viernes, 8 de junio de 2012

DISCAPACIDAD, PRESENTE EN LAS AULAS


Por Viridiana Vega
México (Aunam). En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) existe el mayor número de estudiantes con alguna discapacidad, señala la licenciada Gabriela Castro, coordinadora del Programa de accesibilidad visual de la facultad; Sea sensorial o física, es decir, jóvenes invidentes, débiles visuales o que por alguna razón están limitados en la movilidad corporal, asisten a tomar clases a las distintas carreras que se ofrecen en este ámbito de conocimiento.

“Con el paso del tiempo nos empezamos a dar cuenta del aumento de alumnos en situaciones de discapacidad”, comenta Pedro Mundo, secretario de Servicios Escolares. Jóvenes que decidieron sumarse a la comunidad estudiantil, en la que han encontrado manos extendidas, aceptaciones, facilidades, pero también obstáculos, limitaciones y necesidades en sus compañeros, profesores, autoridades, sin dejar de mencionar lo que respecta a las instalaciones.

Permanecer entre clases en la explana de la facultad permite evidenciar a los estudiantes y profesores que asisten sin importar la discapacidad a la que se enfrentan, han encontrado un espacio tratando de realizar sus actividades de manera cotidiana como los demás las llevan a cabo.

El Secretario de Asuntos Estudiantiles (SAE), Carlos Bravo, menciona que la igualdad, respeto e inclusión depende del cambio de todos y de entender que “las personas con discapacidad no tienen por qué estar tocando en las esquinas porque también tienen las capacidades de desarrollarse en el terreno de lo profesional”.


La travesía cotidiana

Caminar tan sólo unos minutos por los edificios de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, permite darse cuenta de la cantidad de escaleras construidas en todas sus instalaciones. Desplazarte de un lugar a otro, desde ir a tomar clases, pedir prestado un libro a la biblioteca e ir al baño, por ejemplo, es una situación que a diario principalmente los estudiantes con capacidades diferentes se enfrentan.

Jorge Marcos Solache Sánchez estudia la licenciatura de Ciencia Política y está a unos días de concluirla. Comenta que las escaleras son lo que más trabajo le cuesta recorrer en la facultad, pero con ayuda de algunos de sus compañeros de clase o de la misma facultad logra hacerlo.

Es invidente a consecuencia de la enfermedad Encefalomielitis que a los 12 años adquirió. Algunas secuelas quedaron en su cuerpo, razón por la que además perdió de momento la sensibilidad del tacto y la movilidad al haberse paralizado por completo.

Luego de someterse a terapias y tratamientos ha logrado una recuperación paulatina: caminar casi por sí mismo y poder percibir a través del sentido del tacto. Para él como para otros estudiantes, profesores o trabajadores en alguna situación de discapacidad, atravesar las escaleras se vuelve el reto del día, de manera que sus demás compañeros cobran mayor importancia al convertirse en sus guías, acompañantes o quien los traslade al lugar que sea necesario.

Dentro de las instalaciones también se cuenta con rampas “que con el tiempo se han ido instalando para uso prioritario de la comunidad con discapacidad”, señala Guadalupe Cortés Altamirano, profesora de la carrera Ciencias de la Comunicación y Sociología de 64 años de edad, quien tiene una larga trayectoria en la facultad, poco más de tres décadas.

Al igual que Solache Sánchez, se encuentra en situación de discapacidad, aunque en su caso es sólo motriz, como resultado de haberse lesionado la cadera en una caída.

Su único apoyo para ir de un lugar a otro en la facultad es el bastón y considera que empezando por los barandales de las escaleras que son incomodos para ser utilizados como soporte o la falta de los mismo en algunas de las rampas, existen otras deficiencias evidentes en la facultad que llevan tiempo sin ser consideradas, tales como el piso resbaloso o la falta de baños adecuados: amplios, equipados, con características especiales de uso exclusivo para personas con discapacidad.

Sin embargo, no todos los pasos y accesos cuentan con rampas y las pocas que existen “no tienen una inclinación correcta, están muy inclinadas”, asegura Silvia Caballero, estudiante de segundo semestre de la carrera de Relaciones Internacionales quien actualmente con el apoyo de su madre hace uso de la silla de ruedas.

