lunes, 19 de septiembre de 2011

BAILES SONIDEROS: LIBERTAD ALTERNATIVA PARA EL TERCER SEXO


“El baile se mueve en las fronteras entre la represión de los deseos,
representada por el orden de las formas.
La transgresión parcial de las leyes que prohíben la satisfacción de esos deseos,
simbolizada en el erotismo de las mismas formas y en movimientos mímicos,
también en la exhibición del cuerpo y en el contacto corporal de los danzantes.”
Horst Kurnitzky

Por Nayeli Hurtado Zárate
México (Aunam). Algunas personas esperan con gran ansiedad la llegada del viernes, ya que este día de la semana es sinónimo de descanso, diversión y liberación. Por lo general, la búsqueda de bares, antros y centros nocturnos es muy frecuente. Sin embargo, hay quienes no prefieren este tipo de lugares, porque buscan otros sitios en donde no haya una crítica hacia sus gustos sexuales y su forma de vestir.

Un viernes como cualquier otro, apenas se notaba el último rayo de sol cuando en el salón La joya, ubicado en la avenida Madrugada y Vicente Villada del municipio de Netzahualcóyotl, se preparaba para un pequeño pero acogedor evento sonidero.

El portón negro del salón, invitaba a los transeúntes a pasar y a olvidarse de sus labores cotidianas. Al entrar una pantalla con imágenes de eventos sonideros anteriores daba la bienvenida.

“A dónde vas guarapera con tu sabroso guarapo. Guarapera, guarapera con tu sabroso guarapo”; se escuchaba con gran intensidad. Parecía que el sonido chocaba con el corazón y ocasionaba una descarga de adrenalina al bailar. Más de dos parejas sacaron sus mejores pasos al ritmo de esta canción.

A las 12 de la noche, el humo se encerraba cada vez más en el salón de baile. El piso recibía sudor, cerveza, ceniza de cigarro y algunas otras sustancias. La llegada de algunos se hacía notar con el reconocimiento de otros por medio de abrazos y besos en la mejilla aunque fueran hombres. Las mujeres se arrinconaban detrás de las bocinas. Sus ojos trataban de acercar la presencia de algún caballero para disfrutar de los ritmos de la noche.

Aunque algunas damas presentaban faldas cortas, tacones y un maquillaje destacado por los brillos, los hombres ahí presentes no atendían los mensajes no verbales y se quedaban parados en las columnas del salón o preferían olvidarse de los prejuicios de su masculinidad y bailar con personas de su mismo sexo.

“El baile ha sido desde sus inicios en la humanidad uno de los rituales de sacrificio de los deseos, y al relacionarlo con la actualidad, la virilidad es sacrificada por la legitimidad del discurso del cuerpo,” comentaba Oscar Osorio Martínez, profesor de doctorado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

“En pocas palabras en los bailes, lo que importa es como se mueva la pareja. Ahora se ve como una diversión, pero anteriormente también era un esfuerzo supremo. Entonces el bailar bien y mostrar estética es de lo que se trata, aunque se baile con personas del mismo sexo,” recalcó Osorio Martínez.

Para algunos asistentes su imagen no importaba mucho en el salón de baile, ya que prefirieron llevar ropa deportiva como pants, tenis y gorra para tapar su cabello despeinado o la falta de éste. Uno que otro mostraba sus músculos gracias a las playeras sin mangas que proporcionaban frescura y virilidad.

La rueda de baile se abría. Y dentro de ella se encontraba César Eduardo Ramírez Sánchez de 26 años de edad. Un joven delgado, alto y de piel blanca. Su objetivo se notaba perfectamente: sacarle brillo a la pista o mejor dicho a la rueda. Demostraba sus delicados y estéticos pasos de baile.

También le seguía el ritmo otro de los bailarines más destacados: la famosa Goya Jackson. La cual o mejor dicho él cual portaba una diminuta falda de mezclilla, unas botas negras con medias y una blusa a tonalidad del calzado.

La pareja de César Ramírez era un señor con cabello cano, delgado y de baja estatura. Él mostraba una sonrisa resplandeciente. De vez en cuando enseñaba su lengua como síntoma de cansancio por emplear una serie de pequeños brincos al bailar.

Resultaba un poco paradójico ver este tipo de acciones en un baile, ya que la comunidad gay mexicana es discriminada y poco tolerada. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis 2010), publicada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), cuatro de cada 10 mexicanos no permitiría que un homosexual o una lesbiana vivieran en su casa. Éste es el grupo con una proporción de rechazo más alta, seguidos por quienes tienen VIH o sida.

