sábado, 14 de julio de 2018

JORGE GÁLVEZ, UN HOMBRE INDÓMITO

Por Jehieli Blanco Loyo
Ciudad de México (Aunam). México: un país donde la violencia va en aumento y los derechos humanos se ven socavados a diario. Uno de los ejemplos, es la desaparición forzada de personas, delito que en repetías ocasiones se da en manos del poder del Estado y donde la impunidad es un factor determinante en su propagación.


Según el Informe Anual 2016 del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, el total de personas desaparecidas y no localizadas en México, ascendía entonces a 30 mil 499 casos, de los cuales, 29 mil 485 correspondían al fuero común y mil 14 registros al fuero federal.

Miles de familias mexicanas han buscado respuestas a las interrogantes que desde hace mucho tiempo no les permiten tener paz; varias son las organizaciones y varios los personajes quienes las integran, como Jorge Gálvez, director del Museo Casa de la Memoria Indómita, quien en entrevista ha narrado su historia.

Regina 66, colonia Centro, en una de las salas de la casona, se acomoda el director en un sillón de una réplica que, si bien no es exacta, es muy parecida a la cómoda y churrigueresca casa de la familia Piedra Ibarra. Pero ¿quienes son ellos?

“La historia de mi niñez es muy bonita, comienza el 12 de diciembre de 1955 -y hace una pausa con gran emoción- ¡ya casi es mi cumpleaños!”. Nace y crece hasta sexto de primaria en Tegucigalpa, Honduras, rodeado de una lucha electoral para arrebatarle el poder a un partido de oposición.

Su padre José Guillermo Gálvez Moncada, fue un militar oficial del ejército hondureño, que se opuso al golpe de estado y la represión de la población en ese país, pero aun así le permitieron su “exilio dorado” al respetarle su salario y permitirle salir de Honduras para estudiar.

“Mi padre tenía fuertes ideales y prefirió bajar las armas antes que combatir contra gente inocente. Él consideraba que la educación era lo único que necesitaba la juventud, para ganar cualquier batalla, y entonces cuando fue exiliado, toda la familia se mudó a Monterrey, para que mi padre estudiara en el Tecnológico”.

Una de las experiencias que más recuerda de su primera vez en Monterrey, es a una familia que paseaba a caballo todas las tardes, mientras él jugaba. “Mis amigos y yo mirábamos a esa familia y nos impresionaban los caballos, el señor siempre iba vestido de charro y la mujer con vestido y sombrero negro muy elegantes, también llevaban a sus hijos en otros caballos. De ahí yo le rogué mucho tiempo a mi papá, hasta que me quiso comprar un caballo”.

Después de cursar la primaria en México, Jorge vuelve a regresar a Honduras para cursar la secundaria, esta vez lo tendría que hacer al aire libre, en un rio que él recuerda mucho llamado Rio Lindo.

“Después de terminar la primaria allá, regreso nuevamente a México, pero esta vez para estudiar en el Tecnológico de Monterrey, Ingeniería en sistemas, una carrera que no existía en Honduras. Suena muy bonito, pero yo no te recomiendo estudiar ahí porque la gente se vuelve tecnócrata; la sensibilidad social nunca la vas a adquirir ahí”.

Comienza su interés por las luchas sociales

A partir de 1974, Jorge Gálvez conoce a varios compañeros que tenían conocimiento sobre la desaparición y asesinato de muchos jóvenes en ese momento en el país. “Nos fuimos a vivir a una casa que estaba a unas cuantas calles del Tecnológico, yo y seis estudiantes hondureños”.

Mencionó que en esa calle había unas jovencitas que se reunían cerca de su casa para platicar “nosotros les comenzamos a hablar. Un día yo le comenté a una de ellas ` ¿tú sabes algo sobre el chico que desapareció por acá aquí?’ y ella me respondió: ‘si, es mi hermano Jesús’”.

Jesús Piedra Ibarra fue secuestrado, el 25 de noviembre de 1973 por la Dirección Federal de Seguridad, que lo acusaba de ser miembro de la Liga 23 de septiembre; 45 años después, se sigue exigiendo respuestas al gobierno sobre su caso.

“Resultó que aquella chica era parte de la familia que vivía en la esquina de la cuadra, la familia Ibarra Piedra. Yo en este punto comencé a entender un poco la ideología que tenía mi padre respecto a la lucha social”.

