lunes, 24 de octubre de 2011

¿ÉTICA PERIODISTICA EN EL DEPORTE?

Por Fanny Ruiz Palacios
México (Aunam). Alejandro Rodríguez es un periodista entregado a su trabajo; cada día intenta combinar sus dos grandes pasiones: “el periodismo” y “el deporte”. Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) en la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Trabajó para el periódico El Universal por seis meses y después emigró a la revista Vértigo donde estuvo tres meses; más tarde llegó a Récord como reportero de tenis y golf durante un año.

Luego de un tiempo regresó a Vértigo, pero un año dejó las instalaciones de dicha revista porque se fue a España, allí trabajó por seis meses para el diario Marca. Al finalizar su estadía en el continente Europeo, regresó a México y retomó su ejercicio periodístico en Vértigo. Actualmente es periodista de deportes en el periódico El Universal.

Ejercer la labor periodística no es sencillo para quienes les interesa hacer bien su trabajo. Se trata de un oficio que involucra una serie de normas y valores reunidas en lo que llaman: Código de Ética.

Con la finalidad de indagar sobre este tema, Alejandro Rodríguez nos dedicó unos minutos de su tiempo para conversar y conocer su opinión, fundamentada en su experiencia, sobre la ética periodística.

El código

Antes que nada, “un código de ética se refiere a los lineamientos que determinan el actuar profesional del periodista”. Para el joven reportero hay dos códigos: el interno (o propio) y el que imponen los medios. “Se trata de un reglamento que dice cómo actuar ante ciertas situaciones, pero es muy variable pues depende de cada medio”.

Sin embargo, “no todos tienen un código de ética porque abogan más al sentido común del periodista, aunque en ocasiones esto genera conflicto. Cada situación es diferente y por más que se quiera tener un reglamento como tal, siempre están las variables que hacen que cada caso sea muy específico y muy independiente”.

“Un código de ética hace prevalecer los principios básicos del buen periodismo, se trata de no cometer arbitrariedades, a las que estamos expuestos en el ejercicio diario”.

Lo más importante es decir la verdad

En El Universal, por ejemplo, “tenemos un manual de estilo que contiene ciertos lineamientos de conducta que no varía mucho del que tiene El País de España o Reforma de México”.

Todos ellos coinciden en que, “ante todo, hay que decir la verdad, defienden el derecho de réplica, incitan a no abusar del poder por ser periodista, impiden a los reporteros aceptar regalos ostentosos, además, proponen no combinar el ejercicio periodístico con el ejercicio publicitario”.

También, hay otros lineamientos más específicos como el de puntualidad o de vestimenta, pero son situaciones más específicas. “Lo más importantes es: el derecho del lector de saber la verdad y no atacar a una persona por medio de difamación, comentarios o juicios de valor no fundamentados”.

Aspectos básicos

“Ser lo más objetivo posible, defender la verdad a cualquier costo, no someterte a situaciones de particulares o intereses políticos, empresariales, etc. y el respeto por las personas de las que escribes, instituciones, sociedades u organismos”.

El código de ética está para que no nos sometamos a intereses de cualquier tipo; sin embargo, es un problema que no todos los medios cuenten con uno porque algunos periodistas se pueden dejar influenciar por empresarios, políticos o, en el caso del periodismo deportivo, por los intereses federativos.

Las Relaciones Públicas

La figura de las Relaciones Públicas es quien coordina los eventos o es el contacto y el puente entre un deportista y el medio, y en su afán por tener una buena relación con el periodista llegan a pasar ciertos límites, dando regalos, por ejemplo.

Denunciar o callar

“Hay reporteros que, por lo mismo de la convivencia diaria con un deportista o un directivo, cuando se enteran de situaciones que hay que denunciar no lo hacen por esos vínculos tan cercanos. En esos casos, te evocas a la conciencia propia; algunos denuncian y otros no lo hacen pero cada caso es muy particular”.

