jueves, 19 de julio de 2018

ILUSTRACIÓN Y FEMINISMO: “¡ES DIVERTIDO Y NADIE ME VA A DECIR CÓMO HACERLO!”

  • “Es un proceso doloroso volver a hablar cuando te silencian”
Texto y fotos: José Manuel Díaz Rico
Ciudad de Mèxico (Aunam). Iurhi Peña Capistrán, una artista gráfica de 28 años, que utiliza los medios de la ilustración como un instrumento para plasmar el movimiento feminista y expresarse de manera independiente, en un mundo cultural poco explorado en México.

Escritorio de trabajo. 

Ha participado en eventos como “DEALER” en Gurú Galería de la Ciudad de México (CDMX) y fue ponente de charla en “Auto editoras: Un vistazo al feminismo fanzinero” realizado en la Librería Jaime García Terrés de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Iurhi Peña realizó su primera exposición individual llamada FUERA DE CASA en el 77 Centro Cultural Autogestivo del Foro Shakespeare, ubicado en la Ciudad de México y es profesora de Dibujo, en la Escuela Nacional Preparatoria número nueve de la UNAM.

Cabello corto y anteojos gruesos, camisa blanca con la leyenda “Descarnada” que deja ver sus tatuajes en los brazos y una falda con medias negras, Iurhi Peña se quitó los zapatos y se sentó en el sillón en posición de loto, su pose refleja seguridad, pero su forma de hablar apresurada hacía notar su nerviosismo por la situación.


Es domingo a mediodía en la Ciudad de México, en un zaguán negro seguido por un angosto pasillo que continua hasta la puerta de su hogar, ya dentro, un escritorio lleno de hojas con dibujos, una computadora con bocinas y detrás se ve la ilustración en un cuadro de su primera exposición individual. Ese es el lugar donde plasma sus ideas mediante dibujos.

Un encuentro con música de fondo

Iurhi Peña. 

Una lista de reproducción de rock alternativo se escuchaba de fondo en las bocinas de su escritorio, “si quieres quitamos la música” preguntó, pero las canciones eran tranquilas y aportaban serenidad al ambiente, así que las dejó para comenzar a hablar de su niñez.

“Era súper nerdita, sacaba puro diez en la escuela, mis papás me cuidaban mucho, me gustaba leer y dibujar, pero era muy introvertida y todo me daba pena”; Peña comienza a relatar, con una sonrisa dibujada en el rostro y una voz alegre.

“Mi mamá tuvo una vida muy difícil, fue obrera un tiempo en una maquila, y era muy aprensiva, todavía lo es, si yo quería ir a jugar en la tierra ella no me dejaba, actuaba muy protectora pero muy linda a la vez. En ese momento no entendía el porqué era así, pero después me di cuenta de que le pasaron cosas muy feas”.

Después Iurhi Peña habló sobre su papá, quien con ella era algo distante “pero, a su modo, protegía a la familia, él no se involucraba en el rollo emocional, pero por cualquier cosa siempre estaba echando el ojo”. Se escucha su voz melancólica y su mirada divaga un momento.

Su anécdota continúa hasta su carrera profesional y su estancia en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM.

“Mi experiencia en la FAD fue muy chida y un poco frustrante, hay gente que está intentando hacerla una buena escuela, pero también está atrapada en una burocracia terrible que evita que los alumnos desarrollen su potencial”.

La artista plàstica habló sobre sus experiencias en la FAD, para ella tuvo grandes maestros, pero también algunos que evitaban que se desarrollará o que criticará algunas cosas, “hacen que te sientas tímido, te hacen dudar. A mí me pasó, me hicieron dudar de mis proyectos y cuando yo sentía que era algo chido, a ellos no les gustaba”.

Para ella, es bueno que en la FAD no haya una selección de artistas, porque “no se fijan si vienes de un linaje del arte, permiten que haya relaciones más interesantes y que gente como yo se acerque, porque yo no tenía ningún tipo de antecedente en el arte y no me imagino estando en otra escuela”.

Ilustración, fanzine y feminismo

Hay una pausa, ya había terminado de hablar sobre su escuela y esperaba el siguiente tema, un momento donde las palabras aguardaban el disparo de arranque, que fue la anécdota sobre su primer contacto con el mundo de la ilustración y el feminismo.

“El primer contacto que tuve con la ilustración creo que fue una vez en el museo Carrillo Gil, en una exposición de libros independientes donde conocí a Ediciones ¡Joc Doc! Esa fue la primera vez que tomé en serio la ilustración”.

Cuenta que en la escuela le prohibían mucho que hiciera cosas ilustrativas, “me costó mucho trabajo porque siempre quise hacer cosas narrativas, pero no lo pude llevar a cabo más que con la ilustración”. Esta vez no lo piensa, sus ojos se encienden con un destello de emoción.

“El primer fanzine que hice fue en un colectivo, donde no quería limitarme y después de eso me junté con una amiga porque queríamos hacer un colectivo de consignas feministas, las dos nos pusimos a dibujar, íbamos a marchas y los regalábamos, porque es algo que nos interesa comunicar y dispersar para que la gente lo sepa ¡Porque es divertido y nadie me va a decir cómo hacerlo!”.

Iurhi Peña cuenta que cuando estaba en la prepa la invitaron a un círculo de estudio feminista, “antes solo tenía las referencias de la cultura pop, fue ahí donde me hicieron reflexionar preguntas como el ¿por qué la mujer se debe de encargar de los quehaceres de la casa? y ¿por qué las mujeres no ocupan puestos políticos?”.

Para ella las palabras que escucho en ese círculo feminista marcaron “un despertar al darme cuenta, que son un buen de cosas que yo también vivo y nunca había notado. Es cuando entiendes cómo funciona una injusticia y dices no mames, no quiero ser parte de esto”.

“Fanzine y maneki-neko”. 

Lirhi Peña dice que no se involucra en las asambleas, porque siempre le ha dado flojera, “soy una persona que se aburre fácilmente, entonces no me gustan esas reuniones como de cinco mil horas, más bien participo a través del dibujo, me gusta ir a las marchas y utilizar los medios gráficos”.

Ella cuenta que está muy feliz, porque las chavas del movimiento están trabajando en diversos proyectos, gracias a la cantidad de información que se tiene de toda la violencia que suceden en el país.

De repente se borra la expresión alegre del rostro de Iurhi Peña y la reemplaza un sentimiento de enojo y preocupación, que sale de sus labios al hablar de los feminicidios.

Con los feminicidios de Lesvy Berlín (ocurrido en el campus de la UNAM el día tres de mayo del 2017), o con el de Mara Castilla (que ocurrió el día ocho de septiembre del 2017 en el Estado de Puebla) sigue habiendo una respuesta muy grande, entonces, ella hace más visible su arte por las redes sociales.

“Saber que son cosas que pasan todos los días te hacen sentir una impotencia, no estás segura nunca y no sabes cuándo te va a tocar, al estar trabajando estas consiente siempre de todo eso y te debilita emocionalmente”.

El machismo: “veinte weyes y una morra”

¿Has sufrido algún acto machista hacia tu persona?

“Ahora que doy clases, a los niños les cuesta trabajo hacerme caso porque soy una morra y me veo más chica, los maestros también me tratan con condescendencia porque soy joven; en la calle siempre me gritan, me han agarrado en el metro, en fiestas llega un wey que se le hace fácil y te manosea, cosas así”.

Iurhi Peña percibe que en las artes visuales siempre son hombres que organizan los eventos. “Sólo invitan a una chava para darle algo curioso, los line ups de eventos de arte contemporáneo siempre son de veinte weyes y una morra. Siempre prefieren a la chava de porte europeo para obtener algún beneficio, cuando algo así me pasa siempre trato de hablarlo, decirlo y señalarlo” expresó.

Proyectos

         Ilustración de Iurhi Peña para la exposición ‘Fuera de casa’.

“Justo ahora estoy trabajando en Tania la Rockera, que lo voy a sacar con Rodrigo Téllez en Ediciones Hungría, vamos a publicar un capitulo para Paper Works, es un proyecto que me gusta mucho y espero que salga exactamente como lo tengo en la cabeza, está planeado para que salga a principios del siguiente año, como en enero o febrero”.

Iurhi Peña cuenta que su proyecto de Art Babis, es un reflejo del proceso que tiene que pasar un estudiante de arte en México. Es la historia de una morra que estudia artes visuales y se enfrenta con el mundo del arte en México, es una ficción que muestra las cosas jodidas que he visto, que me han pasado y que le han pasado a la gente de mi alrededor, ese probablemente salga hasta finales del otro año”.

Peña menciona que cuando termine esos proyectos, terminará un ciclo en su vida “Creo que cuando acabe esos dos voy a morir, habré terminado lo que vine a hacer a este mundo. Intento empujarme para hacer nuevas cosas y ser más comprometida con mi trabajo”.

Para la artista “en este medio, las chavas siempre son representadas con figuras perfectas, yo intento mostrar lo feo y raro que es el cuerpo naturalmente, donde la violencia siempre está presente porque es un proceso doloroso volver a hablar cuando te silencian. Esa es la realidad”.

Ilustración de Iurhi Peña, en http://iurhipena.tumblr.com 





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CONQUISTA SELECCIÓN MEXICANA DE BALONCESTO A MORELIANOS

Morelia, Michoacán (Aunam). El Campamento Internacional de la Selección Mexicana de Baloncesto llegó a Morelia, Michoacán, para desarrollar varias actividades, la mayoría abiertas al público, como preparación rumbo al Mundial de Basquetbol de China 2019 y los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018, del 19 de julio al 3 de agosto en Barranquilla, Colombia.


La gira, que comenzó el lunes 16 de julio, recibió hoy jueves 19 la bienvenida oficial en el Palacio de Gobierno, donde el jefe del Ejecutivo estatal, Silvano Aureoles, los exhortó a continuar, pues "para el estado es muy importante darles la bienvenida como seleccionados nacionales, porque a través de ustedes los niños y jóvenes se motivan para practicar deporte”.

Los llamados “12 Guerreros” asistirán el viernes 20 a un homenaje al basquetbolista nayarita Gustavo Ayón y visitarán el Hospital Infantil “Eva Samano de López Mateos”.

Este campamento terminará con un partido de la selección nacional contra un equipo de estrellas estadounidenses.

