miércoles, 29 de agosto de 2018

MARATÓN INTERNACIONAL CDMX 2018 SACUDE SUELO CAPITALINO

  • 42 195 participantes, un nuevo récord histórico del evento
Texto y fotografía: Jóse Luis Ruperto
Ciudad de México (Aunam). La mañana del domingo 26 de agosto, el amanecer en la ciudad salió de lo cotidiano. ¿La razón?: La celebración de la edición número 36 del Maratón Internacional de la Ciudad de México. Para los competidores, meses de entrenamiento habían llegado a su punto culminante, sus sinodales serían los kilómetros y su graduación estaría al cruzar la línea de meta en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria.

Desde el kilómetro 22, Titus Ekiru (playera roja y short azul), comenzó a marcar un paso de competencia que lo llevaría a romper el récord del evento.

Con motivo de la justa atlética las líneas uno, dos y tres del Sistema de Transporte Colectivo Metro comenzaron sus operaciones a las cinco de la mañana; por tanto, fue el medio de transporte más utilizado por los corredores.

Tenis, shorts y la playera oficial del evento (de color blanco, con una enorme letra O), fueron los distintivos de los hombres y mujeres dispuestos a correr la desafiante prueba.

A las seis de la mañana, en la estación de metro Pino Suaréz se comenzó a ver el arribo de los participantes, algunos llegaban acompañados de sus familias, otros por su pareja y algunos más con amigos.

Aquéllos provenientes de los diferentes estados de la República e incluso de otros países salían de sus hoteles; a medida que se acercaba la salida, en algunos rostros se veía nerviosismo y en otros emoción.

La salida se dio en el mismo punto de donde partieron los maratonistas olímpicos en los Juegos Olímpicos de México 1968

Estaba por iniciar el maratón, por ello los corredores comenzaban a tomar su bloque de salida que les había sido asignado de acuerdo al tiempo que tenían proyectado concluir el trayecto. Desde la calle de Regina, hasta la Catedral Metropolitana se conformó un enorme contingente. Los motivos de estar ahí eran diferentes pero había un solo objetivo: completar el recorrido.

En conmemoración de los 50 años de los Juegos Olímpicos de México 1968, se abrieron 42 195 inscripciones (misma distancia del maratón), que se agotaron, lo cual ese día se hizo notar por la afluencia de público, maratonistas y medios de comunicación.

Minutos antes del inicio se hizo un acto protocolario en donde estuvieron presentes autoridades del gobierno de la Ciudad de México e invitados especiales. Entre ellos estuvo Ilias Psinakis, alcalde del Municipio de Maratón, Grecia.

El inicio de 42. 195 kilómetros de emociones

El reloj marcaba las seis 45 de la mañana, cuando se dio el disparo de salida para los competidores en silla de ruedas y ciegos; por consiguiente el público que se encontraba sobre la Avenida 5 de Mayo, estalló en júbilo. Cinco minutos después arrancó la categoría élite femenil en donde hubo presencia de corredoras de Etiopía, Kenia, Perú y Brasil. Entre el grupo de proliferas atletas estaba Biruktayit Eshetu Degefa, ganadora en 2015 del maratón de Houston.

A las siete en punto partieron los corredores élite de la rama varonil y el grueso de los participantes. Entre los representantes más destacados de México estuvo Ricardo Ramos, maratonista en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. La fiesta deportiva había comenzado. Así, las calles de la capital se cubrieron del color blanco de las playeras de los participantes.

En la rama varonil, el grupo puntero se integró por Titus Ekiru, Edwin Koech, Allan Kiprono, Felix Kipchirchir y Matthew Kipkoech de Kenia; además corrió Fikadu Kebede (ganador de la edición 2017) de Etiopía. El peruano Ferdinand Pacheco Macías, Reid Allan Coolsaet de Canadá y el estadounidense Jeffrey David Eggleston, seguían algunos metros atrás a los africanos.

El Palacio de Bellas Artes enmarcó el paso de los participantes, que se hicieron sentir en las principales calles de la urbe. El contingente de corredores fue custodiado por una comitiva encabezada por el vehículo oficial del evento: Un BMW i3s 100 por ciento eléctrico, que además transportaba un vistoso cronómetro en donde se podía apreciar el tiempo de carrera transcurrido.

África cimbró el Auditorio Nacional

Después de dejar el corazón de la ciudad, la ruta del maratón tomó la avenida Paseo de la Reforma. A lo largo del trayecto, cada dos punto cinco kilómetros la hidratación de los participantes estaba garantizada, pues había puestos de abastecimiento con agua y cada cinco kilómetros con bebida isotónica.

En cada uno de estos módulos estaba presente un grupo de voluntarios, además de un grupo de trabajadores de limpia de la Ciudad de México, encargados de recolectar los desechos.

¡Ya vienen!, ¡Ya vienen!, empezó a gritar el público en el kilómetro 22, frente al Auditorio Nacional cuando los primeros lugares estaban cerca. A lo lejos, las inconfundibles zancadas de los corredores africanos se dejaron ver. Titus Ekiru y Matthew Kipkoech con su contundente cadencia comandaban el grupo puntero.

