lunes, 11 de junio de 2012

ENTRE ROJA Y AMARILLA, UNA VIDA DE PAPEL

Por Juan Tototzintle Nava
México (Aunam). Son las nueve y media de la mañana de un día domingo, ¿de cuál?, no importa, pues en todos los días la rutina se repite: la gente va y viene por el centro de Huixquilucan, Estado de México. Ahí, a unos pasos de la plaza principal un hombre tiene mucha actividad, se trata de uno de los más solicitados aquel día a esa hora: el vendedor de periódico.

Responde al nombre de Ramiro Peña; según indica ya ha perdido la cuenta, pero lleva entre 18 y 20 años de dedicarse a esa actividad, 10 de los cuales los ha hecho en su local actual, en el centro de Huixquilucan, que como dato adicional es el único que existe en el lugar.

El puesto es de su propiedad, lo adquirió “por contactos, pues a esto nos dedicamos varios de la familia”. Señala que tienen puestos en el municipio de Naucalpan, en un lugar conocido como Río Hondo, y en la colonia Argentina.

Su jornada de trabajo es de siete de la mañana a cinco de la tarde, para lo cual se levanta a las 4 y media y se va a conseguir los periódicos “en un expendio en el centro; ahí llegan todos, ahí centralizan todos los periódicos”.

En su puesto tiene una gran cantidad de periódicos y revistas aunque reconoce “obviamente lo fuerte es el periódico”. El que se vende más es El Gráfico “por lo económico, tres pesos”. Los que menos se venden son El Día, Rumbo de México y La Crónica de Hoy. Durante el tiempo que se realizó la entrevista así se pudo comprobar, pues El Gráfico era el más demandado, seguido muy de cerca por La Prensa, en una proporción casi de uno a uno.

Las revistas más vendidas son Muy Interesante y Tv Notas. Al preguntarle cuál es la que menos se vende, su respuesta es “¡Uy!, no acabaríamos, son varias. Alguna que no se venda, pues que te puedo decir, elige al tanteo la que gustes”. Luego de pensar un poco más responde “las de manualidades”.

Indica que lo que no se vende es regresado al proveedor en la mayoría de los casos, y este a su vez lo regresa a la editorial; y en algunos casos más se los queda Ramiro, aunque en este último, es mínima la pérdida económica, pues “llevas un control, sabes más o menos lo que se vende y lo que no se vende y no te embarcas así con la cuenta, compras 2, 3; sabes más o menos tus clientes que es lo que piden”.

Y tanto es que sabe lo que piden que desde que ve venir a sus compradores frecuentes ya les tiene preparado su diario; La Prensa para un señor, El Gráfico para otro y el Esto para otro más. Incluso bromea con un cliente al darle El Gráfico en vez de La Prensa; el bromeado se da cuenta pronto, “ahora lo sentí más flaco” le dice al vendedor y de inmediato es cambiado ante una sonrisa mutua.

En cuestión de ganancias, es difícil obtener alguna información: “Varía, nadie te va a decir lo que vende”, aunque después de insistir, dice un porcentaje: “20 por ciento, quince por ciento, veintitantos por ciento” de cada publicación. Señala que también recibe comisión por venta de tarjetas telefónicas y que algunos de los vendedores también comercian con cigarros y dulces. En su caso esto no ocurre.

“Lo que más se vende es el amarillismo y los deportes” comenta, al tiempo que señala un ejemplar de La Prensa y otro de Récord. Él también lee algunas publicaciones de las que vende, como el mismo Récord, además de México desconocido y Relatos e historias, las cuales considera “lecturas muy, muy buenas”.

La entrevista transcurre de una manera fluida y cada vez con más soltura por parte de un entrevistado que primero se mostraba algo tímido. Sin embargo al salir el nombre de la Unión de Expendedores y Voceadores, a la cual pertenece, su comportamiento cambia: “hay cosas que no te puedo decir”. Señala que es por un reglamento interno que existe.

Comenta que él sí vende Proceso, aunque ha recibido instrucciones que no se venda, pero prefiere no tratar el tema, sólo remata “son cosas de allá arriba”. Él la ha leído y considera que ahí se hace un “verdadero periodismo de investigación”. Indica que a veces le han llegado a pedir todas y las tiene que regresar y en otras ocasiones llega alguien y le compra la totalidad de las que tiene, argumentando “es que las necesito para un trabajo”.

Aquel hombre de playera roja y una gorra del mismo color, alusiva al equipo de futbol Monarcas, reconoce que pese a ser un trabajo demandante, a él le gusta, “si no, no estaríamos aquí”, señala. Lo más difícil son las desmañanadas. Cuando quiere salir deja “a alguien de confianza”, aunque difícilmente se despega de su puesto.




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