigos la información que se quiere dar a conocer de uno mismo y todos aquellos que están dentro de la red de Facebook tienen la posibilidad de ver cualquier perfil si este no es privado.

La misma página ha habilitado aplicaciones en las cuales se puede publicar el lugar de ubicación de alguien e incluso se puede etiquetar a las personas que también se encuentren en determinado lugar, por lo cual Facebook no vela por la seguridad de sus consumidores.

Aquel que crea su perfil pocas veces, o casi nunca, es consciente de que corre riesgo al publicar demasiada información sobre sí mismo, ya que revelan datos que ponen en peligro su seguridad, como fue el caso de Fernando, Renato y Natalia, por mencionar algunos de los que han sufrido secuestro debido a la información que Facebook ofrece a cualquiera de sus usuarios, y que los delincuentes comienzan a utilizar como su nueva forma de modus operandi para asechas a sus víctimas.

Romero Frías Roberto, especialista en delitos cibernéticos, sostiene que quizá el problema no es la red social ni los usuarios, ya que no es culpa de nadie que el crimen organizado esté siempre un paso adelante y también haga uso de esta red para conseguir sus objetivos criminales.

“Cada quien determina qué publica y qué no, la red social sólo se encarga de mostrarlo, posiblemente no hay culpables. Facebook solamente brinda un servicio, pero el usuario es quien determina usarlo o no. El problema es la forma en cómo la delincuencia se apodera de los pocos espacios que se tiene para compartir información con quienes creemos es posible compartirla”.






Imágenes: Daniela Brandt y Wikimedia Commons



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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo esto de los secuestros me da miedo, pensar que hace tiempo yo tenia perfil en cada red social qe encontraba, y ahora con esto, ya borre todas las redes sociales, exepto mi facebook y lo tengo muuy privado, ni siquiera tengo mi nombre real, ni mucho menos la cuidad donde vivo, solo las personas que me conocen saben de quien soy. y para nada pensar en poner publico mi perfil o publicar algun teléfono.


Que Dios nos cuide de todo esto.