lunes, 7 de mayo de 2018

TIERRA DE BRUJOS Y MONOS

Por Aislinn Flores Rodríguez
Catemaco, Veracruz (Aunam). “Ten cuidado con los brujos. No te vayan a hacer alguna maldad”, es algo que suelen decir los familiares y amigos de una persona que decide emprender un viaje a Catemaco, Veracruz, una región conocida por su tradición ancestral de brujería, que irónicamente es muy visitada en Semana Santa.


Catemaco es un municipio que se encuentra a 170 kilómetros del Puerto de Veracruz por la Carretera Federal 180. Está enclavado en el corazón de Los Tuxtlas, una reserva ecológica de más de 3 mil 500 hectáreas de selva. El clima típico de una jungla tropical y humedad de 35° da la bienvenida a los turistas.

Un hotel muy famoso en el pueblo es “La Finca”, situado justo enfrente de una de las principales atracciones turísticas: la laguna de Catemaco, ubicada en el valle formado por las faldas del Volcán San Martín Tuxtla y la Sierra de Santa Martha. A lo largo de todo el malecón los lancheros esperan ansiosos la llegada de los viajeros para ofrecerles un paseo por las apacibles aguas.

Antonio es uno de los señores que dan esa travesía. Además de mostrar las bellezas naturales de la laguna, cuenta a los pasajeros algunos de los datos más curiosos del lugar. “¿Conocen a Mel Gibson? Él vino a filmar una película aquí, la de Apocalypto”.


La laguna, además, está surcada por pequeñas islas. Una de ellas es el sitio donde, según la leyenda popular, hace 350 años se le apareció la imagen de la Virgen del Carmen a un pescador. A partir de ese momento Catemaco fue reconocido como un lugar de sanación milagrosa. Los pueblerinos dicen que el nombre del pescador era Juan Catemaxtla y que en su honor se le llamó Catemaco a la ciudad.

La segunda parada del paseo es una isla mística donde dos chamanes ofrecen dar unas limpias para despojarse de mala vibra y dejar atrás las cosas que se pegan al cuerpo y no son benéficas. La fila es larga, pero la espera es amena: un grupo de mujeres aplica a los visitantes una mascarilla de arcilla de Catemaco, que tiene fama de ser un buen tratamiento exfoliante.

Aromas, aceites, incienso, hierbas y huevos. Esos son los elementos que usan los chamanes para limpiar a cada persona. Al terminar pronuncian una oración y piden mantener una actitud positiva para que el procedimiento funcione correctamente. “Si toman un baño de temazcal, mejor”.

El viaje continúa hacia uno de los manantiales que alimentan a la laguna. Es con esta agua inmaculada con la que recomiendan quitarse la mascarilla. El contacto del líquido con la piel es refrescante. Algunos pasajeros de las lanchas quedan tan fascinados con el manantial que deciden meterse a nadar.

La Isla de los Monos es uno de los lugares que más emoción causa a los turistas. Existe una colonia de macacos tailandeses implantada allí hace unos años para estudios de la Universidad Veracruzana, y que se han aclimatado tan bien al medio lacustre, que ya son considerados por muchos como parte del paisaje natural de la laguna.


En 1967, la UNAM estableció allí la Estación de Biología Tropical Los Tuxtlas, como respuesta a la seria perturbación de los ecosistemas en la región y, en general, en las zonas cálido-húmedas del sureste de México; de ese modo convirtió 640 hectáreas en un laboratorio natural para inventariar las especies, conocer la problemática de la reserva ecológica y proponer estrategias para salvarla.

Otro de los atractivos de Catemaco es el Río Chuniapan. Arturo es un lanchero que da recorridos por los manglares de la zona. Pasar entre todas las ramas entretejidas es como transitar por las venas de Catemaco.

Visitar la basílica de la Virgen del Carmen es una actividad que también es muy recomendada. Afuera del lugar hay mujeres que venden albaca y lozas porque en este municipio es una tradición comprar un par, frotarlas sobre el nicho de la virgen que está dentro de la iglesia y posteriormente pasarlas sobre el cuerpo. Los habitantes creen que esto es una forma de ser bendecido por ella.

Antes de irse de este pueblo, es imperdonable no comer los famosos tegogolos, unos caracoles de agua dulce que se capturan en la laguna, así como las pellizcadas de carne de cerdo ahumada. “Nuestras pellizcadas son hechas con carne de chango”, acostumbra a comentar la mesera del restaurante La Conchita.

Lo que ella no advierte es que la mayoría de los turistas ya saben que hay una broma interna entre los cocineros y meseros de Catemaco, en la cual le hacen creer a los comensales que comen carne de chango. El sentido del humor es una razón más para amar Catemaco, Veracruz.




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2 comentarios:

Juan Antonio Rodriguez Romero dijo...

Excelente reseña, me dieron ganas de ir a Catemaco.

Juan Antonio Rodriguez Romero dijo...

Excelente reseña, me dieron ganas de ir a Catemaco.