En diciembre fue intervenida quirúrgicamente de la rodilla derecha, resultado del padecimiento Acondroplasia con el que nació y que su padre le heredó, el cual impide el crecimiento normal de los huesos: “sólo los huesos de las extremidades no crecieron, aunque los músculos sí”, razón por la que se ha percatado de la construcción errónea de gran parte de las rampas.

Jorge Solache comenta que “no hay una planeación como tal para hacer este tipo de adecuaciones a la facultad” y que al haber tenido una plática con el ex Secretario Administrativo ya fallecido, Juan Pablo Córdoba, percibió que las construcciones de las rampas se efectuaron sólo para cumplir y sin haber tomado en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad motriz primordialmente.

Al igual que las instalaciones, la conciencia y sensibilidad

Por su parte, Luis Felipe Salas expresa que los accesos -rampas y pasillos-, muchas de las veces están obstruidos por sus demás compañeros y profesores que se concentran en los diferentes lugares, o “cuando están sentados en el piso con los pies estirados y no nos dejan pasar”.

Y que “la rampa que baja hacía el quiosco la agarran como estacionamiento de bicis y motocicletas”, algo que le pone a pensar.

Él estudia la carrera de Ciencia Política y cursa el cuarto semestre, es débil visual a raíz de haber desarrollado Sindrome de Stargartd de la que asegura poco saben los médicos, pero que le causó “la pérdida de la visión a partir de los seis años, cuando sólo se manifestó y sin saber como inició, los especialistas dijeron que no había operación, ni medicina o alguna solución”.


Acciones necesarias e indispensables

El acceso a la biblioteca de la facultad no es distinto y para poder hacerlo es necesario caminar varios escalones. En la entrada hay un torniquete y el espacio es muy estrecho, lo mismo pasa en la salida que además de incomoda es trabajosa, lo cual dificulta aún más la estancia de los estudiantes con discapacidad, pues para Silvia Caballero, “no hay acceso a la biblioteca”, no necesariamente por la discapacidad en la que se encuentra, sino por las condiciones de construcción de esta, una de las principales razones que lo impiden.

Pero, y entonces ¿cómo logran ir a la biblioteca, entrar y encontrar un libro? Sus compañeros de clase se encargan de obtener las lecturas. Mientras los estudiantes con discapacidad esperan afuera o cerca de la entrada de la biblioteca, los demás corren por los libros, una solución que hasta ahora ha sido funcional.

Y ¿qué sucede cuando acuden solos a la biblioteca? Mario Alberto Jiménez Islas estudia cuarto semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación y afirma que es invidente a causa de una negligencia médica.

Desde pequeño le detectaron un padecimiento de nombre hidrocefalia (exceso de líquido en el cerebro) que a los 12 años provocó convulsiones. Al no ser tratado por los médicos adecuadamente, la presión del líquido atrofió el nervio óptico y le provocó la perdida de la visión.

Desde su experiencia, asegura que la colocación de letreros en braille les sería de mucha ayuda, por ejemplo, en la biblioteca les indicaría la ubicación de los estantes y de los libros, además de por lo menos un equipo de cómputo que tenga instalado el software especial lector de pantalla, para facilitar la búsqueda de los textos, pues considera que los estudiantes invidentes o débiles visuales podrían ser más independientes.

Pero que también para saber “el nombre del edificio, el número de piso, de salón y los baños, de una manera más sencilla”, ya que para llegar al lugar que requieren, deben aprenderse las ubicaciones y contar las puertas de cada aula por ejemplo.

No obstante, no sólo para aquellos que son invidentes, débiles visuales o que se encuentran en condiciones de discapacidad motriz, es complicada su estancia en la facultad, incluso para los jóvenes que un día antes pudieron haberse lastimado el pie o la rodilla y para los profesores de la tercera edad que asisten a la facultad, lo es.

Vianey Ramírez Benítez cursa la carrera Ciencias de la comunicación en cuarto semestre y a raíz de un accidente durante las vacaciones de semana santa los médicos le indicaron que los ligamentos de la rodilla derecha se rompieron por lo que hace unos días fue intervenida.

