lunes, 30 de enero de 2012

MEKE ALOHA PUMEHANA… CON EL CÁLIDO ABRAZO DEL ALOHA


E ko makou makua i loko o ka lani
E ho' omaika'i i ka kakou kumu hula
A me ko makou makua a me makou
Aloha ia makou a pau loa
Ka makua, ke keiki, ka 'uhane hemolele
'Amene

Oración en hawaiano que pide por los padres,
familiares, maestros, amigos y nosotros mismos.

Por Diana Jazmín Guerra Ramos
México (Aunam). -Desde hace ya varios años entendí que esto era un estilo de vida, y no porque ande yo vestido de hawaiano todos los días –hace una pausa, me mira a los ojos y ríe mientras sigue explicando- no, no, no, es la forma de tratar a la gente, de transmitir las cosas, de aprender de la gente, de cuidarse a sí mismo y cuidar de los demás.

A la una en punto llegó un automóvil rojo y se estacionó frente a mí, sabía que era él, puntual y con una gran sonrisa dibujada en su rostro bajó. Jeans azules, una playera roja y el cabello recogido fue la imagen que me saludó con un beso y un abrazo. –Espero no haberte hecho esperar.

Era medio día y el sol estaba en su máximo esplendor. Pararse bajo aquellos rayos quemantes no era una buena opción, ni bajo la sombra de los árboles, pues el viento que soplaba era tan frío que resultaba difícil elegir dónde realizar la entrevista.

Sentados en una barda de piedra volcánica, rodeados de verdor, comenzamos la plática afuera del salón José Limón de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), justo frente a la alberca olímpica; Israel Rosas Páez con un poco de tos (debido a los cambios tan radicales de clima) compartió un poco de la historia de su vida y su amor por la cultura Polinesia.

Yo soy una persona visual

Israel es una persona muy ocupada, trabaja en una compañía de seguros japonesa que precisamente acaba de cumplir 17 años de haber sido fundada, casi el mismo tiempo que él lleva laborando en dicho lugar. Una carcajada reflejó aquél sentimiento de todos los años transcurridos. “O sea, casi casi voy con el aniversario de la compañía”.

Está en la oficina de ocho de la mañana a cinco y media de la tarde y procura respetar su horario, me mira y comparte una sonrisa enmarcada por una barba apenas visible.

Prácticamente no tengo tiempo libre después de todo esto, no es queja, sucede que llega un momento en que el organismo también necesita descansar –cierra los ojos por un instante, y continúa- entonces es muy gratificante porque tengo mejor humor –sonríe mientras coloca las manos detrás de él para recargarse- porque puedo hacer mejor las cosas que siguen, al final todo tiene una retribución.

Le encanta ir al cine, es una gran pasión para él. “Me considero una persona visual pues siempre he aprendido mucho a través de lo que veo. Por esa razón el cine me apasiona tanto, porque es una secuencia de imágenes donde los actores hacen drama y gestos para transmitir sentimientos.

Independizarme

El instructor de danzas polinesias nació en el Distrito Federal, un tiempo vivió en Veracruz con sus abuelos paternos, donde estudió la primaria y la secundaria, y posteriormente regresó a la ciudad.

Un tosido interrumpió su relato, cubrió su boca con la mano derecha y enseguida la bajó para recargarla nuevamente sobre su muslo, continuó: “el bachillerato lo cursé en el Estado de México, porque mi madre (hace una pausa y corrige con sus ojos llenos de amor) mi mamá siempre ha vivido ahí”.

-No es un sueño, siempre tuve algo muy presente en mi plan de vida, un reto: independizarme. Recuerdo que tenía 12 años y dije: cuando yo tenga la primera oportunidad de independizarme lo voy a hacer.

Suspiró y realizó un gesto de satisfacción, una sonrisa iluminó su rostro, se sintió seguro de sí mismo pues lo consiguió: se independizó económicamente desde que entró a trabajar. “Vivo solo en mi casa, a cinco minutos de mi familia, pero para mí es muy importante mi espacio, obviamente puedo compartir con mis alumnos, mi familia, mis amigos y por supuesto lo disfruto muchísimo “.

Como haber abierto la llave

La danza polinesia ahora es parte de su vida, pero la manera en que esta pasión comenzó se remonta a su juventud, a su época de estudiante. Con sus ojos marrones llenos de luz; mira hacia arriba y expresa el tiempo que ha pasado con una sonrisa pícara.

Comenzó a reír mientras trataba de hacer cuentas, se remontaba a la historia pero no lograba encontrar aquella edad, perdida en sus recuerdos, logró revivir aquellos maravillosos 18 años en que empezaba su carrera de Actuaría en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

-Una amiga me invitó a su festival y yo decidí ir, porque además a mí siempre me ha gustado la danza. Cuando estuve en ese espectáculo, en el teatro y escuché la música, en ese momento, fue como si hubiera abierto la llave.

Hizo una pequeña pausa en su relato, abrió los ojos, se quedó boquiabierto del placer que aquella exhibición le había causado, llevó sus manos lentamente a sus mejillas. “En ese momento escuché la música y dije: ¡wow! yo quiero estudiar eso.”

Enseguida investigó si podía tomar clases con la misma maestra que su amiga, y la respuesta fue favorable. A partir de ese momento y hasta ahora ha sido un fiel compañero de estas expresiones corporales.

Como una prueba de fuego

Ha dedicado gran parte de su vida a enseñar todo lo que la danza le ha dado, el deseo de compartir sus conocimientos y su vida con la gente lo orilló a dar clases; comenzó con miedo, pero la seguridad que irradia en la actualidad sin duda la adquirió con los años.

En una de las diversas academias en que bailó, la profesora titular estuvo de viaje durante un mes, por lo que ese tiempo lo dejaron a cargo de los grupos. Acompañado de una risa entrecortada que denotaba nervios exclamó: “para mí fue como una prueba de fuego porque yo estaba frente al grupo de mis propios compañeros”.

-Básicamente estudiaba mi carrera pero también repartía mi tiempo dando clases el fin de semana, entre semana, dependiendo cómo se acomodara –enseguida los dos reímos y continuó. Fue pesado, pero en realidad mucha gente hace eso ahora: tiene que estudiar y trabajar.

Además de ir adquiriendo experiencia para el futuro “era una forma de ayudarme económicamente; porque en ese tiempo no tenía un trabajo formal, entonces era una manera de allegarme de algunos pesitos y no andar tan… (señaló su pantalón y tuerce un poco la boca con una mueca de desagrado) sin nada en el bolsillo”.

Meke aloha pumehana… con el cálido abrazo del aloha

A menudo revisaba Gaceta UNAM, y en el apartado de las actividades de difusión cultural nunca veía nada de danza polinesia, “me encontraba otras disciplinas, las clásicas como folklor, jazz, pero nunca veía nada de danza polinesia”.

Su inquietud lo llevó a la oficina de difusión cultural; “fui muy inocente, llegué a entregar mi currículo para ver si en algún momento hubiera posibilidad de que se abriera la disciplina… yo pudiera ser el instructor de ese grupo”.

“No fue sino hasta el 2001 que me llamaron, después de la huelga grande de la UNAM me dijeron que se habían encontrado mi currículo después de tanto tiempo –una gran carcajada interrumpió el relato y me tomó del brazo para continuar con una cara de sorpresa- que porque ¡estaban haciendo limpieza!”

“Me proponían que si me interesaba abrir el grupo en un taller, entonces bueno…yo dudé, pero al final acepté y pues... aquí estoy, ahora ya tengo 10 años dando clase muy a gusto” Su cabeza se inclinó lentamente hacia su hombro derecho y llevó sus brazos hacia el pecho simulando un abrazo de cariño.

Aquél grupo que formó tomó el nombre de Meke Aloha Pumehana, “más que se me hubiera ocurrido leyendo de repente literatura de Hawai sobre cómo es su filosofía, cómo es su visión de ellos ante la vida y demás, me topé por ahí con una frase que me gustó entonces –hace una pausa, abre los ojos de grandes pestañas y exclama “uuuy”, tratando de ser muy cuidadoso con la traducción: “con el cálido abrazo del Aloha”.

“Me gustó el sentido, como muy paternalista, como muy de familia, como: estás aquí –señaló con firmeza el suelo-, entonces estás dentro de un círculo que te abraza -lentamente con sus brazos hizo la moción de un abrazo- dentro de un círculo que te cuida, dentro de un círculo que te quiere”, terminó aquella frase con un gesto tierno y apoyando una mano sobre la otra.

Gracias Isra

Las experiencias con sus alumnas son muy variadas, piensa que hay de todo, pues los seres humanos somos tan diversos que obviamente siempre nos vamos a enfrentar a algo diferente cada vez.

-En términos generales –un suspiro hondo llena sus pulmones que conforme habla van regresando a la normalidad- mi experiencia más presente es la gratificación de ver a la gente gustosa presentarse en una exhibición, compartir lo que aprendieron en un semestre o en un año, con sus familiares y amigos.

-El hecho de ver las caras felices y plenas de alumnos diciendo “gracias Isra, porque el curso ha sido muy padre, gracias porque lo que nos compartes es muy interesante o muy útil, práctico para nosotros”; ese tipo de cosas son invaluables.

“La gente después de una exhibición se acerca para felicitarte, agradecerte lo que ofreces, pedirte una fotografía, sonreírte, abrazarte simplemente porque está feliz. Ese es el más grande pago que uno podría esperar”.

Lo mio es la Hula

A lo largo de su formación, de todos estos años de tomar clases y de conocer a los diferentes profesores de las diversas disciplinas explica: lo que más le llena, le satisface de enseñar, de explicar, y de ejecutar es la Hula. Un brillo particular invadió sus ojos mientras miraba hacia arriba, sus mejillas se sonrojaron y sus manos se cerraron fuertemente al decir: “lo mío es la Hula”

La Hula es la danza de Hawai donde básicamente se utilizan las manos y los gestos faciales para contar una historia. Tratan temas sobre la naturaleza, el amor y los dioses; el movimiento de cadera es lento y cadencioso; y se baila con Pa’u (falda) o con vestido en el caso de las mujeres.

-Considero que es una conexión personal, no tengo nada en contra de las otras disciplinas de la Polinesia (Tahitiano, Samoano o Maorí) porque también las quiero, las disfruto, las instruyo, las ejecuto, pero con la Hula pasa algo especial es como una línea directa de conexión con la gente de Hawai.


Curiosamente siempre he viajado a islas

Mira al piso con los ojos entrecerrados, inclinando un poco el torso mientras coloca su mano en la barbilla para tratar de recordar cuantos viajes ha realizado, vuelve a sentarse erguido y lentamente lleva su dedo índice hacia la boca. “Ha sido curioso, fíjate que el otro día estaba pensando que curiosamente siempre he ido a islas”.

-Obviamente en primer lugar está Hawai, porque tuve oportunidad de viajar allá en 2001; gracias a una invitación para ser parte del show de apertura del primer día del Merrie Monarch en Hawai –no pudo contenerse y la sonrisa abarcó toda su cara, sus ojos tomaron un brillo especial y sus manos se cerraron con fuerza como si se estuviera deteniendo para no gritar.

Esta competencia se considera una de las más importantes en el ámbito de la Danza Hula, se realiza una vez al año en Hawai y de ahí salen los mejores bailarines, tanto solistas como grupos. “Fue una ilusión enorme, realmente enorme: todavía recuerdo la gran satisfacción, el gusto, la plenitud que yo sentí de estar parado en el escenario del Merrie Monarch, fue fantástico”.

-En el 2006 tuve oportunidad de ir a Cuba gracias a la invitación de un amigo que preside una asociación cultural. Formé parte del grupo de mexicanos que apoyó las fiestas de Fuego Nuevo en Santiago de Cuba. Llevé como 12 chicas de la universidad porque ya estaba yo dando clase aquí.

Él aprecia demasiado sus viajes, presta atención a cada detalle, ve más allá de donde se hospeda o dónde bailan; observa el estilo de vida de la gente, las cosas que viven de las cuales no nos enteramos; él intercambia su cultura con la de otros y enriquece su propio ser.

-La tercera vez fue en el 2007 nuevamente a isla grande en Hawai, en esta ocasión el viaje tenía como objetivo formar parte del festival Uniki (graduación en hawaiano) de seis profesores hawaianos -un viento muy fuerte nos interrumpe, entrecierra los ojos mientras arregla su cabello negro y rizado-.

