viernes, 3 de agosto de 2018

FOTOGRAFIAR PARA PERDURAR

Por: Galo Roberto Cañas Rodríguez
Ciudad de México (Aunam). Pedro Antonio Valtierra Ruvalcaba nació el 29 de junio de 1955 en Fresnillo Zacatecas, pero fue hasta 1973, con apenas 17 años, que descubrió el oficio que marcaría su vida para siempre. Hoy, 44 años después, se escucha el retumbante tic tac del reloj, todo está en calma en Juan Escutia número 55, colonia Condesa, locación de la agencia nacional de fotografía Cuartoscuro.


Con apenas dos plantas, el edificio de paredes blancas tapizadas por fotografías icónicas del fotoperiodista zacatecano; impresiones a gran formato de la revista de mismo nombre que la agencia, y una que otra portada de periódico que transporta el pasado al presente, la agencia se ha mantenido en pie a lo largo de 30 años para retratar los cambios sociales, políticos, culturales y tecnológicos de México.

En la parte de abajo están las computadoras, la herramienta que da razón de ser a los fotógrafos de la ciudad y de los estados. Día a día las fotografías se suben a la página, se archivan en el disco duro y se espera que perduren para “siempre”. Ahora los periódicos, revistas, portales web y editoriales tienen acceso a los “fragmentos de la realidad” con los que podrán ilustrar las notas del mañana…

Suena la puerta de metal que protege a la agencia: ha llegado. Viene con ropa deportiva, luce más joven de los 62 años que tiene; un pantalón color caqui, el cual combina con sus tenis new balance, su chamarra negra y una playera blanca; su cabello está peinado hacia atrás, luce el paso de los años, es color castaño, y poco a poco, ha sido cubierto por una capa gris.

Trae anteojos circulares, que protegen los ojos de quien vio el levantamiento zapatista; la revolución sandinista de Nicaragua; el temblor del 85 y la transformación política y social del país. Saluda cordialmente, mientras cierra la puerta -¡Buenos días!- extiende la mano. Se ve fresco, descansado y entusiasta de los nuevos cambios que planea integrar a la Agencia en los próximos meses.

Toma asiento junto al escritorio de madera, frente a la ventana, con la cortina medio abierta; los rayos del sol entran de manera discreta e iluminan las paredes blancas con cuadros colgados de la serie “Las Mujeres de X’oyep”, realizada en los primeros días de 1998, tras la matanza de 45 indígenas en Chenalhó, Chiapas. Junto a estas hay dos portadas de la revista del mismo nombre, fundada en 1993.

La imagen en blanco y negro de una niña indígena enfrentándose a un militar armado, tras intentar ocupar su comunidad, fue reproducida por todo el mundo, y le hizo merecedor del premio Rey de España al fotoperiodista zacatecano en 1998.

A lo largo de los años, se ha hecho acreedor a más reconocimientos, entre los que destacan: dos premios nacionales de periodismo (1983 y 2015), así como la medalla al Mérito en Ciencias y Artes 2016, también ha participado en exposiciones, foros, conferencias y como jurado de diversos concursos.

El maestro toma asiento frente al cuarto de computadoras, se acomoda en el asiento y cruza las piernas para permanecer relajado, fluye. Platica como entró en el mundo de la escritura con la luz.

Con una mano atrás y otra adelante

¿Cómo se adentra usted en la foto?

“Soy un campesino zacatecano”, dice con aire de recuerdo, mientras las yemas de sus dedos se juntan, y toma asiento firme en la silla de cuero y base de madera “Mi familia se quedó sin recursos por cuestiones de la vida, y un terreno que teníamos se tuvo que vender. Salimos con una mano atrás y otra adelante rumbo a la Ciudad de México. Y llego un día y encuentro la fotografía. Conocí un laboratorio y comencé a descubrir sus secretos”.

Se ve en sus ojos la emoción, el recuerdo está vivo y lo relata como si hubiese pasado hace sólo unos cuantos años. “Llegas a la ciudad y es canijo, hay demasiada competencia y siempre hay necesidad de trabajar.

Fue él tercer hijo de ocho, tuvo que laborar para apoyar a su familia a salir adelante, mientras sus hermanas hacían las tareas en el hogar. “Como primer varón la necesidad recaía sobre mí, y en mi búsqueda por salir adelante, conocí la boleada” sus ojos se agrandan como los de un búho, los recuerdos parecen invadir su mente.

“Desde chiquito luché para mantenerlos y entonces, eso creó la necesidad en mí de esforzarme, sacrificarme, de buscar opciones” cuenta con aire de anhelo, sus ojos se ven un poco brillosos, quizás sea el reflejo del sol, ha pasado casi una hora, pero sólo parecen unos minutos.

