lunes, 16 de enero de 2017

AGRÍCOLA ORIENTAL Y RAMOS MILLÁN, ENTRE DESABASTO Y VENTA ILEGAL DE AGUA

Por Gabriela Jiménez Arellano
Ciudad de México (Aunam).- El 28 de enero del 2016, la Comisión Nacional de Agua (Conagua) anunció corte y suspensión del suministro de agua para dos millones 500 mil capitalinos debido a reparaciones en el Sistema Cutzamala, el cual abastece a todo el Valle de México. En sus inicios reportaban recortes parciales del 25 por ciento o ausencia total por 48 horas. Situaciones aparentemente temporales, no deseables, pero necesarias para mejorar el servicio público.

Los habitantes de Iztacalco tienen que usar agua gris para no prescindir de esta.

Sin embargo, lo esporádico terminó por ser permanente y, en algunos casos, sólo fue la gota que derramó el vaso, la que colmó la paciencia de los habitantes de las colonias Agrícola Oriental y Gabriel Ramos Millán de la delegación Iztacalco, quienes ya padecían un desabasto desde hace un año.

Los dos recortes anunciados en enero y abril de 2016 no fueron ninguna sorpresa, simplemente se hicieron oficiales. Este fue el pretexto perfecto para iniciar una serie de reclamos, huelgas y el contacto con los medios para exigir lo que se había establecido el 28 de julio del 2010 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y el 8 de febrero de 2012 por el Congreso de la Unión en México, como un derecho humano.

Ante los reclamos Carlos Estrada Meraz, delegado de Iztacalco, y Miguel Ricaño, director de Fortalecimiento Interinstitucional del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX) anunciaron, en conferencia de presa, la rehabilitación de la infraestructura hidráulica y la construcción de cinco pozos de agua potable para abastecer a una población que no puede cubrir sus actividades solo con el envío de pipas y tandeos.

La denominada “magna obra, cuyo costo se estimó en 90 millones de pesos, preveía beneficiar a aproximadamente 90 mil personas de la demarcación. No obstante, la construcción de estos pozos profundizó y sacó a flote otros problemas, como la delincuencia, caracterizada por el robo de válvulas y venta ilegal de agua sustraída del mismo sistema.

En espera del oasis

Arturo Cervantes se ha acostumbrado a que un trabajador de la delegación toque a su puerta para preguntarle si tiene agua. “Sí tenemos, hoy no necesitamos pipa”. Es parte de su rutina. Sacan la manguera de la pipa y sus chorros sustituyen el flujo ausente en las tuberías.

La ironía y la frustración imperan durante la otra parte de la rutina, la lectura del medidor. “Oiga en vez de que salga agua, nomás sale aire. Es aire lo que estamos pagando”. El trabajador del SACMEX lanza una sonrisa avergonzada que intenta no rayar en la burla. “¿Puede haber mayor cinismo?”, se indigna el hombre de 65 años.

“De las tuberías no sale una gota ¡Nada, nada, nada! Me imagino que la diferencia entre nosotros y los de la colonia Agrícola Pantitlán o Leyes de Reforma ha de ser que a ellos ni pipas les envían. Ellos hasta han bloqueado el Metrobús, en Eje 4 y Rojo Gómez”. Cuando se les pregunta si ya han ido con el delegado, la respuesta es la misma: “ya fuimos, pero no nos hace caso. Vayan ustedes, para que vea que es en serio”.”

En 2015, un estudio realizado por el SACMEX sobre la factibilidad hídrica –definida como la capacidad de una zona para abastecer a su población con servicios hidráulicos de agua potable–, reveló que 33 de 55 colonias de la delegación Iztacalco requieren de reforzamiento e incremento caudal. Este dato coloca a dichas zonas en un nivel de alerta naranja, es decir, próximas a que su factibilidad hídrica sea nula.