Un mes es el tiempo que lleva utilizando muletas y espera recuperarse lo más pronto posible. Coincide con la opinión de sus demás compañeros y comenta que ahora por sus condiciones de salud, es testigo de la dificultad de cruzar todas las escaleras o las rampas tan inclinadas “como la del acceso del inicio”, cerca del estacionamiento de estudiantes.

No sólo parte de las instalaciones de la facultad son obstáculos por los que atraviesan dichos estudiantes, manifiestan que en más de una vez sus compañeros han mostrado actitudes de egoísmo, timidez y exclusión.

Luis Felipe Salas considera que se debe a no saber cómo acercarse, dirigirse a ellos o cómo ayudarlos, pero también “porque han de pensar que trabajar con una persona que no ve, les implica demasiado esfuerzo”; Solache Sánchez atribuye este comportamiento a la ausencia de la cultura de la discapacidad que no solo en la calle se percibe, sino también en su entorno estudiantil.

Aunque algunos de sus compañeros les ayudan con los apuntes al anotárselos en las libretas, al leerles o dictarles durante la clase, en comparación con toda la facultad y los estudiantes que forman parte de ella, él indica que son muy pocos y que “se pueden contar con los dedos de una sola mano”.


¿Cuándo será el día en que la comunidad sin importar las diferencias incorpore a todos sus estudiantes a una vida académica cotidiana y la posibilidad de ingresar en los distintos sitios de la facultad? Es una disposición que las autoridades junto con los estudiantes con discapacidad y algunas personas interesadas discuten.

Compromiso universitario, mejores oportunidades

En la facultad se están poniendo en acción programas y actividades en favor de las personas que enfrentan alguna situación de discapacidad.

Existe el Programa de Accesibilidad Visual, el Comité de Apoyo a personas con Discapacidad de la facultad (CAD Políticas) y el proyecto Calidad humana, relaciones sociales e interacciones.

Jorge Solache cuenta que al ingresar a la universidad conoció el Servicio de tiflología de la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria, es decir, el apoyo a personas ciegas y débiles visuales para facilitarles el material necesario mediante el escaneo de los libros y su conversión a formato de audio MP3 o Word para que el lector de pantalla, software especializado, lo procese.

Tras su dificultad de caminar, cuando cursaba el cuarto semestre, en 2008, se acercó a la dirección de la facultad y mediante el proyecto PAPIME de la maestra Carmen Solórzano, y la demanda de cada vez más alumnos en estas condiciones, el director Fernando Castañeda, realizó la gestión de la adquisición de tres equipos de cómputo, un escáner, software especializados lectores de pantalla y conversores de textos de formato PDF a Word y a MP3, como son Jaws y Open book.

Luego del surgimiento de la SAE en la facultad, se decidió que sería la secretaría autorizada para realizar dichas actividades y se constituyó el Programa de Accesibilidad Visual, más en específico, a cargo de la publicista Gabriela Castro egresada de la facultad, quien asegura que en el acervo existen dos mil archivos digitales para ser usados por los estudiantes invidentes o débiles visuales.

Como parte del programa también colabora Abraham Martínez, licenciado en Relaciones Internacionales por la misma facultad, encargado de cuestiones técnicas, tales como la instalación de los software especiales a las computadoras de los estudiantes con esta discapacidad, o auxiliarlos si tienen alguna dificultad con las máquinas.

Señala que desde antes que llegaran los equipos de cómputo estos estudiantes “ya se las ingeniaban, pero a partir de la llegada de los programas se les facilitó y están agradecidos”

Además de Gabriela Castro y Abraham Martínez, treinta son los estudiantes de la facultad a quienes les dieron la oportunidad de formar parte del proyecto al poder realizar su servicio social y encargarse del proceso de conversión de textos para proveerlos a quienes los requieren.

En junio pasado, Carlos Bravo realizó la gestión a la Dirección General de Orientación y Servicios Educativos (DGOSE) para que estudiantes del programa de becas Pronabes tuvieran la posibilidad de unirse a la causa al realizar también el servicio social; en febrero de este año se aprobó y convocaron a la comunidad estudiantil.

