jueves, 28 de mayo de 2015

ODISSEO HACE RUGIR CHAPULTEPEC

Por Vanessa Arriaga Hernández

México (Aunam). “Es momento de sacar mis mejores pasos de baile”, dijo Esteban, el desinhibido vocalista y líder de la banda de rock Odisseo, cuando empezó a sonar Días de fuego, título homónimo de su más reciente extended play (EP), el mismo que salió exitoso de la edición 2015 del Vive Latino. Los gritos de las chicas no se hicieron esperar y aquello fue la tónica del concierto.

Días antes de ese 9 de mayo de 2015 entre los jóvenes, y ya no tanto, comenzó a correr la voz: “Odisseo en la Casa del Lago ¡Gratis!”. Así que muchos llegaron desde el mediodía a este recinto de la UNAM. Los despreocupados arribaron a la hora exacta: dos de la tarde, ni más ni menos, para apreciar el show de este grupo de rock originado en Ecatepec, estado de México, en 2011.


También en Chapultepec, hace tres años, esta banda fue escuchada por cientos de personas su primer EP, Los salvajes, que los posicionó en la escena nacional. El sábado 9 de mayo fue distinto. Sus canciones ya eran coreadas a todo pulmón por casi 4 mil personas.

Con enjundia, Daniel (en la guitarra), Édgar (bajo), Manuel (batería), Rodolfo (teclados) y Esteban iniciarían con Dominio y sus acordes recorrieron el bosque, atravesaron el lago y desembocaron en un rugido de euforia: “Si tus sentimientos ya son ajenos/ los pensamientos se vuelven necios/ Has intentado hacerme daño/ ya no comprendo por qué…”.

La Casa del Lago cimbraba con las voces emocionadas de los fanáticos y sus brincos de ansiedad emocionados de tener a sólo metros (centímetros para los más afortunados y madrugadores) a sus ídolos.

No importaba lo difícil que era mantenerse de pie en el suelo de piedras volcánicas; esas cosas se olvidan con el contagio musical.

Algunos árboles sirvieron como miradores, en particular uno que fue ocupado por dos chicas con un equilibrio envidiable, pues no sólo no caían, sino que bailaban con cada melodía. Pero obstaculizaban la vista de los que estaban más atrás y las acrobacias con el teléfono celular en modo video eran más que evidentes por tan sólo conseguir una foto decente del momento.

Los empujones y los brincos descontrolados producto de la energía juvenil provocó que las autoridades advirtieran con cancelar la actividad; el líder de Odisseo pidió calma porque estaban “haciendo sufrir a los de hasta enfrente”. Pero la petición no pareció ser de importancia porque más de uno sonreía al haber logrado su objetivo: Esteban sabía de su existencia.

Cabeza de león fue el parteaguas de la tarde, Esteban invitó a un joven de camiseta roja a acompañarlos en el escenario para interpretar un fragmento, el infortunado no pudo y fue abucheado; los músicos rieron divertidos entre sí. Al final el chico fue reemplazado por una fémina que salvó la tarde, pues se sabía de pies a cabeza la melodía: “Por tener que evadir/ al destino y al azar/ me vi dedil contra ti/ por no saber cómo fingir/ que oculté mi condición/ aposté por el valor/ a un destino infeliz/ nunca entendí que te perdí…”.

Admirada por muchos y quizá odiada por otros. Aunque eso sí, le dio un momento de descanso al vocalista porque la canción se la llevó la chica que al terminar fue ovacionada.

El público era tan variado que hasta un cover de Seré, de José José, se entonó con respeto y los mayores colados entre tanta juventud cantaban con cierta timidez pero sonrientes de estar allí.

Los mejores y más conocidos temas se dejaron para el final: Mentía y No, con los que las agudas voces llenas de vitalidad de las enloquecidas jovencitas destruyeron los oídos de la banda: “No, no me vayas a enamorar. No puedes, no, no puedes…”.

En el escenario, Rodolfo, con su teléfono inteligente de funda azul cielo, que hacía juego con su chaqueta de mezclilla, tomaba fotos cada que podía alejarse del teclado porque el público pedía más. Daniel se paseaba entre el escenario y sus compañeros. Esteban no dejaba de beber agua, Manuel se refugiaba detrás de su batería para protegerse de tanta energía proyectada por los jóvenes, y Édgar, con su sombrero negro, tenía un semblante inamovible.

Una vez que se terminaron su repertorio, las voces se desgastaron a más no poder, las memorias de los celulares se llenaron de fotografías movidas y videos que sólo servirán para el audio.

Esteban dijo algo que revitalizó hasta al alma más agonizante, “no nos vamos hasta que le firmemos al último”.

Y así fue, no pasaron 20 minutos cuando la fila para la firma de discos, fotos, carteles, camisetas, o lo que fuera, se extendió metros y metros con cientos de chicos en espera de tener cara a cara a los chicos de Odisseo. Paro aquellos afligidos por no tener nada de la banda les salvó el día la mercancía oficial: camisetas, discos y carteles.

La Casa del Lago en Chapultepec seguro recibe grandes artistas, pero el 9 de mayo de 2015 será recordado como uno de los mejores momentos para muchos de los que estuvieron ahí. “Son días de fuego otra vez…”





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