lunes, 16 de enero de 2017

¿EL HEREDERO DE IZTACALCO?

Por Gabriela Jiménez Arellano
Ciudad de México (Aunam).- “¡Carlos, Carlos, Carlos!” coreaban entre gritos y aplausos los más de ocho mil iztacalquenses que asistieron el domingo 4 de octubre de 2015 a la toma de protesta de Carlos Estrada Meraz, en la explanada de la delegación Iztacalco. Caminaba sonriente y extendía las manos al cielo para saludar a los ciudadanos que gritaban a lo lejos “Carlos amigo, estamos contigo”. A los más cercanos les daba la mano, y hasta se permitía una selfie, una en la que luciera la corbata amarilla, color característico del Partido de la Revolución Democrática (PRD).


Los danzantes aztecas le abrían el paso en una ceremonia prehispánica. Al ritmo de los tambores, el olor y humo del copal se mezclaba con el rosa mexicano de la carpa, los rojos de los penachos y el ritmo café de las castañuelas. El esposo de la ex delegada Elizabeth Mateos llegó fresco y amigable luego de retratarse como el titular de la delegación. Subió al templete y desde ahí les hizo saber que “Iztacalco es la delegación más pequeña de la ciudad, pero estoy convencido de que es la más grandiosa, con un gobierno orgullosamente de Izquierda”.

El principal objetivo de Carlos Estrada era llevar a la acción su ideología. Estaba convencido de que la continuidad del gobierno de su esposa sería su mejor arma y que, lo más importante, demostraría a los que votaron por José de Jesús Martín del Campo, candidato de Morena, que estaban equivocados.

Entonces ignoraba que los dimes y diretes no bastarían. Que las palabras “están locos”, expresadas afuera de la Asamblea Legislativa el 1 de octubre de 2015, tras tomar protesta en ese lugar, serían insuficientes y que lidiar con las exigencias ciudadanas representaría su mayor lío.

Estrada Mera también se daría cuenta que los regalos para la población no son suficientes, como los tinacos Rotoplas para resolver el desabasto de agua. La contienda política con Citlalli Hernández Mora, diputada y vecina local de su esposa, Elizabeth Mateos, quien en el próximo período delegacional ocuparía el cargo de representante legislativa en la Cámara de Diputados, también le daría problemas.

La izquierda

Si algo ha distinguido a Carlos Estrada, además de su fidelidad al PRD, del que siempre trae algún color o un discreto pin en su saco, es su militancia de izquierda, su sello continuo y persistente en sus discursos como precandidato y delegado electo.

Quienes lo conocen, recuerdan como solía hablar en público. Se levantaba de su silla plegable y avanzaba al frente del proscenio de concreto, en uno de los foros de los centros culturales o deportivos de Iztacalco, con sus jeans flojos de mezclilla, un saco casual, zapatos y con el botón del cuello de la camisa desabotonado.

Comenzaba a hablarles a las personas sobre el cariño, la admiración, casi veneración, que sentía por las personas con discapacidad. “Incluso valen más que los que no estamos en esas condiciones”, decía. Mostraba también su preocupación por las madres solteras, inquietud que lo motivo a establecer programas como “Bebé sano, mamá feliz”, juego de palabras que conservaría en la creación de los propios, como en el caso del plan hidráulico “Gota a gota el agua se agota”.

La oratoria y singular carisma fueron sus fuertes durante su campaña electoral. Algunos incluso ignoraron la cercanía que tenía con la entonces delegada de Iztacalco, personaje con quien los habitantes de la demarcación se mostraban inconformes por la inseguridad, la insuficiencia de los servicios públicos y los oídos sordos ante sus demandas.

Tal vez lo pasaron por alto porque algunos ciudadanos, como Siria Guzmán, votaron por Estrada Meraz no por simpático, sino porque “ya no queremos más partidos, te imaginas como se van a acabar el dinero, de por sí los que están, cuánto no se llevan, ahora si salen más partidos, pues más”, manifestaba en abril del 2015, cuando se postularon los recién nacidos Partido Encuentro Social (PES) y Partido Humanista (PH), así como el intento de conservarse otros como el Partido del Trabajo (PT).

Su talentoso trato con el pueblo tal vez era un don que lo acompañó por haber nacido en 1968, o meramente fue la práctica que adquirió desde que inició su militancia política en la Escuela Nacional Preparatoria No. 4 “Vidal Castañeda”, de la UNAM, cuando era líder estudiantil de izquierda, o cosechado en 1986, durante el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario (CEU), el cual buscaba mantener la educación gratuita y el pase directo de las preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades a la Máxima Casa de Estudios.

Siguió por esa línea que lo llevó a convertirse en cofundador del PRD, junto con Cuauhtémoc Cárdenas. Sus logros dentro del partido se fueron acumulando: Secretario de Jóvenes en el Primer Comité Ejecutivo; ser el candidato más joven en competir por una Diputación Federal por el Distrito Federal en 1994; Consejero Nacional del PRD; director de Participación Ciudadana en la delegación Tláhuac; Coordinador de Seguridad Pública y Subdelegado Jurídico y de Gobierno en la Delegación Miguel Hidalgo, así como asesor de Gobierno en la misma durante la Administración 2006-2012.

