domingo, 12 de octubre de 2014

ETERNO PRIMER BAILARÍN: JORGE VEGA


Por Elizabet del Rocío Chavarría Almaraz
México. (Aunam) El lugar, el Centro Cultural Universitario (CCU). Para ser exactos, el tercer piso de la Sala Miguel Covarrubias; ahí se encuentran ensayando los bailarines del Taller Coreográfico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Terminando el ensayo previo a la función del viernes en la Facultad de Arquitectura, todos descansan sobre la alfombra que cubre todo el pasillo para escuchar las recomendaciones finales y el anuncio que da más detalles sobre el homenaje a Gloria Contreras en el Teatro de las Artes.

El primer bailarín, Jorge Vega, pide hacer la entrevista en un salón vacío para que nadie interrumpa, pero Valeria Alavez, primer bailarina, ingresa al salón y se recuesta en la duela para descansar un poco y escuchar la conversación.

Vega que tiene una figura imponente, se sienta enfrente, cruza la pierna y advierte, mientras ríe, que por el acento cubano podría no entender algunas cosas. Aún así, inicia la conversación diciendo: “Soy Jorge Vega, por lo pronto. Soy primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba, llegué aquí invitado por Bellas Artes a México, estuve ocho años de primer bailarín hasta que me vine para al Taller Coreográfico y ya voy a cumplir casi siete años.”

La experiencia en Cuba

Nació en Cuba, pero desde hace nueve años se naturalizó como mexicano. La decisión de ser bailarín no fue propia sino de su familia. Su madre, quien es pianista concertista, explicó el bailarín, ante la negativa de sus padres de ser bailarina, cuando tuvo hijos no perdió la oportunidad de llevarlos a todos a hacer la prueba de ballet. Jorge Vega fue el que calificó como apto, y así ingresó a la escuela de ballet.

“Pues el Ballet Nacional de Cuba imagínate, soy primer bailarín de allá. De hecho sigo siéndolo en el Ballet Nacional de Cuba, es un título que ya me dieron de por vida porque resulta que me enteré hace dos años que ya no era primer bailarín sino eterno primer bailarín, entonces, como que me voy a quedar hasta mis últimas consecuencias con esa categoría.”

Al principio Vega no conocía o tenía idea alguna de lo que era la danza. “Mi mamá me llevó y me dijo ‘este va a ser bailarín y arriba, póngase las mallas y al salón” lo intentó y el ballet le gustó. Quizá por la forma de ver las cosas o el tratar de encontrar la belleza incluso donde hay problemas, la danza lo ha ayudado y lo ha hecho feliz.

Desde niño, Jorge Vega empezó de cero como todo bailarín, cuando se graduó de la escuela su trayectoria fue avanzando poco a poco, obtuvo papeles de varios personajes y roles que pudieron llevar a compartir escenario con todas las primeras bailarinas del Ballet, incluso con Alicia Alonso, primera bailarina y directora del Ballet Nacional de Cuba (BNC).

Poco a poco iba subiendo de categoría. “Empiezas cuerpo de baile, y en cuerpo de baile ven si tienes aptitudes. A medida que te vas desarrollando como bailarín, van viendo tu crecimiento y de ahí pasas a corifeo que es otra categoría, como un cuerpo de baile más avanzado que guía las filas y cosas así; después a solista, primer solista, bailarín principal hasta que llegas a la categoría de primer bailarín que es la última categoría que tiene la compañía.”

Vega comenta que en todas las provincias de Cuba hay una escuela de ballet, y él se graduó en la Escuela Nacional de Artes de Cuba como bailarín profesor. “El ballet es como el fútbol de México, los hombres quieren bailar, son súper admirados, somos ídolos del pueblo cubano.”

Con el Ballet Nacional de Cuba tuvo la oportunidad de presentarse en lugares como Australia, Argentina Moscú, París, Roma, Brasil, Cuba, México y de hacer como primer bailarín todo el repertorio clásico: Giselle, Don quijote, El Lago de los Cisnes, Pompeya, entre otros, que a su llegada a México también realizaría en Bellas Artes durante ocho años.

La danza y el bailarín

La danza es su forma de vivir, es su vida, desde niño se vinculó ella y el ejercicio. No puede catalogar lo mejor o lo peor, pero asegura, existe buena y mala danza, buenos y malos intérpretes. Existen los diferentes estilos, pero eso no quiere decir que no haya danza.