Tras el acto oficial, los seleccionados nacionales realizaron un recorrido por las principales calles de la capital michoacana abordo de un autobús turístico, donde recibieron el apoyo de la ciudadanía que los acompañó en todo momento con música y muestras de apoyo.

El enfrentamiento entre la selección nacional y USA All Star se celebrará el próximo miércoles 25, a las 20 horas en el Auditorio de la Universidad Michoacana San Nicolás de Hidalgo.




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MARCO ANTONIO ZARAGOZA CAMPILLO, UN DESCENDIENTE DE FILÍPIDES EN MÉXICO

  • Las hazañas de un mexicano emulan al legendario hemeródromo griego.
Texto: José Luis Ruperto Mateos y Natalia Antonia Castrejón Castillo
Fotografías: Natalia Castrejón
Ciudad de Mèxico (Aunam). Más allá de los 42.195 kilómetros de la maratón, hay una modalidad de carreras en donde se cubren distancias consideradas sobrehumanas, que pueden ir de los 100 hasta los cuatro mil kilómetros o más, es la: ultramaratón. Esta disciplina también es conocida como ultradistancia o ultrarunning y quienes la practican pueden pasar largos periodos de tiempo corriendo sin descanso.


Podría parecer difícil creer que un ser humano puede correr más de 100 kilómetros sin parar, pero es posible, así lo demuestran los ultramaratonistas quienes además de correr grandes distancias, también se preparan para librar las inclemencias del clima y los terrenos agrestes. Después de ver las hazañas de estos deportistas, la primera pregunta que surge: ¿Cuáles son los límites físicos del ser humano?

Antecedentes

Hace aproximadamente dos mil 500 años, el deporte y las carreras de fondo en Grecia tenían una gran importancia, como parte de la educación de sus ciudadanos. Incluso, se practicaba la carrera de hoplitas, en la que los soldados recorrían un trayecto con espada, escudo, casco, coraza y lanza. Los mejores pasaban a ser parte del cuerpo de hemeródromos, quiénes eran mensajeros en tiempos de guerra y paz.

Filípides fue uno de sus integrantes más legendarios, pues se dice, recorrió el trayecto de la llanura de Maratón (en donde se libraba una guerra) a Atenas, para informar sobre la victoria ateniense sobre los persas. Pero su verdadera hazaña fue cubrir 246 kilómetros en una ruta de Maratón-Esparta-Maratón. De esta manera dejó el antecedente del ultramaratón.

Un hemeródromo mexicano

Hoy en día México ha visto surgir a un corredor que evoca al legendario soldado: Marco Antonio Zaragoza Campillo, poseedor del récord nacional de ultradistancia en 48 horas, modalidad en donde se recorre la mayor cantidad de kilómetros posible en el tiempo indicado.

Él ha formado parte del selecto grupo de atletas que son admitidos para participar en el Spartathlon, y ha representado a México en el Campeonato Mundial de Ultradistancia. Ciencia y deporte se fusionan en Marco Antonio, pues además de ser estudiante en el Posgrado de Ciencias Bioquímicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), también es académico en la Facultad de Ciencias, de la misma universidad.

Una soleada tarde frente al Museo Universitario de Arte Contemporáneo enmarca la entrevista a Marco Zaragoza. El ultracorredor luce una mochila deportiva con el emblema de Deportes UNAM, que pareciera ser una reminiscencia al escudo que portó el soldado Filípides durante su recorrido de más de 200 kilómetros. Se pone cómodo y comienza a relatar su “carrera por la vida”.

"El deporte nunca figuró en mi vida"

Marco Antonio Zaragoza creció en Chalco, Estado de México, en un ambiente humilde. Siempre tuvo inquietud por la ciencia y se hacía preguntas como: ¿por qué cae un rayo? o ¿por qué los árboles son verdes?, interrogantes infantiles, pero a fin de cuentas complejas de resolver. Su interés quedó escondido, hasta la preparatoria, pues no se sentía con la libertad de expresarlo; su madre deseaba que fuera abogado.

Su etapa en la secundaria transcurrió entre mítines, retenes, faltas y disputas de sus profesores por obtener más salones, "todo parecía importante menos estudiar", afirma. Además, la biblioteca de su escuela era en realidad un cuarto que siempre estaba cerrado y solo desde afuera podían verse los libros.

Para Zaragoza Campillo, las tareas que le dejaban en la escuela eran fáciles, como de trámite. Lo interesante para él era leer y aprender por su cuenta de los libros que compraba. En esta época, el ahora ultramaratonista, sólo jugaba fútbol de forma esporádica, porque en su formación el deporte no figuraba como una prioridad. Incluso hoy en día, es el único deportista de su familia.

UNAM, una puerta de entrada al conocimiento

Marco Zaragoza tiene una mentalidad resiliente: cuando le dicen que algo es imposible, hay algo en él que lo lleva a encarar el desafío, a comprobar si en verdad eso es algo irrealizable. Ese deseo desafiante lo llevó a querer ingresar a uno de los bachilleratos de la UNAM, tras largas horas de estudio, logró ingresar al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Plantel Oriente.

No ver limitaciones de ningún tipo le permitió a Marco Zaragoza ingresar a la UNAM y encaminarse a la ciencia y el deporte. Fotografía: Natalia Castrejón

Pasó el examen y obtuvo uno de los puntajes más altos, lo presumieron en la secundaria, como el único alumno que había ingresado a la Máxima Casa de Estudios. Convertirse en universitario, no solo le permitió evitar el gasto de un uniforme y tener la escuela cerca; su vida, en realidad cambió, pues sus capacidades se vieron potenciadas. Entrar ahí representó un mundo diferente, en especial cuando conoció la biblioteca.

Zaragoza Campillo la concibió como "el mundo de los libros". Recuerda que el primer pensamiento que tuvo fue: "¿Cuánto tiempo debería tener para leer todos los libros, sí me tardo tres días en leer cada uno?". Entre las risas que evocan sus inicios como universitario, el corredor cuenta que sus cálculos lo llevaron a darse cuenta, que no le alcanzaría la vida para concluirlos.

No obstante, Marco Zaragoza entró al CCH con la intención de estudiar Derecho. "Mi mamá quería que fuera abogado, por el simple hecho de que, ‘si eres abogado vas a ser importante’", recuerda. Ese deseo materno lo siguió hasta su último año de bachillerato, en que tomó optativas como latín y derecho, asignaturas en donde se moría del aburrimiento.

"¿Esto es lo que va a seguir en mi vida?", se cuestionaba. Él no se visualizaba estudiando la Constitución Mexicana y libros de Ciencias Sociales. Estas reflexiones guiaron a Zaragoza Campillo a elegir la licenciatura en Física, en la Facultad de Ciencias: estuvo dispuesto a enfrentarse a las dificultades y probable sufrimiento que esta disciplina demandara.

La decisión era retadora, en parte porque el ahora multimaratonista no había cursado materias del área de las Ciencias Físico Matemáticas y de las Ingenierías, por lo que tomó cuatro cursos relámpago de las asignaturas que iba a cursar en los primeros semestres de la carrera. "Me la pasaba estudie y estudie" cuenta.

¿Cómo llegó el ultramaratón a la vida de Marco Zaragoza?

Cabe destacar que en la vida del mexicano hubo dos hechos que precedieron su gusto por el ultrarunning. El primero de ellos ocurrió durante su etapa de estudios de nivel medio superior; en una ocasión olvidó llevar dinero para pagar su transporte de regreso. Por ello, tuvo que caminar desde su bachillerato, ubicado en la Delegación Iztapalapa, hasta su casa en el municipio de Chalco, Estado de México. El trayecto le tomó cinco horas.

El segundo ocurrió cuando empezaba a correr por motivos de salud. Él tenía un amigo que habitualmente corría y se encontraba en preparación para participar en un medio maratón. En una ocasión, Marco Zaragoza lo acompañó en un entrenamiento de 13 kilómetros en el circuito de Ciudad Universitaria.

Para sorpresa de ambos, sin experiencia previa, Zaragoza le sostuvo el paso durante todo el recorrido, y así fue como de forma gradual, subieron la distancia de sus sesiones de preparación a 15 kilómetros (km), después a 18 km y en menos de un mes ya corrían 21 km.

El momento en que Marco ya terminaba 30 kilómetros, coincidió con el ofrecimiento que le hicieron de una inscripción al Maratón Internacional de la Ciudad de México. Accedió a inscribirse y así fue como corrió su primer maratón.

Sus labores en el ámbito académico las ha compaginado con su trayectoria deportiva. Para poder desempeñarse bien, tanto en los ultramaratones como en la academia, él afirma que: "La clave es ser inteligente en el entrenamiento". Marco Zaragoza se enfoca en trabajar durante sus entrenamientos, la adquisición de resistencia, para soportar las cargas de distancias por arriba de los 100 kilómetros.

Aunque, en la actualidad, un centenar de kilómetros es una distancia que maneja muy bien y disfruta, para llegar a esa distancia, pasó por un proceso gradual en el que comenzó por correr 50 kilómetros, pero acumulados a la semana. Después, de forma paulatina fue incrementando las distancias de sus recorridos.

La resistencia física, puesta a prueba en Guachochi



El también físico tuvo su primer contacto con el mundo de la ultradistancia cuando participó en el Ultramaratón de los Cañones, que se realiza año con año en Guachochi, Chihuahua, México. Dicho evento, ofrece a los participantes dos recorridos: uno de 63 kilómetros (km) y el más famoso de 100 km. Marco se inscribió al de menor distancia, pero por "azares del destino" se dio cuenta de que podía soportar más.

Cabe destacar que, la ruta de dicha carrera se caracteriza por internarse en la Sinforosa que popularmente es conocida como “La Reina de las Barrancas”, en donde los corredores cubren 35 kilómetros de la ruta a un desnivel de mil 450 metros sobre el nivel del mar, aunado a ello, en dicha parte del trayecto la temperatura puede llegar a rebasar los 40 grados centígrados.

Pese a lo arduo del recorrido, Zaragoza llegó a la meta de los 63 kilómetros y se dio cuenta de que, para cubrir los 100 kilómetros, sólo debía completar de nuevo, el trayecto del punto conocido como el puente colgante al centro de Guachochi.