¿Sucesión o herencia?

En 2014 Armando Quintero, exdelegado de Iztacalco por el PRD, expresaba su deseo de regresar a la administración de la delegación, aunque también tachaba de militantes de una falsa izquierda a Elizabeth Mateos y Carlos Estrada. Los describía como trabajadores del viejo priismo, con programas sociales basados solo en regalar pañales, despensas y un sin número de artículos, en lugar de generar políticas públicas que resolvieran los problemas de inseguridad, pobreza y desigualdad social.

“No le he visto un planteamiento político ¿Qué opino? Que anda violando la ley, entregando juguetes que compra la delegación y que en reyes y el día del niño, la delegada lo metió a entregar los juguetes indebidamente, violando la ley. Que tiene oficinas en la delegación, tiene estacionamiento, como si fuera empleado, cuando no lo es. No lo conozco en una historia de aportes”, declaraba para el Observador de Iztacalco, un noticiario de la red, mientras se tallaba las manos constantemente y miraba fijamente a la cámara.

Pese a estas declaraciones negativas, a las que se sumaron las de la bancada de Morena, ganó las elecciones. El 4 de octubre del 2015 rindió toma de protesta, acompañado de su esposa y el entonces dirigente en el Distrito Federal del PRD, Raúl Flores.

La victoria no sólo fue para él, sino también para el resto de sus compañeros y para el partido en general, que lograron mantener su posición frente a sus principales contrincantes, los afiliados al partido de Andrés Manuel López Obrador, Morena. Tal como sucedió en Iztapalapa con Dione Anguiano y Clara Brugada.

En la toma de protesta, anunciaba que su gobierno sería uno de continuidad. Se enfocaría especialmente en las madres solteras, las personas con discapacidad, entregaría tabletas electrónicas, zapatos y uniformes a los chicos de secundaria, pondría en marcha el programa “Cero baches”, instalaría un Sistema de Alerta Vecinal, a través de una aplicación en el celular y se crearía un plan hídrico para resolver los problemas de abastecimiento.

Gobierno, carisma, fotografías… ¿y los ciudadanos?


Cuando recién ganó las elecciones, Carlos Estrada apareció en A quien corresponda, con Jorge Garralda, programa de televisión Azteca con tintes de periodismo en defensa del ciudadano. Se veía a un delegado relajado, tranquilo, con manos entrelazadas y contestando a preguntas generales, que lo llevaban a afirmar entre risas que no bajaría la guardia y “aceptaba el paquete”.

Pero esta no sería la única ocasión en que el delegado visitaría el foro. Se presentaría una segunda vez para adherirse a la campaña del “Juguetón” y, además, prestaría la explanada delegacional para que la gente fuese a hacer la entrega de sus juguetes para dicha campaña.

En ese mismo año y lugar se presentó la Academia de Venga la Alegría. Se alzaban los celulares para grabar el tan esperado evento, más concurrido que otras ferias culturales, más que los conciertos de SKA con protestas de izquierda o la exposición de Rockabilly que se lleva a cabo cada año. No se presentó un informe donde se detallara la derrama económica o el por qué se incluían este tipo de espectáculos.

Esta es una de las caras de Carlos Estrada. El “delegado de la fiesta”, siempre accesible para tomarse fotos, el de los conciertos, el que entrega tabletas electrónicas (aunque éstas ya hubieran sido incluidas en planes educativos federales), el que se sienta a la mesa con personas con discapacidad y se echa el bailongo con las señoras y los niños. El que asiste a las obras públicas y recibe agradecimientos de los directores de las escuelas primarias de Iztacalco por las reparaciones en los planteles.

También está el lado opuesto de la moneda. Las quejas de los ciudadanos, quienes afirman que el abastecimiento de agua se agrava día con día, al grado de manifestarse frente a la delegación y las principales avenidas de Iztacalco, como reportarían los diarios El Universal, La Jornada, Milenio y Reforma bajo encabezados como “Llega agua a Iztacalco dos minutos al día”, “En la Agrícola Oriental siguen las protestas por el desabasto”, “Padece 80% por agua”.

Otros como Silvino Núñez, locatario del Mercado Sur 16 y protestante en contra de la construcción del Chedraui, opinan que no cuentan con el actual delegado. “Fuimos a la delegación a presentarle nuestras quejas y ni siquiera nos recibió, nos dejó esperando. Mejor la diputada Citlalli Hernández nos puso en contacto con otros mercados para que nos apoyaran, pero de él no recibimos nada”.

En el canal de Youtube de la delegación Iztacalco son visibles todas las entregas, la asistencia del representante a los congresos, el trabajo continuo con las dependencias del gobierno capitalino. Al parecer se han cumplido las propuestas que se difundían bajo el hashtag #QueMePregunten. Sólo el tiempo podrá responder si hay algo más allá o no del festejo, las entregas y la inconformidad de la ciudadanía.

Imagenes: Archivo.




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