El Programa de Accesibilidad Visual no sólo pretende facilitar las lecturas a los estudiantes con discapacidad y que puedan llevar una vida académica más accesible, también están elaborando propuestas para la modificación de las instalaciones asegura el secretario, como es la colocación de la guía de bastón o la creación de carteles que sensibilicen y concienticen a toda la comunidad ante la discapacidad.

Por otro lado, Jaqueline Atenco Segura, profesora de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la facultad y encargada del laboratorio de cómputo académico, afirma que ha tenido interés en la situación desde hace más de diez años, cuando inició sus labores en la facultad, razón por la que ha llevado a cabo censos para conocer el número de estudiantes con discapacidad que asisten a la facultad, establecer contacto con ellos e informarles sobre las actividades que los apoyan.

“A partir de conocer las necesidades académicas, inquietudes y percibir la falta de material para que realicen sus actividades”, construyó en 2010 una plataforma virtual a la que denominó Más allá de los sentidos, con el fin de que los estudiantes con discapacidad tuvieran material educativo multimedia, conferencias, textos, etc. Que ellos mismos junto con los profesores proveen “y que les sirva de apoyo en el proceso de aprendizaje”.


Al mismo tiempo, la profesora junto con el licenciado Rafael Robles, miembro de la División de Estudios Profesionales (Depro), han colaborado en la formación del CAD políticas, iniciativa de Jorge Solache, a través del acercamiento que ha habido con el CAD UNAM el cual labora en la Facultad de Filosofía y Letras por la licenciada Alicia López Campos, pedagoga que se interesó en los estudiantes con discapacidad al darse cuenta de las necesidades y el cual se busca replicar en la FCPyS.

Dicho comité busca difundir la cultura de la discapacidad para concientizar paulatinamente mediante campañas y conferencias” buscando que tenga un alcance a toda la universidad, aunque “en cuanto a su gestión no se ha logrado y sólo se considera a nivel local”.

En el CAD Políticas, que se estableció en abril de este año mediante la aprobación del director de la facultad “pues fue el camino por el cual se pudo lograr la formalización del comité” afirma Solache Sánchez, “se busca que hayan mayores avances, más rápidos y no esfuerzos aislados que no tengan mucho impacto”, como: el remplazamiento de las rampas por unas más adecuadas, especificas y de diseño universal; y que las personas que no tengan discapacidad formen parte para que se concienticen y “pase de boca en boca a través de las acciones, prácticas y actitudes hacía personas con discapacidad”.


También que la FCPyS proyecte el interés desde la academia y que la discapacidad se vuelva un tema, expresa el licenciado Rafael Robles, por lo que desde el próximo año se realizará una reforma al plan de estudios de las distintas carreras, con el objetivo de anexar asignaturas optativas relacionadas con la situación para que “más gente se sume”.

Reconoce que no es una tarea fácil, pues “se requiere de recursos: un espacio físico, que los estudiantes con discapacidad se unan al comité y se difunda la cultura de la discapacidad”, pues además afirma que es triste que hayan autoridades que creen y piensan que no se debe tratar el tema de la discapacidad.

Jorge Solache asegura que nueve son las personas con discapacidad, de los cuales tres solo participan. “Hemos hecho difusión para que se acerquen los demás compañeros y sería muy bueno que hubiera más interés de las personas con discapacidad, porque de eso dependerá que se concrete el CAD políticas”.

Mario Jiménez por ejemplo, afirma que no tiene un conocimiento concreto de las actividades y propuestas pensadas por un bienestar para las personas con discapacidad, que ha querido acercarse y ser parte, pero el horario vespertino, en el que toma sus clases cree que es uno de los impedimentos y por eso sólo se queda en la intención. Como Mario, seguramente algunos otros estudiantes se encuentran desinformados.

Parte de los obstáculos percibidos por el CAD Políticas es que “a nivel formal aún no hay organización, ni está establecido quien será el coordinador”, debido al poco tiempo que lleva el comité y también por la relección que está reacomodando y estableciendo las funciones en las distintas áreas de la facultad, indica Rafael Robles.

Mientras que Solache Sánchez opina que “en cuanto al presupuesto es complicado” porque no se cuenta con una partida destinada para las personas con discapacidad ni siquiera a nivel de la universidad”.

