lunes, 21 de octubre de 2013

MURAKAMI, EL PEREGRINO VACÍO


Por Renata González Tarragona
México (Aunam). Salir a correr por las mañanas, contemplar a la multitud en el inicio de su cotidianidad, acariciar al gato, cocinar pasta, escuchar jazz en la radio, beber una copa de vino o tomar una taza de café, sentir la pegajosa sudoración de un día acalorado, el goce ausente de un placer apasionado, paseos errantes y miradas al cielo nocturno en una conversación silenciosa con la luna.

Mujeres vacías o vaciadas, hombres femeninos, personajes etéreos absortos en una búsqueda por preguntas que les definan, ensimismados, anécdotas mágico-fantasiosas, irracionalidad e indeterminación que les da sentido, redescubrirse en la soledad de su pasado, en un despliegue de sensaciones, experimentar el susto de saberse vivo.

Sueños, obsesiones, erotismo explícito, tensión, voces, historias lineales entretejidas fluyen en atmósferas enrarecidas y nostálgicas, incomunicación y alienación del hombre contemporáneo en las grandes urbes, anestesia de no querer vivir, observar una gama de colores en los demás y encontrar en el espejo un reflejo incoloro a la espera de un despertar.

Ese es el universo murakamiano, es esa su magnificencia, su habilidad de crear escenarios complejos con pocas palabras, apelando a una exquisita “economía del lenguaje”, juega con una pregunta sobre el ser y la existencia, así como, a su vez, nos permite vislumbrar un fragmento de la cultura japonesa.

Es eso lo que se hallará en su más reciente publicación, presentada esta semana por editorial Tusquets en su lanzamiento mundial en español, en una librería del Distrito Federal. Es eso todo en lo que coincidieron sus presentadores en dicho evento, Gabriela Warkentin, periodista de W Radio, y Mauricio Montiel, periodista y escritor, ambos aficionados de la obra de Murakami, reforzado por la entusiasmada lectura de dos autores propios de la editorial, Sandra Lorenzano y David Miklos, y de la ganadora del concurso “Se busca lector de Haruki Murakami”, Norma García Ordaz.

Tal fascinación despierta el libro Los años de peregrinación del chico sin color.







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