Dentro del grupo de colonias en riesgo están las siete secciones de la Agrícola Oriental, la Gabriel Ramos Millán, Granjas México y La Rodeo, todas vecinas, colindantes con la Delegación Iztapalapa, y establecidas alrededor de las oficinas delegacionales.

Justo en la zona donde se anunciaron las reparaciones en el Sistema Cutzamala, los iztacalquenses protestaron por la ausencia del líquido en las tuberías, la insuficiencia de pipas y la indiferencia de las autoridades que lleva más de un año. Gritaban, ondeaban cartulinas e impidieron el paso del Metrobús. Sin embargo, sus reclamos se iban apagando, como el chorro de agua que llega una vez al día en sus hogares.

Mapa de Factibilidad Hídrica de la Delegación Iztacalco. Archivo del SACMEX

El agua, derecho humano, ¿realidad o mito?

El artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece el derecho de acceso a los servicios hidráulicos para todos los mexicanos, así como la responsabilidad del Estado para garantizar el cumplimiento de esta garantía constitucional.

Cuando el artículo 4º de la CPEUM se reformó en 2012, surgieron múltiples cuestionamientos sobre si se debían seguir o no los lineamientos establecidos por el Comité sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas: disponibilidad, calidad, accesibilidad física, asequibilidad económica y no discriminación.

El debate yacía principalmente en dos puntos: por un lado, se dudaba que el Estado tuviera las políticas públicas suficientes para asumir la responsabilidad total del suministro hídrico –lo que al final quedó estipulado– y por otro, la conciencia de que al tratarse de un derecho dejaría omisos a los ciudadanos de ejercer un pago por el servicio, sabiendo que la infraestructura del sistema no cuenta con las condiciones óptimas para abastecer a los más de 119 millones de habitantes.

A esto se sumaba también la ausencia de una distribución justa, sin discriminación por condición social. “Se ha llegado incluso al extremo de dejar sin agua a comunidades que tradicionalmente poseen un yacimiento para hacer uso del mismo en pos de explotarlo a favor de estos ciudadanos de elite y aún más, dejar sin agua a la comunidad de donde el agua es originaria”, afirmó en entrevista para la revista Impluvium, el doctor Manuel Pérlo Cohen, director del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

Pese a estas reservas sobre la reforma del artículo 4°, el Congreso de la Unión aprobó el 8 de febrero del 2012 la modificación que establece el recurso hídrico como un derecho humano. De acuerdo con Perló Cohen, este cambio “es una forma novedosa de ejercer justicia social, de vivir en un real Estado de derecho, de dejar en claro que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y ante la infraestructura pública”.

Sin embargo, todo quedó en buenas intenciones. De acuerdo con datos del INEGI del 2015, aproximadamente el 56 por ciento de la población recibe agua por tandeo y sólo el 14 por ciento tiene acceso a un servicio continuo. Además, casi 14 millones de mexicanos, a nivel nacional, no están conectados a una red hidráulica.

A pesar de estas cifras, en el recién aprobado Presupuesto de Egresos Federales 2017, se registró una disminución del 70 por ciento en los recursos destinados a las dependencias encargadas de ofrecer este servicio.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la cantidad mínima de consumo por persona se sitúa entre 80 y 150 litros. Sin embargo, en la casa de Ofelia Salazar Reyes apenas reciben dos minutos diarios de abastecimiento, equivalentes a 800 litros. Esa cantidad tiene que alcanzar para sus hijos, nietos, nueras y yernos, un total de 8 personas.

Todos los días, entre las 13:00 y 14:00 horas, Ofelia pesca a sus nietos Adolfo y Martín para que le ayuden y a su nuera Lomelí a acarrear los cuatro tambos de 30 litros y cubetas de pintura Comex, donde guardan el agua que utilizaran durante toda la semana para distintas actividades.