“No sé cómo pararía de bailar incluso, no es que tenga que estar bailando constantemente. A mí por ejemplo enseñar, platicar sobre la danza, todo eso me llena; me llena mi manera de vivir, me alegra la vida. No precisamente tengo que estar en el escenario bailando todos los días para sentirme bien, pero a mí el salón me hace bien.

Ensayar, preparar una obra y verdaderamente presentarla al público es la culminación de todo el trabajo, porque cuando uno se presenta en el escenario lleva varias horas de trabajo detrás de ese telón cerrado, lograr lo que verdaderamente ve el público”.

Para Vega, el perfil de un bailarín es difícil y más para alguien que va a dedicarse totalmente a la danza. Para él, el bailarín necesita diferentes condiciones físicas como la elasticidad, la estatura, ser delgado; donde la disciplina y voluntad son fundamentales.

Para Jorge Vega es difícil aceptarse ya como un primer bailarín, pues de ser así, comenta que ya habría acabado su carrera porque, asegura, todo el tiempo aparecen pasos nuevos, retos nuevos, nuevos argumentos: todo el tiempo se tiene que estudiar, trabajar “por encima de la bola”, haciendo referencia a una canción popular cubana, “pues si te bajas de la bola, la bola te pasa por encima”. La danza, dice, es una carrera que no termina nunca y si termina, termina el día en que se deja de bailar.

“El ambiente entre bailarines se supone es bueno, se supone. Uno nunca sabe bien, pero mira, aquí lo que tienes que hacer es dedicarte a trabajar y pensar en los personajes que tienes que interpretar, porque los artistas vivimos una doble vida: en la vida normal, cuando salimos de trabajar y la vida que nos enseñan acá, donde tienes que interpretar a ciertos personajes. Eso es lo importante, que te dediques a trabajar y no a andar buscando la quinta pata al gato que al final, no tiene”.

Sobre su trabajo como primer bailarín se muestra contento con las coreografías que realiza, pues busca esa parte bonita en la que también es importante la pareja con la que baila, independientemente de la vida familiar que se tiene. La persona con la que se baila es con la que se viven experiencias y esa doble vida.

“Imagínate, en mi casa soy Jorge Vega, pero cuando llego aquí a lo mejor me toca ser Romeo y aquí tengo una Julieta y me enamoro de ella, ¡eh! Bailamos, nos besamos y me mato por ella. Es una cuestión interior muy grande, muy especial y la persona que baila contigo tiene que sentir lo mismo, porque si no, no se da la obra, no sale”.

Los obstáculos como primer bailarín son muchos, Vega sólo señala dos: la lucha contra uno mismo y el tiempo. El primero, implica luchar con el cuerpo y la danza si se vive de ella. El segundo, el tiempo. El cual va pasando la cuenta y decide hasta cuando, aún cuando el bailarín se resista.

“El retiro es una cosa que viene y es algo natural, como la misma vida. Uno se va preparando aunque parezca que no porque el mismo cuerpo te va diciendo ‘Ya esto no, aquello tampoco, mejor te cuidas. Si haces una salto de más, puede que te duela la rodilla o te lastimas’ entonces uno poco a poco se va preparando y va aceptando lo que te va llegando. Si verdaderamente fuiste un artista, no vas a tener problemas porque vas a seguir enseñando, seguir ayudando a otros bailarines y cuando ellos bailan, sientes que bailas tu también.”

Sobre las nuevas generaciones de bailarines, afirmó, se necesita que sean mejores artistas, pues conforme la danza va creciendo cada año salen mejores pero lo único que necesitan es desarrollarse y poner corazón a lo que están haciendo.

“A la danza le hace falta apoyo y personas que verdaderamente quieran ayudar, no sólo el apoyo económico, sino personas que verdaderamente se interesen en ella, que no tomen la danza como un negocio o un espectáculo para ellos ganar dinero. Se necesita gente entregada que ame la danza”.

El Taller Coreográfico de la UNAM

“Sobre mi primera presentación con el Taller Coreográfico, la maestra Gloria Contreras me invitó a hacer una coreografía basada en Ernesto ‘Che’ Guevara. Me la aprendí, era un solo llamado El Ángel Contemporáneo de Gloria Conteras y me encantó.” Hace una breve pausa y dice “me encantó tanto, que aún estoy aquí.” Vega empieza a reír y Valeria Alavez, que hasta al momento no había mostrado gesto alguno, levanta la mirada y también lo hace.

