jueves, 5 de julio de 2018

PAULA LICONA LIMÓN: CIENCIA, BACTERIAS Y SU VOCACIÓN SALVAVIDAS

Por: Víctor Daniel Cruz Martínez
Ciudad de México (Aunam). En la puerta hay un papel que dice: Toque y pase. En el laboratorio se siente un espacio muy reducido, pero a la vez espacioso. Hay mesas altas repletas de instrumentos científicos; Libros, laptops, notas en las paredes y figuras de ratones. Dos jóvenes están frente a todo eso, tienen roedores en las manos, o lo que queda de ellos. A pesar de que parece una escena del crimen, no lo es, se siente un ambiente científico.


La doctora Paula Licona Limón, está sentada en frente de su escritorio. Tiene 39 años, pero aparenta un poco menos por su cabello corto rizado y su vestimenta juvenil. Tiene un suéter largo café, blusa blanca, jeans azules y botas altas café oscuro. Con sus investigaciones sobre bacterias inmunes a antibióticos, podrá salvar millones de vidas. Es una heroína.

“Son bacterias que ya están matando a gente, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) está pidiéndonos a los investigadores: ‘Hagan algo. Trabajen, desarrollen y apliquen estrategias para combatir estas bacterias’. El panorama no se ve nada alentador y es realmente crítico”.

Por una revista en el avión

Paula Licona Limón nació en Puebla, en 1978. Es una de tres hermanos. Durante su vida académica, siempre fue alumna de excelencia. “O sea, mis papás nos amenazaban con no mandarnos a la escuela y eso era la peor cosa que nos pudieran hacer. Cualquier niño hasta inventa que se enferma para no ir. Pues para mi hermana y para mí era lo peor, porque además teníamos que desayunar, entonces nos decían (sus papás): ‘si no desayunan bien, no van a la escuela’. Siempre fuimos nerds”.

También fue una gran atleta. “Fui atleta toda mi vida, era buena. Corría carreras de 100 metros, relevos 4x100 y salto de longitud. Y en salto de longitud llegué a las prenacionales, era muy buena.” Después se mudó a Chiapas. Ahí pasó parte de su vida, hasta que tomó la decisión de irse a estudiar la universidad, a la Ciudad de México o, mejor dicho, a Ciudad Universitaria (CU).

Ella quería estudiar Biología y su hermana mayor, con quien vino a la Ciudad de México y, a quien le tiene un gran apego, Medicina, ambas en CU. “Yo llegué a la ciudad a hacer mi examen de ingreso a la UNAM como cualquier otro provinciano, y justo en el avión (de Chiapas) había una revista que hablaba de Biomédicas, de la carrera”. Así fue como descubrió a lo que iba dedicarse, tiempo después.

Quién sabe qué hubiese pasado si no habría volteado a ver la revista, si hubiese abordado otro vuelo, tenido otros asientos, si la persona que dejó esa revista ahí se la hubiese llevado. Nunca lo sabremos.

“Antes de ir al examen, pasamos al Instituto, a Biomédicas, a ver de qué se trataba o qué teníamos que hacer para hacer el examen y ahí, de verdad, yo entré al lugar y me dio taquicardia. Supe que era lo que tenía que hacer; fue como descubrir que había encontrado mi vocación. No me había pasado nunca con nada, pensar que debía hacer eso, o que había nacido para hacerlo. Pensé que quería hacer Biología Marina, me gustaba mucho el mar, pero cuando descubrí la vida en un laboratorio dije: ‘esto es lo mío’”.

Los 11 elegidos

Su hermana y ella aprobaron el examen de ingreso a la UNAM. La carrera de Investigación Biomédica Básica es de ingreso indirecto, se imparte en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en CU.

“Imagínate, éramos 11 estudiantes, compara una generación de Medicina o de cualquier otra Facultad, hablamos de miles. Nosotros fuimos 11. Bueno, implicó pasar el examen de conocimientos general, después un propedéutico de una semana, otro examen de conocimientos, psicométrico, entrevistas, fue una tortura esa semana. Mi hermana y yo terminamos exhaustas y con miedo, no teníamos ni idea de cómo nos había ido, si íbamos a entrar o no”.