Entonces visualizó 40 kilómetros más y se decidió a ir por la distancia más larga; sin planearlo logró concluir el recorrido, en malas condiciones físicas, pero pensó una cosa: "Esto es lo que quiero hacer”.

Desde ese momento, Zaragoza comenzó a buscar carreras de un centenar de kilómetros en México; así averiguó que en territorio nacional se realizaban eventos como: el Selectivo Silvia Adondi, el Ultramaratón de León, El Circuito solo para salvajes, entre otros.

Luego de adentrarse más en el ámbito de las distancias por arriba de los 100 kilómetros, se dio cuenta de que los eventos realizados en territorio mexicano tan sólo representaban una pequeña parte de todas las posibilidades: existían ultramaratones en otras partes del mundo. "Descubres que estás en una burbuja y que lo que pasa en México, es solo un cachito", comenta al respecto.

Además, supo que también había carreras de 24 horas, 48 horas e incluso carreras extremas como las 100 millas, que se realizan en el Monte Everest y el Ultramaratón de los Cuatro Desiertos. "¡Wow!, ¿a poco eso existe?", fue la reacción del ultramaratonista, al saber que se realizaban esas competiciones y que había corredores que tenían la condición física para terminarlas.

Ante el contexto mundial Marco firme y sin miedo

La primera oportunidad que tuvo Zaragoza Campillo para representar a México en el extranjero fue en el Campeonato Mundial de Ultradistancia, que se realizó en julio de 2017 en Belfast, Irlanda del Norte. El universitario acabó en la posición número 77 y logró romper el récord mexicano de 24 horas con 208 punto nueve kilómetros recorridos.

La hazaña que comenzó a las doce del día implicó sortear cambios de clima muy abruptos y constantes cambios de ritmo. Entre los obstáculos que se le presentaron, estuvieron el calor, la intensa lluvia, la oscura noche y el terrible frío que trajo consigo, algo que no había experimentado antes en tal magnitud, pero el rival más duro e imprevisto fue el sueño.

Una somnolencia aplastante, que nunca había experimentado apareció a las dos de la mañana; su cuerpo empezó a resentir el largo kilometraje que llevaba recorrido. Durante dos horas terribles, Zaragoza Campillo luchó contra el sueño pellizcándose, tomando café, echándose, de manera brusca, agua en la cara.

El ultramaratonista sabía que estaba retrasado, sus cálculos proyectaban que ya no alcanzaría a superar el récord mexicano de 24 horas, pero no se rindió, su recuperación llegó con los primeros rayos del sol, motivado y determinado aumentó su ritmo, siguió. Tras 20 horas corriendo, decidió correr a un ritmo suicida de cuatro minutos y medio, por kilómetro, que le permitió batir el récord nacional, el objetivo que se había planteado.

Durante esa carrera entendió lo que Yiannis Kouros decía: “te vuelves ultramaratonista, en el momento en que tu cuerpo ya no responde y la mente te tiene que llevar”. Cabe señalar que entre la iniciación de Marco en las carreras y su primer Mundial de ultradistancia, tan solo transcurrieron dos años.

Poco menos de tres meses después de su proeza en Belfast, se dio el segundo hito en la trayectoria deportiva de Zaragoza Campillo: participó en el considerado mejor ultramaratón del mundo, el Spartathlon, en Grecia, en el que se corren 246 kilómetros sin parar de Atenas a Esparta, a través de Eléusis, Megara y Cineta, hacia Corinto en honor a Filípides.

"Solo van los mejores del mundo", expuso el atleta a funcionarios de Deportes UNAM para ser apoyado, quienes evaluaron el proyecto, se interesaron y le proporcionaron el apoyo. Dicha competencia sólo admite a algunos corredores de todo el orbe y Marco Zaragoza logró su admisión luego de presentar los requisitos solicitados por el comité organizador de la afamada carrera griega.

Sin dudarlo le brindaron el apoyo, porque les impactó que un alumno de posgrado de la UNAM participara en ese tipo de competencias. "Lo que tal vez costó un poco al principio fue que, la ultramaratón apenas está teniendo fuerza en México, entonces es muy difícil convencer a alguien de que correr 100 kilómetros no es tan difícil", relata.

Llegado el día de la competencia, comenzó el desafío a los pies de la Acrópolis de Atenas junto a corredores de todo el mundo. Lo más complicado de la ruta fue en el kilómetro 200, en donde había un segmento con bajadas. "No sabes lo que es cuando ya llevas más de 200 kilómetros en las piernas y que te pongan a correr de bajada, ahí si sientes que se te están desprendiendo las piernas", relata. Ante la rigurosidad de la carrera Marco Zaragoza se sobrepuso y logró concluirla. Al llegar a la meta, festejó como todos los demás finalistas a los pies de la estatua de Filípides.

El ultramaratonista, frente a la estatua de Filípides en Esparta, Grecia, tras finalizar el Spartathlon 2017. Fotografía: Perfil de facebook de Marco Antonio Zaragoza

Se le puede llamar el Filípides mexicano, pues este año emprendió una ambiciosa gira por Sudamérica, en una semana recorrió alrededor de 474 kilómetros. Para dimensionar su hazaña, esa es la misma distancia de Guanajuato a Acapulco.

Fue en el evento "48 horas Internacionales Uruguay Natural”, en Montevideo, en el que Marco Zaragoza terminó en segundo lugar de la carrera y en la que corrió sin parar 314 punto ocho kilómetros, con lo cual reemplazó el récord que la mexicana Silvia Andoni había impuesto en 1993, al correr 271 kilómetros. A solo cinco días de batir la mejor marca mexicana de 48 horas ya estaba listo para participar en las 24 horas del "Ultramaratón Internacional de Termas de Río Hondo, Santiago del Estero" en Argentina, donde cubrió 159 kilómetros.

La determinación de Marco le llevó a superar las carencias de apoyo técnico y obtener el segundo lugar en las 48 Horas Internacionales Uruguay Natural. En dicho evento también logró romper el récord mexicano de ultramaratón 48 horas. Fotografía: Perfil de facebook de Marco Antonio Zaragoza

"La clave es arriesgarte"

¿Cómo hacer posibles estas hazañas, correr distancias que parecen sobrehumanas?, Marco Zaragoza lo revela: "La clave es arriesgarte (...) porque siempre que algo implica riesgo puedes ganar o puedes perder, es lo interesante de eso”. El universitario señala que estar convencido y motivado es necesario para alcanzar logros grandes.

Ahora lo que lo alienta a sumar kilómetros es participar en "La Real Ruta de Filípides", que comprende 490 kilómetros de trecho. "Sé que es un proceso, en el cual, debo de tener entrenamientos y competencias que me ayuden a conseguir ese objetivo", dice. En este entrenamiento él disfruta de correr en circuitos o como ocurrió en Uruguay: pistas de atletismo.

Muchas personas le han preguntado porque le gusta competir en circuitos, si es “tedioso” o no tiene las mismas vistas que una carrera de trail (las cuáles se llevan a cabo en montañas), a lo que él responde: "Como decía Yiannis Kouros, ‘la esencia de estar haciendo eso, es que estas corriendo’", por ello, no importa si tiene que dar varias vueltas a una pista de 400 metros o a un circuito de un kilómetro.

Por el momento Marco Zaragoza no tiene ningún tipo de patrocinio, a excepción de la ayuda que le ha brindado la UNAM. En cambio, otros ultramaratonistas reciben el apoyo de grandes marcas comerciales, como el estadounidense Dean Karnazes, quien es patrocinado por la empresa de bebidas energéticas Powerade.

Dentro de los apoyos brindados por la empresa al estadounidense, además de hidratación, estuvo llevarlo en el año 2013 a Chihuahua para participar en el Ultramaratón de los Cañones. El atleta también es auspiciado por North Face, marca que provee a Dean con la mejor de su tecnología en prendas deportivas para cualquier tipo de clima.

De manera similar, Pete Kostelnick, ganador del ultramaratón Badwater, recibe el patrocinio de Hoka, marca de calzado deportivo, cuyos tenis en promedio cuestan 130 dólares. En contraste, Zaragoza ha tenido que conseguir apoyos por cuenta propia y en los eventos en los que ha corrido ha tenido que ser autosuficiente, pues tampoco cuenta con entrenador, masajista o nutriólogo.

Para el deportista conseguir patrocinios ha sido difícil, porque la disciplina que practica es poco difundida y practicada en México. Incluso cuando estaba por participar en el Campeonato Mundial de Ultradistancia y en busca de algún auspicio se tuvo que enfrentar a preguntas como: "¿y eso qué es?, ¿qué es la ultradistancia?, ¿vas a ir a ganar?, ¿vas a traer la medalla de oro?”.

Pese a las dudas y a la poca tradición del ultramaratón en México, Marco ha marcado la pauta para que los corredores mexicanos comiencen a practicar esta modalidad del atletismo y ha hecho que el nombre de su país comience a sonar dentro de las 75 federaciones miembros de la IAU (International Association of Ultrarunners), organismo que se encarga de regular las carreras de ultradistancia a nivel mundial.

En su momento Filípides corría para hacer mensajes sobre las victorias o devenires de los tiempos de guerra y paz. Hoy Marco Zaragoza junto a los corredores que osan correr más de los 42.195 kilómetros del maratón, nos transmiten el mensaje de que no hay limitaciones en ningún sentido e intentar hacer lo que parece imposible, antes de calificarlo como irrealizable. Ellos son los hemeródromos modernos.

La determinación de Marco le llevó a superar las carencias de apoyo técnico y obtener el segundo lugar en las 48 Horas Internacionales Uruguay Natural. En dicho evento también logró romper el récord mexicano de ultramaratón 48 horas. Fotografía: Perfil de Facebook de Marco Antonio Zaragoza



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lunes, 16 de julio de 2018

JUGUETES POPULARES, UNA TRADICIÓN AMENAZADA POR LA TECNOLOGÍA

  • Los niños han sustituido con tabletas y teléfonos, una parte importante de la identidad mexicana
Por: Norma Clarissa Sibaja Pérez
Ciudad de México (Auhnam). Salvador Orozco Zaragoza es uno de los cientos de artesanos mexiquenses, que se dedican a confeccionar juguetes tradicionales mexicanos de madera y, al llevar más de 38 años dedicándose a ese oficio, es pionero de esta tradición en Coyoacán.