Por el contrario, en el baile sonidero la discriminación no existe. Para César Ramírez este contexto es fascinante: “Me gusta este ambiente porque me relaja el baile, además de que aquí no te dicen nada por ser diferente, bailo con hombres de casi todas las edades. Además en estos eventos tengo muchos amigos heterosexuales y la relación es cordial y sin agresiones”.

Faltaban algunos minutos para la una de la mañana y la presencia del esperado Sonido Siboney (la Maquina Destructora) se notaba con la manifestación espectacular de sonido. La rueda se abrió y una rutina coordinaba a los que estaban adentro de ella. El cuerpo robusto de un hombre resaltaba con mayor facilidad, su mente como su cuerpo eran grandes, puesto que no le importaba bailar con César Eduardo Ramírez Sánchez.

No obstante, minutos después dos hombres alcoholizados iniciaron una pequeña riña, pero no fue ese suficiente motivo para que la diversión terminara. La rueda se despejaba y la Goya Jackson reía con un grupo de amigos que tomaban un vaso de cerveza.

“Yo vengo cada ocho días sola, me gusta mucho oír tocar al Siboney y al Pancho. Además que la presencia de los amigos es importante, después de una semana de tensión venir a sacar el estrés mediante el baile es la mejor opción”, mencionaba la Goya.

El sudor en su rostro hacía que desapareciera el color de las sombras moradas de sus ojos. Y la intensa sed, arrancaba el pigmento café de sus labios. Su cabellera se mojaba de la parte de atrás por la falta de aire en el salón. Pero la pequeña liga rosa para el cabello le daba todo el glamur femenino.

El Dj de la cumbia Mario Linares o mejor conocido como Mayin comenzó con los primeros saludos de la noche, algunos se amontonaban en la cabina para que se dijera su nombre por el micrófono, otros levantaban la mano para que desde su lugar les reconociera. De inmediato Mayin vio a la Goya y le mandó sus respectivos saludos.

Los bailes sonideros se han consolidado en importantes centros de libertad para las personas con gustos sexuales diferentes. No importa quién seas o cómo seas, lo trascendental es mostrar movimientos corporales con estética, ritmo y sobre todo pasión. La legitimidad de los individuos se contempla por medio de la danza. Los prejuicios sociales pasan a segundo término.

Tanto César Ramírez como la Goya Jackson y algunos otros más esperan con ansias la llegada del viernes para ver a sus amigos, sacar la tensión y liberarse de las ataduras que viven día a día por tener otra preferencia sexual. Para informarse del próximo evento buscan en internet o por medio de conocidos la reunión dancística.


La lucha por la identidad

Gracias a los bailes sonideros ha recobrado las ganas de vivir. La cumbia, la salsa y la guaracha le han brindado un apoyo emocional después de haber perdido al amor de su vida.

Actualmente, sus padres y hermanos respetan su gusto por las personas de su mismo sexo. Sin embargo, tuvo que luchar incansablemente por lograr esto. Desde muy pequeño sufrió las burlas de sus compañeros por ser afeminado. No obstante, lo peor fue la discriminación de una profesora. Esta actitud hizo que su madre la golpeara a fuera de la escuela por los malos tratos hacia él.

Decir su verdadera identidad sexual le causaba miedo. El alcohol hizo que su padre lo golpeara y le dijera despóticamente homosexual. No obstante, su madre lo apoyo y luchó hasta el cansancio en contra de todos aquellos que lo criticaban y se burlaban

Su nombre es César Eduardo Ramírez Sánchez y a sus 26 años es un importante podólogo que se quiere convertir en un estilista profesional, ya que le gusta maquillar y peinar a sus primas.

Aunque los eventos sonideros le gustan mucho, también disfruta otros ritmos musicales como el rock de Interpol, los Yeah Yeah Yeahs, el pop de Beyonce, Jennifer López y las baladas románticas. La moda es su muy importante para él. En su guardarropa nunca faltan los colores grises, morados y amarillos.


Él recordó que el danzón cambió su vida. Tenía 17 años cuando acompañó a sus abuelos y a su tía a un evento en un kiosco y fue entonces que Cupido hizo de las suyas. “Conocer a Fernando me cambió definitivamente la vida, era muy chico. El fue el primero en todo. Me ayudó para que les dijera a mis padres que me gustaban los hombres”, añadió César con una sonrisa, la cual dejó ver sus aparatos de ortodoncia en la parte inferior del paladar.

De repente, sus ojos mostraron un poco más de agua de la normal al nombrar a Fernando. Tomó antes un pequeño sorbo de frappe de frambuesa y prosiguió. “Teníamos una muy buena relación, me complacía en todo, me llevaba a los mejores restaurantes. Vivíamos en un departamento muy padre, pero a veces me aburría de no hacer nada”.

