viernes, 12 de marzo de 2010

VIVEN NOCHES ETERNAS, SERES ESTRAFALARIOS EN EL CENTRO HISTÓRICO

Por Ana Laura Salazar Mondragón
México (Aunam). La noche apenas comenzaba. Los muertos comenzaban a salir de sus tumbas, presurosos, arribaban al aquelarre de una noche de sábado, vampiros, damas negras, todos vestidos con glamour, un cuadro del Medievo extraído de su época, transportado al siglo XXI.

El Zócalo de la Ciudad de México en todo su esplendor, turistas, rastas, niños bien, reggaetoneros, rockeros, darkies o góticos, todos paseando en el corazón del Distrito Federal, todos dentro de una maqueta con ya casi quinientos años de existencia.

Algunos de los paseanes caminaba rumbo a un punto de congregación ad hoc con su moda, el UTA, bar donde se reúnen entes que rayan en la mitología del oscurantismo, con un estilo arquitectónico propio de la Colonia, sus paredes de tezontle, extraído de las pirámides que alguna vez estuvieron en la gran Tenochtitlán, ahora bajo un contexto totalmente distinto.

La puerta es flanqueada por un personaje alto de estatura, ancho de cuerpo, su maquillaje simula grietas y lágrimas negras en el rostro, se encarga del chequeo de rutina, cuida el acceso.

El cielo no da señas de nubes que impidan el disfrute de la noche, las estrellas son apenas visibles gracias a los faroles cercanos, las largas capas negras y botas militares esperan pacientes comenzar la tertulia.

Dentro del UTA sólo se distingue un color, el negro, en las paredes, en las vestimentas, en las habitaciones donde la luz sólo muestra la ausencia de color que prevalece.

Rostros pálidos pasan zumbando por los pasillos, amplios corredores transportan a grandes recámaras donde los techos son altos, esparcidas a lo largo y ancho de los dos pisos de espacio con que el bar cuenta.

Todos vestidos para la ocasión, fiesta, baile, goce. Muy elegantes. Apenas cinco personas se distinguen de entre la multitud pues sus colores son distintos. Aquellos que se visten para sobresalir a la luz del día se vuelven una masa homogénea e incorpórea a la luz de la luna y las estrellas.

Tras la primera puerta se encuentra una amplia zona con una barra, un par de mesitas redondas con sus respectivos taburetes, hay sillones y butacas pegados a la pared del color de la sangre, donde los asistentes alegres charlan, beben, disfrutan.

Una habitación contigua, sin puerta, pequeña y sin asientos, oscura, iluminada por la luz negra, y en los extremos existen dos salidas, una al pasillo, otra a una enorme pista de baile, por el momento, cerrada por una reja.

La puerta del corredor conduce a un piso superior, la habitación inmediata completamente a oscuras, parejas se encuentran muy ocupadas y apenas notan presencia ajena. Vuelta a la izquierda y aparece un amplio pasillo lleno de pequeñas mesas que conducen a una pequeña pista de baile, un DJ, en un púlpito, marca los beats del lugar y el barman, justo debajo, observa a las únicas dos parejas bailando.

De regreso al pasillo, a la habitación oscura, y una puerta más allá se encuentran hechiceras y vampiros, juntos conviviendo al ritmo del house, la electrónica y remixes hechos con música gótica y dance.

El espacio es amplio, las paredes muestran recuadros de bosques, ninfas y otros seres mitológicos, es la única pieza con paredes nacaradas, las pinturas contrastan, sus marcos parecen transportar al pasado, el arte es medieval. Y las luces de neón no pueden faltar, una pequeña plataforma al fondo de la habitación es ocupada por brujas que bailan sin parar, con sus respectivos hechiceros haciéndoles compañía.

“Cada fin de semana nos gusta venir aquí, pasar el rato entre personas afines a nosotros, que se divierten y comparten los mismos gustos”, menciona Luisa, chica darkie que baila como nadie y ríe una y otra vez junto con su clan, algunos ya no pueden formular palabra, pero gozan el momento.

Y por último queda la terraza, el lugar más congregado del “UTA”, con una amplia barra y una docena de mesas distribuidas a lo amplio. El olor del tabaco y la marihuana se funden en el aire y viajan a través del viento, se esparcen y los vestidos de negro se ocultan entre sí.

La pista muestra una variedad de personajes, a pesar de estar todos de negro algunos entes exponen sus particularidades, por allá una Medusa hace acto de presencia, porta una peluca con anchas serpientes bailantes al ritmo de su dueña, negras y verdes fluorescentes no tardan en hacerse notar, pero nadie discrimina.

Las luces forman imágenes a lo largo y ancho de dicha recámara, y hacen acto de presencia las gothic lolitas, jóvenes vestidas como niñas, con lencería que evoca sensualidad, vestidas al estilo gótico. Bailan. Disfrutan y captan la mirada de algunos caballeros, los cuales reflejan su ansia de sangre.

“La noche es eterna, no presenta principio ni fin para mí”, declara Adrián, “no importa a que hora lo cierren (el UTA), todos seguimos la fiesta noche y día, compartimos gustos como la música o la literatura, nuestras reuniones no tienen límite de tiempo”.




Bookmark and Share

0 comentarios: