lunes, 12 de noviembre de 2012

CONTRAATACAN JOAQUÍN SABINA Y JOAN MANUEL SERRAT A LOS MEXICANOS

Por Angélica Jackeline Ferrer Campos

México (Aunam). Dos cuervos se posan en el escenario del Auditorio Nacional. Han volado desde España para deleitar a miles de espectadores con su canto, poesía y reflexión; el público espera ansiosos a que salgan dos de los personajes más queridos e importantes de la música de mediados del siglo XX: Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina.

El último concierto de la gira Dos Pájaros Contraatacan, está programado para iniciar a las 8 de la noche pero se retrasa veinte minutos. Después de este tiempo, se proyectan en las pantallas del recinto dos aves desplumadas con sombrero (las cuales representan a los cantautores), y dan instrucciones para disfrutar el concierto: apague su celular, pero mejor déjelo prendido para tomar muchas fotos; no grabe el espectáculo; llame a la nana de sus hijos y dígale que se retrasará unas cuantas horas y lo más importante, ubique los cestos para la ropa interior de acuerdo a su sexo.

¡Que empiece el espectáculo!

El Nano y Joaquín entran vestidos de traje sastre negro, corbata del mismo color y sombrero de bombín al mismo tiempo que la pantalla del escenario se ilumina como los grandes letreros de Broadway, mostrando la leyenda “Dos pájaros contraatacan”. Bailando y brincando, entonan a dúo Ocupe su localidad, melodía rockera compuesta de las emblemáticas canciones Hoy puede ser un gran día y Es Mentira. Saludan al público gritando “Viva México, cabrones” y “Buenas noches, estimado público”, mostrando la diferencia entre el carácter liberal de Sabina y la amabilidad de Serrat.

La energía que desprende la melodía que abre el concierto es impresionante; la gente grita, baila, se desvive por alabar a los maestros de la música. No obstante, esa emoción se convierte en ternura al comenzar los acordes de Acuérdate de mí, composición que se desprende del último disco de los españoles, La Orquesta del Titanic y que habla acerca de un amor complicado, que no se lleva totalmente a cabo porque ninguno está dispuesto a ceder. “Como te tomo, me doy. Como te busco, te evito. Como me vengo, me voy. Como me pongo, me quito. Como te falto, te sobro. Como me callo, te digo. Como te pago, me cobro. Como te extraño, te olvido”, entonan con nostalgia y dolor Serrat y Sabina.

Al terminar esta canción, la complicidad y amistad se reflejan en Algo Personal y en La Orquesta del Titanic, para la cual se proyecta un video animado explicando la fecha, lugar y personajes que tripulaban el Titanic el día que se hundió; hace énfasis en la muerte del actor Leonardo DiCaprio en dicho sitio y del estado de polisones de los españoles, que se encontraban escondidos en la ducha de un camarote. “En vez de paquebote, lo hubieran hecho paqueflote”, explicaba la voz en off.

Para ambientar aún más la situación, la proyección mostró las escaleras del salón principal del barco y Serrat y Sabina simularon bajar por ellas. Vestidos de chalecos blancos, sombreros y bastones, andaban como los cuervos. “En el salón la orquesta está tocando un fox, una canción que con neblina resbala hasta la sentina del vapor. Hasta que se inundó de sal el diapasón del violonchelo, la Orquesta del Titanic no dejó de tocar el fox de los ahogados sin consuelo”, cantan felices junto con el público.

“Tan amigos, así que se diga tan amigos, no somos. Nos hace falta sexo”: Joaquín Sabina

Llegó la hora de cambiar papeles: Sabina canta las composiciones de Serrat y viceversa. Ello fomenta que las bromas, aunque ya trilladas, sigan causando risa en los espectadores después de siete fechas abarrotadas en el Coloso de Reforma.

Antes de cantar la divertida y singular De Cartón Piedra, Joaquín Sabina les explica a las personas cómo fue que influyó en él Serrat, haciendo referencia a los tiempos en que, en Londres el autor de Una de romanos cantaba en el metro mientras se exiliaba durante la dictadura franquista. A la par, el compositor de Lucía ya tocaba en el “Madison Royal Palace de su puta madre. Él se encontraba entre Dios y Agustín Lara y yo entre Paquita la del Barrio y el Chavo el Ocho… A los culos de las señoritas, yo les cantaba canciones de Serrat”, cuenta riendo el andaluz.

Después de narrar con música similar a la de un circo el romance de un maniquí con un hombre, Sabina toma su guitarra negra. Hace un acorde y el público grita. “Me gusta la gente que sabe de guitarras. Yo sólo me sé unos acordes”, dice y comienza la emblemática canción 19 días y 500 noches, la cual coreaban a todo pulmón señores y jóvenes amantes de la música del español más irreverente.