Los competidores de la categoría silla de ruedas, fueron de los más ovacionados en el evento.

En las inmediaciones del emblemático inmueble, el paso de los competidores ciegos y en silla de ruedas fue muy ovacionado, ¡Ustedes son grandes!, ¡Si pueden guerreros!, fueron algunas de las frases con las que eran animados. Momentos después, pasó Grace Wambui, la primera corredora, quien iba escoltada por dos motocicletas y llevaba una gran ventaja sobre sus más cercanas perseguidoras.

La victoria de Wambui parecía inevitable, pero si algo distingue al maratón es su condición de imprevisible; por tanto, para Wambui la competencia daría un giro inesperado. Luego de haber liderado buena parte de la competencia, después del kilómetro 30, una lesión le impidió a la keniana concluir. Ante la impotencia, Grace rompió en llanto, intentó reincorporarse al recorrido pero su cuerpo no se lo permitió.

Latinoamérica también estuvo presente con la participación de la experimentada Hortensia Arzapalo, de Perú y Rosangela Pereira Faria, de Brasil. Sin embargo, poco pudieron hacer ante el vertiginoso paso de las corredoras de Etiopía y Kenia. De esta manera transcurrió la primera mitad de la carrera, aún había mucho por definirse.

Después de “el muro”

Entre los maratonistas hay un punto crítico en una maratón, al que se le conoce de manera popular como “el muro”. Se localiza después del kilómetro 35 y es ahí en donde las capacidades del cuerpo humano alcanzan su límite; pero en el kilómetro 39, ubicado a la altura del Metrobus Olivo, pese al cansancio y las ampollas, los maratonistas demostraron el empuje que tiene poseer una determinación inquebrantable.

Los rostros extenuados se volvieron una constante, pero el aliciente de estar cerca de la meta era motivo suficiente para sobreponerse al dolor. Entre la marea corredora, se podía ver lo mismo a un universitario que a un experimentado ultramaratonista. La frecuencia de sus pasos ya no era la misma; sin embargo, su anhelo de dejar todo de sí, había aumentado.

Los corredores no estaban solos, porque sobre Avenida de los Insurgentes la gente salió a apoyarlos. En una escena inédita los empleados de los restaurantes localizados sobre la transitada vialidad, salían a ver y animar la carrera. Algunos jóvenes animaron el ambiente con tambores, otros con chiflidos y algunos con originales porras como: “¡Ya se ve CU, Ya se ve CU!”

A esas instancias del evento, algunas personas llevaban dulces, palitos con nutella, naranjas y bolsas con Coca Cola, para quienes comenzaran a sentir baja la presión. De pronto algunos maratonistas se acalambraban, pero no faltaba algún espectador que se acercara a auxiliarlos para que pudieran continuar y lograrán tener en sus manos la preciada medalla de finalista.

A su paso por el kilómetro 39, las corredoras líderes libraban un cerrado duelo.

Un aspecto que empaño el desarrollo del maratón fue la presencia de corredores de chocolate, es decir: personas que se meten en los últimos kilómetros con el único fin de tomarse una selfie para subirla a sus redes sociales y poder recoger la medalla.

No obstante el sudor se volvió prueba irrefutable de los kilómetros recorridos por los verdaderos maratonistas, quienes incluso iban sangrando por las rozaduras en su cuerpo.

Mientras tanto en el Estadio Olímpico de México 68, la llama del pebetero ardía en todo su esplendor para recibir a los ganadores que fueron: Titus Ekiru, en primer lugar con un tiempo de dos horas diez minutos y 38 segundos, un tiempo que se convirtió en nuevo récord histórico del evento y le hizo convertirse en acreedor de un millón 100 mil pesos.

En segunda posición terminó Edwin Koech y en tercera posición Matthew Kipkoech. De esta manera Kenia hizo el uno, dos, tres y continuó con su dominio en el maratón capitalino.

En la rama femenil Etiopía se impuso con Etaferahu Woda, quién se cubrió de gloria al cruzar la meta en un tiempo de dos horas 40 minutos y 11 segundos, en segundo lugar arribó Fantu Eticha con dos horas 40 minutos y 24 segundos.

Personas de todas las edades motivaron a lo largo de la ruta a los participantes del maratón.

El podio lo completó Tinbit Gidey con dos horas 40 minutos y 27 segundos. Una vez más el Estadio Olímpico Universitario sintió el espíritu deportivo con el festejo de esta importante justa atlética.

Los finalistas recibieron una medalla en forma de letra O, que completó la palabra México junto a las medallas de los cinco años anteriores. Así, muchos de los participantes vieron alcanzado su objetivo de cruzar la línea de meta en suelo Olímpico.

Después de unas horas de emociones y hazañas, la metropolí habría de volver a la normalidad. La edición 36 del Maratón Internacional de Ciudad de México quedó para la posteridad.

Algunos corredores mostraron su apoyo a la lucha contra el cáncer de mama.





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