martes, 12 de febrero de 2013

CANTO PARA EL ALBA: AUTE EN EL METROPÓLITAN

Por Nancy Rodríguez

México (Aunam) La marejada de personas estaba inquieta; con ganas de entrar; ansiosa. Las olas se crispaban con las luces de su nombre: Luis Eduardo Aute. El malecón de entrada recibía a los invitados a este cine-concierto en el Teatro Metropólitan.

Una pantalla blanca es lo que se miraba al fondo del escenario. Instrumentos vacíos. Todo listo. La tercera llamada era la clave inicial; las luces se apagaron y junto con ellas los susurros.

Los primeros minutos estuvieron llenos de trazos, secuencias, música, niño, escenas, adulto, miradas, demonios, mar, fotografías, que fueron parte del cortometraje “El niño y el basilisco”. Al concluir los aplausos y los gritos de “eres grande Aute” no se hicieron esperar.

Apareció él. El cantautor filipino creador de este trabajo cinematográfico. Vestido todo de negro, menos los jeans que eran mezclilla azul, se paraba ante un público que lo recibía con gran bullicio. Las primeras palabras, antes de dar comienzo su actuación fueron para ofrecer condolencias a las familias mexicanas que fueron afectadas por el incidente el pasado 31 de enero en la torre de Pemex.

Luis Eduardo Aute hizo su presentación en este escenario mexicano con motivo de presentar su más reciente trabajo discográfico: El niño que miraba el mar. Así que las dos horas y media que duró el evento fueron para presentar las 12 canciones que conforman el disco, bueno, 11 y medía, según el cantautor.

Cada canción nueva iba acompañada con el pensamiento de algún filósofo como Albert Einstein. Letras nuevas como No hay manera o Feo Mundo Inmundo (F.M.I) eran escuchadas por primera vez en los oídos de algunos asistentes; mientras unos pocos las coreaban o las balbuceaban.

Acompañado por su guitarrista Toni Carmona; el tecladista Cope Gutierrez y su corista y percusionista Cristina Narea, alternaron sus participaciones con el artista. En conjunto hacían vibrar con canciones como “Atenas en llamas”, “Prefiero amar”, “Mojándolo todo”. Mientras la alternancia a la par con composiciones nuevas como “Basilisco”, “Las musas”, “Cera perdida”.

El tiempo transcurría entre los acordes, las rimas para el amor, por el amor, para los tintes de sensualidad, las gotas de sexualidad y los mantos de esperanza. “Imaginación” fue dedicada no sólo la concurrencia mexicana que se encontraba ahí, sino también para John Lennon. Los estragos de una ligera gripe se notaban con el correr de las cuerdas; el remedio infalible unas cuantas copas de licor; los ánimos aumentaban y la media noche se acercaba.

“Más que amor, lo que siento por ti, es el mal del animal, no la terquedad del jabalí, ni la furia del chacal...” fue la primera oración que cantó solo Aute, porque el resto de la canción estuvo a cargo de los coros realizado por los asistentes. Y fue así como poco a poco se acercaba el final. Una rosa blanca que brincó dentro de los asientos fue seña de agradecimiento por la participación, sin embargo, faltaba más.

Una despedida insípida, hizo que el público pidiera más. Que quisiera de vuelta al cantautor. Y así fue. Tenía que presentar sus últimas canciones incluidas en su nuevo proyecto: “El niño que miraba el mar” y “La Ley de Galilei” eran las últimas que se necesitaban cantar.

Su voz, una guitarra y sus letras. Esta fue la parte final del pequeño comienzo para muchos. “Gira luna” y “Sin tu latido” fueron de las últimas interpretaciones del poeta, cantautor, pintor y cineasta.

“Al alba”, al alba de la media noche, la voz de Luis Eduardo Aute recorrió cada rincón del elegante Teatro Metropólitan. Sólo su voz, que le ha acompañado en estos 50 años de trayectoria artística, fue necesaria para vibrar, para sentir y para lograr que el público se pusiera de pie. Un telón cayó y con él desapareció el hechicero con su voz.





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