Esa fue otra de las experiencias que le dejó muchos aprendizajes desde cómo cuidar el protocolo hasta el cuidado y respeto por su propia cultura. “Hay cosas bien interesantes que incluso las transfieres a ti mismo, a tu vida propia, a la gente con la que convives en tu país, se me hizo muy padre, fue un viaje muy educativo en ese sentido”.

-El viaje más reciente fue ahora en el 2011 y fue a la isla de Kauai en Hawai, un par de amigos míos profesores que son de aquella isla me invitaron a conocer su terruño, su tierra y yo estuve muy agradecido y pasé unas semanas increíbles donde conocí gente, costumbres y distintas ideologías.

A pesar de las increíbles travesías que ha realizado y lo mucho que le han gustado, desea irse de vacaciones -ríe irónicamente y relaja los hombros- Uno de mis anhelos es pasear en un crucero.

Ríe, se inclina hacia atrás y regresa poco a poco. “Tengo que prepárame meses antes para algo como eso porque digamos que mis vacaciones han sido máximo de dos semanas, pues en estas épocas de repente desaparecerte quince días de la oficina ya es catastrófico” -suelta una carcajada espontánea y continúa.

Creo que si no tenemos planes ya no tenemos futuro

El instructor Israel considera que es muy bueno siempre tener sueños, “si no tenemos planes ya no tenemos futuro”, pues siempre se debe pensar en algo.

-¡Oh my god! –un tosido lo interrumpe- a decir verdad yo siempre he deseado y anhelado tener algo propio. Un espacio exclusivo para poder ofrecer mis clases, quizá traer a otros profesores y que toda la gente interesada tuviera acceso.

Hace 40 años en México era muy complicado conseguir cosas que vinieran de allá, no había ni música, posteriormente algunas personas tuvieron oportunidad de viajar y empezaron a traer cosas de Hawai. Hoy día se han ido facilitando las cosas porque ya hay varios profesores que vienen continuamente a México.

-Por la parte de las comunicaciones, pues bueno o sea, todo mundo esta puestísimo en redes sociales en comunicación electrónica, entonces es muy fácil ahora contactar con ellos o que ellos se acerquen a nosotros.

-Dedicarme a eso me encanta, no tengo otro plan, creo que en el momento menos esperado –su risa delata aquellas ansias de tener su escuela- puede surgir, porque ya tenemos muchas cosas: la parte de conocimiento, de contacto, de metodología, ya nada más es una cuestión de tomar decisión y hacer alguna inversión.

Es un estilo de vida

-Desde hace ya varios años entendí que esto era un estilo de vida, y no porque ande yo vestido de hawaiano allí todos los días –hace una pausa me mira a los ojos y ríe mientras sigue explicando- no, no, no, esa forma de tratar a la gente, de transmitir las cosas, de aprender de la gente, de cuidarse a sí mismo, y cuidar de los demás.

Su voz se tornó suave, tranquila como si se detuviera el tiempo “independientemente de ayudar a la gente u ofrecerle algo, en definitiva es crecimiento para ti mismo. Para mí ha sido un estilo de vida donde he aprendido a crecer internamente, donde Israel se ha fortalecido desde adentro y entonces eso me da el valor para poder enfrentar las cosas que tenemos a diario”.

Los hawaianos han consolidado esos lazos que siempre han tenido, pero la gente en Kauai si conserva mucho todavía ese espíritu de compañerismo, de ofrecer el hombro para apoyarte, de camaradería, siempre están al pendiente de la comodidad de la gente, de su alimentación y de su tranquilidad entre otras cosas.

-Cuántas veces no nos damos cuenta incluso en nuestra ciudad que tú puedes pasar por una plaza, un pasillo, lo que sea y la gente ni siquiera voltea ¿Por qué? –su rostro se arruga y suavemente levanta los hombros con un gesto de desagrado. Porque van muy ensimismadas en sus cosas, en sus problemas, en sus presiones, en que ya tienen el tiempo recortado, en el trabajo y la población de allá es completamente el lado opuesto.

-No puedo decir: la gente de allá es mejor que la de acá, o que nosotros, finalmente todos somos seres humanos y tenemos características y vivimos bajo diferentes condiciones, pero ellos todavía conservan sus valores.

-Transmitir y compartir, eso creo que es lo más grande que me ha quedado a través de todo este tiempo y lo disfruto mucho.

¿Qué es una experiencia?