Por su parte, Luis Felipe Salas se ha encargado del proyecto al que tituló Calidad Humana, relaciones sociales e interacciones. No sólo se enfoca a la facultad sino a la universidad en general, a la ciudad, al país e incluso en un sueño, como lo denomina, a nivel internacional.

A partir del 2008 inició a diseñar el proyecto, primero con amigos y de manera más concreta y formal se llevó a cabo a partir de octubre de 2011 a través de la red social Facebook y el grupo de trabajo actual que se conformó como resultado.

Las causas que lo motivaron a realizar el proyecto fueron el racismo como parte de la fractura actual del tejido social y en especial hacía las personas con discapacidad, pues se pretende “invitar a gente a compartir sus experiencias y conocimientos”, para lograr un apoyo mutuo y la generación de una institución.

Esto a través de lograr la inclusión de personas con capacidades diferentes en empresas e instituciones; capacitaciones y pláticas para concientizar y sensibilizar; y la instalación de software especializado de uso libre y gratuito, también para “personas convencionales quienes de igual forma enfrentan una contaminación visual” al permanecer frente a la computadora por varias horas.

El proyecto se presentó el pasado 18 de mayo en la Rectoría de la misma universidad, por Luis Felipe Salas y los licenciados Carlos Bravo y Gabriela Castro, quienes lo acompañaron, ante el secretario general, Miguel Robles.

Están en espera de su aprobación y la del rector José Narro Robles, mediante unos escritos dirigidos a la DGOSE para que “por medio de ella se pueda llegar a todos los rincones, incluyendo Prepas, CCH, Institutos, FES, etc”.

Mientras tanto, otras de las respuestas que han dado las autoridades de la FCPyS a sus estudiantes con discapacidad es “el acceso a la facultad por el estacionamiento de maestros” señala la estudiante Silvia Caballero, pues para llegar a las edificios y de ahí a las aulas, el camino se hace más accesible a pesar de la existencia de escaleras porque también hay rampas, si bien no con la inclinación adecuada, por lo menos su construcción no es como la del inicio del estacionamiento de alumnos.

Otra solución ha sido la asignación de salones en planta baja a las personas con discapacidad con el objetivo de aminorar la travesía que significa trasladarse de un salón a otro, señala Pedro Mundo, “tratamos de atender los requerimientos de todas las personas” y que está dispuesto a ayudar a la comunidad estudiantil de la facultad en general, desde su lugar de trabajo y lo que este le permite hacer.


La igualdad es la base de la oportunidad

Los programas de la FCPyS que persiguen los mismos objetivos para proveer y facilitar textos a los estudiantes con discapacidad, por una mejor vida académica y estudiantil, además de concientizar y sensibilizar a la comunidad en general, son ejemplo de interés por cambiar un estigma ante la sociedad que aún subsiste con fuerza, como menciona el licenciado Rafael Robles.

Es importante percibir a todas aquellas personas con discapacidad que se esfuerzan a diario porque “buscan ser alguien” como Ramírez Benítez afirma.

No se necesita enfrentar alguna situación de discapacidad para darte cuenta y echar esa mirada de comprensión a los demás, comenta la profesora Guadalupe Cortés Altamirano.

Lo que depende en gran parte de una buena relación y por lo tanto, interacción para el funcionamiento eficiente de un sistema social, comenta Luis Felipe Salas, pues no pretendemos que nos abran la puerta, sino que exista igualdad y respeto.

La biblioteca de la facultad es un claro ejemplo que limita la practica incluyente de todos los estudiantes, pues mientras para los jóvenes invidentes o débiles visuales es casi imposible que hagan uso del servicio bibliotecario por si mismos, para quienes tienen una discapacidad motriz, experiencia vivida por Silvia Caballero, es totalmente inaccesible al no poder ingresar ni salir del lugar.

Por eso la relevancia de que las modificaciones y adecuaciones pensadas a la facultad cumplan sus fines, para evitar que “no sean planeadas y por lo tanto no sean funcionales”, concluye Jorge Solache Sánchez; aunque tampoco se trata de exigir, pues depende mucho del presupuesto, finaliza el licenciado Robles.





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