“La boleada me llevó a Los Pinos, ahí conocí un laboratorio fotográfico y comencé a interesarme en ese oficio. Ser fotógrafo no es como un anuncio de televisión” cuenta entusiasmado cómo entró por primera vez a un laboratorio para revelar las primeras placas. “Conozco un laboratorio de fotografía y ahí me gusta, me apasiona”.

Pero antes de convertirse en auxiliar en fotografía, en la Residencia Oficial durante el gobierno del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, “era necesario saber limpiar todo” dice con un ligero tono de burla y seriedad mientras toma El Universal del día para acomodarlo en el escritorio. “Primero aprendí a limpiar bien todo, el laboratorio, ayudarles a revelar a imprimir, a traer los sopes, las tortas, y así fue como empecé”.

Para ver cómo somos y cómo fuimos

No hay nada como regresar al principio. ¿Qué importancia tiene la fotografía para usted?

Cierra los ojos y arquea la cabeza para que las ideas no escapen “para mí la importancia de la fotografía es que, es un documento histórico, que sirve o que va a servir, para ver cómo somos, qué pensamos, qué vemos, qué sentimos; es el registro de nuestra vida para la posteridad. Es un legado que vamos a dejar a nuestros hijos, a los historiadores, sociólogos, antropólogos, a los de cine; a todos”.

Han pasado más de 40 años, desde que el fundador de Cuartoscuro, hizo de un rollo con material fotosensible y sólo con la capacidad de 36 exposiciones (fotografías) de 35 milímetros cada una, ensamblado en una pequeña caja mecánica, que utilizaba el modelo de la “caja oscura” con un lente que permitiera el paso de la imagen.

Posteriormente, ese lente fue invertido en el visor, todos estos elementos, quizás inútiles por separado, dieron la más poderosa herramienta de divulgación y de denuncia del Premio Nacional. Él hizo de la cámara una extensión de su persona, e incluso les dio presencia a quienes no la iban a tener.

¿En qué otros temas, se ha interesado?

“Como profesional tienes que hacer la orden fotográfica que te asignen, sean temas sociales, políticos, deportes, cultura, y todo lo que tenga que ver con la vida” se expresa contento; recuerda el pasado y vive gracias a él. Vuelve el tiempo atrás, mira a la ventana, mientras el aire fresco de la mañana enfría el cuarto con azulejo de color ocre.

“También fue la época, me tocaron movimientos sociales, protestas, reclamos, manifestaciones, exigencias, marginación”, hace un paréntesis y con tono ligeramente molesto enfatiza, “no es culpa de los fotógrafos, quien sabe de quién será culpa, pero decirlo no me corresponde”. Regresa, “yo no registré a la burguesía, no porque no quisiera, sino porque no se deja, creo que nadie se deja”.

¿A qué se deberá que no se dejen retratar?
“Son cerrados” dice con tono de seriedad, “sociedades muy cerradas, el acceso a sus familias, a sus casas; solamente se puede mediante retratos o fiestas sociales”, afirma con tono de cierta burla.

“Siempre están en reuniones, yo hablo de lo que hice, de lo que me tocó” con fuerza declara, mientas sus manos se separan; se juntan; se agitan y las calma. “Nosotros somos los que estamos llevando un registro de la vida cotidiana, de la vida de todos, y de todos los temas: buenos, malos, feos. Eso sí, dentro de nuestras posibilidades, pero bien. Hay que hacer buenas fotos, que sinteticen, que cuenten; aprovechar la luz, a la gente, la emoción del momento”.

Ha comenzado a escribir un par de notas en su cuadernillo, siempre carga con uno y un lapicero, es ininteligible por la distancia; dice que son datos importantes, quizás frases para un próximo libro o la conversación le ha generado alguna idea.

¿Qué opinión tiene sobre el libro de Kapuscinski, Los cínicos no sirven para este oficio?

Toma unos segundos más para terminar de escribir, deja el lapicero de lado y vuelve a cruzar las piernas en una posición más cómoda para responder. “Yo recomendaba ese libro porque habla del oficio, de las características que hay que tener” responde sutilmente.

Se lleva la palma al rostro para recargar la mejilla “Fue un periodista que trabajo muchos años en la calle. Estuvo siempre en el campo de batalla, nunca fue jefe y nunca quiso serlo”.

Génesis


Tras la pregunta, toma aire para expresar que lo más importante del oficio periodístico es estar en verdad convencido de que es tu oficio. “El compromiso debe ser narrar la historia, la vida, tanto fotográfica, como con texto; narrar la historia tal como tú la estás viendo, desde tu punto de vista y no tergiversar, no cambiar las cosas”.