Obtuvieron el ingreso a la Licenciatura en Investigación Biomédica Básica. La doctora cuenta que, por no haber cursado el bachillerato en uno de la UNAM, tuvo ciertas deficiencias en la carrera, pero que logró superarlas. Considera que en México se tiene un nivel de educación superior excelente.

Posdoctorado en Yale: frío, depresión y mucho trabajo

Paula Licona Limón se graduó como licenciada en Investigación Biomédica Básica en 2002 y realizó un doctorado en el Instituto de Investigaciones Biomédicas, el cual duró cinco años. Después de eso, decidió irse a la Universidad de Yale, en New Heaven Connecticut, en Estados Unidos. Considera que fue ahí, cuando realmente comenzó su carrera, su etapa más productiva.

Durante la entrevista, la doctora Paula Licona, mantenía la mirada distraída. Miraba a su derecha y a veces hacia abajo, como recordando el pasado. Mientras hablaba movía las manos, sus dedos tenían anillos, en color azul, amarillo y plata. La puerta de su oficina estaba cerrada, sólo se escuchaba su voz, un tanto baja.

Al recordar su experiencia en el extranjero, su voz adquirió un tono alegre, pues fue una época feliz, aunque difícil. “Es un sacrificio fuerte, porque fueron siete años de mi vida estando sola, lejos de mi familia, de mi país. Extrañé todo, la comida, soñaba con tacos de barbacoa. Obviamente es duro y me fui a un lugar, además, donde el invierno es crudísimo”.

Comentó que durante seis meses de su estancia cayó nieve. “Descubrí que somos como plantas, o sea, si no ves la luz solar te deprimes, somos criaturas tropicales. Somos mexicanos, estamos acostumbrados al Sol y sí afecta estar en un lugar donde no hay luz solar”.

¿Usted se deprimió?

“Sí. En invierno era así de ‘ay, no, por favor’. Es que salías y estaba oscuro, regresabas y estaba oscuro; no veías la luz. Cuando había rayos de sol, estabas trabajando, entonces entrabas y salías de noche. No alcanzabas a ver luz”.

Cuenta que a veces, es un trabajo muy pesado, muy demandante. Pues las labores son toda la semana. “Ni siquiera podías decir: ‘No importa, el sábado voy a la playa’, no, no hay forma, tienes que trabajar. Es la etapa más productiva de tu carrera, yo creo, como investigador, pero es muy ruda y sobre todo si te vas a lugares de alta competitividad”.

Al ser una universidad de alta competitividad, Paula Licona Limón no era la única extranjera, por lo tanto, tampoco era la única en su situación, todo el mundo sufría lo mismo. Claro que no todo era malo. Esa convivencia incrementó su conocimiento y su cultura.

“Éramos 25 posdocs, entonces había gente de India, Francia, Alemania, España, Inglaterra, Colombia, Argentina, China, Japón, Israel, Irán, o sea, casi de donde se te ocurra y el nombre que me des, Bélgica”.

Paula Licona cuenta que eran interacciones a nivel cultural muy interesantes, porque no sólo aprendía las bases científicas, sino también qué tipo de costumbres tienen, qué comen.

“Suena mal, pero sí me sorprendió mucho que hay un tipo jerarquía en la India, la clase alta no come carne, no comen carne en general, pero que sea algo tan arraigado a su religión, que sobrepase el requerimiento proteico. Por ejemplo, puedes pensar que un niño necesita, ¿no? Y sí lo pensaba, ¿cómo te pueden hacer eso tus papás? Es casi un crimen que un niño no coma carne pudiendo comerla”.

¿Usted no es vegetariana?

“¡No!” –se ríe por su abrupta respuesta-. “De hecho, soy todo lo contrario. Me encanta la carne, pero respeto a la gente a la que no. No me interesa convencer a alguien que no come carne, a que la coma, no. Realmente es una decisión personal, al igual que en lo que decidas creer, o a qué partido le vas. Esas son decisiones personales que no voy a cuestionar. Pero definitivamente eso (ser vegetariana), yo, no”.