Enseguida, Serrat con su característica amabilidad aparece de nuevo en el escenario. Él cuenta que “jamás le ha cantado al culo de una mujer una melodía de Sabina”, además de asegurar que la canción a presentar ya está asignada en el testamento para él cuando el creador de Esta boca es mía, se muera. En ese instante, las pantallas muestran periódicos en ruso, inglés, español y francés: se trata de Eclipse de Mar, historia de amor basada en sucesos irónicos de la prensa y la radio.

Pero Nano tiene qué entonar una melodía conmovedora y entrañable. El escenario se pinta de azul y Mediterráneo recorrió hasta el más lejano punto del Auditorio Nacional. La oda hacia el mar más bello de Europa, la cual provoca que todos se sientan parte de aquélla región, emociona a propios y extraños.

Sale el dueño de Penélope del escenario y regresa Joaquín, haciendo muecas y reclamando el que haya tocado Mediterráneo, a sabiendas de que es una bellísima canción. Por esa razón, decide seguir contando anécdotas, justo del momento en que se conocieron en Londres. “Yo inspiré sus canciones más conocidas. Primero, yo fumaba uno de esos cigarros que dan risa. Él llegó y me dijo: ‘Dame eso’, se lo dí y el fumó, haciendo círculos con el humo. Después me preguntó mi nombre y yo le dije ‘pues Joaquín’ y él me contestó: ‘Joaquín, tu nombre me sabe a hierba’… En el baño, yo miré discretamente hacia un lado y le dije ‘Maestro, es que aquéllas pequeñas cosas” y burlándose del tamaño de los genitales de su amigo, deleita a todos con Señora.

Éxitos, homenajes ¿y Serratius?

El intérprete de Tiramisú de Limón no puede abandonar México sin hacer una reverencia a su gran amiga, la intérprete Chavela Vargas, que falleció a mediados de este año. “Yo no compuse esta canción post mortem, yo celebraba la vida” y así, acompañado de Mara Barros, dedica a La Chamana Por el boulevard de los sueños rotos, donde Agustín Lara, Frida Kahlo y Diego Rivera, contextualizan la vida y obra de la mujer que sobrevivió al alcoholismo y a los excesos.

Las mujeres descarriadas y hermosas se han presentes con Canción para La Magdalena (interpretada por Joan Manuel) y Princesa, cantada por su autor. La primera, muestra a “la más puta de todas las señoras, la más señora de todas las putas” y la segunda, expresa el tedio que le provoca a un enamorado la actitud y drogadicción de la mujer que adora.

El rock and roll se hace presente con La del pirata cojo. En ese momento, Serrat desaparece y un hombre, muy parecido a él, sale al escenario; viste chaleco rojo y lleva unas pelotas de tenis. Mientras Sabina sigue cantando su deseo de ser pirata con pata de palo, parche en el ojo y cara de malo, presenta al malabarista nacido en Bosnia y Herzegovina. Serratius es su nombre y presenta un acto mortal: lanzar tres pelotas y cacharlas en el aire. Los presentes ríen y ambos continúan la composición.

El amor invade el escenario. “Si caminas, yo te sigo. Si te cansas hago un nido en el arcén. Hoy por ti, mañana también”, cantan ambos grandes de la música iberoamericana y se trata del sencillo de su último disco, Hoy por ti, mañana por mí.

Este sentimiento cambia. Llega la nostalgia y el desasosiego a la voz de terciopelo de Serrat y al tono rasposo de Sabina con Tan joven y tan viejo y “aquéllas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”. Los presentes lloran, entonan con pasión y se abrazan; simplemente, son Aquéllas pequeñas cosas.

Nos dieron las diez y en mi calle se acabó la fiesta

El show está por terminar y eso lo indican las dos despedidas que hacen los españoles. Es el momento justo para disfrutar de Para la Libertad y el poema musicalizado de Antonio Machado, que lanzó al catalán a la fama: Cantares. Mientras tanto, Sabina hace lo suyo con la querida melodía Contigo, del disco Yo, mi, me, contigo y con su canción más coreada, amada y recitada en la oscuridad dotada de amor y alcohol: Y nos dieron las diez, que está combinada con Noches de bodas.

Después de tres horas que podrían ser descritas como un orgasmo musical, los cuervos Joan Manuel y Joaquín siguen con su gira, no sin antes retirarse agradeciendo a la gente por llenar por siete noches el magno Auditorio Nacional y entonando Que se llama soledad y Fiesta, reiterando a los presentes que “se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”.




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