Se le ve emocionado, contento de contar lo que es importante en su oficio, sin embargo, cambia de tema drásticamente para referirse a un problema de los “jóvenes fotógrafos”, la subjetividad.

“Creen que la fotografía es subjetiva, se empiezan a meter en problemas, pero eso no nos corresponde a nosotros, hacer un análisis semántico de la imagen. Nosotros debemos, narrar la historia desde la humildad y desde el respeto de quienes la estamos contando, sean pobres, sean ricos. Narremos la historia sin el afán de que nos digan si está bien o no”.

Con un último respiro profundo declara “si es subjetiva por que le ponemos esto o aquello, es otra cosa que después veremos en las aulas universitarias: Sobre la semántica, la filosofía, en fin, vamos a hablar de estos temas. Mientras tanto, en lo cotidiano si se cae un edificio aquí enfrente, lo retratamos”.

Culpables de todo

¿Y qué pasa con la cuestión moral?

“La cuestión moral es que no faltemos el respeto a nadie. Si alguien se casa y lo retratamos ¿hay daño moral?”, con tono un tanto sarcástico declara, “legalmente quizá sí. Si alguien se muere ¿habría un daño moral? Hay unas cabezas tiradas, ¿hay daño moral?”, fuerte y convencido de sí mismo dice: “No, yo diría que no”.

“El problema recae”, dice el dos veces director de fotografía del periódico La Jornada que el verdadero conflicto está en lo que dicen o hacen “los moralistas”, “ellos son los que pegan el grito en el cielo”.

Con las manos una vez más juntas, yema con yema, de su tez morena recuerda un texto y unas pancartas colocadas días después del sismo del 19 de septiembre pasado “No fotos por respeto a las víctimas”, eso lo dice molesto, “es el más puro estilo fachista”, declara con un poco más de malestar y señalando.

“¿Por qué la foto tendría que ofender a las víctimas?, ¿Uno que se casa es víctima? ¿No es víctima? De que vamos a hablar, en realidad lo que están diciendo, es que esa es una campaña de Mancera, para que no se registren más fotos”.

Valtierra declara que después de ver todos los edificios caídos, de los trabajos de la sociedad civil, de la recuperación de cuerpos y algunos sobrevivientes en las zonas de desastre está seguro de que:

“La fotografía no ofende a nadie, cómo la uses sí” dice sin titubear el fotoperiodista, tras haber escrito de nuevo en su cuadernillo de pasta negra, encima del periódico Milenio del presente día.

A manera de reflexión declara que es mejor no complicarse con la cuestión moral, se debe enfocar en no mentir, en ser humildes, respetuosos, para cumplir y seguir la línea del fotoperiodismo. “Eso sí”, dice con aire inquisidor como quien lleva tiempo guardando un reclamo, “la violencia no es culpa de los fotógrafos, ahora resulta que los fotógrafos somos culpables de todo”.

Para Pedro Antonio Valtierra lo importante es saber leer los periódicos y las fotografías, “el fotoperiodista debe de leer periódicos y no dejarse llevar por la vulgaridad del pensamiento reaccionario, la vida es más sencilla de esta manera. La fotografía es para retratar todo, no sólo los temas bonitos” dice, para quitar el pesar que, a lo largo de los años se ha ido acumulando.

El motor

A poco más de una hora la conversación se acerca a culminar. ¿Qué lo motiva a hacer foto?

No titubea: “Tengo una responsabilidad como persona en este mundo: soy periodista. Me mueve que mi trabajo sirva para algo, mi impulso para hacer fotografía es hacer un mundo mejor, para hacer cosas mejores. Se oye muy pretencioso, y como dice ahora hasta el subcomandante Marcos, aunque yo lo digo desde antes, ya me chingaron”.

Refiere a la frase del subcomandante Marcos, el vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN): “un mundo donde quepan todos los mundos”. Su declaración suena ruidosa, nadie se imaginaría que existiera dicha relación, y culpa a la fama de Marcos de que se le adjudique dicha frase.

“La razón de la foto es hacer mundos mejores, hacer nuestra vida mejor, esa es mi razón” toma un periódico y señala el anuncio del yacimiento encontrado en Tula, dice que es de corte político, lo deja de nuevo y retoma el hilo. Valtierra advierte sobre un mal, una situación que le pasa a más de uno de los fotoperiodistas: la soberbia.

“Hay que tener cuidado, luego se envanecen y pierden sentido, la vista (en el sentido fotográfico), te sientes bueno; que todo lo que haces está bien, se pierden” dice mientras recuerda una anécdota personal.