Yo, por ejemplo, hago un valor de la situación. Una ocasión “me enteré del doping de un tenista y lo denuncié, pero siempre checando la fuente y dándole el derecho al tenista de opinar, de defenderse”.

“En otras situaciones, más pequeñas, como que un deportista ingrese a Estados Unidos con la visa no vigente, por ejemplo, se podría hacer una denuncia, pero es una situación muy quisquillosa. Entonces, tú haces una reflexión: ¿vale la pena denunciar que entró ilegal porque se le olvidó regular su visa?; tal vez sería una buena notita publicar ‘Entró de ilegal y está compitiendo’, pero te pones a pensar: a lo mejor voy a cortar este vínculo para futuras fuentes de información y es una cuestión administrativa, un problema de su agente que no revisó”.

“En este caso yo no haría la denuncia porque fue un error administrativo y no algo con dolo, además no afecta al atleta en su desarrollo deportivo; eso más bien se presta al chisme o a evidenciar a su agente que no tuvo la conciencia de revisar esta circunstancia”.

El mayor obstáculo

El mayor obstáculo, sin duda, es el valor interno de cada uno. Hay muchos reporteros que denuncian sin tener respaldado lo que están afirmando, por ello, siempre se debe pensar si vale la pena o no publicar por ganar una exclusiva, porque puedes cometer muchas arbitrariedades y eso muy grave.

“Particularmente, yo no hago una denuncia hasta no tener todos los elementos armados; es decir, un respaldo legal, un respaldo de las fuentes, toda la información contrastada, confirmada y con la certeza de que es verídica. Muchas veces he perdido exclusivas o denuncias muy buenas porque no tengo los elementos y porque soy excesivamente responsable, pero hay gente que no lo es”.

Récord, por ejemplo, tiene todos los martes un espacio que se llama Francotirador donde cuentan chismes y nadie da la cara por ellos. “Esto no debería de existir porque al escribir en un periódico se tiene que dar la cara de lo que se dice, lo cual debe estar confirmado; no puedes dar datos al aire pues pueden tener muchas consecuencias”.

Revisar tu propio trabajo

“Soy muy quisquilloso en revisar mis propios textos; los escribo y al terminar, los releo, checo las cabezas y si veo algo que no me gusta le digo a mi editor. Muchas veces, un reportero hace su texto y se desentiende de su trabajo; olvida que el editor puede cometer un error y eso puede acarrear consecuencias”.

“No he recibido llamados de atención en El Universal, pero cuando trabajaba en Récord recibí una que otra queja por alguna cabeza que yo no había puesto. El nombre que va en el texto es el del reportero, no dice editado ‘por tal’, fotografías ‘por tal’ y diseñado ‘por tal’”.

“Se debe ser muy cuidadoso hasta en el pie de foto porque uno malo, donde el editor ponga un juicio de valor que no viene en el escrito o que ni siquiera está indicado, puede crear muchos problemas tanto para el medio como en el ejercicio diario”.

“En El Universal el editor va poniendo los títulos pero como reportero vas viendo los titulares que le va poniendo en tiempo real, eso ayuda a revisar si va de acuerdo al texto y si no, entonces tienes el derecho de decir ‘eso no va o con esto’. Los secretarios de redacción, muchas veces, son quienes titulan y existe la apertura de pedirles lo cambien porque ‘esto no se dice en la nota’; lo mismo pasa en las fotografías, pueden ser muy bonitas visualmente pero no ejemplifican lo que se escribe en el texto”.

Los deberes de un periodista

“El deber ser es muy amplio, pero ante todo se debe decir la verdad y dar argumentos para reafirmar lo que se publica. También es importante el respeto al lector ante cualquier situación, él tiene el derecho de saber lo que sucede. Jamás se debe someter a intereses de particulares. Debe saber cuándo decir ‘no’ a una orden de trabajo”.

“En España, por ejemplo, todo esto está muy reglamentado; tú como periodista puedes decir ‘este trabajo no lo puedo hacer porque va en contra de mis principios’ y no te obligan a hacerlo, tampoco te despiden por negarte”.

