miércoles, 13 de junio de 2012

PUMITAS, CREANDO UNA FAMILIA


Por Carlos Andrés Flores Zulbarán
México (Aunam) Fomentar valores, apoyo de forma constante, enseñar que a veces se gana, pero también se pierde y eso no es algo malo, sino que de ello se aprende, es el fundamento principal de Pumitas.

Una institución deportiva que tiene como objetivo educar a los niños, busca crear un lugar donde los pequeños estén seguros, se diviertan y sean mejores seres humanos en un futuro no muy lejano. Así la describe Oscar Javier García Martínez, alumno de sexto semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Ante la escasez de parques acondicionados, el problema de vivir en departamentos pequeños y el riesgo que significa salir a jugar a la calle, Pumitas ofrece un espacio recreativo para acercar a los niños al deporte y enseñarles el valor de una familia. “Mi responsabilidad es formarlos tanto deportivamente como para la vida diaria”, comentó Oscar García.

Pumitas ha sido semillero de grandes jugadores quienes, luego de estar en las filas de esta institución, tienen la oportunidad de pisar el césped del estadio de Ciudad Universitaria, jugando para el equipo Pumas de la UNAM dentro de la liga profesional de futbol de nuestro país; como ejemplo están: Joaquín Beltrán, Sergio Bernal y Jaime Lozano.

Oscar lleva dentro del plantel 18 años y su etapa como jugador le permitió relacionarse con otros niños, crear amigos, que ahora también son entrenadores, y, lo más importante, formar una familia que durará para toda la vida.

Un monitor de Pumitas tiene grandes responsabilidades, le corresponde guiar a los niños, enseñarles el significado de la unión, orientarlos e inculcarles que un equipo es de once niños y todos son iguales.

Existen varias categorías. El niño puede empezar a los tres años y seguir hasta los catorce, el límite de edad para ser jugador. En los niveles superiores se realizan torneos y se buscan talentos.

En las categorías inferiores, el trabajo consiste en conseguir, al finalizar el ciclo, un nivel de juego similar en los niños de todos los equipos.

En Pumitas existe un contraste: por un lado, hay niños que llevan mucho tiempo jugando en la institución y tienen mayor estrategia en futbol; pero también asisten chicos con dificultades para pegarle a la pelota, en ocasiones eso se explica porque sus papás los obligan a jugar. Así que, un monitor tiene de tarea hacer que un jugador complemente al otro y se ayuden entre sí.

El entrenador debe aplaudir el logro de aquel que por primera vez le ha pegado dos veces consecutivas a la pelota; mientras que, a quien está acostumbrado a meter veinte goles por partido, se le dice en secreto que es el mejor jugador de la plantilla, pero hay que darle oportunidad a los demás, “eso me ha funcionado”, explicó García Martínez.

Los conflictos que surjan se deben resolver en equipo, es el principal fundamento infundido en los niños. Si alguien se equivoca o se pelea, afecta a todo el equipo y si no se ofrece una disculpa al compañero agredido, no se puede avanzar. “Es grato y sabes que haces bien tu trabajo cuando escuchas decir a los niños: ‘Anda, ¡ya!, pídele disculpas’, ‘Perdónalo’, ‘Vamos a jugar, somos amigos’. La integración del grupo es lo más importante”, concluyó.






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