jueves, 9 de mayo de 2013

AGUA, PASIÓN, ADRENALINA, SIMPLES LATIDOS DEL CORAZÓN

Por Miriam Hernández Alegría
México (Aunam). La pintura azul cielo predomina. El sudor, cansancio y lágrimas conforman el agua cristalina. El sol invade el lugar y los diferentes modelos en traje de baño, de hombres y mujeres que nadan por igual. Esa es nada más y nada menos que la Alberca Olímpica Universitaria de la UNAM. Que día a día tiene una historia que contar.

Lugar que abrió por primera vez sus puertas en 1954, para recibir las competencias de natación de los VII Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe. Un año después fue escenario de las competencias acuáticas de los II Juegos Deportivos Panamericanos. En 1968, fue escenario de los Juegos Olímpicos en las eliminatorias de polo acuático, y sirvió como lugar de entrenamiento para nadadores y clavadistas de diversos países.


Con más de medio siglo de servicio, sus cualidades han sido inmensas. Orgulloso recinto universitario de usos múltiples, dividido en varios escenarios: alberca de competencias de natación; fosa de clavados, con trampolines desde un metro hasta la plataforma de diez; zona para polo acuático; áreas de uso recreativo; canchas donde se practican diversos deportes (basquetbol, voleibol), además de una amplia franja verde.

Tiene también dos tribunas para poco más de 6 mil espectadores, ventanillas de observación para jueces y cámaras de televisión en la fosa de clavados. La temperatura de sus 6.5 millones de litros de agua se mantiene entre los 27 y 28 grados.

Vuelo en el agua: Zambullidos y braceados

La Alberca Olímpica Universitaria ha visto pasar todo tipo de vuelo humano. Zambullidos, braceados, crawl, mariposas y dorsos. Estilos que han dejado huella en figuras acuáticas de la talla de: Joaquín Capilla, ganador de cuatro medallas en Juegos Olímpicos de Londres, 1948.

Maximiliano Aguilar, seleccionado mexicano, tampoco quedó atrás en los Juegos Olímpicos de México, 1968; Múnich, 1972 y Montreal, 1976. Jorge Escalante Larrauri en Roma, 1960. Juan Alanís Guerrero: Tokio, 1964, y México, 1968. Gustavo Lozano: Montreal, 1976. Arturo Xicoténcatl, campeón nacional en los 800 m y subcampeón en los 200 m mariposa. Y en la categoría femenil: Norma Baraldi: Montreal, 1976. Así como Margarita Escalante, campeona nacional y universitaria en 100 m pecho. Vuelos en agua que simplemente, han dejado historia.

Natación: Una vida transformada

El tiempo pasa y nada se puede olvidar, los pensamientos y experiencias quedan en la memoria. El pasto verde aun se conserva. El tic tac, tic tac, tic tac, ha transcurrido; trece años han pasado. El camino ha sido arduo. El esfuerzo inmenso. El cansancio mayor. Mariana Morales Anzures ha cumplido los 22 años. Su vida se ha transformado.

Gorros, gogles, trajes de baño en diferentes colores, peso y figura han cambiado. La comida es el pecado más grande. Hamburguesas, pizzas, tortas, hot-dogs, papas a la francesa, refrescos, dulces y palomitas se conservan igual. En el mismo puesto a las afueras del recinto. Hombres y mujeres vienen y van. Calientan, nadan y entrenan. Y las nuevas estrellas siguen naciendo. Un lucero representativo comienza a brillar, y lleva por nombre: Mariana Morales Anzures.

Medidas: 56 kilogramos. 1.75 m. Cabello largo y lacio, ojos color miel. Uso de lentes, piel blanca. Cero tatuajes, dos perforaciones una para cada arete. Ninguna pulsera, ningún collar. Traje de baño azul cielo. Gorro azul marino, perteneciente al equipo cuatro representativo. A las 10:30 horas, el agua, el cuerpo y el traje de Mariana, se camuflajean y el entrenador Raúl Porta Contreras llega.