Un recipiente va destinado para el baño. Si bien les va, puede alcanzarles para una semana, aunque casi siempre se acaba a los tres días. Escogen echar un cubetazo sólo con los excrementos; si son orines intentan no hacerlo muy seguido para conservar una cantidad considerable. “El chiste es hacerla rendir, porque no alcanza a veces ni para lo más importante, que es el aseo de uno”, contesta indignada Ofelia.

Construcción del oasis

Con una sonrisa atenta, lista para posar frente a las cámaras de comunicación social, Carlos Estrada Meraz, delegado de Iztacalco, se coloca afectuosamente junto a los 450 vecinos de la colonia Gabriel Ramos Millán, a quienes esa mañana les hizo entrega de un tinaco de 750 litros.

El funcionario, que está por cumplir un año al frente de la delegación, promete que pronto se acabará el abastecimiento con pipas de agua potable y tandeo porque, desde ese día, las exigencias de los habitantes serán atendidas a través de la puesta en marcha de la “magna obra” perteneciente al programa Gota a gota el agua se agota.

La obra propuesta por el jefe delegacional consistía en la construcción de varios pozos de agua potable, la rehabilitación y mantenimiento de otros, y la implementación de plantas potabilizadoras. La obra pública tendría un costo de 90 millones de pesos y garantizaría a los ciudadanos un abastecimiento del 100 por ciento.

No obstante, en agosto se presentaron denuncias que detallaban cómo los ciudadanos de la Gabriel Ramos Millán habían manipulado las válvulas de los pozos de la colonia para privar del servicio a los habitantes, esto con el fin de crear tomas clandestinas, de donde extraían el líquido con bombas domésticas para después venderlo en el floreciente negocio de la venta ilegal de agua.

Más tarde, en ese mismo mes, el director interinstitucional del SACMEX, Miguel Ricaño, y el delegado de Iztacalco acordaron que se recibiría apoyo de la Policía Federal para vigilar las zonas de construcción y detener a quienes incurrieran en dicho delito, tipificado como robo en la Ley General de Aguas del Distrito Federal.

No obstante, este problema ya era viejo. Colonos de las delegaciones Venustiano Carranza y Benito Juárez habían denunciado este problema en noviembre de 2015, mes en el que sus demarcaciones pasaron por la misma situación: reparación de infraestructura y construcción de pozos para darle fin a los tandeos.

El 25 de noviembre de ese año, el director general del SACMEX, Ramón Aguirre Díaz, declaraba en el noticiario de radio matutino la Red de Radio Red, con Sergio Sarmiento y Guadalupe Juárez, que el problema de la falta de abastecimiento no era la infraestructura sino la manipulación y robo en las válvulas del sistema de aguas.

El 11 de octubre el 2016 Aguirre Díaz, en el mismo programa, afirmaba que los problemas se debían a la mala infraestructura, falta de presupuesto, cuotas de pago insuficientes y, sobre todo, a la dependencia total del Sistema Cutzamala, el cual ya no se da abasto. Por ello, se ha recurrido a la perforación de mantos acuíferos, mejor conocidos como pozos.

Sin embargo, estas mismas excavaciones pasaron de tener una profundidad de 30 a 300 metros, lo que ha generado una sobreexplotación que “provoca más hundimientos, grietas y desnivelación del terreno”, explicaban Manuel Suárez y Joel Carrillo, investigadores del Instituto de Geografía de la UNAM.

A través de una solicitud de información al Instituto Nacional de Información y Atención al Público (INAI), se averiguó que las construcciones de pozos significaron un gasto de 79 millones 160 mil 585 pesos para el erario de la Ciudad de México.

De estos pozos, sólo el ubicado en la colonia Agrícola Pantitlán concluyó su construcción en mayo del 2016, por lo cual la empresa Innovación para el Desarrollo Ambiental Sustentable, S.A de C.V, cobró 55 millones 293 mil 324 pesos, aproximadamente el 61 por ciento de los 90 millones destinados para la “magna obra”.

