viernes, 26 de febrero de 2010

UNAM:SUEÑO VIGENTE


Por Liliana E. Morán Rodríguez
México (Aunam). El sur de la ciudad estaba atascado de carros estacionados en terceras filas, microbuses esperando tomar más pasaje, padres de familia sentados en banquetas y jardineras, comerciantes intentando sacar “su agosto” y aspirantes nerviosos.

Sábado 20 y domingo 21 de febrero 2010 fueron los esperados días del examen 2010 para los aspirantes a las carreras de la Máxima Casa de Estudios. La cita fue en diferentes puntos de la ciudad y en sedes foráneas como Morelos, Yucatán, Morelia y Toluca, entre otras. Una de las sedes en la ciudad de México fue el Colegio México, ubicado en Avenida Acoxpa, cerca del Estadio Azteca.

Era Domingo y el reloj marcaba diez minutos para las siete de la mañana, los aspirantes estaban esperando con ansia entrar a realizar su examen y terminar de una buena vez por todas con aquella pesadilla, la gran mayoría estaba acompañado de sus familiares, amigos y personas más cercanas, algunos otros se sentían acompañados por las últimas llamadas vía celular que les servían de apoyo.

Poco después de que el reloj marcara las siete comenzaron a entrar los chicos y chicas; a simple vista todos parecían muy nerviosos, no dejaban de escuchar instrucciones y de seguirlas como robots, algunos lanzaban sonrisas nerviosas y otros unas miradas perdidas.

Una joven rubia lucía un tanto insegura, rezaba y se repetia frases como “si se puede”, “si no me la sé pongo la C y acertaré”; al verse observada soltó una risa con sonrojo a los espectadores que respondieron con sonrisas. Dos jovencitas mostraban actitudes parecidas, se lograron animar por los gritos de apoyo de sus amigos y familiares que las acompañaban con gran alegría y orgullo. En cambio, la mayoría de los varones intentaba mostrar seguridad y calma.

Los encargados de seguridad del lugar, pertenecientes a la UNAM, lucieron su organización, dieron instrucciones y manejaron todo con tranquilad, despejaron a los microbuseros de áreas cercanas a la entrada y no permitían que nadie se acerca si no era aspirante; también pudieron controlar a los padres de familia que no querían separarse de la puerta.

Ocho de la mañana y todos los formados estaban dentro, aunque no faltaron los que llegan más tarde de lo acordado pero que aún logran pasar por que el inicio estaba programado a las nueve de la mañana.

A las nueve de la mañana se les empezó a poner trabas a quienes llegaban tarde, aunque al final lograban pasar. A esa hora, los aspirantes se encontraban haciendo un examen de 120 reactivos de todas las materias, pero de diferente dificultad, dependiendo del área de estudios deseada.

En menos de una hora, un chico salió del examen y partió aceleradamente. Poco después, a las diez con veinte minutos, la afluencia de aspirantes aumentaba. Se veían tranquilos, algunos sonrientes y otros tantos muy frustrados. Enseguida los familiares corrían a preguntarles “¿Cómo te fue?, no te preocupes todo saldrá bien”, “¿Respondiste todo?”, “¿Por qué tan rápido?”.

Tal es el caso de Irais Amiyali, quien salió tan nerviosa que había olvidado dónde la esperaba su familia. Aunque se le dificultó física, piensa quedarse en la FES Iztacala en la carrera de Medicina; no tomo curso de preparación, pero confía en que aprendió lo necesario en su todavía escuela Tec Milenio.

Claudia Colin, mientras esperaba a una amiga, confeso que desea entrar a la UNAM porque su mamá es egresada de la misma Facultad de Medicina, la misma que ella pidió; confía en que a pesar de venir del Colegio Plan del Carmen, en el Estado de México, podrá quedarse con un lugar.

Una mañana a fría se convirtió en una tarde calurosa, la naturaleza se encargó de que estos chicos pudieran sentir su apoyo y que tarde o temprano lograrían alcanzar ese sueño como Hugo Cesar Alonso, quien terminó la preparatoria abierta y pretende quedarse en Medicina.

Una vendedora de empanadas logró vender toda su canasta en menos de diez minutos, los repartidores de folletería de escuelas y cursos particulares no se cansaban de dar sus bolsas y trípticos. Mientras, decenas de aspirantes ya se encontraban en el camellon de la avenida; estudiaban y veían salir a sus competidores. Eran los de la siguiente ronda.

Aunquie entrarían hasta la una de la tarde, Daniel Peralta Román había llegado muy temprano porque venía de la Técnico Laboratorista de Morelos y supuso que tardaría más en llegar. No quiso correr el riesgo.

Tiene la esperanza de quedarse en Ciudad Universitaria. Desea pertenecer a la Máxima Casa de Estudios por el gran reconocimiento a nivel mundial y su plan de estudios; su compañera, Jessica Ortiz López, se encuentra en la misma situación, aunque ella no tomó el curso del Colegio Nacional de Matemáticas como su amigo.

A las doce del día la gran mayoría había salido del examen y chocaban en la banqueta contra los que esperaban su oportunidad a una prueba que definirá todo. El momento más difícil para estos chicos ya pasó, aunque la presión se mantendrá hasta el día de los resultados.

Es dificil entrar a la Universidad y aunque para algunos se ha convertido en un sueño inalcanzable, lo importante, aseguran, es que la esperanza siga vigente.




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