Sin embargo, “en México esto no está reglamentado y debería de estarlo porque te puedes encontrar frente a trabajos que no quieres hacer por ir en contra de tu ética periodística, de tu deontología personal, pero a veces no existe el derecho de decir ‘no quiero hacerlo’”.

Fallas profesionales

“En el periodismo deportivo hay mucha calumnia, creo que falta mucho profesionalismo”.

“En las crónicas deportivas hay juicios de valor, es una característica del periodismo deportivo caer en calificativos; creo que si se piensa en hacer un juicio de valor debería ir acompañado de información, pero muchas veces no se hace así, por ello se crea calumnia”.

“Otra cosa que se da en el periodismo deportivo es la declaracionitis de tal manera que ‘algo es noticia porque lo dijo tal’. Es terrible porque la información deportiva está cayendo mucho en ‘fulanito dice, Pepito argumentó’ y no dan bases sobre lo que están diciendo.

Esos son los principales imperfectos a los que se llega a caer.

El secreto profesional

“En ocasiones, por abogar al secreto periodístico hay gente que cae en inventar figuras, personajes o información, cubriendo alguna supuesta fuente anónima; pero revelar las fuentes sería retroceder ochenta años de historia en periodismo”.

“Por ello, se necesita una conciencia interna y cada medio debe ser más cuidadoso en el ejercicio de sus periodistas, porque es una realidad la existencia de gente que cae en invenciones”.

El derecho de réplica en México

“El derecho de réplica debería estar más reglamentado porque es una de las bases del periodismo. Dentro de la búsqueda de la subjetividad bien intencionada, es necesario buscar la opinión de todas las partes y si alguien afirma algo en contra de otra persona, ella tiene el derecho darle al lector otra visión de lo que se informó”. Es el derecho de poder defenderse, con el cual se “cumple el derecho del lector de saber la verdad de ambas partes y el derecho del acusado de poder defenderse”.

Cuando hay que subordinarse a los interese de otros

En la revista Vértigo, publicación de Tv Azteca, no se puede criticar a los Monarcas de Morelia (equipo de la Liga Mexicana de Futbol) porque pertenecen a la televisora, asimismo los eventos que allí se transmiten no se pueden criticar.

“Me pasó las primeras veces, saqué un texto de los Chankas, me lo censuraron por completo; decía que ‘iba a la baja y que iba perdiendo prestigio y que quien sabe cuál iba a ser su futuro’, pero ellos me lo cambiaron a ‘la gran carrera del año’ y apareció con mi nombre”.

“Me enojé demasiado porque estaban deformando la información y para evitarme estas situaciones tuve que dejar de escribir sobre eventos estelares que tuviera Tv Azteca; tampoco hice críticas al equipo de Morelia porque sabía que corría el riesgo de ser censurado”.

“La ventaja de El Universal es que no tiene ningún equipo, no organiza eventos o el dueño no es miembro de alguna institución deportiva. Eso ayuda muchísimo al ejercicio de la libertad, a la hora de hacer denuncias y poder escribir con toda la libertad, pero no todos los medios son así”.

No es lo mismo “informar” que “opinar”

“Cuando estaba en el Diario Marca en España me di cuenta de que no había diferencia entre la crónica y la columna del análisis de un partido; a veces eran opiniones puras y eso, creo que, es el principal problema”.

“En una nota informativa no se da ningún tipo de juicio de valor, se pueden usar figuras retóricas, metáforas, algunos recursos literarios pero que no caigan en opinión”.

“Por ejemplo: le pregunto a un deportista cuando va a un torneo ‘¿qué sentiste cuando recibiste el trofeo?’ y me responde ‘me acordé de mi abuelito que falleció y él siempre me quiso ver campeón’; entonces escribo: ‘en el momento en el que agarró la copa, su mente voló a la redundancia de su abuelo el cual falleció hace meses…’, pero ahí ya estás usando un recurso literario sin inventar nada. Esto se puede hacer, siempre y cuando no se caiga en la invención”.







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