Muñecas, raquetas, trenecitos y resorteras son algunos juguetes que ofrece Salvador Orozco en su local ubicado en el Bazar Artesanal Mexicano

El artesano expresó su preocupación respecto a que los niños han perdido el goce y la costumbre de entretenerse con juguetes mexicanos, pues ahora con el auge de las nuevas tecnologías digitales, han sustituido el uso de sus juguetes por herramientas digitales, como los teléfonos o las tabletas.

Externó su disgusto por la manera en la que los padres contemporáneos crían a sus hijos, pues para hacer que aquellos se mantengan tranquilos, les prestan de manera desobligada aparatos electrónicos, que propician una falta de aprecio hacia otras formas de entretenimiento, las cuales no implican estar detrás de una pantalla.

Sostuvo que el uso de los teléfonos ha provocado que los pequeños estén expuestos a una cantidad de información que no está regulada, por lo que le resulta alarmante que puedan acceder a contenido pornográfico o relacionado con la violencia: “Ya a los diez años, ven cosas triple equis. ¿Quién tiene la culpa? Ni modo que el niño, sino el papá porque le compra esas porquerías”.

Así, aseguró que se debe de fomentar que los menores sigan jugando con aquellas piezas tradicionales pues, además de preservar la tradición mexicana, con su identidad, propicia que desarrollen nuevas habilidades y su capacidad de imaginación.

Sin embargo, no todo está perdido. Salvador Orozco puntualizó que, aunque los adultos y extranjeros son los que suelen comprarle más, los infantes no dejan de visitar su puesto, porque los colores vivos y las figuras alegres les llaman la atención. Así, algunos les siguen pidiendo a sus papás que les compren carritos, aviones, raquetas y luchadores.

“Supongo que unos los compran por la nostalgia, y otros porque son llamativos. Además, nuestras artesanías son muy baratas a comparación de lo que venden en el mercado”, reflexionó sobre el hecho de que sus ventas aún se han mantenido pese a la nueva moda de adquirir dispositivos electrónicos como nueva forma de diversión y esparcimiento.

La introducción de la venta de productos chinos que se igualan o acercan a los precios de sus artesanías, no representa amenaza para él, pues le gusta hacerles frente demostrando que la cultura mexicana es más trabajadora y fabrica cosas más bonitas.

Quiroga, municipio del norte de Michoacán y lugar natal de Salvador Orozco, es uno de los espacios de más envergadura, en donde los artesanos trabajan con madera para dar vida a las coloridas y representativas figuras populares mexicanas.

Salvador Orozco, aseguró que al provenir de un pueblo de donde las personas fabrican y venden su trabajo de primera mano, la verdadera competencia se halla en México. Mencionó que, al basarse en un mismo modelo para la elaboración de sus juguetes, sus piezas no son las únicas.

Por lo tanto, lo que los artesanos deben de hacer es superar la calidad del trabajo de los demás y destacar en las ventas. “Nosotros nos parecemos a los cangrejos. Los mexicanos queremos sobresalir, y a quien quiera destacar, así como cangrejos, los bajamos. La verdad estamos mal”, manifestó, tras haber mencionado que también algunos dueños de los locales del bazar lo envidian porque vende toda su mercancía.

El artífice refirió que intentar comercializar sus productos en tiendas departamentales o algunos puestos de las ferias no le parece rentable porque les cobrarían el local y luego, de manera inevitable, la preferencia de los consumidores mexicanos se inclinaría por lo extranjero, lo que representaría pérdidas para su negocio.

Otra razón por la cual considera que los juguetes tradicionales no deben de ser patentados por una marca específica, es porque eso provocaría que se perdiera la tradición mexicana de ir a un puesto en un mercado o bazar para adquirirlos, cuestión que forma parte de nuestra identidad.

El local de Salvador Orozco se encuentra ubicado a lado de la salida del Sanborns en el Bazar Artesanal Mexicano, en el centro de Coyoacán. Los coloridos trompos, guitarras, caballitos, trenecitos y baleros, llevan sello de una tradición familiar que proviene desde sus abuelos, la cual también ha heredado a sus hijos, quienes en la actualidad, han comenzado a vender sus piezas en Dubái.






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VIOLENCIA DE GÉNERO: FACTOR INCIDENTE EN EL FEMINICIDIO

  • La enseñanza de los roles de masculinidad también influye
  • La educación es la causa del crimen y también puede ayudar a erradicarlo
Por Norma Sibaja Pérez
Ciudad de México /Aunam). “La violencia de género en la sociedad y, por tanto, la educación son factores que inciden en el feminicidio”, afirmó el doctor Jesús Santiago Reza Casahonda, médico que pertenece al Programa de Estudios de Género y Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


De acuerdo con el Código Penal Federal, comete el delito feminicidio, quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Por ejemplo, cuando haya existido entre el homicida y la víctima una relación afectiva, sentimental o de confianza; la víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo, o su cuerpo sea exhibido en algún lugar público; entre otros factores.

Así, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares del 2016 que el 66 punto uno por ciento de las mujeres mexicanas, mayores de 15 años, han sufrido en algún momento de sus vidas agresiones de índole sexual, física, laboral y emocional.

Ericka Andrea Rodríguez Velázquez, licenciada en Ciencias de la Comunicación, con posgrado en Filosofía y profesora de Introducción al pensamiento social y político moderno en la UNAM; refirió que México es un país con una enorme desigualdad, no solamente económica, ni en la educación, sino también en el aspecto del género y lo social.

La comunicóloga manifestó que las mujeres transitan en diferentes escenarios, en los que son vulneradas y donde la violencia hacia ellas es normalizada. En dichos ambientes está incluida: Su propia casa, donde experimenta violencia de género por parte de su padre y de su madre; así como en el ámbito laboral y escolar.

Así, al asignarle a la mujer el rol de que debe de servirle al hombre, que no puede vestirse libremente ni ir a fiestas, que debe de estar “guardada” en su casa a determinadas horas, son manifestaciones violentas hacia ella. Al respecto, el doctor Reza expuso que también lo es establecer, qué carreras son exclusivas para hombres y rechazar a las mujeres que las estudien; y sobre todo el comportamiento agresivo en las relaciones de noviazgo.

“Cuando pensamos en violencia pensamos forzosamente en golpes. Pero también son el pellizquito, los celos, insultos. Así, incrementan las agresiones y los hombres y las mujeres se acostumbran a que así deben de ser las cosas” agregó que esto implica otro tipo de feminicidio: matar algo de ellas, hacerles sentir que no valen nada, aunque sigan con vida.

La educación como causa y como promesa del cambio


Tanto Ericka Rodríguez como Jesús Reza coincidieron en que la educación incide en la violencia de género y el feminicidio: por un lado, a partir de ella las personas aprenden valores y comportamientos, que transgreden en la integridad física y mental de la mujer, y a su vez, puede ser el factor que los minimice.

El especialista en género opinó que la educación es determinante. Las instituciones educativas y familiares deben de estar permeadas con perspectiva de género. Es decir, cambiar la forma en la que las personas conciben el ser mujer y ser hombre.

Refirió que los hombres y mujeres deben de ser feministas: los primeros, para dar cuenta de las diferencias que tienen en su ser para fomentar la equidad; y las segundas, con el fin de empoderarlas.

Por otro lado, aseguró que el uso del lenguaje debe ser modificado y enseñado de distintas formas en las escuelas y desde casa. Este, al establecer que el genérico es masculino, inmediatamente invisibiliza a la mujer; lo cual obliga a que de manera colectiva la consideren menos importante.

El doctor Reza advirtió que el uso del término “conquistar” para referirse a la acción que realizan los hombres para acortejar a una mujer, implica ganar y apropiarse de un territorio, a través de la fuerza y el poder; y, por tanto, “esta violencia nos llevaría a decir: la mujer no tiene valor, no existe sin un hombre. Entonces, ¿por qué no la puedo matar si no vale nada?”.

“Aunque la Real Academia Española, diga que en términos gramaticales es incorrecto, es importante en término de hacer los cambios sociales. Cuando nosotros hablamos de niños y niñas, o de hombre y mujer, estamos dándole un significado a cada uno de ellos y su existencia. El lenguaje es trascendental para que las cosas existan”.

La académica Ericka Rodríguez aseguró que la educación es parte de la verdadera estrategia para erradicar el problema. La familia y la escuela deben de cambiar el paradigma, en cuanto a la percepción del género. Además, mencionó que la sociedad debe de darle más importancia a algo que debería de ser inamovible e inquebrantable: los valores.

“Podrán mover escenarios, momentos morales pero la ética jamás. Hay que seguir enfatizando en una educación que promueva escenarios de paz, de sana convivencia, de libertad no entendida como libertinaje”, y añadió que la sociedad tiene que transformar de manera conjunta las instituciones educativas, los medios de comunicación y la familia, pues influyen directamente en el comportamiento de las personas.

Sin embargo, la alteración radical de una sociedad tiene que ver también con la transformación interna de una persona: “De nada sirve que hayas sido educado bajo ciertos parámetros y premisas positivas, cuando las personas han decidido actuar de acuerdo con un discurso propio, que nada tiene que ver con lo que le inculcaron”, insistió.

El tratamiento de la información en los medios de comunicación:

La comunicóloga mencionó que el tema de los feminicidios no es novedad alguna, y recordó los casos en Ciudad Juárez. La razón por la cual la gente siente que este crimen ha aumentado, es debido a que los medios de comunicación son empresas y muestran las noticias que más impacten y vendan.

Precisó que tienen mucha responsabilidad en el tratamiento de las noticias, y que algunos intentan apelar a las emociones de las audiencias, para que sigan consumiendo información del medio; También que otros exaltan aspectos poco relevantes sobre los casos, con el fin de criminalizar a las víctimas.

“No hay que quedarnos con una sola versión, hay que buscar otras. Hay que tener cuidado en cómo presentan la información y cómo vulneran los propios derechos humanos de las familias y de las víctimas”. Añadió que, por esta razón, es necesario aludir a una alfabetización visual y mediática, con el fin de que las personas sean críticas ante los contenidos que son presentados y que busquen información en diferentes fuentes.