Silbatos, gritos, reloj. El entrenamiento Comienza

3-2…1 ¡Ahora! El primer silbato suena. Mariana utiliza todos y cada uno de los movimientos que ha aprendido durante trece años. Zambullidos, brazadas, estilo libre, mariposa y espalda; en conjunto forman su primera rutina. El Calentamiento. Los gritos de Raúl Porta, se escuchan en toda la alberca. ¡Mas! ¡Dame más! ¡Tú puedes! ¡Cómo es posible que el reloj sea más rápido y tu más lenta! Tres vueltas más y la primera parte termina.

El enojo de Raúl Porta es grande, manoteos y señalización en el reloj, lo manifiestan. Comienza la segunda parte. Pies descalzos. Traje y gorro mojados. Nado estilo mariposa en el carril tres, en el banco de salida del mismo número, se convierte en motivo de aplausos de compañeros y entrenador, cuando éste grita ¡Bien! Ha sido perfecto.

Nuevamente dos silbatos y el cambio de estilo se presentaba. La brazada siempre ha sido el fuerte de Mariana. Siete minutos bastaban para que ella diera cuatro vueltas. Y la ¡Goya! se escuchaba. Los gritos ¡Vamos Puma! Retumbaban.

Pero el enemigo de todo deportista se presentaba. Entrenador y dos amigos acudían a la mitad de la alberca de competencias. Mariana había salido. Un calambre le invadía la pantorrilla derecha. Gritaba y estiraba el pie. Y el dolor no cedía. David y Jimena, sus amigos, se convertían en muletas humanas para llevarla a las ventanillas, lugar de los jueces.

Las lágrimas escurrían, el piso estaba mojado. La nadadora quería privacidad. Sus amigos cumplían el mandato. Se iban. Raúl Porta se dedicaba ahora, a Santiago Carbajal Reyes. Con su traje en color negro y su gorro azul marino, indicaba que él también, era del equipo representativo número cuatro.

Segundo favorito después de Mariana. Santiago, maneja también todos los estilos. Era perfecto. Los aplausos lo demostraban. El entrenador lo felicitaba, por sus zambullidas limpias. Simplemente le decía: ¡Eres Magnifico Santiago! Y la rivalidad se manifestaba. Mariana y Santiago siempre han sido rivales en el agua. Amigos fuera de ella. Compañeros de la misma Facultad. Contaduría y Administración de Empresas.

El dolor disminuía. Después de veinte minutos, Mariana regresaba a la alberca. Santiago en el banco de salida número cinco estaba ansioso. El duelo llegaba. Silbatos, gritos y el entrenamiento daba comienzo.

Morales y Carbajal se zambullían. Las brazadas eran el estilo con el que los dos participaban, tenían que dar tres vueltas. Después cambiar a estilo dorso con otras tres. Para terminar con estilo mariposa, con dos vueltas mas. El primero en completar todo el recorrido en el menor tiempo posible y bien hecho. Ganaba.

Carbajal llevaba la delantera, juventud y cero lesiones le daban la ventaja. Sus brazadas eran perfectas. Le gritaba el entrenador. Morales iba atrás por una vuelta, se esforzaba. A los trece minutos, Carbajal había terminado su última vuelta en estilo dorso. Sentía seguro el triunfo y disminuía su velocidad. Disminución que aprovechó Mariana, alcanzándolo ¡por fin! en el estilo mariposa.

La vuelta de regreso se convertía en definitiva para tener un ganador, centímetros eran la delantera que llevaba Mariana. Con una leve lesión en la rodilla y el peligro de que el calambre regresara, no fueron impedimento para que en los últimos metros su velocidad se incrementara.

Carbajal quedaba atrás. Mariana Morales había terminado. Los aplausos y besos se escuchan y demostraban. Todos la felicitaban. Una vez más, había dejado claro porque forma parte del equipo representativo.

Santiago Carbajal salía decepcionado, pero como en todo juego aceptaba su derrota y se marchaba a las regaderas. "¡Goooya! ¡Goooya! ¡Cachún! ¡Cachún! ¡ra-ra! ¡Cachún! ¡Cachún! ¡ra-ra! ¡Goooya! ¡Universidad!", gritaban amigos, entrenador y escasos espectadores, que observaron el duelo.

Mariana Morales Anzures había obtenido una vez más un triunfo. Aunque sólo fuera en un entrenamiento. Pues sumergirse en el agua ante todo era para ella: Adrenalina, suspiros y latidos del corazón. Para la representativa femenil número uno de la Alberca Olímpica de Ciudad Universitaria.











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