Aunque todo iba viento en popa, la sorpresa de un tercero en discordia terminó con el amor del podólogo. Fue entonces cuando se enteró que había otra persona en la vida de Fernando: “Después de que él realizo un viaje a Acapulco lo sentí muy distante. Yo quería que me abrazara, que me besara y pues otras cosas, pero él se mostraba indiferente”.

Con un pequeño suspiro César recordaba la amargura de su amor. “Mi sufrimiento comenzó desde ahí, al comentarme que tenía otra persona me quedé en shock y así partí hacia mi casa, la verdad no sé ni cómo llegué. Entré en una depresión muy fuerte, fue más de medio año de sufrimiento. Entonces un primo me sacó a los bailes y me agradó el ambiente y sobre todo la música.

Sus tenis rosas atraían la mirada de uno que otro asistente dentro del café donde él recordaba el génesis de su asistencia a los eventos sonideros: “Los bailes me liberaron de toda esa opresión de mis sentimientos, no he encontrado pareja, yo sé que algún día haré vida con una alguna persona”.

Su mayor temor radica en la soledad, por eso ha llegado a pensar en tener hijos. La pérdida de un ser querido, en especial la de su madre, le atemoriza. Su mayor satisfacción es haber sido literalmente un hijo de su madre.

“Hasta el momento dentro de un baile no he sentido ninguna agresión. Solo con una vestida que se puso media loca. De ahí en fuera, nada. Mis amigos heterosexuales me tratan muy bien”, añadió.

El vicio más grande del podólogo son los bailes sonideros. Él piensa que nunca podrá dejarlos. El movimiento corporal es y será su gran refugio ante sus problemas existenciales y personales. El amor puede que llegue, pero mientras César Ramírez busca la diversión en los ritmos de la noche.

Cada baile sigue sus instintos, los danzantes pueden lograr más que un objetivo. Pero mientras la música de las bocinas retumba, algunos otros están en esperas de asechar a su presa para dar un poco de erotismo y sensualidad a la noche.


La feminidad de un hombre

La oscuridad del cielo permitía observar una luz blanca que anunciaba la presencia de un gran evento. La cita era en una calle común y corriente, con el mismo asfalto lleno de chicles y de pequeñas partículas de basura. El zoológico del Parque del Pueblo de Ciudad Netzahualcóyotl protagonizaba el punto de encuentro de aquellos que seguían la luz blanca y no precisamente porque los llamara la voz del más allá.

Era la media noche y en el ambiente se escuchaba la música de la guaracha que retumbaba por la calle Álamos de la colonia Ampliación Vicente Villada. El evento ya había comenzado. Era un mano a mano, los sonidos más importantes como Siboney (La Máquina Destructora) e Invasión Latina trataban de sacar sus mejores talentos musicales. Desde afuera, se podía notar la intensa seguridad con aproximadamente cinco patrullas llenas de cuerpo policial.

¡Fuera armas y drogas!, la revisión se realizaba por igual, tanto para hombres como para mujeres. Pero mientras algunos esperaban su turno para poder entrar, otros en taquilla contaban su dinero. El boleto costaba 40 pesos. Sin embargo, después de pasar por todo este ritual, venía otro más interesante; el del baile. Muchos se reconocían y se saludaban, se abrazaban e inclusive se besaban.

La conmoción se presentaba con la llegada del sonido Siboney, las luces de colores como el verde, amarillo y rojo se apreciaban intensamente. El primer saludo era para una de las presentes que abría la rueda de baile, “Monse” y su pareja. La mayoría de los ahí reunidos sabían quién era.

Comenzó la música y la diminuta cintura de “Monse” no dejaba al descubierto su verdadera identidad sexual. Dicho personaje no quiso revelar su verdadero nombre, aunque en realidad no importaba, ya que en este evento el nombre es lo de menos.

“Monse” tiene toda la apariencia de mujer: su vestido de color rosa con pequeñas manchas negras se alzaba un poco de la parte de atrás cuando marcaba los pasos de la cumbia. Asimismo la parte de adelante, se deslizaba al momento de levantar los brazos, sus senos se alcanzaban a ver sutilmente. Pero a ella no le causaba gran problema y sólo mostraba una pequeña sonrisa al sentir que enseñaba más de lo normal.

“Tengo aproximadamente diez años que vengo a este tipo de eventos. Me encantan porque uno viene a liberarse y no hay nadie que te diga algo por ser diferente, al contrario los hombres les gusta bailar más con nosotros los gays porque nos movemos mejor que las mujeres”, comenta.