Otro dato a tomar en cuenta es la experiencia de esta empresa. Ubicada actualmente en Hermosillo Sonora, Innovación para el Desarrollo Ambiental Sustentable, S.A de C.V sólo cuenta con seis años de experiencia en la materia, pues fue fundada en julio del 2010, mientras que Consorcio Ger S.A de C.V, a pesar de trabajar en este tipo de obras desde 1990, recibió un pago de 6 millones 90 mil 547 pesos.

Hasta el día en que se presentó este reportaje, no se pudo obtener información de las razones por las que se marcaron las diferencias de pago ni bajo qué fundamentos, las empresas ganaron las licitaciones.

¿Esperar el pozo o comprar agua ilegal?

Esquina de Sur 177 y Oriente 210, donde la pipa de agua potable de la Delegación se detiene para llenar tambos y cubetas.

La calle Sur 117 se siente infinita. Desde la avenida Plutarco Elías Calles busco la intersección con Oriente 110, pero no hay señales que adviertan la construcción de los pozos de agua, tampoco trabajadores, cintas de precaución, polvareda… nada.

En la esquina de la calle Oriente 102 está pegado un letrero en el que se invita a los vecinos a hacer acto de presencia: “Vecino, el 29 de agosto preséntate en la Avenida del Recreo y Sur 177, para denunciar en el programa A quién corresponda la falta de agua. Es importante que nos vean unidos.”

Veo personas dispersadas. La calle acaba de despertar. Una manguera gorda, ancha, arrugada, idéntica a un tlaconete, salvo por el cuerpo baboso, escupe borbotones de agua que no veo. Sólo escucho como caen dentro de los tambos que almacenan unos 20 litros de agua. Todo ocurre dentro de una casa blanca, en secreto.

Probablemente la vendan como lo hacía Luis Enrique Marín Cosme, hombre ingenioso, no por vender el tambo en veinte pesos, sino por conseguir el uniforme de los trabajadores del SACMEX para hacer su negocio. Definitivamente, la necesidad saca las cualidades de la gente, aunque las encaucen para actividades ilegales.

El negocio es, en realidad, un secreto a voces. Eso les conviene a mujeres como Teresa, quien se lleva sus dos tambos repletos de agua. Mientras camina va contando el dinero. Uno, dos, tres, cinco…siete pesos. Junta las cejas al centro de la frente y ve de reojo al muchacho con el diablo y se da cuenta que no le alcanza para la propina. Se lamenta una y mil veces “¿por qué Diego es tan huevon?”. Llega y encuentra al chico de 16 años tirado en el sillón con una mano en el ombligo y la otra celebrando un triunfo de la Copa FIFA 2010 del XBOX 360.

Al lado vive Sonia. A ella no le va eso de andar comprando agua clandestina. Le gusta mantenerse recta porque el precio le exige esa rectitud. Termina de lavar los trastes con el agua gris que le sobró de la ducha de ayer. Al principio le parecía una porquería, pero con la escasez del agua se le ha ido quitando lo modosa.

Termina esa actividad y se sienta frente al reloj. Sus ojos se clavan en el minutero o quizás sólo espera a que sea la una de la tarde o a que un día de estos caiga agua del grifo de su cocina y no de una pipa del programa “Abastecimiento de Agua Potable para Todos”. Así se lee la etiqueta de la pipa que va entrando por la retorcida calle Sur 177.

Cuando sale, el borlote ya se armó. Hay un desfile de cubetas, tambos, tinas y hasta de herramientas de patente: una caja de verduras con cuatro pequeñas llantas, artefacto ideal para llevar y traer las cubetas; pero el hijo de Sonia no ve así el invento, para él es un carro de carreras, y le importa poco que otras 10 personas le ganen a Sonia el último suspiro acuoso de la pipa.

Los medidores siguen funcionando y los recibos llegan; pero no llega el suministro.












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