Después de un profundo suspiro, Jorge Gálvez narró una de las experiencias que más lo llenan de nostalgia, pues menciona que después de varios meses de conversar y ganarse la confianza de la señorita Claudia Isabel Piedra Ibarra, lo invitó a entrar a su casa.

“Cuando entré me encontré con una vista parecida a esta –sube la vista para ver cada fotografía y objeto en la sala- y al mirar las fotografías, me percaté que todo el tiempo estuve con una de las integrantes de aquella familia que paseaba en sus caballos y tanto admiré en mi niñez. Esto solo puede pasar una en un millón”.

Aquella señorita, el día de hoy es su esposa “Fue un flechazo de empatía, un flechazo ideológico”, comentó Gálvez, pues tenía la plena conciencia de que podría ser parte de la lucha que comenzaba a emprender la familia Ibarra Piedra contra la desaparición forzada de Jesús Ibarra.

Es a partir de 1977, por iniciativa de su suegra Rosario Ibarra de Piedra, que surge el Comité ¡Eureka!, una organización no gubernamental que se propuso localizar a todos los desaparecidos políticos en México. En aquel entonces, el Comité se llamó Comité Pro-Defensa de Presos Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, y desde su fundación, ha dado con el paradero de 148 personas desaparecidas.

“Cuando me integro al comité, mi esposa me cuidaba mucho. Me comencé a dar cuenta que la calle estaba vigilada por vehículos e individuos muy extraños. Recuerdo que una noche cuando visitaba a Claudia, eran aproximadamente las 11:00 pm y al ir saliendo de su casa, unos militares me detuvieron y me pusieron una pistola en la cien”.

Fue el principio de una larga temporada de hostigaciones contra él y sus compañeros por parte de la Dirección Federal de Seguridad que, en la actualidad, es el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). Jorge Gálvez sin tener una plena conciencia de sus derechos en ese momento, solo era aconsejado por su novia Claudia sobre lo que debía hacer en caso de cualquier agresión. “Claudia me decía: si te llegan a detener, ¡Grita! ¡Patalea! ¡Grita tu nombre completo y bien fuerte!”.

Después de varios meses siendo perseguido en Monterrey, Jorge Gálvez tiene que regresar a Honduras por dos años para arreglar ciertos asuntos, pero se encuentra con revolución y guerrillas. “Se estaba gestando en Honduras una revolución, con varios combatientes internacionales y había una población oponiéndose a estos combates, incluidos los estudiantes.”

Parte de Comité ¡Eureka! Foto: Andrea García

Al instalarse de nuevo en su país, se percata que uno de sus amigos que conoció en la preparatoria es el Secretario General de los estudiantes en la Universidad Autónoma de Honduras y ve la oportunidad de integrarse en su comité.

“Me interesé por esta lucha y busqué localizar a mi compañero de la preparatoria. A pesar de que fue difícil contactarlo, al final pude hacerlo y comencé a trabajar con un fuerte grupo de estudiantes. Por lo que, tiempo después me comenzaron a perseguir también en Honduras. Ambos gobiernos (Honduras y México) crearon historias falsas sobre mí, pues decían que tenía alianzas con líderes subversivos”.

Es precisamente en este punto de su vida que se da cuenta la existencia de un patrón en las desapariciones: jóvenes organizados. Personas que deciden tomar las armas y cambiar el rumbo de aquello con lo que no están de acuerdo.

“No existe un patrón en cuanto a clases sociales, todo consiste en las ideologías. Sin embargo, la clase que más se arriesga son obreros y campesinos. Aquella que designan como clase media, es más bien una capa media, donde dependiendo como te vaya en la vida, es que actúas para tu beneficio. Al no tener la convicción de un obrero o un oligarca, navega conforme al viento y es, por lo tanto, moldeable”.

Al experimentar tan solo seis meses en carne propia, una persecución de la que Jorge Ibarra fue víctima tres años se involucró cada vez más en el Comité y en la historia de su cuñado. “He conocido tanto la historia de Jesús, que ahora sé más sobre él que de cualquiera de mi familia, me he apropiado de su dolor y he tomado la lucha”.

“Yo considero que existe en cada uno de nosotros un instinto revolucionario”

Jorge Gálvez considera que este instinto lo apropiamos en la casa o en la educación, sin embargo y lastimosamente, en algunas de las instituciones educativas actuales se tiene más una mentalidad de competencia que de solidaridad, lo cual también se aprende. En este sentido comenta: “El gobierno prefiere tener a una masa de ignorantes para manipularlos con una tarjeta de Soriana”.

¿Solo se ha quedado con la versión de los hechos que le han contado?