La primera ocasión que llegó al Taller fue como primer bailarín del Ballet de Cuba y en búsqueda de una coreógrafa mexicana. Quien le vino a la mente fue Gloria Contreras a la que pidió de favor montar o prestar una de sus coreografías para presentarla en el Festival Internacional de Ballet de La Habana, ella accedió amablemente y en ese momento surgió una conexión.

Sobre el segundo encuentro, Vega platica “Me dijo, ‘cuando quieras te voy a enseñar mi repertorio’, me trató muy bien, me agarró mucho cariño y de paso yo me enamoré del trabajo de Gloria. Llegó un momento en que ya no resistí estar en Bellas Artes y de pronto empecé a verlo como algo muy lejano para mí ¿por qué? No sé, me aburrí un poco de lo mismo. Todos los años El Lago de los cisnes, todos los años Don Quijote, todos los años El Cascanueces y, prácticamente era una rutina”.

Llegar al Taller y conocer otras coreografías le hizo descubrir otra manera de interpretar la música, de hacer danza, algo que, dice, distingue a Gloria Contreras. Se enamoró de su trabajo y ella lo adoptó como su hijo al cual empezó a enseñar todo. “Me alegró mucho, me revitalizó totalmente y me mudé, así de sencillo”.

Invitaciones a muchas galas han logrado que Jorge se presente en varios lugares en los que señala a Valeria Alavez como bailarina principal y acompañante de dichas galas. “Ya te digo, desde que llegué aquí no paramos, hemos estado en Ucrania, Estados Unidos, Lituania, Colombia, Nicaragua, Costa rica y bueno, toda la Republica Mexicana. Hemos ido a todos los lugares del norte y del sur”.

Hasta ahora Vega, presentado como el representante internacional del Taller, afirma que al público le encantan las obras que llevan y de alguna u otra forma tocan su corazón. Las obras escogidas representan momentos de la vida que sin duda al menos una parte de los asistentes ha experimentado.

“Normalmente hay un 85 por ciento del público que cuando te ve bailar, algo tocaste de él y el otro resto a lo mejor apreció otra cosa porque la danza es apreciativa. A uno le gusta el color de las luces, a otro el vestuario, a otro la música y a otro lo que están haciendo los bailarines, la danza es algo muy completo”.

El Taller Coreográfico, opina, tiene otro objetivo además de dar cultura a la UNAM, el de educar a la gente sobre lo que es la danza y también para que los estudiantes, quienes considera Jorge Vega los más cercanos a ellos, puedan llegar y apreciar su trabajo. Por eso la variedad de coreografías, porque hay para todos los gustos.

Sobre Gloria Contreras

“Gloria Contreras para mí es de los talentos más grandes que tiene México en lo que es la coreografía y la enseñanza. Cuando llegué aquí, cambió mi manera de apreciar la vida, me enseñó muchas cosas, me enseñó a enfrentar todos los retos que ella me ponía. Porque ella interpreta la música y la danza como si fueran la vida misma, sus coreografías están basadas en muchas experiencias reales, algunas vividas por ella, otras vistas, otras imaginadas por ella, soñadas. No es sólo el príncipe que sale a cazar un cisne y se encuentra que era una mujer, no sólo es eso, va mucho más allá”.

Jorge Vega asegura que no todo mundo puede tener una compañía y dirigirla durante tantos años, como es el caso del Taller Coreográfico que conduce la maestra y el cual cumple este año 44 años, así como ningún corógrafo que tenga un repertorio tan amplio como el que tiene Contreras.

Un repertorio que considera amplísimo y diverso, de alrededor de 400 obras, en las que para mantenerlas vivas no basta una temporada, y donde la maestra ha sabido explotar la música tanto de músicos mexicanos como de otros lugares. “La admiro a ella como persona, como coreógrafa, como artista”, expresa Vega, y mientras hace un silencio. “Admiro su carácter, porque una persona como ella, sólo con su carácter ha podido triunfar.”

Hacia el final de la entrevista, Jorge Vega asegura que le gustaría seguir trabajando en el Taller Coreográfico de la UNAM hasta que el tiempo y el propio taller se lo permitan, pero por el momento, sin duda seguirá trabajando con Gloria Contreras, con el Taller y con sus obras.
Él decidió quedarse en nuestro país. “La cultura mexicana es una cultura riquísima, súper vasta. Por eso estoy aquí en México hace tanto tiempo, no pienses que yo nada más estuve en México, me invitaron a muchos lugares y recorrí el mundo. Pero México me asombró”.


Foto: TC-UNAM





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