Ericka Rodríguez piensa que las agencias mediáticas deberían de realizar campañas de participación ciudadana, en donde promuevan los valores familiares, por ejemplo, el respeto hacia el otro sin importar si es hombre o mujer.

La especialista en género mencionó que los medios deberían de exponer las causas por las cuales suceden los casos del feminicidio. Admitió la importancia de mostrar el hecho noticioso, sin embargo, también debería de haber foros de debate sobre el tema, con el fin de cambiar el pensamiento de la sociedad sobre la violencia hacia la mujer.

Además, destacó la trascendencia de la academia en el asunto “Nosotros debemos de aportarle las herramientas a los medios, para que vayan tocando los elementos centrales. Deben exhibir los diferentes tipos de violencia de género hacia la mujer, aunque estén insertos en los aspectos más cotidianos”.

#SiMeMatan: El impacto de los movimientos en redes sociales

El movimiento en las redes sociales nació a partir de la criminalización de Lesvy Osorio, cuya muerte fue tipificada por los magistrados de la quinta sala penal como feminicidio agravado.

Días después del hallazgo de su cadáver en Ciudad Universitaria, la Procuraduría General de Justicia criminalizó a la joven, al presentar una serie de aspectos de su vida, que parecían indicar la razón por la que fue asesinada. Por ejemplo, mencionaron que ya no estudiaba y que debía materias, que el día de los hechos estuvo alcoholizándose y drogándose.

A raíz de la manera en la que las autoridades trataron el caso surgió la tendencia en redes sociales de #SiMeMatan, movimiento en el que las mujeres mencionaban detalles de su vida personal, que podrían ser utilizadas para acusarlas, si fueran víctimas del feminicidio. Por ejemplo, salir noche sin un hombre, usar falda, tomar bebidas alcohólicas, entre otras cosas.

Ericka Rodríguez expresó que estas manifestaciones de disconformidad por parte de las mujeres sí pueden y deberían de causar una reconsideración a conciencia del feminicidio, la criminalización de las víctimas y de la violencia de género.

Sin embargo, reiteró que este tipo de movimientos sólo pueden ayudar si reflejan la violencia de manera permanente pues refirió que los mexicanos no tienen una memoria histórica respecto a los eventos que suceden en el país y que repiten los mismos errores, ya que olvidan que alguna vez fueron evidenciados: “Sí es un reforzamiento, un anclaje de esto que te tienes que acordar todos los días”.

Jesús Reza mencionó que “es importante cada una de las manifestaciones que tengan las mujeres. Que va a haber tibieza, y que muchos van a olvidar, lo van a hacer. Pero cada vez está marcando a más personas. Tal vez no las cientos de miles de personas que lo leyeron, pero al menos a unas cuantas que puedan hacer la diferencia sí”, reflexionó.

Manifestó que este movimiento en redes es importante pues las mujeres visibilizan no sólo el tipo de acusaciones y violencia a la que son víctimas, sino que incita a que las demás personas comiencen a hablar del tema y, por tanto, los casos de feminicidios disminuyan.

Fotos: Wikimedia Commons


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sábado, 14 de julio de 2018

JORGE GÁLVEZ, UN HOMBRE INDÓMITO

Por Jehieli Blanco Loyo
Ciudad de México (Aunam). México: un país donde la violencia va en aumento y los derechos humanos se ven socavados a diario. Uno de los ejemplos, es la desaparición forzada de personas, delito que en repetías ocasiones se da en manos del poder del Estado y donde la impunidad es un factor determinante en su propagación.


Según el Informe Anual 2016 del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, el total de personas desaparecidas y no localizadas en México, ascendía entonces a 30 mil 499 casos, de los cuales, 29 mil 485 correspondían al fuero común y mil 14 registros al fuero federal.

Miles de familias mexicanas han buscado respuestas a las interrogantes que desde hace mucho tiempo no les permiten tener paz; varias son las organizaciones y varios los personajes quienes las integran, como Jorge Gálvez, director del Museo Casa de la Memoria Indómita, quien en entrevista ha narrado su historia.

Regina 66, colonia Centro, en una de las salas de la casona, se acomoda el director en un sillón de una réplica que, si bien no es exacta, es muy parecida a la cómoda y churrigueresca casa de la familia Piedra Ibarra. Pero ¿quienes son ellos?

“La historia de mi niñez es muy bonita, comienza el 12 de diciembre de 1955 -y hace una pausa con gran emoción- ¡ya casi es mi cumpleaños!”. Nace y crece hasta sexto de primaria en Tegucigalpa, Honduras, rodeado de una lucha electoral para arrebatarle el poder a un partido de oposición.

Su padre José Guillermo Gálvez Moncada, fue un militar oficial del ejército hondureño, que se opuso al golpe de estado y la represión de la población en ese país, pero aun así le permitieron su “exilio dorado” al respetarle su salario y permitirle salir de Honduras para estudiar.

“Mi padre tenía fuertes ideales y prefirió bajar las armas antes que combatir contra gente inocente. Él consideraba que la educación era lo único que necesitaba la juventud, para ganar cualquier batalla, y entonces cuando fue exiliado, toda la familia se mudó a Monterrey, para que mi padre estudiara en el Tecnológico”.

Una de las experiencias que más recuerda de su primera vez en Monterrey, es a una familia que paseaba a caballo todas las tardes, mientras él jugaba. “Mis amigos y yo mirábamos a esa familia y nos impresionaban los caballos, el señor siempre iba vestido de charro y la mujer con vestido y sombrero negro muy elegantes, también llevaban a sus hijos en otros caballos. De ahí yo le rogué mucho tiempo a mi papá, hasta que me quiso comprar un caballo”.

Después de cursar la primaria en México, Jorge vuelve a regresar a Honduras para cursar la secundaria, esta vez lo tendría que hacer al aire libre, en un rio que él recuerda mucho llamado Rio Lindo.

“Después de terminar la primaria allá, regreso nuevamente a México, pero esta vez para estudiar en el Tecnológico de Monterrey, Ingeniería en sistemas, una carrera que no existía en Honduras. Suena muy bonito, pero yo no te recomiendo estudiar ahí porque la gente se vuelve tecnócrata; la sensibilidad social nunca la vas a adquirir ahí”.

Comienza su interés por las luchas sociales

A partir de 1974, Jorge Gálvez conoce a varios compañeros que tenían conocimiento sobre la desaparición y asesinato de muchos jóvenes en ese momento en el país. “Nos fuimos a vivir a una casa que estaba a unas cuantas calles del Tecnológico, yo y seis estudiantes hondureños”.

Mencionó que en esa calle había unas jovencitas que se reunían cerca de su casa para platicar “nosotros les comenzamos a hablar. Un día yo le comenté a una de ellas ` ¿tú sabes algo sobre el chico que desapareció por acá aquí?’ y ella me respondió: ‘si, es mi hermano Jesús’”.

Jesús Piedra Ibarra fue secuestrado, el 25 de noviembre de 1973 por la Dirección Federal de Seguridad, que lo acusaba de ser miembro de la Liga 23 de septiembre; 45 años después, se sigue exigiendo respuestas al gobierno sobre su caso.

“Resultó que aquella chica era parte de la familia que vivía en la esquina de la cuadra, la familia Ibarra Piedra. Yo en este punto comencé a entender un poco la ideología que tenía mi padre respecto a la lucha social”.

Después de un profundo suspiro, Jorge Gálvez narró una de las experiencias que más lo llenan de nostalgia, pues menciona que después de varios meses de conversar y ganarse la confianza de la señorita Claudia Isabel Piedra Ibarra, lo invitó a entrar a su casa.

“Cuando entré me encontré con una vista parecida a esta –sube la vista para ver cada fotografía y objeto en la sala- y al mirar las fotografías, me percaté que todo el tiempo estuve con una de las integrantes de aquella familia que paseaba en sus caballos y tanto admiré en mi niñez. Esto solo puede pasar una en un millón”.

Aquella señorita, el día de hoy es su esposa “Fue un flechazo de empatía, un flechazo ideológico”, comentó Gálvez, pues tenía la plena conciencia de que podría ser parte de la lucha que comenzaba a emprender la familia Ibarra Piedra contra la desaparición forzada de Jesús Ibarra.

Es a partir de 1977, por iniciativa de su suegra Rosario Ibarra de Piedra, que surge el Comité ¡Eureka!, una organización no gubernamental que se propuso localizar a todos los desaparecidos políticos en México. En aquel entonces, el Comité se llamó Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, y desde su fundación, ha dado con el paradero de 148 personas desaparecidas.

“Cuando me integro al comité, mi esposa me cuidaba mucho. Me comencé a dar cuenta que la calle estaba vigilada por vehículos e individuos muy extraños. Recuerdo que una noche cuando visitaba a Claudia, eran aproximadamente las 11:00 pm y al ir saliendo de su casa, unos militares me detuvieron y me pusieron una pistola en la cien”.

Fue el principio de una larga temporada de hostigaciones contra él y sus compañeros por parte de la Dirección Federal de Seguridad que, en la actualidad, es el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). Jorge Gálvez sin tener una plena conciencia de sus derechos en ese momento, solo era aconsejado por su novia Claudia sobre lo que debía hacer en caso de cualquier agresión. “Claudia me decía: si te llegan a detener, ¡Grita! ¡Patalea! ¡Grita tu nombre completo y bien fuerte!”.

Después de varios meses siendo perseguido en Monterrey, Jorge Gálvez tiene que regresar a Honduras por dos años para arreglar ciertos asuntos, pero se encuentra con revolución y guerrillas. “Se estaba gestando en Honduras una revolución, con varios combatientes internacionales y había una población oponiéndose a estos combates, incluidos los estudiantes.”

Parte de Comité ¡Eureka! Foto: Andrea García

Al instalarse de nuevo en su país, se percata que uno de sus amigos que conoció en la preparatoria es el Secretario General de los estudiantes en la Universidad Autónoma de Honduras y ve la oportunidad de integrarse en su comité.

“Me interesé por esta lucha y busqué localizar a mi compañero de la preparatoria. A pesar de que fue difícil contactarlo, al final pude hacerlo y comencé a trabajar con un fuerte grupo de estudiantes. Por lo que, tiempo después me comenzaron a perseguir también en Honduras. Ambos gobiernos (Honduras y México) crearon historias falsas sobre mí, pues decían que tenía alianzas con líderes subversivos”.