“No tengo pareja por el momento porque aquí es el lugar menos apropiado para ligar”, aseveraba Monse mientras su rostro marcaba una sonrisa deslumbrante por la tonalidad de su labial rosa. Sus ojos atrapaban por la intensa luminosidad de brillo y no era precisamente por el maquillaje.

De acuerdo con Adriana Cruz Cruz, jefa del Departamento de Información y Documentación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), los principales focos de discriminación se dan en el campo laboral y académico. “Hoy en día la sociedad todavía tiene un alto grado de ignorancia y desprecio ante las personas de preferencias sexuales diferentes”.

“Las burlas son las principales muestras de discriminación. Pero, es interesante saber que en los eventos populares como los bailes sonideros no se maneja la exclusión. Algunas veces aunque tengas para pagar en cualquier lugar no te es posible entrar” aseveró la coordinadora

Monse volvió a la rueda con su pareja y el movimiento de su cabellera larga con tonalidades rubias sorprendía a una que otra mujer. El tiempo de la salsa le daba oportunidad a las damas bailar con algún caballero, pero al terminar esta pieza de baile siguió el ritmo de la Sonora Matancera y las mujeres tuvieron que regresar a su rincón.


Mario Linares ó Mayin la voz oficial del sonido Siboney comentaba que desde los inicios de los bailes sonideros en México el agravio a los homosexuales en estos eventos era casi nula. “Tengo aproximadamente 17 años tocando en los bailes y la verdad veo la integración de la comunidad gay muy bien. Algunos hombres les gusta bailar más con los gays por su ritmo, porque se mueven con gran libertad, además a ellos si se les alza la falda o se les ve algo no les importa”.

Al otro lado de la cabina se escuchaban unas cuantas risas de un grupo de hombres observadores ante los innovadores pasos que mostraban una pareja en la rueda. Dentro de este grupo se encontraba Jacobo Español, de 27 años. Su chamarra azul con letras doradas del Siboney lo distinguía de entre todos, su cabellera larga estaba peinada hacia atrás y sujetada con una liga para el cabello.

“Me gusta el ambiente de los bailes. Asisto desde hace 16 años. Yo he bailado con hombres y no sólo con los que se visten de mujer. Definitivamente aquí no hay discriminación, pero las personas que apenas se van integrando se sacan un poco de onda”, comenta Jacobo con voz fuerte e intensa por el ruido de las bocinas.

Jacobo tomó un trago de refresco y continuó con la charla “Los gays aportan a los bailes su glamur, estilo y buen ambiente, la verdad sin ellos los bailes no serían lo mismo. Si hay una que otra mujer que baila bien, pero ellos le ponen más estilo, ocupan todo el espacio en las ruedas, a veces ellos nos enseñan a bailar a nosotros”.

No obstante, el Conapred reporta en el boletín de prensa Grupos de en situación en discriminación, que las personas con una preferencia u orientación sexual diferente de la heterosexual sufren discriminación porque existe una tendencia homogeneizante que defiende la heterosexualidad como sexualidad dominante y, a partir de ella, se califican todas las demás orientaciones o manifestaciones.

Por lo tanto, las personas que son víctimas de homofobia son rechazadas, en el trabajo, escuela y en sus propios hogares. Se manifiesta en despidos, exclusión educativa, rechazo religioso, de servicios, estereotipos y estigmas reproducidos por los medios de comunicación a través de humillación, rupturas familiares, abandono, invisibilidad, violencia y, en casos extremos, hasta la muerte.

En cambio, en este evento sonidero parecía toda una utopía para los denominados “tercer sexo”” ya que su reconocimiento e igualdad son notables desde cualquier ángulo. En los últimos minutos de música del Siboney, las parejas de baile disfrutaban del ritmo de la noche.

Otro gran bailarín que visitó a sus amigos en este encuentro sonidero fue la famosa China de leyes, y no es una mujer. Su nombre es ese porque el de pila no le gusta y por lo tanto no es revelado. Lo de China es por su cabello rizado y Leyes porque vive en la calle Leyes de Reforma.

Él asiste desde hace diez años a los eventos sonideros, y le gustan porque siente toda esa libertad de poder manifestar su identidad sexual sin ningún problema. “Tengo amigos heterosexuales que no tiene ningún problema con mi sexualidad.” Mencionaba la China.

Sin duda alguna, el respeto a la igualdad, identidad y libertad es de gran importancia para estos sucesos. Sin embargo, hoy en día la población mexicana todavía no digiere o mejor dicho no revalora la importancia de la diversidad sexual en la sociedad. El camino todavía es largo por recorrer para tener una democracia cultural.

El tema de Micaela anunciaba el fin de la participación del Sonido Siboney y al mismo algunos de los asistentes comenzaron a despedirse de su grupo de amistades, pues el evento estaba muy próximo a terminar.








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