-Yo creo que nunca terminas de aprender, y de conocer. Siempre hay cosas que te abren cada vez más la visión, la mente, el criterio y eso me ha ocurrido. Estoy plenamente convencido que no puedes tener una experiencia la cual no eres capaz de interiorizar, de concientizar, porque entonces no es el momento de tener esa experiencia.

-Si tuviera que mencionar una que me haya llenado mucho o que me ¡aaaa dios! (se queda pensando con una cara de sorpresa y emoción al mismo tiempo) creo que puedo mencionar esta última vez que viajé a Hawai.

Su profesor lo llevó a la plataforma de Ha’ena, que es el punto más al norte de la isla de Kauai, es un lugar muy especial para ellos porque se considera el último y único vestigio antropológico de lo que se supone era un Halau de la antigüedad, o sea una escuela de danza antigua.

-“Para todos los profesores que se dedican a la enseñanza y al aprendizaje de la Hula ese lugar es muy especial, para familiarizarse con lo que es suyo, y también para compartir esta parte que es una tradición milenaria, el recuerdo de sus antecesores”.

-Es magnífico estar parado con la montaña detrás, el desfiladero y frente a ti no tienes más que el mar abierto,- sus manos se mueven con fuerza tratando de describir el océano, su rostro se llena de júbilo y no puede contener toda su emoción- ¡es genial! Imagínate en la antigüedad cuando no había más que la naturaleza que lo rodeaba.

Esa experiencia fue increíble por que yo jamás hubiera imaginado haber pisado un espacio que para ellos es súper importante –sus ojos se nublaron de emoción, su acelerado palpitar y el sudor en sus manos proyectaron una felicidad inmensa- para mi fue un gran honor haber podido estar allí como lo han estado muchos otros. Ahí, sentí algo especial”.

Un abrazo cálido dio fin a la larga charla, sonrió -“gracias por escucharme”-, “a ti por compartir esta bella historia. Gracias Isra”.



*Lamentablemente, el 30 de diciembre de 2011 falleció Israel Rosas Páez. En Aunam rendimos, con la publicación de esta entrevista, un sincero homenaje al profesor, pero sobre todo al gran ser humano que dejó parte de su ser en la UNAM a través de la danza.




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9 comentarios:

Anónimo dijo...

Isra, un ejemplo a seguir y una inspiración para todos los que amamos la cultura polinesia. Meke Aloha Pumehana...<3 Lourdes Rodríguez.

Anónimo dijo...

Cada palabra..... me hizo recordar aquellos dias en ke nos daba "un rai" y nos iba platicando historias y anecdotas, asi como lo describen, gesticulando y transportandonos a akellos lugares tan maravillosos ke espero algun dia llegar a conocer, muchas gracias maestro y amigo, no tengo palabras para agradecete eternamente el amor ke me trasmitiste a mi, en lo personal por la hula. ME KE ALOHA PUMEHANA ISRA. Atte. Kalina Rereau

Anónimo dijo...

es horrible haber buscado a alguien por mas de 20 años y cuando lo encuentras esta muerto¡¡ creo que estoy en shock pero asi lo quiso dios....te dije que te amaria por siempre y asi sera hasta el fin de mis dias siempre estaras en mi corazon tenlo por seguro

Anónimo dijo...

Tuve la oportunidad de conocerlo, me transformó en muchos sentidos, ver la pasión cuando bailaba, ver ese amor en sus ojos era sumamente inspirador.

Gracias Isra.

Yadira Rojas

Anónimo dijo...

Hola, muchos me conocieron en su grupo, muchas veces isra me llevaba y lo esperaba hasta q terminara, yo vivi esta ultima etapa con el, sin duda este resumen de su vida, lo puedo resumir en amor, cuando me decia, deja q le cuente esto a los chicos y le entregue lo q les traje y les enseñe todo lo q aprendi, van a estar encantados¡¡¡ siempre pensaba en ustedes como su FAMILIA. GRACIAS POR ESTE RESUMEN DE SU VIDA Y SALUDOS A TODOS

Anónimo dijo...

Quién eres, me gustaría contactarte.

Anónimo dijo...

Quien eres, me gustaría contactarte

Anónimo dijo...

a quien va dirigida tu pregunta de los que han comentado?

Anónimo dijo...

Dame tu correo y me pongo en contacto contigo