Es precisamente en este punto de su vida que se da cuenta la existencia de un patrón en las desapariciones: jóvenes organizados. Personas que deciden tomar las armas y cambiar el rumbo de aquello con lo que no están de acuerdo.

“No existe un patrón en cuanto a clases sociales, todo consiste en las ideologías. Sin embargo, la clase que más se arriesga son obreros y campesinos. Aquella que designan como clase media, es más bien una capa media, donde dependiendo como te vaya en la vida, es que actúas para tu beneficio. Al no tener la convicción de un obrero o un oligarca, navega conforme al viento y es, por lo tanto, moldeable”.

Al experimentar tan solo seis meses en carne propia, una persecución de la que Jorge Ibarra fue víctima tres años se involucró cada vez más en el Comité y en la historia de su cuñado. “He conocido tanto la historia de Jesús, que ahora sé más sobre él que de cualquiera de mi familia, me he apropiado de su dolor y he tomado la lucha”.

“Yo considero que existe en cada uno de nosotros un instinto revolucionario”

Jorge Gálvez considera que este instinto lo apropiamos en la casa o en la educación, sin embargo y lastimosamente, en algunas de las instituciones educativas actuales se tiene más una mentalidad de competencia que de solidaridad, lo cual también se aprende. En este sentido comenta: “El gobierno prefiere tener a una masa de ignorantes para manipularlos con una tarjeta de Soriana”.

¿Solo se ha quedado con la versión de los hechos que le han contado?

“Si, no hay mayor prueba que el testimonio vivo de la lucha de las familias. En cambio, en el Comité ¡Eureka! aunque está únicamente integrado por familiares, si cuenta con un comité externo que lo ayuda en temas especializados y en la toma de decisiones para el beneficio de la organización”.

La memoria Indómita

Las Doñas, llamadas así a las madres de los jóvenes desaparecidos buscaban realizar un espacio en donde se expusiera toda la información recopilada, sin embargo, es hasta 2006, cuando muchas de ellas ya habían fallecido, que se realizó el Museo Casa de la Memoria Indómita. Un proyecto que sigue buscando un apoyo mutuo entre museo y jóvenes, abriendo espacios artísticos donde se puedan expresar.

“Las Doñas querían dejar un legado de su lucha, hacer conocimiento de ello; el museo responde a eso”, menciona Jorge Gálvez.

“El arte y la educación son herramientas que nos van a liberar”

¿Cómo llega a ser el director de este lugar?

“Estoy relacionado sentimentalmente con este proyecto, y todo aquel que está relacionado de esta forma defiende mejor las cosas”.

El museo investiga en conjunto con especialistas, pero siempre en una línea de investigación que se plantea y discute en el Comité ¡Eureka! “Hay que empezar por la cabeza, primero debemos investigar al Ejército y de ahí matamos dos pájaros de un tiro: investigación al narcotráfico y el gobierno”.

“El narco no ha penetrado al gobierno, el gobierno es quien ha creado al narco, y quien lo controla es la Secretaria de Defensa y la Armada de México. Uno se da cuenta que hay gente infiltrada, que señala a quienes hay que llevarse, quienes están dando guerra y hay que callarlos. Estas personas están vinculadas con el gobierno. El pecado que llevó a Jesús a ser perseguido y hostigado fue su lucha por las clases desprotegidas” recalcó.

Habló sobre las dificultades más grandes que ha enfrentado. “El poco dinero que nos destinaba el gobierno del Distrito Federal y la señora Rosario, lo empleábamos para las piezas y los espacios, pero al no haber suficientes recursos no se puede trabajar al ritmo que quisiéramos. El comité ha aguantado tantos años por donaciones, ventas de la cafetería que se tiene fuera del museo y el voluntariado”.

Jorge Gálvez comentó que además de la falta de recursos económicos, ha enfrentado problemas con los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN), pues muchas veces, no han brindado la documentación que como comité solicitan. “Pero no les conviene retener la información, pues al tener nosotros autoridad moral, si los exhibimos, ellos pierden”.

Sus proyectos...


“El deseo de las madres de los desaparecidos es que este proyecto tenga una duración a largo plazo de hasta 500 años; su anhelo fue que nadie recordara a Luis Echevarría, pero si se recordara quienes fueron sus hijos”. Jorge Gálvez explica que el museo es por lo tanto la expresión física del archivo.

“El museo lo podrán destruir, pero el archivo y nuestra memoria, no. Tenemos planes de no quedarnos solo en este espacio, sino hacer difusión en otros medios como cine, teatro callejero y música”.

Jorge Gálvez responde que sin duda la experiencia que más ha forjado a la persona que es hoy en día, fue ser perseguido. “Cuando a mi papá estando en el ejército, le avisaron algunos de sus amigos militares que ya habían puesto precio a mi cabeza, cambió todo nuestro entorno. Cuando vives experiencias como esas sin que nadie te las cuente, te marca de por vida”.

El director del Museo Casa de la Memoria Indómita reconoce que no debería de existir este tipo de museos, pero mientras no deje de existir en México un sistema de gobierno ideológico como el actual y sus antecesores, esto nunca se va a acabar.

La larga lucha que por años han pasado los familiares de los desaparecidos ha vislumbrado una de las primeras medidas, de muchas que quedan, por crear en México para erradicar las desapariciones forzadas, el ejemplo está en el Congreso de la Unión al expedir la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas.

“Se buscan siempre culpables y muchas veces señalan a los jóvenes cuando la culpa la tenemos quien los educamos, ellos solo tienen dos responsabilidades: la primera y más importante es la diversión y la segunda es la educación. Nuestra gran esperanza está en ellos y nosotros debemos prepararles el terreno”, concluyó Jorge Gálvez quien, al ser interrumpido por una llamada, se retiró para conversar con un grupo de jóvenes artistas que realizarían una réplica del mural principal, ubicado en el segundo piso de la casona.







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POR Y PARA LA EDUCACIÓN: LA LUCHA POR ESTUDIAR Y ENSEÑAR DE HELIA PASTRANA

Por Norma Sibaja Pérez
Ciudad de México (Aunam). Helia Pastrana tenía once años cuando decidió que quería ser “alguien en la vida”. Era pequeña, vestía a veces con calcetines y en otras ocasiones no, jugaba con un tronco de madera en vez de hacerlo con muñecas, era curiosa con lo que había a su alrededor, pero sobre todo moría por conocer qué más había en el mundo.


Desde muy chica le gustaba salir de su casa, para averiguar qué otras cosas podría encontrar en la calle, motivo por el cual sus hermanos la llamaron “Juana la parrandera”, lo que hacía alusión al nombre de su prima Juanita quien era castigada para que no saliera de casa.

Su personalidad era la de una altruista, razón por la cual resolvió que quería ser doctora. Sin embargo, en Yecapixtla, pueblo del estado de Morelos, las niñas al terminar la primaria preferían dejar de estudiar, “juntarse” con otro muchacho, tener un hijo, y adaptarse a las labores de un ama de casa: preparar tortillas, cuidar a los niños, lavar ropa en la barranca y atender al chico con el que se casaban.

Determinó que para alcanzar su sueño tenía que estudiar y, en ese entonces, pensaba que el pueblo en donde vivía era el único que la frenaría para cumplirlo. Por lo tanto, intentó convencer a su padre, Roberto Pastrana, maestro rural que formaba grupos de jóvenes y adultos para darles clases en la escuela, de que quería irse a vivir a la Ciudad de México para poder continuar con sus estudios.

Al principio se mostró renuente e intentó persuadirla de que se quedara ahí, al prometerle que le pondría una tienda para que ella la despachara. No obstante, los intentos fueron en vano y su papá cedió ante la tenacidad del deseo de su hija: le conseguiría una beca, a través de una carta escrita hacia un amigo con gran influencia, para estudiar en un internado en la capital.

Helia Pastrana, una niña de pueblo en una ciudad muy grande, mostró su constancia al presentarse todos los días en las oficinas de la Secretaría de Educación Pública durante cuatro meses para que un funcionario le tramitara su beca pese a que, al ser pequeña, no era tomada en cuenta por el recepcionista.

Además, mostró valentía y determinación al enfrentarse con el funcionario, ya que consiguió que le concediera la beca a pesar de que las fechas de recepción de solicitudes ya habían pasado:

“Siendo yo una escuincla y de pueblo, conseguí que me metiera a uno de los internados más caros para estudiar la secundaria: al Laura Tempor y a la escuela de a lado Hija de Juárez. Él me dijo que me podría meter a cualquier lugar que yo quisiese, ¿y por qué no podía ingresar a una privada?”.

Ahora, ya no es una niña, tiene 87 años, pero recuerda todo con lucidez. Aún conserva el cabello rizado de antes, sólo que en vez de ser castaño oscuro es plateado. Mientras contó este pasaje de su vida, se reía y su rostro reflejaba, las miles de otras veces en las que había sonreído a lo largo de su vida.

Al contar sus aventuras y vivencias, sus hijas se acurrucaron a lado de ella en la cama y le ayudaban a complementar algunos datos como el nombre de las calles o de personas.

La vida en los internados:

Helia Pastrana fue denominada “La precursora”, pues fue la primera de las niñas de Yecapixtla que se fue del pueblo para continuar sus estudios, para ser maestra, contrario a lo que otras jóvenes hacían: irse con un muchacho y quedarse embarazadas. Precisó que piensa que casi todo el pueblo estaba a la expectativa de que cuando ella regresara lo haría con un niño.

La mayoría de las personas que se dedicaban a la docencia lo hacían con los conocimientos que obtenían en el pueblo. Eran maestros rurales. De este modo, con la decisión que ella tomó, dio pie a que otras jóvenes llegaran a la capital a estudiar al internado en donde ella estudió, entre ellas sus hermanas Alicia y Aurora.

“Pasado el tiempo yo creo que ya era demasiado para mí, porque después de haber entrado me quería regresar” admitió, “le escribí una carta a mi papá y como el colegio era dirigido por inglesas, le mentí al decirle que ya no quería estar ahí, porque todos hablaban inglés”.