Oficina: Van Gogh, Remedios Varo, adornos y libros

La doctora Paula Licona, se puso de mejor ánimo, antes estaba un tanto distante. Su oficina estaba iluminada por luz cálida. Es un cuarto pequeño, pero acogedor. Parece que estuviera en su casa por la decoración y adornos que tenía. Las fotos pegadas en su pared daban un toque nostálgico.

Eran recuerdos, cada uno con una historia igual de interesante que su vida. Como en el laboratorio, su oficina tenía algunas figuras de ratones. Tenía otros adornos, uno estilo japonés. Libros grandes de ciencia, junto con carpetas.

¿Le gusta algún arte en particular?

“La pintura. Me gusta mucho Van Gogh, Remedios Varo, lo puedes ver” –extiende su brazo y, con el dedo, señala las pinturas que tiene en las paredes, los admira de verdad-. “Ese Picasso lo encontré ahora que fui a Nueva York en el MOMA y me gustó porque todavía no era tan cubista. Remedios Varo me fascina, fui a ver en el Museo de Arte Moderno una colección de sus obras. También la escultura, Rodin, bueno más que Rodin, Camille me encanta”.

¿Y esas figuras de ratones? Tengo entendido que trabajan con ellos, pero ¿Le gustan?

“Pues sí” -se levanta de su silla y agarra un peluche redondo, chico y rojo- “éste es un eritrocito (glóbulo rojo), son como cosas con las que trabajamos, y éste -toma otro peluche, color verde claro- es un gusano, pero un gusano de libro, esto es una burla en realidad, book worm”.

Proyecto de investigación: colaboraciones, bacterias y ratones

La doctora está trabajando en un proyecto de investigación muy importante. Descubrió, con la ayuda del doctor Rodolfo García, que algunas bacterias están presentando una cierta resistencia e inmunidad a los antibióticos. Esto afecta en gran manera a la humanidad. Quiere decir que las típicas medicinas que tomamos cuando nos sentimos enfermos ya no sirven. Según la OMS, estas bacterias podrían provocar la muerte de 10 millones de personas.

“Este proyecto, en realidad, lo empezamos en colaboración con otro de mis compañeros de la carrera, es biomédico también, el doctor Rodolfo García; está en Medicina y él es microbiólogo y bioquímico. Estudia las bacterias y mecanismos de resistencia, pero es más enfocado a la bacteria. Cuando llegué a México justamente estábamos pensando en que él veía y estudiaba a la bacteria, veía qué le pasaba, pero no hacía nada en un organismo vivo”.

Su colega Rodolfo García le ayudó a proponer la idea de las bacterias inmunes a antibióticos. Además, consiguió el contacto de un hospital de rehabilitación para que les proporcionaran cepas de bacterias humanas. Estas bacterias están siendo introducidas en ratones, para poder simular su efecto en humanos, y así encontrar soluciones para matar a las bacterias.

“Los antibióticos ya no son suficientes, ya no sirven. Hemos abusado tanto de ellos que las bacterias nos están ganando la carrera y, entonces, si no hay forma de matarlas, nosotros, aprendiendo más del sistema de defensa con el que trabajamos, con inmunólogos, pues podríamos, todavía, darle la vuelta a la bacteria y controlarla con nuestro propio sistema de defensa, potenciándolo, ya sin ayuda de antibióticos”.

La doctora hace ciencia para ayudar a la humanidad. Se diría que es casi un trabajo altruista. Da gran parte de su vida, a cambio de mejorar la salud de las personas. Claro que recibe algo a cambio, pero ¿Qué podría pagar el que salve a millones de vidas? Nada. Ella es una heroína.

¿Qué significa la UNAM para usted?

“Pues es mi casa, es mi cuna. Aquí me formé y le debo todo, lo que sé, lo aprendí aquí y soy súper afortunada por poder haber regresado aquí mismo. De verdad, creo que tuve suerte. Valieron la pena esos 7 años de estar lejos, y sufrir fríos, sola, en un país nuevo, sin conocer a nadie, por haber regresado a trabajar a uno de los mejores institutos en CU. ¿Qué más puedo pedir? Es todo lo que quería”.

Es menos de lo que ella merecía, pero bueno, los héroes nunca tienen todo lo que merecen.





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