viernes, 25 de mayo de 2018

EL OTRO USO DE UN BAÑO PÚBLICO

Por Alberto Valencia y Diego Valadez
Ciudad de México (Aunam). Los baños públicos están diseñados para que una persona que se encuentra fuera de casa pueda llevar a cabo ciertas funciones fisiológicas que su cuerpo necesita; sin embargo en 2016, el sitio Cruising Mx (el nombre es un anglicismo que denota el gusto por prácticas sexuales en público) hizo popular el baño del metro Ermita como punto de encuentro para hombres.


Jorge “N” es un hombre al que le gusta asistir a este tipo de lugares: “la adrenalina que se siente cuando estás allí es bien chida”, dice al ser cuestionado sobre las razones de su inclinación hacia esos espacios.

“Pues son casi nuevos esos baños. Muy poca gente va y fue por la página que en el ambiente se hizo saber”, agrega. “También hay grupos de Facebook como el de Arrimones consensuados donde los gays preguntaban de lugares discretos para visitar”.

Existe una cuestión que resalta entre los visitantes a dichos espacios, y es que la mayor parte de los hombres que acuden no son homosexuales. Según las experiencias de Jorge, gran parte de sus ligues han sido heterosexuales, algunos hasta casados; “quieren taparle el ojo al macho”, bromea Jorge.

La concurrencia del baño es mayor entre las 10 de la mañana y doce de la tarde, luego pasan horas sin muchos clientes más que los que de verdad van por sus funciones reales, hasta que dan las seis de la tarde y de nuevo comienza la actividad.

En cuanto a las condiciones de salubridad, Jorge opina que son las adecuadas, como cualquier otro baño público: hacen limpieza en la mañana y en la tarde. “Los mingitorios son los más usados porque ahí es donde se conocen y deciden si seguir o no. Lo demás pasa en el lavabo; los inodoros casi no se usan para nada”.

El costo para entrar, porque el intendente tiene buen conocimiento de lo que sucede al cruzar los torniquetes del baño, es de 30 pesos más los cinco que cuesta el servicio general; no hay un límite de tiempo para estar ahí y siempre tiene en la entrada una caja de preservativos.

Jorge piensa que es un lugar muy discreto y recomendable para ir si alguien tiene el gusto por estas prácticas ya que no hay mucha gente y los que van ya tienen una idea predispuesta de que siempre el respeto debe estar frente a todo, tanto para la gente que sólo va a usar el baño para lo que es, como para los hombres que se niegan a un encuentro cuando se lo proponen.

“Nunca ha habido casos donde alguien acose a otro hombre; todos son amables y hasta el guardia saluda y nunca es indiscreto”, menciona Jorge para después exponer una inquietud: “el hecho de que se haga de más conocimiento no me parece tan bueno porque muchos homofóbicos pueden venir a atacarnos”.

Es por ello que su postura para un reportaje que visibilice esta práctica no le parece muy buena, pero ese juicio se pone en entredicho porque el trabajo podría fomentar el respeto y la inclusión.

“Por un lado no me parece por los ataques que podríamos sufrir, pero también hay que hacer visible esto. Todo mundo sabe que existen estos lugares y creo que mostrarlos al público puede hacerlo más común y así se tolere más. Es necesario que respeten esto porque no hacemos daño a nadie”.

También existen otros lugares como baños de vapor y antros, principalmente en Zona Rosa, Iztapalapa, Revolución y Garibaldi. Si bien muchos baños públicos han tenido este uso, el de Ermita es conocido como punto principal, y según Jorge, puede llegar a convertirse en todo un referente para la comunidad gay, otros no tanto.

Foto: Dominio Público / pxhere.com



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