Mencionó que eran muy estrictos y que, en un principio, le fue difícil adaptarse a las reglas. Por ejemplo, cada piso estaba destinado para niñas de determinados grados, las jóvenes no podían estar en un área a la que no pertenecieran; había horarios en el que ya no podía estar despiertas, ni tener alguna luz prendida, tampoco podían dormir con ropa interior, porque consideraban que era antihigiénico.

Sin embargo, admitió que a largo plazo hubo reglas morales, que considera que le resultaron importantes en su vida, por ejemplo, el saber cómo comportarse con los hombres; cuestión que aprendió, debido a que en frente de su internado había un colegio de niños, y que una de las reglas era no coquetearles ni hablarles, de lo contrario, la niña que fuera sorprendida haciéndolo sería expulsada.

Señaló que ese no fue al único obstáculo al que se tuvo que enfrentar, pues el primer año reprobó matemáticas. Reconoció que el no haber alcanzado el promedio suficiente no era el problema, sino que eso implicaba que perdería la beca.

Hasta la fecha admitió desconocer la razón por la cual el profesor la aprobó, sin embargo, señaló que el siguiente año empezó a memorizarse las fórmulas y ejercicios matemáticos por lo que su promedio aumentó: “Y así pasé la secundaria. No sé algebra, no sé trigonometría, pero yo saqué buenas calificaciones”.

La maestra Helia Pastrana recordó que en tercero de secundaria la directora, “Miss Thomas”, reunió a las estudiantes de último año para preguntarles qué era lo que querían estudiar. Sin dudarlo, pues fue la motivación para salir de Yecapixtla y llegar a la capital, manifestó que ella seguía queriendo estudiar medicina. No obstante, la maestra la desalentó.

“‘Tú nunca podrás ser doctora’, me dijo ‘Porque tú no tienes bases económicas para poder aspirar a estudiar eso. Puedes ser maestra, ejercer esa profesión y quizás estudiar otra carrera. Pero de doctora no’”. Al ser una adolescente e intentar razonar el comentario de su profesora, no le encontró sentido.

Sin embargo, tiempo después se dio cuenta de que si era maestra podría estudiar otra carrera y ganar dinero al mismo tiempo, algo que le resultaría imposible si estudiaba medicina.

Se detuvo un momento para continuar la historia. Era de noche y ya estaba bajando la temperatura, por lo que agarró su cobija rosa para taparse un poco. Sus hijas bajaron a la cocina para preparar un chocolate caliente, nos quedamos solas. Me miró hacia los ojos y me dijo: “Cómo me caía requetemal esa maestra”.

Al iniciar la prepa consiguió otra beca para estudiar en un internado en Puebla. Debido a que en la Ciudad de México no la gestionó y tampoco sabía cómo hacerlo, no la tramitó de manera correcta en aquel estado por lo que debió una gran cantidad de dinero al colegio privado.

La madre de familia, Helia Pastrana, señaló que estaba muy apenada por deber dinero y que a los dieciocho años pensó que era mejor opción dedicarse a ser maestra para poder pagar la deuda.

Por lo que en una ocasión en la que se enfermó de amibiasis, aprovechó para pedirle permiso a las directoras del internado para ir a la capital, para que pudiera seguir su tratamiento con su tío que era doctor, y cuando llegó ahí puso otro pretexto de que tenía que gestionar la beca para el colegio.


Lo que en realidad hizo fue continuar con sus estudios en la Normal, revalidar algunas materias y reponer un año de los estudios para ser maestra. Aseveró que debido a la religión que tenía el internado —metodista — los profesores en la Ciudad de México no quisieron validarle una materia, por lo que se prolongó el periodo de estudios y comenzó a trabajar de maestra a los veinte años.

Una nueva forma para alcanzar sus sueños

Ya había pasado una hora desde que empezó la entrevista y Helia Pastrana no parecía haberse cansado de estar tanto tiempo sentada en la cama. Ella tuvo una operación de cadera hace un año y medio, por lo que estar en la misma posición podía resultarle incómodo, pero siguió con su relato de manera tranquila y con mucho entusiasmo.

Tenía veintidós años cuando puso una casa de huéspedes, con el fin de juntar dinero para estudiar medicina. La idea surgió porque, ella vivió en la colonia San Rafael y vio cómo la dueña cambió su estilo de vida, en cuanto a cómo se vestía y qué comía, al iniciar su negocio.

Mencionó que era un proceso más fácil que ahora, puesto que sólo tuvo que pedir un préstamo sobre su casa, ubicar mediante el periódico alguna que pudiera rentar, conseguir un fiador, pagar la renta, y luego contratar a una cocinera y a una recamarera.

Así, puso una casa en la calle Sullivan, cerca del Monumento a la madre: era una vivienda con ocho habitaciones, con muebles muy finos, un comedor y un garaje muy grande. La otra la puso en Santa María La Ribera. El Instituto Politécnico Nacional (IPN) hizo un convenio con ella para hospedar a sus estudiantes.

Sin embargo, el plan que ella tuvo en un inicio no funcionó puesto que ni sus padres ni su hermano pudieron hacerse cargo de la casa para que ella siguiera estudiando; además de que tenía que atender a sus hermanas, quienes vivían en esa casa y buscaban desprestigiarla delante de los demás huéspedes al mencionar que Helia Pastrana no era dueña del lugar.

Esas razones fueron suficientes para que ella abandonara el negocio: “Iba a envejecer intentando sacar adelante a mi familia sin recibir una compensación de ningún tipo de su parte”.

La relevación de la nueva vocación: De doctora a maestra

La maestra ya ejercía su profesión en el ámbito de la docencia. Sin embargo, continuó estudiando en la Escuela Nacional Preparatoria número cuatro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pues conservaba el sueño de ser doctora, ilusión que después desaparecería.

Recordó, mirando absortamente la pared de su cuarto, como si se transportara hacia aquella época, que cuando era chica y su papá le preguntaba qué quería ser de grande ella respondía múltiples oficios y carreras: torera, aviadora o doctora.

Sin embargo, la razón por la cual ella siempre había querido estudiar medicina es porque siempre se le hizo interesante poder salvar de la muerte a las personas y conocer el cuerpo humano.

“Vi que no iba a poder hacerlo porque para cuando me metí a la preparatoria, yo ya estaba pagando la casa en la que iba a vivir. Tenía que trabajar en la mañana y en la tarde con interinato, entonces ¿a qué hora iba a la escuela? Y si no trabajaba yo ahí ¿con qué vivía si me quitaban todo el dinero de la casa? Entonces estaba atrapada, no podía estudiar medicina. Ahí me di cuenta que lo que dijo la profesora del internado era correcto”, expresó.

Después de eso, estudió psicología en la UNAM, porque pensaba que era lo más parecido a esa carrera. No obstante, conoció al que sería su futuro esposo, Arsenio Sibaja, y aunque le faltaba un año y medio, no terminó la carrera.

Una de las experiencias en las que Helia Pastrana se dio cuenta de por qué le gustaba ser maestra fue en la colonia Escuadrón 201. Mientras contaba la historia hablaba con elocuencia, y alzó la voz para que la escucháramos con atención. Mencionó que esa zona era de paracaidistas y sus techos eran de cartón y aluminio, por lo que no era raro que la mayoría de los padres fueran adictos al alcohol o a las drogas.

“Me pude haber ido a dar clases a la San Rafael o a la Santa María, pero no. Esos niños necesitaban ayuda. La mayoría de los maestros eran déspotas. Yo iba hasta las casas de los niños, para ver por qué tenían dificultades en aprender. Así me nació la vocación: quería levantar a esa niñez”.

Reflexionó que ella no hubiera cambiado el haberse dedicado a la enseñanza por haber estudiado medicina, y de eso se dio cuenta tiempo después. Mencionó que los maestros tienen la oportunidad de ayudar mucho a los niños, por lo que los años en los que estudio psicología fueron útiles para apoyarlos cuando veía que tenían dificultades en la escuela, pues siempre estaban relacionadas con problemas con sus compañeros o en casa.

La profesora compartía la idea de que debía de haber disciplina entre los niños, no obstante, pensaba que los directores no podían ser tan estrictos, puesto que había circunstancias ajenas a los ellos que provocaban que llegaran tarde o que luego no hicieran tareas.

Ella nunca dejaba a sus alumnos fuera del salón si llegaban tarde, afirmó esa costumbre pues pensaba que no permitir a los estudiantes entrar a clase cuando llegaran tarde, era un acto de incomprensión ante ellos. También recordó un caso en el que un señor de una colonia aledaña se robó a una niña de la escuela y la violó.

“Yo no arriesgaría a los niños por una cosa como esas ¿Dónde está la norma para que sean corregidos y sean una persona puntual? Esas clases se las doy diario y eso no quiere decir que por alguna circunstancia el niño llegue tarde y le pase eso”, precisó. Después de terminar de contar esa historia sacudió la cabeza y suspiró, no estaba contenta con las medidas drásticas de disciplina que tomaban las escuelas.

La docente no les enseñaba a sus estudiantes a cantar el himno nacional, pues sabía que ese estaba incluido en los libros de texto, no les pedía en el día de la madre, que hicieran manualidades; sin embargo, ellos se comportaban con mucho respeto todos los lunes en las asambleas, y les daba clases artísticas—les enseñaba a cantar, bailar, coser o declamar poemas.

Lo anterior dio pie a una actividad que propuso ella denominada “viernes social” que consistía, en que ese día los niños de todos los grupos tocaran el piano, guitarra o diversos instrumentos, declamaran poemas, entre otros. Tan aclamado fue el programa por el jefe de sector que ascendieron a la directora a inspectora.

Al finalizar la entrevista, sonrió, me agradeció por hacerla recordar momentos que marcaron su vida y agregó: “No erré al ser maestra porque cuando enseñas trabajas con el material más precioso: los niños”.





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viernes, 13 de julio de 2018

UNA MUJER A SEGUIR: DIANA MARENCO

Por Carolina Lucio Rosales
Ciudad de México (Aunam). Siempre con la mejor actitud posible, aún pese a los contratiempos que le pudieran surgir, la profesora Diana Marenco Sandoval no pierde la oportunidad para que cada momento de su vida haga lo que le gusta sin dejar el aprendizaje y la diversión de lado.


Integrante de una familia de cuatro personas, desde temprana edad supo que su vocación debía ser enfocada a las ciencias sociales; no obstante, no tenía claro a qué profesión deseaba dirigirse.

