viernes, 29 de noviembre de 2019

GREGORIO BENÍTEZ GÓMEZ, REZANDERO DE SAN JOSÉ MEZAPA

Por Ximena Benítez Lagos
Tianguistengo, Edomex (Aunam). Llega el día de muertos, San José Mezapa se llena de caminos color naranja y en el aire se percibe un olor a cempasúchil y copal. Gregorio Benítez Gómez es el rezandero del pueblo, un viejecito amable, platicador y cálido, que ha dedicado su vida a servir a su comunidad para darle el último adiós a sus seres queridos, festejar las tradicionales posadas, arrulladas o realizar los novenarios de algún santo.


Actualmente padre y abuelo, se ha dedicado a su familia: a disfrutar de la compañía de sus seres queridos y a servir cuando se necesita a todos aquellos que lo han acompañado y ha visto crecer durante toda su vida en su comunidad.

No cabe duda que a lo largo de sus 76 años se ha convertido en un personaje esencial en la vida de los pobladores de Mezapa, principalmente por su participación no remunerada de rosarios en aquellas ocasiones de infortunio y dolor en el pueblo.

Don Goyo, como es llamado en el pueblo, ha dedicado largas jornadas a fin de acompañar y velar a los muertos durante los días que sean pertinentes para la familia del fallecido y que, después del entierro, se lleven a cabo nueve rosarios antes de la llevada de la cruz al panteón. Al ser una comunidad con costumbres católicas arraigadas, los rezos son parte fundamental en situaciones de fiesta y muerte.

El encuentro

Después de preguntar di con la casa de Don Goyo. Me presenté y al preguntarle si podía platicar con él acerca de cómo vive la tradición del día de muertos; muy entusiasmado respondió que sí.

La tarde del 2 de noviembre era fría y templada, acababa de llover y la tierra estaba mojada, así que me ofreció entrar a su hogar para estar más cómodos.

Bajamos las escaleras por el camino que nos llevaba a su puerta, custodiada por sus fieles mascotas, su gato Umiau y su perro Cucurucho. Abrió la puerta y me dio el paso a su casa e intimidad.

Me ofreció asiento y él se acomodó en su sillón; su casa olía a una combinación de chocolate caliente, fruta, pan de muerto y cempasúchil, enseguida se veía su altar, la ofrenda para sus fieles difuntos.

Inicios como rezandero

Con una amplia sonrisa y deseos de platicar Don Goyo volvió a su juventud cuando le pedí que contara sobre cómo llegó a formarse como rezandero:

--Siempre he vivido aquí, cuando era joven había un viejito que rezaba en el pueblo, a mí me llamaba la atención y comencé a seguirlo. Con el tiempo decidí encargarle un libro con todos los rezos, y él al ver mi interés por aprender me pedía que rezara en algunas ocasiones, ahí me di cuenta de lo mucho que me gustaba. Un 31 de diciembre falleció el papá de un amigo y desesperado por el ajetreo de la fecha me pidió de favor que fuera a velarlo, cuando fui, a su familia les gustó mucho cómo lo hice y me pidieron que diera el novenario completo, a lo cual accedí. Después comenzaron a recomendarme en el pueblo.

Cómo conmemora el Día de Muertos

Sus padres le enseñaron a poner la ofrenda con los elementos simbólicos tradicionales del altar, como pan de muerto, fruta, café, chocolate, entre otros.

Paradójicamente al preguntarle acerca de su opinión sobre esta tradición dijo que en realidad él no cree que el alma de los muertos bajen: “ellos ya son felices en donde están, ¿tú crees que van a querer regresar?”

Don Goyo explica que a nuestros fieles difuntos se les recuerdan los días 31, 1 y 2 de noviembre. Un día para todos los santos y otro para los niños.

--Se les pone lo que les gustaba comer y tomar, no porque se lleven la esencia de las cosas sino para conmemorar su vida, ¿Qué otro día en el año tenemos para acordarnos de nuestros muertos?

Cuando se le preguntó acerca de la creencia de la forma en la que se terminan las velas o cirios, con un tono de burla y un poco de risa contestó: “eso se debe meramente al aire y el cómo se elaboró el producto, si se escurre no es porque estén tristes, ¿por qué han de estar tristes si están con Dios?, no porque se acabe pareja quiere decir que está contento o no porque no quiera prender es porque esté enojado. Esos son significados que la gente le ha dado, no digo que esté bien o mal pues al final cada quien tiene sus costumbres”.

Don Goyo, quien lleva aproximadamente 50 años rezando, considera a diferencia de lo que dice, que el incienso que se utiliza en la ofrenda es para elevar la oración a Dios y no para guiar el camino de las almas que nos visitan, pues reiteró que ellos no bajan del cielo ni los pecadores salen del infierno.

Cuándo morimos


--Ha estado profundamente vinculado con la muerte y entre otros roles se le ha considerado intermediario entre el cielo y el infierno, ¿a dónde vamos cuando morimos?

Con mirada fija y seguro de sí mismo contestó que la vida es un pestañear, que ni siquiera nos da tiempo de darnos cuenta que estamos muertos, todos los eslabones que se dicen que pasamos no existen, afirma que se tienen dos opciones; llegar al cielo o al purgatorio.

Con risa temerosa dijo que él aspira por lo menos a llegar al purgatorio para que Dios decida y juzgue sus actos.

Con voz seria y labios entre metidos contó sobre la segunda muerte que se puede tener en el purgatorio, pues, desde su punto de vista, al enojarse con Dios en lugar de arrepentirse y pedir perdón, existe una condena al infierno y a nunca poder salir de ahí. Cada uno cosecha lo que recibe, y él no considera que los rosarios salven las almas, los rosarios son para los familiares y amigos, para pedir su pronta resignación.

Al finalizar la entrevista, Don Goyo se mostró agradecido por elegirlo y haber tenido un rato para platicar sobre sus costumbres y la forma en la que vive esta tradición.



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