martes, 22 de febrero de 2011

FILMOTECA UNIVERSITARIA, UN IMAGINARIO COLECTIVO

Por César David Alemán Rivera
México (Aunam). Todo en el cine comienza por un sueño. Muchas veces el sueño se transforma en realidad y otras tantas se queda en sólo una idealización que no se ve realizada.

Pero para el cine, lo único verdadero es lo que sucede en la pantalla: Los besos de Tin Tan; los ojos de Pedro Armendáriz cuando el galán sale a la pantalla y coge la mano de una tímida chica que logra responderle con una caricia. Por tal motivo, el cine dentro del cine es un imaginario colectivo.

Las bóvedas de la Filmoteca de la UNAM tienen una historia de cine. En su acervo, cuentan con títulos que han sido, muchos de ellos, donados por instituciones de cine y particulares; con el propósito de preservar, promover, y restaurar filmes que estén en mal estado.

Ahora se construye un edificio, enfrente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, especial para el acervo y restauración de la colección de la Filmoteca. El sueño comenzó el 8 de Julio de 1960, con el entonces rector de la UNAM, el Doctor Nabor Carrillo, en presencia del maestro Manuel González Casanova, jefe de la Sección de Actividades Cinematográficas; Manuel Barbachano Ponce (productor fílmico), donó copias en 16 mm de sus cintas independientes Raíces (Benito Alazarki, 1953), y Torero (Carlos Velo, 1955).

La Filmoteca de la UNAM, incluyendo a las bóvedas, nació como todos los sueños, en forma un tanto mágica. Un día se comportaría como la Cenicienta: en medio de cine-clubes y desorden de nostalgia por la impotencia de querer crecer y hacer lo que más se deseaba en sus momentos, sin poder hacerlo. Sólo existía en la mente de algunos cuantos.

Después de que empezaron hablar del tema, como si existiera, lograron encontrar el mundo de nunca jamás; y así, de la idealización construyeron el sueño más lúcido que no se imaginaron. Pidiendo ayuda y orientación empezaron a consolidarse gracias a su iniciador: Manuel González Casanova.

¿Cómo empieza la historia de las bóvedas en la Filmoteca?

Francisco Ohem: Después de que Manuel Barbarachano donara Raíces y Torero, continuamos con la búsqueda de materiales que exigía rastrearlos por mucho tiempo, para encontrarlos en vías de destrucción. Así empezaron las tareas de conservación de los filmes.

“Para 1963 teníamos más de 136 películas. Con el paso del tiempo fuimos creciendo y en 1967 ya teníamos más de 300 filmes. Pero es hasta 1977 cuando se nos reconoció como una institución universitaria, así nos dieron la responsabilidad legal de todo el material fílmico; en ese entonces contábamos con más de cinco mil volúmenes clasificados. Como puedes ver empezamos a crecer hasta ahora que contamos con más de 40 mil títulos”.

El trabajo de la Filmoteca para conseguir áreas específicas en la conservación de los nitratos llevo a las latas a un viaje por diferentes departamentos, a asociarse con el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) , a un estacionamiento; así fue hasta que consiguieron un sitio que le pertenecía a Tienda UNAM. Sus bodegas, se convertirían después de 1989 en las bóvedas de la Filmoteca.

Las bóvedas, en la actualidad, cuentan con un sistema de clima para poder conservar las cintas de nitrato de la manera más adecuada; además un laboratorio para realizar los trabajos de restauración y preservación. Un simple recorrido por las instalaciones, para salvaguardar los nitratos, da a notar las dimensiones de tanta y tan valiosa información recogida en latas de 32 mm y 16 mm.

Estas latas afiladas parecen no contar los días y años que han pasado hasta nuestra época; los difíciles y costosos procesos para su conservación; las virtudes tan gloriosas que han hecho directores acerca de ellas. No, lo que ellas cuentan está partir de su narración compuesta por imágenes en movimiento. Eso, les da identidad por sí solas.

Parece que fue ayer…

Gran parte del archivo filmográfico de la Filmoteca se encontraba en el Centro Histórico, en San Idelfonso, pero estos tuvieron que cambiar de cede a Coyoacán porque el Museo de la Luz utilizaría esta zona como sus instalaciones.

Para Doris Morales, Jefa de Prensa, no ha sido fácil el cambio, pero está consciente de las cosas que pasan; “seguir para adelante es en lo único que puedo pensar”, refiere.

-“Cambiar las cosas no ha sido fácil”; comenta Doris Morales.

Lo primero en partir, fueron las latas con los fotogramas que estaban siendo restauradas. Así fue como llegaron al patio de la Filmoteca que está en Ciudad Universitaria (CU).

Los más de 10 mil carteles resguardados por la Filmoteca, fueron traslados en una camioneta de “mudanzas”, con el riesgo a que se maltrataran.

Pero para el salón cinematográfico “Fósforo” –llamado así por homenaje a Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán que firmaban sus trabajos de crítica cinematográfica de esa forma-la suerte está echada. Después de haber sido desocupado en su totalidad, sin la pantalla, con las mismas paredes blancas –pero solas-; con la forma de un simple cuarto, sin su proyector; el salón sólo queda vivo en la memoria de los que lo conocieron, inexistente para quien no. Al fin de cuentas, “el cuerpo del delito”. Al fin de cuentas, un espacio que ahora ocupa el Museo de la Luz.

El acervo

De las restauraciones más importantes que se encuentran en las bóvedas, están los 6000 metros de negativos originales de escenas de la Revolución Mexicana restaurados y resguardados.

Las paredes de las bóvedas son blancas en su totalidad. Anaqueles que contienen las latas resguardando a los nitratos se afilan de forma ordenada. El clima es fresco y cómodo para poder quedarse ahí un largo rato. “La temperatura debe permanecer a no más de 13 grados, o menos, porque de otra forma el nitrato empezaría a quemarse”, aclara Francisco Ohem.

“Las bóvedas poseen un importante acervo de archivos de imágenes en movimiento; también, tenemos un número significante de imágenes del mundo en el cine en nitratos de 32 y 16 milímetros. Así es como preservamos la historia nosotros”, comenta Francisco Ohem Ochoa, que está a cargo del área de Preservación y Acervos de la Filmoteca UNAM.

El área de Preservación y Acervos tiene el objetivo, primordial, de organizar y conservar los diversos acervos: el filmográfico, los objetos antiguos y los materiales impresos. Además, incluye a los departamentos de bóvedas, documentación, catalogación y fragmentación.

A cincuenta años de la Filmoteca el sueño lúcido parece convertirse, cada vez más, en una realización productora de riquezas. Los nuevos problemas tienen que ver con el interés de las personas por las películas antiguas ya restauradas; porque las tendencias tecnológicas con la época digital parecen dejar a un lado el patrimonio que aún no termina por descubrirse en su totalidad.

El sueño hecho realidad, parece construirse día con día en los pilares de sus trabajadores. En la responsabilidad de saber entender que la labor de “difundir y conservar al máximo de las posibilidades, el cine del país, de Latinoamérica, consiga expresar nuestra realidad y la problemática y tendencias de su transformación”, explica Francisco Ohem.




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