Al ser tiempo de decidir su carrera, llegó el momento en que tuvo por idea la profesión de intérprete traductora, pero gracias al diálogo con algunos profesores, terminó por dirigirse a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aunque aún sin saber qué carrera tomar, pues entre sus opciones estaban derecho, psicología o comunicación.

Al tener un interés grande por las lenguas, decidió estudiar la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, donde pasó por un proceso de metamorfosis que le hizo darse cuenta de que el estudio de las lenguas, si bien le parecía interesante, no era a lo que quisiera dirigirse gran parte de su vida. Con el tiempo, Diana Marenco estaba convencida que el estudio del lenguaje es lo que en realidad le apasiona y así fijó sus ojos en ello.

A pesar de no tener alguien que la influyera para tomar esa carrera, resaltó que uno de los profesores que más marcaron su vida dentro de la universidad fue Roberto Fernández Iglesias, a quien recordó de forma entrañable mientras hablaba de su forma de evaluar para con sus grupos.

“Puedo decir que nadie influenció el que yo estudiara comunicación, pero totalmente él influenció dos cosas: Mi gusto por las ciencias del lenguaje y mi gusto por la docencia”.

Marenco indicó tener un gusto apasionado por dar clases, pues dijo que no sólo se trata de ir y dar temas por vistos, ya que la interacción con sus alumnos es lo que más le gusta en su trabajo docente, y ver qué es lo que su grupo ya trae en mente, lo que quiere aprender, y cómo hacer para lograr el aprendizaje.

Afirmó que la docencia se trata de una motivación mutua con retroalimentación por parte de ella y de sus alumnos, una forma de conocer más del mundo, pero también de ayudar a que un grupo de personas se interese más por su entorno y por la sociedad.

Además de trabajar como profesora, ha dedicado los últimos dos años y medio a otros trabajos que consumen gran parte de su tiempo, tales como una agencia de comunicación y capacitación de biodiversidad, consultorías de género y energía, así como el proyecto de monitoreo del Instituto Nacional Electoral (INE), para las elecciones llevadas a cabo el primero de julio de este año.

Aunado a eso, también es madre de dos hijos, esposa y profesora de dos grupos a su cargo en la universidad, que juntos hacen lo mejor de su vida tanto personal y laboral. El gusto por su profesión también la ha llevado a realizar diferentes trabajos, como organizadora en planes de estudios de la UNAM, a realizar capacitaciones en diversas empresas, laborar en las relaciones públicas y el periodismo.

El tener una vida laboral llena de ocupaciones no es todo a lo que ha decidido enfocar su tiempo, pues a pesar de la dificultad para realizar todas sus actividades profesionales en tiempo y forma, debe acudir a las ocupaciones de una madre, el cuidar de sus hijos y por supuesto convivir con ellos.

El hecho de tener un tiempo tan justo en horarios de sus diferentes tareas deja poco tiempo para disfrutar de su familia, sus relaciones de amistad y de ella. Mencionó que de no ser por su gran red de familia que la sostiene, le costaría mucho más trabajo poder tener la vida que tiene ahora, pues en el caso de sus padres, estos le brindan un gran apoyo, en ocasiones, al momento de cuidar a sus hijos, mientras ella o su esposo no están.

La profesora aseguró que ha podido desarrollar un control y que aunque su vida laboral le absorba bastante tiempo de su vida personal, no ha olvidado el poder convivir con la familia y divertirse cuando se da la oportunidad.

Entre las cosas que más le gusta hacer en sus ratos libres, nombró las salidas al cine, de preferencia sola, que es como le gusta más, visitas a parques, o dentro de casa, así como los lugares cerrados, el leer o ir al teatro: Actividad que recordó con una gran sonrisa, pues agregó que cuando era más joven, dedicó parte de sus días en la actuación, en un grupo independiente de actores, donde ella actuaba pero también se dedicaba a crear los guiones para las obras.

Entre sus gustos también se describió como “una bailadora” y además disfruta de salir de fiesta y a conciertos, como parte fundamental de sus diversiones, eso sí, siempre con una agenda para establecer tiempo y fecha en todas sus actividades, algo que le ha ayudado a lo largo de toda su vida.

Su labor como profesionista y como madre no le ha quitado el gusto por dedicar tiempo a otras cosas que importan; Tal es el caso de su vestimenta, pues siempre se le ha visto con atuendos formales, elegantes, los cuales ocasionan un impacto para quien le mira.

Vestida con un saco blanco, falda corta y blusa negra junto a botas beige, la profesora asegura no estar fascinada de la moda, sino que siempre le ha gustado verse bien en general, y eso además de que la hace sentirse bien consigo misma.

El dedicar tiempo a su arreglo personal no fue una actividad que adquirió por sí sola, sino de su madre, pues según sus palabras “Mi mamá siempre me decía ‘ven, eso no combina’ y yo la veía. Una mujer súper arreglada, entonces... me acostumbré […] Incluso yo... no concibo ahora una situación en la que uno no se tenga porque arreglar”, comentó mientras una risa salía de su boca con una mirada un poco desconcertada.

A pesar de dar la impresión de una persona de postura perfecta e impecable, lo cierto es que también tiene ciertas debilidades, que comentó con un tono alegre y burlón, pues dijo que en las habilidades artísticas -a excepción del teatro- "daba pena, incluso al hacer simples trazos sobre el papel".

En cuanto al ámbito familiar, dijo siempre haber sentido una unión con sus padres y su hermano, pues, aunque con este último las peleas de pequeños fueran constantes, como cualquier relación de hermana mayor y hermano menor, la conexión entre ambos era bastante agradable.

Tener una familia tan risueña, sociable y empática, ha sido un pilar importante en la vida de la profesora, pues dijo haber aprendido mucho de sus padres. De su madre por ejemplo, podría inferirse que sacó parte de su sentido feminista, ya que desde pequeña siempre le inculcó el valor que tienen las mujeres.

Una anécdota que contó respecto a ella fue una ocasión en su vida universitaria, cuando iba a ir a una fiesta y al verle su padre con una falda corta, le cuestionó su vestimenta, palabras que la hicieron regresar a su cuarto a quitársela, pero su madre le dijo: “Si te la cambias ahorita, te vas a tener que cambiar cada vez que tu papá quiera. Así es que ahora te sales con la minifalda, porque si no lo haces, le darás poder a tu papá para decirte qué ponerte”.

Declaró que siempre ha tenido que negociar para poder tener ese balance de actividades, pero que a pesar de ello siempre se ha sentido orgullosa de sí misma y de su trabajo pues explicó “Me gusta siempre tener un pie afuera, ver que el mundo de la comunicación no es así de acotado como se cree” declaró que su gusto por trabajar le ha dado ese ánimo. No sólo su profesión y todos sus conocimientos académicos han servido para valerse en el campo laboral, sino para aprender de la sociedad, de los seres humanos y de sí misma.

Con respecto a su vida de docente, se le preguntó hasta qué momento dejaría de trabajar, a lo cual respondió: “Hasta que no pueda hacerlo” pues dijo que el momento en que su representación sea el fantasma de lo que un día fue, en el instante en que su cuerpo ya no le permita seguir, sería tiempo de dejar la docencia. Sin duda alguna, la presente espera que ese día no llegue, pues el mundo se privará de una de las personas más capaces para dejar una huella en miles de personas.




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jueves, 12 de julio de 2018

KARDMATCH: UNA APP QUE FACILITA LAS PROMOCIONES EN TARJETAS DE CRÉDITO

Por: Melanie Claudia Enríquez Fuentes
Ciudad de México (Aunam). ¿Alguna vez has utilizado las promociones, descuentos especiales o regalos de cortesía que tu tarjeta de crédito te brinda? En México los bancos negocian alrededor de 300 promociones por mes para sus tarjetahabientes, lo cual, da un aproximado de 3,600 promociones por año, que, en su totalidad no son aprovechadas. Con esta nueva aplicación, no sólo las tendrás siempre a la mano, sino que también comenzarás a ahorrar como los grandes.


Kardmatch, es una plataforma digital especializada en tarjetas de crédito. Fue fundada en el 2008 por Joel Cortés quien, durante diez años a implementado estrategias, para que los mexicanos “tomen las mejores decisiones a la hora de utilizar sus tarjetas de crédito”, también fue responsable del desarrollo de productos para American Express, este año lanzó su nueva aplicación: “Promos Kardmatch”.

Es la primera aplicación de México que te permite aprovechar al máximo el uso de tus tarjetas de crédito; con tan sólo realizar un sencillo registro, podrás tener siempre a la mano las distintas promociones que tu tarjeta de crédito tiene para ti.

De acuerdo con una encuesta realizada por Kardmatch a más de dos mil 100 personas, sobre el uso de las promociones en las tarjetas de crédito: El 56 por ciento mencionó que ocupa las promociones de sus tarjetas, menos de dos veces al año. El poco uso de las promociones se debe al desconocimiento de estas, según el 40 por ciento de los encuestados, mientras que al 29 por ciento de ellos se le olvida consultarlas.

“Si consideramos que, por lo general, un mexicano tiene al menos dos tarjetas de diferentes bancos, esto significaría que tendríamos acceso a más de siete mil 200 descuentos al año, pero que no utilizamos, por no tenerlos a la mano. Con Promos Kardmatch queremos cambiar esto y poner al alcance de los consumidores ahorros potenciales, justo en el momento en que están decidiendo realizar una compra”, mencionó Joel Cortés.


La aplicación no requiere datos personales, basta con indicar el tipo de tarjeta y seleccionar las categorías que son de tu interés para comenzar a recibir las promociones de tu preferencia.

Esta aplicación, también cuenta con alertas de promociones basadas en la geolocalización, lo que permitirá que los usuarios se enteren de los descuentos disponibles en comercios cercanos a su ubicación. Otra función es que los usuarios podrán realizar búsquedas, para encontrar descuentos disponibles en un artículo o servicio específico.

“Con esta app, Kardmatch se consolida como el líder indiscutible en la generación de contenido especializado en tarjetas de crédito en México y como el principal aliado de los usuarios que buscan sacar el mayor provecho a sus plásticos” citó Cortés.

Promos Kardmatch se encuentra disponible a partir del 10 de julio, tanto para dispositivos iOS como para teléfonos inteligentes Android.









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