“Cada que salgo a la calle de 100 fotógrafos que veo, el 105 por ciento me dice que está mal en su trabajo, yo no entiendo, el día que no estés a gusto en un trabajo simplemente te vas. El otro día encontré a un amigo fotógrafo, él me dijo resentido: ‘Pedro mis fotos son mejores que las tuyas y yo no soy tan famoso como tú’, pero él nunca aceptó hablar de foto y siempre habló mal del prójimo”.

Motivado por el recuerdo y aún con un tinte de recelo dice: “Lo que me molesta y me encabrona es que, yo soy el único que nunca ha dicho que es mejor que nadie, ¿Por qué me tiene que decir eso? Yo trabajo todo el tiempo para ser mejor, y siento que cuando él me lo dice hay envidia y esto es lo que vas a encontrar, mucha envidia en la cabeza de los fotógrafos, y tienes de dos opciones: o los mandas a la chingada o te vuelves masa”.

La felicidad

Fresnillo es uno de los 58 municipios que posee el estado de Zacatecas, considerado como el de mayor importancia económica y el de mayor población de la entidad. Una comunidad ganadera y minera, que fue capturada por Pedro Valtierra a lo largo de los años.

¿Retrata mucho a Zacatecas?

“No como yo quisiera” declara un tanto melancólico; su padre ha muerto recientemente, sobre el tema no se habla.

“Ya no quiero hacer tantas cosas, quiero dedicarme a hacer fotos”. La pregunta da pie a conocer qué es la felicidad para el reconocido fotógrafo fresnillense: “Todo esto de Cuartoscuro me salió por necesidad, porque si no hubiera hecho esto, pues no sé dónde estaría y siempre hay que trabajar por lo que quieres, uno tiene que buscar las cosas que te gustan”.

¿Sin dejar nada inconcluso?

Con aire de anhelo, y su mirada un tanto cristalina responde: “Sin dejar nada, sin complicarnos, sin lacerarnos, ni dañarnos, yo quiero un mundo feliz, quiero las cosas diferentes”.

¿Cuál sería su mundo feliz?

Reflexivo, su mano colocada una vez más en el rostro y con la mirada al horizonte como quien ve más allá del ahora, responde con voz modulada “sería ser como soy, el mundo feliz no es no tener problemas, sino resolverlos, el mundo feliz no es hablar de un mundo mágico, la chamba, el esfuerzo, sufres, pero, finalmente la esencia es que estas bien”.

Trae reflexiones consigo, menciona la lectura de la encuesta hecha hace algunos meses, que delataba a los mexicanos como seres más felices que los países primermundistas.

“Yo quiero contribuir para que la gente esté bien, no quiero engañarla, ni ofrecerle que cuando se muera se va a ir a la gloria; yo no soy quién para ofrecer eso, ni puedo entrar a nombre de Dios ni nada de eso, creo que eso son cosas que sólo los que tienen lana saben, uno como proletario cree que no existen” dice con nostalgia, dando quizás un salto al pasado cuando apenas se iniciaba en la ciudad.

Mantener la esencia

El sol de otoño se ha postrado casi de manera cenital, son las 11:45 horas, está conversación esta pronta a llegar a su final. ¿Pedro Valtierra, como director de Cuartoscuro, qué está haciendo?, ¿Qué quiere hacer ahora para lograr esta felicidad?

“Quiero contribuir, quiero mantener Cuartoscuro, vamos a hacer cambios importantes”. Quiere procurar la esencia de la agencia, una empresa independiente que nació de la idea de hacer fotografía diferente y darles una oportunidad a los fotógrafos jóvenes de destacar e iniciar su carrera periodística, que viven por sus clientes y poseen mucha libertad.

“Quiero que Cuartoscuro se mantenga cubriendo los temas importantes, hacer un registro, eso quiero hacer, hay muchos lugares donde ya la fotografía prácticamente no existe, no hay registro de temas sociales políticos en Tamaulipas, no hay registro en Torreón, Coahuila, Chihuahua”.

El Premio Rey de España culpa de la violencia a ciertos grupos políticos, así como al crimen organizado, ellos ya no quieren más fotografía, pero la foto es imprescindible para creer.

Quiere estar a la vanguardia, usar la tecnología y agilizar el envío de fotos. También, quiere seguir funcionando como “escuela” para las nuevas generaciones.

Junta sus manos y se recarga en la silla, relaja los hombros, su chaqueta ahora está en el respaldo de la silla. La grabación se para, El Premio Nacional de Periodismo por trayectoria cierra su libreta con la pluma al centro para no perder la página, se levanta, y se dirige a la sección de computadoras, el trabajo debe continuar, así lo ha hecho durante más de 40 años y así seguirá siendo.





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