martes, 6 de abril de 2010

PLAYAS CAPITALINAS, INVASORAS DEL BALNEARIO OLÍMPICO

Por Nancy Elizabeth Chávez Sandoval
México (Aunam). Aquí no huele a mar, ni hay olor a pescado fresco, ni la cálida brisa choca con el rostro, pero puedes estar frente a un paisaje artificial de una verdadera playa. Arena, camastros y palmeras, componentes que perfeccionan el paraíso que para muchos se convierte en playa capitalina.

Desde que uno se aproxima a la entrada del Balneario Olímpico, el ambiente que se percibe llama a la diversión, cientos de personas llegan con los rostros emocionados de pasar un día acuatico, convivir un rato con la familia, mantener entretenidos a los niños, disfrutar de una playa artificial al oriente de la ciudad de México.

Llegar temprano es una de las astucias de las familias, conseguir un buen lugar en el área verde es el objetivo, pocos lo logran, estratégicamente con toallas, sabanas y hasta chamarras apartan el terreno a usar por el resto del día, vigilando siempre que algún abusado no se lleve sus pertenencias.

Respecto a visitas anteriores, la señora Josefina Téllez Hernández considera que el servicio ha mejorado pues hay mucha vigilancia, y cada vez es mejor la organización y la limpieza.

Pronto la zona verde se satura, los vendedores ambulantes comienzan a ofrecer sus productos, una señora con su canasta llena de botanas tiene más éxito, casi no le compran al de los churros ni al de los merengues, la tiendita probablemente venda más, las sopas Maruchan son la compra clásica y la favorita entre los presentes.

A esta playa se asiste con toda la familia, amigos o la pareja, pero los alimentos preferidos no son los provenientes del mar, aquí los manjares más suculentos se preparan en casa, frijoles con huevo, tortas, huevos duros, jamón, gelatinas, fruta, naranjas, jugos y agua, es lo más delicioso para un día de vacaciones en la capital.

La arena traída del puerto de Veracruz hace felices a niños y adultos que emocionados disfrutan el pisar y jugar. Muchos ya se ven muy quemados por los intensos rayos del sol. Pieles ardientes se ven por doquier.

Tres horas no son suficientes para que Daniel Sánchez Pedraza continúe disfrutando con sus amigos en el arenero de la realización de castillos. De igual forma disfruta que lo entierren, para él es una gran oportunidad, pues jamás había estado frente a tanta arena; no conoce el mar de verdad.

Existen personas encargadas de verificar que no se accese a las albercas con playeras, ropa de mezclilla, alimentos, bebidas alcohólicas o fumando, pese a estas reglas, se percibe a mucha gente que fuma en las áreas verdes, esta prohibición no es tan fuerte pues es un área libre.

No sólo se viola la regla de no fumar, es común que la gente entre a las albercas con playeras, o con shorts, creando así un improvisado traje de baño, y aunque sean muchos los vigilantes no se dan abasto para invitarlos a todos a desalojar las albercas. Se crea un desorden y una vista poco provocativa.

Lla señora Leonor Ramírez viuda de Bañuelos, que asiste con su gran familia de 12 hijos, 33 nietos y 16 bisnietos, considera que el sol de la Ciudad de México es el mismo que el de Acapulco o Cuernavaca, pero esta playa está enfrente de su casa, y es más económico, gracias al gobierno capitalino.

Cuando la gente viene con la disponibilidad de disfrutar el sol aquí y allá, para nosotros es lo mismo, estar un rato en la arena, organizar un partidito, ver a la familia contenta, y ahorrar lo más posible es lo que nos gusta de asistir aquí, comenta Araceli Bañuelos, una de los 12 hijos de la señora Leonor.

El Departamento de Obras Urbanas del Distrito Federal es el encargado de dar mantenimiento y monitoreo químico a todas las albercas de la Unidad 14 de Diciembre, el monitoreo químico incluye las pruebas de cloro, cloraminas, el PH de las albercas y la dureza del agua.

Al respecto, el joven Ricardo Flores Monroy menciona que le gustaría que hubiera un poco más de higiene, pues hay gente que se mete a comer a las albercas; aunque estos actos están prohibidos, la gente no suele respetarlos y prácticamente hacen lo que quieren.

“Nosotros somos los que no cuidamos el agua, metemos basura, nos metemos sucios y muchos a la vez, debe de haber un orden”, menciona Francisco Solís Hernández mientras disfruta al ver como sus niños se divierten en la alberca mientras él y su esposa, sólo disfrutan el panorama del día.

En este oasis urbano, las medidas de vigilancia empleadas no han sido suficientes para evitar el desperdicio del agua. La gente abusa excesivamente de las regaderas, afectando a una de las zonas más lastimadas por la escases del agua, la zona oriente.

Esto es una oportunidad para que mucha gente que no tiene económicamente mucho dinero pueda venir a nadar, y disfrutar todo lo que el gobierno da a sus ciudadanos, señala Rubén Márquez, encargado del orden en este sitio.

Ixchel Barrera Rueda, quien jamás ha asistido a una playa artificial, refiere que este programa le parece un populismo descarado "como los pobres no pueden disfrutar de las vacaciones de los ricos, ofrezcámosles un paliativo: playas en las que puedan imaginarse que conocen el mar".

Para ella, el gobierno asume que seguramente piensa en que "total, si se conforman con usurpar las marcas de las prendas que nosotros llevamos en original, también podemos brindarles la opción 'pirata' del mar, es decir, nuestras playas".

Al final, coincide la mayoría, es una experiencia más, una atracción que sólo algunos se permiten vivir y conocer para que no les cuenten, y disfrutar en compañía de unas horas merecidas de distracción, al sorprenderse con las atracciones que se ofrecen desde hace cuatro años en la capital mexicana.




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