lunes, 9 de noviembre de 2009

ALLAN POE CONVIVE CON LOS MUERTOS MEXICANOS

Por Elizabeth García Montiel
México (Aunam). Las flores de cempasúchil, aserrín de colores, papel de china y veladoras eran parte del festejo mortuorio, todo ello acompañado de comida típica mexicana, agua, licores y cigarros, una mezcla mítica para celebrar a los habitantes del más allá.

A lo lejos del pasto que adorna “las islas” de Ciudad Universitaria, se escucha el sonido desgarrador que evoca a la muerte y al éxtasis, los sonidos de dos guitarras, un bajo, la batería y una voz casi idéntica a la de James Hetfield, vocalista de la banda Metallica, entonan un himno del metal Master of Puppets.

Al acercarse al escenario llamado Xibalbá, para verificar la calidad de la banda de covers, cuyo nombre nunca dijeron, se podía observar que los jóvenes no contaban con un vocalista, así que utilizaban una pista para tocar, estaban haciendo playback, ¡oh decepción!.

De esta manera empezaba el recorrido por la tradicional Mega Ofrenda del Festival Universitario de Día de Muertos, la cual se coloca cada año en CU. En esta ocasión participaron cerca de 62 altares, éstos rindieron homenaje a uno de los autores más sobresalientes de la novela gótica, Edgar Allan Poe. Poe, quien fue narrador y poeta estadounidense del siglo XIX, y este 2009 cumplió 200 años de su nacimiento, era un destacado literato de la novela corta, el cuento detectivesco y los relatos de terror y suspenso, por los cuales es más conocido.

Las ofrendas mostraban pedazos de algunos textos de Poe, los cuales iban adornados por estatuas o pequeñas figuras de cartón del autor, algunos gatos, calaveras y esqueletos ensalzaban los pequeños altares. El origen del Día de Muertos se remonta antes de la Conquista, en el llamado Festival de Muertos, celebrado entre los aztecas durante los meses de julio y agosto, como una fiesta para celebrar el final de la cosecha de maíz, frijol y calabaza, que formaban parte de la ofrenda a la diosa Mictecacihuatl, la dama de la muerte.

La ofrenda del Día de Muertos es una de las tradiciones más arraigadas en México. Se trata de un altar donde las familias mexicanas ofrecen un banquete a los espíritus de familiares difuntos que, según la creencia, llegan durante las noches del uno y dos de noviembre a visitar su hogar desde el más allá.

Actualmente, el pueblo mexicano recuerda a sus muertos colocando una ofrenda, en la que se utilizan veladoras, papel picado, calaveritas de azúcar, flores de cempasúchil, fruta de la temporada, copal e incienso, cigarros, pan de muerto, alcohol, fotografías de los difuntos y su comida favorita que va desde el mole hasta tamales.

En algunos lugares del país estas fechas se recuerdan con fiestas o con rituales celebrados en los panteones. En Mixquic, Distrito Federal, y en Pátzcuaro, Michoacán, la gente acude a los cementerios con comida, velas y flores, rezan en coro y no paran desde el primero de noviembre hasta la noche del día dos.

En “las islas, la colocación de las ofrendas comenzó desde el martes 27, pero el verdadero paseo por la ciudad de los muertos empezó el miércoles 29 en la noche y duró hasta el día dos de noviembre. En este año, a diferencia de los demás, las ofrendas fueron pequeñas y mostraron una falta de recursos a la hora de elaborarlos.

El altar del CELE (Centro de Lenguas Extranjeras) era uno de los más elaborados, pues mostraba una figura de Poe, la cual movía la cabeza y tenía un pergamino con una cita del autor traducida en varios idiomas, como rumano, italiano, japonés, alemán y portugués. La ofrenda de la Facultad de Medicina utilizó uno de los cuentos de Allan Poe para elaborar toda una temática relacionada con su profesión, el relato se titula El sistema del doctor Tarr y el profesor Fethe, la cual tenía un pedazo del cuento en audio.

Otros altares sobresalientes fueron el del Colegio de Ciencias y Humanidades, y el de la Escuela Nacional Preparatoria, en los cuales se notaba la elaboración y la dedicación de los alumnos en sus homenajes de Día de Muertos. Uno de los puntos más interesantes se encontraba en un cartel realizado por la Facultad de Ciencias, el cual consignaba que ellos no habían puesto su ofrenda porque en años anteriores las habían saqueado.

El Sindicato de Trabajadores de la UNAM (STUNAM) también participó en el festejo, colocando una ofrenda que tocaba el tema de la liquidación del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), en el cual se apoyaba a esta unión de trabajadores y se leían consignas dirigidas al gobierno mexicano.

Los dos escenarios montados en la periferia de la Mega Ofrenda, ofrecían espectáculos de danza y música, en uno de ellos, Xibalbá, había música contemporánea y popular, como el rock; y en el Mictlán se podían escuchar notas de música azteca, combinada con bailes. Al final, se encontraban puestos de comida “tradicional”, como tamales oaxaqueños y café de olla, amaranto, algunas calaveritas de azúcar y panes de muerto, los cuales se vendían a precios accesibles.

El festejo de Día de Muertos en Ciudad Universitaria se vistió con los mismos colores que todos los años, con un huésped muy querido por los universitarios asiduos a la lectura.



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