“Si, no hay mayor prueba que el testimonio vivo de la lucha de las familias. En cambio, en el Comité ¡Eureka! aunque está únicamente integrado por familiares, si cuenta con un comité externo que lo ayuda en temas especializados y en la toma de decisiones para el beneficio de la organización”.

La memoria Indómita

Las Doñas, llamadas así a las madres de los jóvenes desaparecidos buscaban realizar un espacio en donde se expusiera toda la información recopilada, sin embargo, es hasta 2006, cuando muchas de ellas ya habían fallecido, que se realizó el Museo Casa de la Memoria Indómita. Un proyecto que sigue buscando un apoyo mutuo entre museo y jóvenes, abriendo espacios artísticos donde se puedan expresar.

“Las Doñas querían dejar un legado de su lucha, hacer conocimiento de ello; el museo responde a eso”, menciona Jorge Gálvez.

“El arte y la educación son herramientas que nos van a liberar”

¿Cómo llega a ser el director de este lugar?

“Estoy relacionado sentimentalmente con este proyecto, y todo aquel que está relacionado de esta forma defiende mejor las cosas”.

El museo investiga en conjunto con especialistas, pero siempre en una línea de investigación que se plantea y discute en el Comité ¡Eureka! “Hay que empezar por la cabeza, primero debemos investigar al Ejército y de ahí matamos dos pájaros de un tiro: investigación al narcotráfico y el gobierno”.

“El narco no ha penetrado al gobierno, el gobierno es quien ha creado al narco, y quien lo controla es la Secretaria de Defensa y la Armada de México. Uno se da cuenta que hay gente infiltrada, que señala a quienes hay que llevarse, quienes están dando guerra y hay que callarlos. Estas personas están vinculadas con el gobierno. El pecado que llevó a Jesús a ser perseguido y hostigado fue su lucha por las clases desprotegidas” recalcó.

Habló sobre las dificultades más grandes que ha enfrentado. “El poco dinero que nos destinaba el gobierno del Distrito Federal y la señora Rosario, lo empleábamos para las piezas y los espacios, pero al no haber suficientes recursos no se puede trabajar al ritmo que quisiéramos. El comité ha aguantado tantos años por donaciones, ventas de la cafetería que se tiene fuera del museo y el voluntariado”.

Jorge Gálvez comentó que además de la falta de recursos económicos, ha enfrentado problemas con los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN), pues muchas veces, no han brindado la documentación que como comité solicitan. “Pero no les conviene retener la información, pues al tener nosotros autoridad moral, si los exhibimos, ellos pierden”.

Sus proyectos...


“El deseo de las madres de los desaparecidos es que este proyecto tenga una duración a largo plazo de hasta 500 años; su anhelo fue que nadie recordara a Luis Echevarría, pero si se recordara quienes fueron sus hijos”. Jorge Gálvez explica que el museo es por lo tanto la expresión física del archivo.

“El museo lo podrán destruir, pero el archivo y nuestra memoria, no. Tenemos planes de no quedarnos solo en este espacio, sino hacer difusión en otros medios como cine, teatro callejero y música”.

Jorge Gálvez responde que sin duda la experiencia que más ha forjado a la persona que es hoy en día, fue ser perseguido. “Cuando a mi papá estando en el ejército, le avisaron algunos de sus amigos militares que ya habían puesto precio a mi cabeza, cambió todo nuestro entorno. Cuando vives experiencias como esas sin que nadie te las cuente, te marca de por vida”.

El director del Museo Casa de la Memoria Indómita reconoce que no debería de existir este tipo de museos, pero mientras no deje de existir en México un sistema de gobierno ideológico como el actual y sus antecesores, esto nunca se va a acabar.

La larga lucha que por años han pasado los familiares de los desaparecidos ha vislumbrado una de las primeras medidas, de muchas que quedan, por crear en México para erradicar las desapariciones forzadas, el ejemplo está en el Congreso de la Unión al expedir la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición Cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas.

“Se buscan siempre culpables y muchas veces señalan a los jóvenes cuando la culpa la tenemos quien los educamos, ellos solo tienen dos responsabilidades: la primera y más importante es la diversión y la segunda es la educación. Nuestra gran esperanza está en ellos y nosotros debemos prepararles el terreno”, concluyó Jorge Gálvez quien, al ser interrumpido por una llamada, se retiró para conversar con un grupo de jóvenes artistas que realizarían una réplica del mural principal, ubicado en el segundo piso de la casona.







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